¿Cuántos somos ya?

19 de junio de 2013

Never let you go. {168}

 


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¡Todo una mentira! ¡Una jodida mentira! Me sentía como un niño al que le acaban de decir que no existen los reyes magos, que el ratoncito Pérez no es real, que quién se come las galletas el día de Navidad no es Santa Claus, sino tus padres. Me sentía tan rota por fuera, por fuera y por dentro. Había estado tratando de convencerme a mí misma que yo era la que no valía de los dos, la que lo había echado todo a perder. Que Selena era mil veces mejor que yo, y por eso Justin se había largado con ella y a mí me había dejado como a una puta baraja con la cual acabas de saciarte sexualmente. ¡Siempre trataba de ponerlo a él ante todo, a él como el inocente, y a mí como la mierda segundona! Y no, no ha sido así, nunca lo fue. He estado ciega todos estos meses, cieguísima, y si ya me cegaba el amor por Justin, más lo hacían las lágrimas por creerme la culpable de lo que nunca fui ni cómplice.

Conclusión, mierda: Justin me ha mentido. Y no solo en el tema del contrato –el cual él no tuvo nada que ver, que fue Scooter quién firmó-, sino por decir que aún me ama. ¿Amarme, en serio? Si realmente me amara, como bien claro le dije en su habitación, habría renunciado desde el primer momento. Habría roto el dichoso papel en la mismísima cara de Selena y se habría largado del restaurante. Luego me habría llamado, explicándome lo sucedido, y me habría dicho ‘y es que no te llega ni a las suelas de los zapatos; no puedo ni quiero imaginarme una vida sin ti’. Pero nada de eso pasaría, nada. Y ya no querría siquiera aceptar una sucia llamada suya. No querría ver su cara, oír su nombre o algo relacionado con su persona. Quería huir, lejos, sin mirar atrás. Pero algo me echaba hacia atrás y era el amor que aún seguía sintiendo hacia él.

Porque por muy jodida que estuviese, por mucha mierda que me sintiera por su culpa, por muchas lágrimas que hubiese derramado por sus tonterías, siempre seguiría amándolo. Siempre. Como le prometí un día, y otro, y todos los días que he ido pasando a su lado. Y es que no soy de romper promesas por mucho que la situación me lo demande, simplemente, no puedo.

—Quería contártelo, pero ya sabes, Melona, estaba entre dos bandas.
—Ya no importa –le contesté a Julia, la cual se había tumbado conmigo en el suelo de la habitación. Lucas estaba sentado en mi cama de piernas cruzadas y con el mentón apoyado en sus manos.
—¿De verdad? Quiero decir, me siento mal por habértelo ocultado pero si…
—Lo comprendo, en cierta parte –me encogí de hombros y suspiré- No lo sé, no estoy enfadada contigo por eso realmente. Sé que si me lo hubieses dicho tú, me habría muerto de pena. En cambio, oírlo de su parte, ha sido… Me he cabreado, sin embargo…
—No sabes ni cómo te sientes, chica –dijo Lucas, dando de lleno en la diana.
—Ya.
—Pero es normal, creo –se encogió de hombros mi amiga, como yo antes había hecho- O sea, él te ha mentido, pero no porque quisiera hacerlo, sino porque le estaban obligando.
—¿Y qué hay del honor y la lealtad hacia la otra persona? –pregunté, alzando un poco el tono de voz, apoyándome sobre los codos- El amor es poner delante de ti a esa persona, y él no lo ha hecho.
—Lo ha intentado, ___, lo ha intentado –dijo Julia con cariño- Pero tenía muros que se lo impedían. Él quería ir, llegar y correr hasta ti; pero algo no le dejaba.
—Yo habría quemado el mundo para buscar entre sus cenizas una posible solución para volver a estar juntos. ¡Aunque la prensa sacara mierda sobre mí, aunque mis fans me odiaran! Si amas realmente, lo demás no importa.

Los dos se quedaron en silencio, y solo un par de golpes en la puerta fue capaz de romper el incómodo momento. Era mamá, tenía el teléfono en la mano, pero no estaba en uso. No era como si alguien la hubiese llamado para hablar conmigo. Se sentó en la cama, sus pies descalzos rozaron mis hombros. Yo alcé la vista, y contemplé sus ojos ahora vacíos, sin brillo. Ella había visto la hinchazón y la rojez en los míos, de haber llorado. Porque me había sentido furiosa con todo en general, y descargar esa furia significaba llorar hasta quedarme seca.

—Pattie me ha llamado –anunció finalmente, ocasionando que un nudo en mi garganta colapsara el paso del aire- Me ha contado lo que ha pasado con vosotros dos. Contigo y con Justin.
—Él me mintió, mamá. Todo este tiempo. Ha sido una farsa. Me ha hecho llorar, sentirme podrida y sucia, sentirme una mierda solo por un cacho de papel. Quizá lo ame aún, pero no creo poder mirarlo a la cara, o perdonarlo.
—Él se ha citado con Selena –habló. Me tensé de repente tras oír el nombre de ella. Selena. Le había estado echando toda la culpa a Justin, ¿pero y qué si ella había sido la causante de todo este embrollo, y no los propios representantes? Quise estrangularla, tener su cuello entre mis manos y dejarla sin aire. Pero me limité a exhalar profundamente y esperar a que mi madre hablara- Y con los representantes de ambos.
—¿Qué me quieres decir con esto, mamá?
—Oh vamos ___, no te hagas la tonta –habló esta vez Lucas, sorprendiéndome, pues no había abierto mucho la boca- ¡Justin va a acabar con toda esta farsa!
—Por ti –añadió Julia- Porque aún te quiere, porque siempre lo ha hecho.
—¿Y ha tenido que esperar tanto? –pregunté incorporándome, con las lágrimas picando detrás de los ojos- ¿Ha tenido que hacerme sufrir tanto?
—Lo siento cielo –mamá tocó mi hombro, pues estaba a su alcance, me había sentado sobre el frío piso- Pero a veces, son por este tipo de cosas con los que uno aprende.
—¿Y qué he aprendido de esto, mamá? –pregunté cansada, pestañeando para tratar de ahuyentar las lágrimas.
—Que siempre habrá alguien que se opondrá entre vosotros dos, pero, siempre seréis más fuertes que ese obstáculo.




| Narra Justin. |

La revista cayó en la mesa, lisa; con un sonido seco y plano, haciendo que parase el juego. Miré hacia Chaz, el cual se había sentado a mi lado sujetando entre sus mano un redbull a medio acabar. Cogí la revista una vez que el mando de la Xbox fue dejado sobre mi regazo. La portada era clara, consiguiendo un perfecto efecto de jadeo por mi parte, logrando que se me secara la boca y los ojos se abrieran, al mismo tiempo que las cejas se arqueaban en un claro ejemplo de sorpresa. “Vanity Fear nombra a ___ la mujer más sexy de 2013.” Y ahí estaba ella, con su melena azabache cayendo de su espalda desnuda, tan solo adornada con un tatuaje en su hombro derecho. Un diente de león pétalos volando convirtiéndose en pequeños pajarillos. Su cabeza estaba girada ligeramente hacia la cámara, mostrando una mueca, su lengua larga rozando sus dientes. De sus brazos caía una chaqueta de cuero que tapaba su trasero, pero estaba claramente desnuda, pues la piel de sus piernas era visible. Aun así, estaba preciosa. Con los labios pintados de rojo, los ojos negros, difuminados como el humo. Pero no había brillo, no al menos el tipo de brillo que recordaba.

—La mujer más sexy, hermano –habló Chaz, sacándome de mi repentina ensoñación- Eso me da a recordar, que esta misma revista te nombró el hombre más sexy del año.

Balbuceé. Estaba en lo cierto.

—Casualidades de la vida, ¿no crees? –y se levantó para tirar la lata vacía de refresco, dejándome con el corazón a cien tras ver aquella foto de ella.

Recibí una llamada al teléfono móvil, haciéndome brincar del susto. Era Scooter. Sinceramente, habíamos perdido toda la confianza que teníamos desde que me hizo juntarme con Selena. Pero ya no había más Selena, nunca lo hubo, pero tampoco lo habrá. Recordaré toda mi vida la cara de boba atónita que se le quedó cuando le dije que “rompía con ella” –si es que se le puede decir ‘romper’, pues para hacer eso, hay que empezar una relación, cosa que ella y yo no hicimos-: quiso matarme. Por suerte estaba Scooter ahí, que sin saber cómo ni por qué, apoyó mi decisión. Lo que, si me habían pedido, es que nada de esto podía salir a la luz. Podría continuar con mi vida normal, con la de antes, con ___ de por medio si es que ella aceptaba; pero que nada del contrato podría ser sabido por ninguna fuente de información, ya que Selena no quería estar relacionada como ‘busca-fama’. Cosa que perfectamente ella sabía que era.

—Hey –contesté a la llamada, la cual tardé en atender.
—Justin, tío, ¿qué tal? –preguntó en tono neutras.
—Jugando unos videojuegos con Chaz –él rompió a reír. Somers, digo. Recordando ‘one time’, supongo, cuando acababa de decir lo mismo, pero substituyendo su nombre por el de Ryan. Sonreí de inmediato. No me había dado cuenta de cuán rápido pasaba el tiempo.
—Pues ven volando al estudio, tengo algo que comentarte.
—No me juntes con más tías, por favor.
—No, no es eso –respondió con una pizca de humor, muy a mi sorpresa- Vamos, rápido.

***

Llegué al estudio en treinta minutos, pues había tenido que dejar a Chaz en casa de unos colegas. En el estudio de Scoot, donde siempre organizábamos reuniones, había una persona más. Alguien a la que sinceramente no esperaba ver ahí.

—Janet –hablé finalmente, parpadeando como si aquello fuera una ilusión y fuera desvanecerse rápido- ¿Qué haces aquí?
—Eso mismo le estaba preguntando yo a tu representante, Bieber –contestó jugando con un bolígrafo- Cuéntanos, Braun, ¿qué puedes ofrecerme?
—Los tres tenemos algo en común.
—¿Ganas de ir a un Starbucks? –pregunté frunciendo el ceño.
—No, ___.

Me tensé de repente, con los hombros y espalda rígidos.

—Janet y yo hemos estado reuniéndonos hace unos días, comentando algo que quizá puede hacer que vosotros dos, ___ y  tú, volváis a relacionaros. Porque ya sabéis, los dos estáis medio muertos desde que pasó lo que pasó.
—No sé quién tuvo la culpa –comentó Janet poniendo los ojos en blanco, como si me hubiese leído la mente.
—Dejando de lado el tema de la culpabilidad, prosigo con lo que tengo que informar –sacó del cajón dos revistas. La misma que me había enseñado Chaz en mi piso, y una mía. Era de Vanity Fear, como la de ___, y en ella también me catalogaban como el más sexy del año- Una sesión de fotos.
—¿A qué te refieres?
—Los dos sexys del año –aquello sonaba a egocentrismo puro y duro, pero tenía que admitir que era verdad- juntos en una sesión fotográfica. Como los representantes de una marca, Neo, Adidas… Pues los más sexys de Vanity Fear. Justin y ___.
—Acepto –dije soltando el aire, solo hasta ahora me había dado cuenta que estaba conteniendo la respiración.
—Claro que aceptas, pequeño saltamontes, aceptarías tirarte de un puente si eso conllevaría estar con ___ -habló Janet- Pero, ¿qué te hace pensar que ella querrá estar ahí contigo como si nada?
—Ella es una profesional, no mezcla lo personal con el trabajo –respondí en seguida.
—Aparte de eso –habló Scooter- Ella no sabrá que se trata de una sesión con Justin, sino con otro modelo cualquiera.
—Sigue –pidió Janet cruzándose de piernas.
—Y ella aceptará, por lo que no podrá negarse y renunciar el trabajo cuando vea a Justin ahí. Además, nos encargaremos de que no huya.
—¿Y cómo? –pregunté- Porque ___ es realmente terca y tozuda.
—Bueno, por algo eres el más sexy, muéstrale tus… encantos.




Y ahí estaba yo, muerto de nervios por verla ya finalmente. En el coche estaba que no dejaba de arreglar mi pelo una y otra vez, aunque de nada me servía, ahí me maquillarían o peinarían como realmente tuviera que presentarme en las fotos. Tenía en mente, todo el rato, su posible reacción. ¿Reaccionaría como un tornado, saliendo del lugar furiosamente, o simplemente actuaría con neutral profesionalidad? Algo me decía que quizá las cosas se podrían arreglar finalmente, al menos, que ella entendiera todo y quedáramos como amigos para que con el tiempo, volver a retomar nuestra relación. Pero dentro de ese ‘algo’, albergaba un diez por ciento lleno de dudas, inseguridades y temores porque ella se negara a verme con los mismos ojos de antes.

—Y llegamos.

Bajé de la camioneta más rápido que Scooter y Moshe. Prácticamente, cuando ellos estaban a medio camino del edificio, yo ya estaba hablando con las encargadas para decirles que tenía una sesión fotográfica en menos de hora y media. Braun apareció por detrás, mostrándole unos papeles y un carnet a una rubia con cabello atado en coleta alta, la cual nos condujo a una sala donde me vestirían. Ahí estaba el fotógrafo y el encargado de este asunto.

Lo que hicieron, básicamente, fue despeinarme. Me vistieron con unos tejanos rasgados por las rodillos, y largos hasta casi cubrir mis pies. Me habían dejado el torso al aire, al cual añadieron crema y una especie de polvos para que este resultara ser más brillante. Me dejaron que del cuello colgara una de mis chapas, y decidí que fuera la que más le gustaba a ___. Salí de ahí, hablando con una de las mujeres que me había arreglado para la sesión, y fuera, a un lado del fondo, junto a las cámaras, cables y focos, estaba ella. Ella. ___. No pareció verme, pero pude leer en su rostro que estaba esperando al “misterioso modelo”, en cuanto el hombre regordete, calvo, con una carpeta entre las manos y una camiseta que indicaba que era parte del personal, señaló hacia mí, supe que ella, claramente, me había visto. Y qué reacción la suya, entre abriendo los labios, dejando a lo obvio su repentina sorpresa por verme.

—Pero nadie me había dicho que el modelo con el que trabajaría sería él –la oí decir a Houston, el gordo con el hablaba. Después miró a su representante, la cual se mantenía seria- Janet.
—Ha sido un cambio de último momento, ___. Tendrás que trabajar con él.
—Pero… -calló cuando Scooter y yo nos acercábamos- Perfecto –susurró, pensando que no podía oírla, evidenciando el sarcasmo en su tono de voz.
—Vale, como ya veo y sé, ambos os conocéis y creo que no harán falta presentaciones –dijo Houston- La sesión la empezaremos contigo a solas, ___, para después seguir en solitario contigo, Justin, y finalmente, acabarla con ambos juntos, ¿alguna duda? ¿no? Bien, el fotógrafo os indicará todo lo que tengáis que hacer, ya conocéis como funciona esto. ¡Andando!

La vi caminar hacia la zona decorada con total papel blanco y focos iluminando el plano que fotografiarían. Ahí era todo luces, brillo, movimiento y música de ambiente para aumentar la motivación. Sonreía, se alborotaba el cabello, pues no debía ser una sesión dulzona o elegante, sino sexy, rockera y sensual. Mostraba su hombro al descubierto, pues llevaba una camiseta grande, negra. Sus muslos bronceados y tonificados estaban cubiertos por unas medias de rejilla con agujeros desiguales por varias partes. Llevaba unas botas de cuero un poco por encima del tobillo. Flash. Hubo una que realmente me hizo carcajear, pues besaba a una muñeca con verdadera pasión, logrando también las risas de parte de todo el personal que estaba en la sala observando su trabajo ante las cámaras. Más flashes
Ella pasó la lengua por sus carmesíes labios, tan sensualmente que no pude evitar clavar la mirada y derretirme. Y otra foto, venga. Esta vez poniéndose el pelo de un solo lado. Chutando algo imaginario. Haciendo un gesto de silencio con los dedos, sonriendo maliciosamente, sujetando un bastón sobre su cabeza con los ojos cerrados y la lengua fuera; siendo ella. Tan loca, tan viva y tan rebelde. Me hizo reír, y pude notar cómo ella me miraba durante una pequeña fracción de segundo, ocasionando el perfecto ajetreo de latidos rápidos en mi corazón, un vaivén de pulsaciones apresuradas.

—¡Justin, tu turno! –me llamó el fotógrafo.

Ni cuenta me había dado que ya había pasado más de una hora. Simplemente, el tiempo pasaba volando cuando te lo pasabas bien, ¿no? Verla a ella era divertido. Me alegraba. Me gustaba ver cómo reía con las bromas de los fotógrafos, me gustaba ver cómo bailaba y la cámara captaba todos sus felinos movimientos, como sus manos se movían por su cintura, caderas o cuello, para dar una viva y salvaje imagen. Una clara evidencia de la mujer más sexy del 2013. Una ___ totalmente nueva, vivaz y adulta. ¿Que tenía solo diecisiete años? Nada, su mente era la de una de veinticinco.

—¡Justin macho, te estoy llamando!

Negué con la cabeza para salir de mi ensoñación. ___ ya estaba con una botella de agua entre las manos, hablando con Janet y una chica diez años mayor que ella que retocaba su maquillaje. ___ miró hacia mí, y por un momento pensé que sus labios se curvaban hacia arriba, pero acabaron siendo una mueca. Algo es algo, pensé. Me acerqué hacia la misma tarima con focos y decorados blancos donde había estado posando ___, e hice el mismo trabajo, pero con mi propio estilo, obedeciendo y asintiendo a las indicaciones de los profesionales. Finalmente, llegó la parte que más ansiaba. Ella sería fotografiada junto a mí.

Ella ahora solo vestía con una chupa negra, atada hasta un poco por encima del ombligo. Su pecho no se veía, pues estaba escondido entre las telas de la chaqueta, pero poco faltaba. Sus piernas solo lucían unas mayas ajustadas con la bandera de estados unidos. En una pierna las estrellas, en otra las rayas. Sus pies estaban desnudos, y su cabello era como la cabellera despeinada de un león. Su rostro maquillado de manera que le daba un toque más felino, resaltando en sus ojos. La miré hasta cansarme, como un ciego mira al sol por primera vez. Y ella no apartó la mirada de mí hasta que el fotógrafo habló, interrumpiendo nuestro cruce de miradas.

Empezó a darnos indicaciones sobre cómo colocarnos. Teníamos que pensar claramente, que estas tenían que ser unas fotos… sensuales, calientes, sexys. Se colocó delante de mí y rodeé su pecho con mis brazos desnudos, mi torso entero estaba desnudo, solo llevaba unos pantalones azules también desgastados, como los anteriores, estos algo bajos, dejando ver algo de mis negros bóxers y la ‘uve’ que tan bien había trabajado en el gimnasio. Sentí sus músculos tensarse bajo mi tacto, y ella se aferró a estos. Clavé los ojos en el hueco de su cuello, tan apeteciblemente besable. Flash. Y otro más, por si acaso la foto no había quedado bien. Ahora ella se había girado, cogiendo mi cadena con sus finas manos, acercando así peligrosamente mi rostro al suyo. Enarqué las cejas, y ella chasqueó la lengua, haciéndome sonreír. Y flash. Con la otra mano me agarró la cinturilla de los pantalones, y mi espalda estaba curvada hacia a ella. Era más alto, así que tenía que inclinar la cabeza para mirarme. Más flashes. Ahora la colgaba de mi espalda. Su trasero hacia la cámara, pero estaba posicionada de tal forma que se podía ver su cara, haciendo que me gritara, y yo simplemente miraba al centro de enfoque con diversión. La bajé cuando el flash volvió a cegarnos, y al hacerlo, quedó tentativamente cerca de mí, tanto, que no reprimí las ganas de pasar las manos por sus brazos y acariciar la suave y aterciopelada piel. Sin esperárnoslo, pam, flash. Y así más fotos, y más, unas que me hacían enloquecer, unas que me obligaban a mirarla fijamente a los ojos, jurando haber visto en ellos algo de destello, quizá el brillo que anteriormente solía admirar cuando me veía reflejado.

—Ahora, Justin, haz que la besas. Pero vuestros labios no deben tocarse, ¿entendido?.

Asentí, claramente con la bilis pasándome por la garganta. Noté la tensión en ella, y ¿la emoción en Janet y Scooter? Ellos me miraban con la esperanza reflejada en sus miradas. Y lo hice. Cogí su mano, para ir subiendo la mía hasta su brazo, llegando a su codo, acercándola a mí. Ella se apoyó en mi hombro izquierdo, pues había notado como se tambaleaba, tal y como hacía cuando no se esperaba que iba a besarla. Entonces la miré, entrando a lo más íntimo de ella, explorando cada lugar incognito de su mirada, descifrando si aún le era correspondido, si su corazón seguía latiendo con mi nombre tatuado en él, con tinta imborrable. Noté cómo jadeaba ante el análisis que habían hecho mis ojos en ella, tan solo con unos pocos segundos de disposición. Sonreí, y acerqué mi boca a la suya, pero no la toqué, no lo hice. El fotógrafo no quiso. Casi podía jurar que el flash no iluminaba la sala, que no sonaba nada proveniente de la cámara. Que solo éramos ___ y yo, juntos. Su agarre aumentó de fuerza en mi hombro, y sus uñas se clavaron en mi piel. Flash. “Baja tu mano por la espalda de ella, Justin”, me había indicado Jefferson. Y lo hice, sintiendo su pelo bajo las yemas de los dedos, la palma de la mano ardía en deseo de seguir descendiendo. Su espalda se curvó ante mi tacto, haciendo que quedáramos más cerca, nuestros cuerpos totalmente juntos. Como nuestras bocas, pues ella la buscó, buscó la mía. Besó mi boca. Y fue ella. Flash, flash, flash. Solo fueron unos segundos, pero puedo jurar que fueron los segundos más felices de mi corta vida. Se separó de mí, con los labios mojados por los míos. Sus pestañas acariciaron mis pómulos, haciéndome temblar.

—Justin –susurró ella.

—Soy yo princesa, sigo siendo el mismo. 


___________

Nueve días sin subir, i know. ¡Pero se acabaron los exámenes, los trabajos, exposiciones, se acabó todo! Bueno, aún no. Aún quedan dos días para ser totalmente libre, pero no es nada. ¡Dos días y podré escribir y subir más seguido! Muero de emoción. No tengo nada nuevo que comentar, solo agradeceros los comentarios del capítulo anterior, y desearos que os guste este. Yo voy a seguir leyendo 'Príncipe Mecánico', segundo libro de la saga 'Los Orígenes' de 'Cazadores de Sombras', el cual os recomiendo leer. Yo llevo como dos días llorando, así que ahí dejo cuán perfecto puede llegar a ser. En fin delfín Serafín, un beso enorme. ¡Os quierelo!<3.

9 de junio de 2013

Never let you go. {167}

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| Narra ___. |

Era extraño, pensé mientras observaba el techo de mi habitación. Era extraño volver a comer en esa casa, con aquellas personas, como si nada hubiese pasado. Era extraño volver a reír con Justin. Porque sí, reí. Y hablé. No como hubiese hecho meses antes, pero sí de una manera menos fría y distante. Todo el mundo lo notó. Mamá me preguntó más tarde, en casa, si habíamos hablado mientras estábamos en la habitación a solas, cuando fui a dejar el bolso. Pero no, solo hubieron dos frases, y después de eso, me largué, pues había sentido picar mis ojos. Picar mis ojos de lágrimas por culpa de la foto que me había mostrado. Nuestra foto. No supe, en ese momento, si lo hacía apropósito. Es decir, él está con Selena, se supone que yo ya no le importo del mismo modo que le importé antes, o directamente, no le importo. Pero no, ahí estaban nuestras fotografías, ahí estaba la pancarta que le hice para el concierto del Madison Square Garden. Ahí estaba él preguntando si recordaba el momento en que nos sacaron aquella fotografía. Ahí estaba él haciéndome sentir una puta mierda.

Pero después, llegaron las carcajadas mientras jugábamos con los niños. Y muy a mi favor, estos no preguntaron ni hicieron comentarios sobre nuestra antigua relación. Tan solo se dedicaron a disfrutar con nosotros como hacían anteriormente cuando solíamos estar siempre juntos. Como una familia. Julia llegó a mi habitación junto con Lucas, y me pidieron que les explicara qué tal había ido la comida.

—Pensaba que iría peor –comentó Lucas.
—Lo sé, y yo –reconocí suspirando.
—Incluso habéis hablado, eso es bueno.
—¿Bueno? –pregunté retóricamente- No te creas, Melona. Me preguntó qué tal iba el disco, las canciones. Incluso me preguntó por Nothing like us.
—¿La canción que escribiste sobre vuestra relación? –asentí con la cabeza.
—Eso es que le importas –dijo Lucas.
—Por favor –dije haciendo una mueca.
—Lucas tiene razón.
—Por supuesto que la tengo –saltó don ego- Capaz no le importas como al principio, como una novia, sino como una amiga.
—No quiero ser su amiga.

Notaron, o al menos eso supuse, que me había dado el típico bajón por culpa de hablar de Justin, así que rápidamente cambiaron de tema. Después de estar hablando un poco más de cualquier cosa, nos fuimos a ver unas películas, por lo que pasamos el rato en casa. Por la noche, cené solo un par de sándwiches, quería irme a mi habitación a pensar un rato, quizá a escribir o escuchar música, pero antes de que cerrara la puerta de mi cuarto, Julia me llamó.

—Antes que nada, prométeme que no tirarás nada a la televisión –me advirtió antes de que me sentara.
—Sí, sí –prometí confusa. ¿Por qué querría hacerlo? La última vez fue cuando salieron imágenes de Jelena y… Mierda.

Julia puso el canal que correspondía. Salía Selena en algún plató de televisión, haciendo una entrevista. Iba con un vestido negro muy corto, un recogido bastante simple y los labios pintados de rojo pasión. La verdad es que siempre me ha parecido una persona hermosa. Pero solo por fuera, por dentro aún tiene que madurar bastante.

—¿Qué crees que vio Justin en ti, que no había en ___? Porque fue tan radical que empezarais a salir juntos –le decía el presentador.
—Obviamente vio la madurez de una mujer. ___ aún es una cría y es eso lo que Justin no quiere. Es decir, busca algo serio, no algo que esté siempre haciendo el tonto.
—¿Insinúas que ___ no está preparada para tener una relación con Justin?
—Ni con Justin ni ninguno. Siempre está causando polémica y también influye eso en tu pareja, porque el estrés que tú tienes, lo tiene él. Además de que últimamente andaban mucho peleándose por tonterías.
—Pero siempre sabían arreglarlo, y seguían juntos a pesar de todo –contestó el presentador con el ceño fruncido. No se le veía muy fan de Jelena, no.
—Cuando una pareja rompe y vuelve tantas veces, se deja de sentir lo mismo. Y eso fue lo que le pasó a Justin. Se cansó de ella. Y no me extrañaría.

Respiré profundamente, tratando de no tirar el mando a la pantalla. Sentí la mano de Julia en la mía, apretándola suavemente, tranquilizándome.

—Últimamente Justin y ___ se están viendo. En el estudio, en la calle. Se dice también que Scooter y Janet, sus representantes, se reúnen.
—No me preocupa que ___ se encuentre con él, no creo que vaya a conseguir nada. Y menos andándose a llorar a cualquier rincón, como sale en tantas fotos. Sinceramente, pienso que dando pena, no obtendrá nada de Justin.
—Bueno, pero podrían volver a ser amigos.
—Lo dudo. Yo no sería amiga de alguien que sé que me quiere. Es imposible, además, ___ siempre estaría intentando arrastrarse a él y…

Apagué la televisión y me puse de pie de golpe.

—¿Adónde vas? –me preguntó al ver que caminaba hacia mi habitación.
—¡A fumarme un cigarro, necesito relajarme antes de ir a su casa y matarla!

Cerré la puerta de manera brusca, haciendo temblar las paredes. Me tiré a la cama y rebusqué en el bolso, el cual estaba en el suelo, mi paquete de tabaco. Ahí estaba, y sonreí pues recordaba haberlo visto lleno la última vez. Pero al ir a sacar uno, mi cara cambió totalmente. Estaban todos rotos, todos.

—¡Julia! –grité. Ella estaba en mi habitación en menos de cinco segundos- ¿Has roto tú mis pitillos?
—¿Qué?
—Mierda, sé que no te gusta que fume, pero siempre evito hacerlo cerca de donde estés tú. ¡No tienes ningún derecho a rompérmelos!
—¡Yo no he sido, ___!
—Mamá no fue, Lucas tampoco porque él fuma y sabe lo que es que se te rompan.
—¿Entonces…?
—Creo, creo que ha sido…

Negué con la cabeza para eliminar ese pensamiento de mi mente. La última vez que cogí el bolso, fue para ir a buscarlo de la habitación de Justin. Recuerdo que al principio, cuando lo fui a dejar, Justin se quedó en la habitación viendo las fotografías. ¿Quién dice que no ha sido él?

—Putísimo Bieber –mascullé levantándome y acomodándome la camiseta de tirantes.
—¿Qué?
—Justin, ha sido él.
—Pero…
—Créeme Julia, ha sido él.

Me marché de casa con el paquete y las llaves aún en la mano. Caminé hacia la casa de Pattie y llamé a la puerta, me atendió Jazzy.

—Hola princesa, ¿está tu hermano?
—¡Jaxon mira, es ___!
—Tu hermano mayor, cielo.
—¿Jazzy, quién es? –oí a Jeremy- Oh, hola ___, ¿qué pasa?
—Busco a Justin.

Al oír eso, se me quedó mirando de manera extraña, pero volvió a sonreír dos segundos más tarde. Si bien supiera lo que tengo en mente…

—Pasa, está en su habitación.
—Vale, gracias.

Saludé a Pattie y a la mujer de Jeremy, que estaban viendo la televisión juntas. Subí las escaleras a trote y entré sin llamar antes a la habitación del mayor de los Bieber. En cuanto me vio, dejó de tocar algo en el piano; algo que curiosamente se me hacía familiar. Escondió las letras en su carpeta y me miró confuso, pero en seguida se levantó con una sonrisa en el rostro y pronunció mi nombre de manera alegre.

—¡Idiota! –bramé. Le arrojé el paquete al pecho y lo atrapó al vuelo, se veía confundido- Me rompiste los cigarrillos, fuiste tú.
—No tienes pruebas para acusarme, ___.
—Eso es lo que suelen decir los criminales cuando les han visto en la escena del crimen –mascullé- No sé quién mierda te crees para hacerlo.
—Yo, Justin.
—¡No es suficiente! No te creas que por llamarte Justin Bieber vas a tener el derecho de hacer lo que te plazca.
—Lo hice por ti, porque me preocupas. ¿Qué te ha dado por fumar ahora? Esto no es más que veneno para tus pulmones. Me lo agradecerás cuando el médico te diga que has estado a punto de coger un cáncer de pulmón, como les pasa a todos los fumadores.
—¡Oh, no me des clases de moral, Justin Bieber! Te recuerdo que hace unos días te pusiste ciego a porros con tus amigos.
—Yo… -no tenía nada que decir.
—¿Sabes? Si de verdad te importara, querría decir que aún me quieres, y si me quisieras, no habrías causado todo el daño que ahora hay en mí. Porque tú tienes la culpa de esto.
—Me importas, ___. Y te quiero.
—¡Y una mierda! –chillé golpeando la pared- Eres un vendido, como todos los artistas. No me creo nada que estés enamorado de Selena. Te podrá parecer la mujer más sexy, o más madura como ella bien se ha estado halagando en la entrevista de hoy –abrió los ojos sorprendido- Sí, la he visto, y más te vale ponerle un bozal a la perra de tu novia antes de que le calle yo con un puñetazo –cogí aire- Lo que decía, Selena lo único que tiene es una cara bonita, porque como persona está podrida. Dime tú qué tan bien te podrá escuchar como yo lo hacía.
—___... si supieras todo lo que está pasando…
—Dímelo, entonces.
—No… no puedo.
—Puedes, puedes decirlo. Pero no quieres –suspiré- ¿Qué te hice, Justin? Tuvimos nuestras peleas típicas de pareja, pero siempre las solucionábamos. Éramos felices juntos, mierda. ¿Qué fue lo que viste en Selena? Ella es más guapa, sí. Y tiene más experiencia en el mundo de la fama, lo sé. Pero… sabes que ella no te llegará a querer como yo siempre hice.
—Muero por explicártelo todo, de verdad que sí. Pero dame unos días.
—Unos días es lo que tardé yo en asimilar que mi vida, sin ti, es una mierda. Y si espero unos días más, no sé qué pasará conmigo.
—Por favor, no… no llores –pidió acercándose. Limpié mis lágrimas, las cuales corrían veloces por mi piel.
—¿Ves? –lo miré- Esto es lo que me enrabia. Estar todo el día llorando, hundida por ti, cuando tú te la pasas con Selena en Hawaii, o toqueteándola por la calle, a la vista de cualquier cámara. Y lo que más me enerva es que dejes que hable mal de nosotros, mal de nuestra relación y de mí.
—No he visto la entrevista, si a eso te refieres –dijo.
—No es solo esa entrevista, Justin. Son muchas cosas.

Respiré profundamente un par de segundos para tratar de tranquilizarme.

—No habrá nada como nosotros –nothing like us- Nada.
—Lo sé.
—Si lo sabes demuéstramelo.
—¿Y qué pasará si te lo demuestro? ¿Volverá a ser todo como antes?
—¿De verdad amas a Selena?
—No.
—¿La quieres?
—No mucho.
—Entonces no veo por qué estás haciendo esto. Tengo una teoría pero no creo que seas así.
—Dila, di lo que crees que es.
—Te has vendido a Selena para conseguir fama.
—Ella es la que se ha vendido.

Abrí los ojos y di un grito ahogado. Entonces es verdad, es verdad que Jelena es una falsa. Es verdad que ninguno quiere amor del otro, solo fama. Es verdad que he estado llorando por una mentira. Es verdad que tengo ganas de matarlos a los dos.

—No, tú no eres así –dije balbuceando.
—Ella me quería para quedar bien ante las cámaras, yo no quería salir con ella. Ni mucho menos. Te amo a ti.
—Si de verdad me amaras habrías dicho que no.
—Scooter ya había firmado y no podía echarse para atrás.
—¡Yo habría quemado el mundo para buscar entre sus cenizas una posible solución para acabar con todo! –grité enfurecida- ¡No me digas que sigues amándome Justin, cuando me has ocultado esto tanto tiempo! ¿Sabes que llegué a echarme yo las culpas? ¿Sabes que llegué a sentirme la mierda más asquerosa del mundo? ¡Solo por ti y por Selena y el intento de llegar a lo alto de los famosos!
—___ por favor.

—No, no me digas ‘___ por favor’. Esto me duele más que quizá haberme engañado con Selena –ni si quiera sé por qué seguía limpiándome las lágrimas, estas volvían a caer una y otra vez- Eres un mierdas.

Never let you go. {166}

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| Narrador. |

Habían pasado unas semanas. Semanas lo suficientemente largas para ___ y Justin. Esta había empezado a trabajar, se sentía con las suficientes ganas de empezar a contentar a sus fans, las cuales le habían dado todo el apoyo del mundo. Lucas seguía en Atlanta, y su estadía era cada vez más gratificante para ____. Ahí estaba él cada vez que por error, ésta pensaba en Justin. Ahí estaba él para sacarle las risas más tontas en la situación más absurda. Y ahí estaba él para hacerla olvidar de todo, de todo menos del auténtico significado de la palabra “placer”. La televisión se llenaba de noticias respecto la antigua relación entre Justin y ___, comentando lo misterioso y raro que les parecía ver al canadiense con la joven Gómez, tan de repente, cuando nunca habían mantenido contacto alguno. Para Julia y Chaz, ver aquello, hacía que se les secara la garganta. ¿Cómo continuar haciendo oídos sordos, cuando su mejor amiga, lloraba a escondidas por un amor que era de ella, pero que sin embargo, no podía tener? Julia, cada vez que oía a ___ llorar, tenía que morderse la lengua, pues no podía contarle nada sobre la falsa relación entre Gomez y Bieber. Principalmente, porque se lo había prometido. Aunque también era porque tenía la esperanza de que pronto lo hiciera él, se lo revelara, ella lo perdonara y la cosa siguiera como era antes.

El mundo entero extrañaba la relación entre Justin y ___, no solo eran los mismos cantantes, que sentían un dolor similar a cuchillas clavándose en sus costillas, cada vez que se veían, ya fuera tanto en persona, como detrás de una pantalla. ___ se había tomado eso en serio de profundizar sus sentimientos en canciones. No es como si jamás antes lo hubiese hecho, solo que ahora sentía que las letras eran más personales y reales. Letras que jamás saldrían a luz, pues no las incluiría en su nuevo álbum. Las cosas con su familia iban a mejor. Su abuelo estaba bastante recuperado, tanto que salía a pasear con sus nietos todas las mañanas, disfrutando de un radiante sol español. Incuso ___, su madre, Julia y Lucas, se habían tomado la modestia de visitar sus tierras natales solo por un fin de semana, pues a la semana siguiente empezaban con sus trabajos.

___ se había sentido casi completa. Tenía a sus mejores amigos cerca, con los cuales salía, se divertía y bailaba. Tenía a su familia, sobre todo a su abuelo, con una salud excelente. La boda de su madre y Thomas iba viento en popa. Pero como antes he mencionado, se sentía “casi completa”, porque esa fracción que le quedaba para llegar a la absoluta felicidad, se esfumó cuando sus fans se enteraron que había empezado a consumir tabaco. Algunas la dejaron de lado, diciendo que no querían tener nada que ver con ella, que había cambiado y que no era la misma. Pero las auténticas fighters se quedaron para apoyarla y subirle el ánimo. Su madre no se contentó mucho al verle el paquete de tabaco medio vacío en el bolso, y sus amigos tampoco. Incluso Justin y su familia se habían sentido decepcionados por la chica, pues seguían queriéndola. Pero, Justin no era el más indicado para molestarse, pues él recientemente había sido centro de atención de masas al salir a la luz, unas fotografías de él fumando marihuana con unos amigos. Y admitió que se equivocó, que era joven y todo el mundo a su edad comete errores, pero sin embargo no dejó de lado ese pequeño vicio que tenía. Todo lo contrario.

___ estaba corriendo por los pasillos del estudio, haciendo resonar sus tacones por el parqué. Llegaba tarde a su cita con Janet, donde hablarían posiblemente de aumentar el número de canciones en el álbum, pues este solo tenía siete. Con la respiración agitada, las cadenas moviéndose sobre su pecho, y la carpeta de composiciones bajo el brazo, corrió lo más que pudo. Hasta que se chocó con alguien, haciendo que ambos cayeran al suelo.

—Oh, lo siento… -Justin alzó la vista, y se arrepintió en cuanto lo hizo.

Sus ojos estaban maquillados de negro, negro difuminado, dándoles un toque más felino, más gatuno. Sus labios, rojos cobrizos, incitaban a cualquiera querer besarlos. Su camiseta de tirantes, ajustada y blanca, dejaba en evidencia su cuidada silueta. Sus largos, delgados y rápidos dedos, volaron a las hojas que se habían traspapelado y cubrían parte del suelo.

—No importa -___ vio que Justin se quedaba mirando una partitura en particular. Sus ojos volaron al título. Nothing like us. Se la arrebató de las manos, con las mejillas rosadas. Y eso le hizo a Justin recordar muchos de los momentos junto a ella, sobre todo cuando su piel se tenía de rojo claro.
—Es buena –le comentó Bieber, poniéndose de pie junto a ella- ¿Son para el disco?
—No –su voz fue fría, tratando de ocultar el dolor. Era raro verlos juntos, en un mismo pasillo, y hablando. Pero más raro era que ___ no se derrumbara ahí mismo- Son privadas, de uso personal. Ni siquiera sé por qué estaban en esta carpeta, se han debido traspapelar.

Justin hizo el ademán de sonreír, pero le salió más bien una mueca. Se alegraba de que ella le contara ese tipo de cosas, aunque obviamente no significaban nada. Ni un progreso, ni mucho menos una muestra de que su confianza había vuelto a resurgir de la nada. Aún así, se sintió feliz.

—De todas formas, tendrías que añadirla. Es bastante… bonita.
—Gracias, supongo -___ la miró. La letra. Y la guardó rápidamente para no echarse a llorar.
—Oye, he visto que…
—No tengo tiempo, Justin –le explicó la pelinegra- Sabes cómo es Janet con los retrasos, y llego veinte minutos tarde.
—Claro, lo entiendo –se sintió decepcionado, como si le hubiese fallado en una cita. Pero era obvio lo que ___ pretendía, no quería estar cerca de él. Y muy a su pesar, Justin lo entendía a la perfección.
—Adiós.

Echó a correr, dejando a Justin con la boca abierta. Adoraba ver su pelo mecerse sobre sus caderas, al mismo tiempo que sus pasos acelerados la llevaban hacia una única dirección. Adoraba ver cómo se ruborizaba, y minutos antes, cuando lo había hecho, sintió su corazón latir de nuevo. Adoraba la forma en que su lengua le rozaba el labio superior cuando estaba frustrada, confusa o nerviosa. Y eso mismo había hecho cuando descubrió la canción que tan personal decía ser. Nothing like us. Tenía que leerla, oírla. Tenía que convencer a ___, de alguna manera, aunque no sea directamente a través de él, que esa canción saliera a la luz.

—¡Justin! –era Scooter.
—¿Qué? –preguntó fríamente.

Braun sabía que su relación había caído en picado desde que, prácticamente obligó, a que saliera con Selena. Y se había dado cuenta de su error, claro que lo había hecho. Tanto Justin como ___ habían bajado de peso, habían sido visitados por su psicólogo, habían sufrido diversos ataques de ansiedad, habían llorado hasta dormirse por el cansancio, habían hecho cosas imprudentes que su carrera había pagado. Y se daba cuenta de lo mucho que aquellos dos jóvenes se mataban cuando estaban separados.

—¿Ha pasado por aquí? –preguntó- ___. ¿La has visto?
—Sí, acabo de hablar con ella –respondió él duramente, caminando hacia la puerta de su estudio.
—¿Y sobre qué habéis hablado? –un toque de ilusión se vio reflejado en el tono de voz que el representante había empleado- ¿Todo bien?
—Ella me evita, y no es de extrañar. Ha compuesto una canción, y creo que va sobre nosotros. Tengo que oírla.
—Puedo conseguirla por ti, decirle a Janet que…
—No, no hagas nada –le pidió el canadiense con ojos oscuros- La última vez que intentaste hacer algo por mí, pensando que me beneficiaría, acabaste separándome de la persona a la que más amo y jamás amaré.
—Creí que eso…
—¿No lo entiendes, Braun? –le preguntó Justin retóricamente- No es el daño que me hagas a mí, que también influye, sino el daño que por tu culpa, le hago a ___. Eso es lo que más me mata.  Ojalá te des cuenta de la mierda que has hecho, tío.

Justin cogió su mochila, la cual colgaba del respaldo de una silla. Se la colgó de un hombro y miró por última vez a Scooter. Se fue, sin ofrecerle palabra alguna de despedida. Y el hombre se sintió dolido, hecho mierda. Se sentía mala persona. Y quería hacer algo para evitar que ambos jóvenes siguieran sufriendo. Porque esto era su culpa. Su maldita culpa, la cual lo carcomía día sí y día también.

***

___ salió del edificio donde acababa de tener una reunión con su representante. Habían hablado de algunas entrevistas a diferentes cadenas de televisión y radio, sesiones fotográficas o participaciones en algún que otro programa. Se habló también de las canciones del disco. Y se habló también de la controversia que seguía causando Jelena, y la relación de ___ y Justin. Mientras ___ se fumaba un cigarro apoyada en su coche, el despacho de Janet era nuevamente ocupado por alguien.

—Scooter Braun –dijo su nombre en voz alta, con una irónica sonrisa en su rostro- ¿Cómo estás? ¿Feliz sabiendo que Selena consigue fama, mientras tu chico y mi chica, se ganan una depresión de caballo?
—No he venido aquí para discutir de nuevo, Janet. Aunque bien sé que me lo merezco.
—No debiste de haberme dicho tu secreto contrato con el representante de Gomez. Desde que esta y Bieber empezaron a salir, ___ cayó mucho, y veo difícil que se recupere. Mientras pensaba que esto era un tonto romance entre adolescentes, no le di importancia, tan solo me preocupaba de la salud de ___ y nada más. Pero cuando viniste a explicarme qué era exactamente lo que estaba pasando, te anoté en mi lista negra.
—Lo sé, lo sé. Y no te lo echo en cara, ni mucho menos. Entiendo perfectamente tu reacción.
—Agradece que no se lo he dicho a ___ (tu madre), ella te habría asesinado personalmente.
—¿Me vas a escuchar o qué?
—¿Vienes a proponerme con qué famoso juntar a ___? Porque si es así, déjame decirte un par de nombres, ___ tiene varios crushes con distintos artistas. Zac Efron o Ben Barnes son algunos.
—¿Ben Barnes no es muy mayor?
—Solo tiene treinta y un años, y ni se nota –Braun suspiró- Al tema, que te me desvías.
—Quiero que Justin y ___ vuelvan a reconciliarse.
—Misión imposible, amigo. ___ lo ama, sin duda, pero no creo que quiera volver a tener algo con Bieber. No por nada, sino porque no quiere sufrir. Le tiene miedo al amor, desde el momento que el chico le rompió el corazón.
—Hay que hacerlo Janet, tú bien sabes que es cuestión de tiempo en que ellos salgan completamente hechos mierda. Ya lo están de por sí, no imagino si pasa uno o dos meses más.
—¿Y qué propones? ¿Una cita a ciegas? ___ le aventaría el jarrón de rosas que hubiera en el restaurante si viera a Justin ahí. O bueno, quizá simplemente lo dejaría plantado. Depende de su estado emocional.
—Lo que he pensado ha sido…

***

—Odio este tipo de películas –le dijo Lucas a ___, cuando el dramón romántico hubo acabado.
—¿Por qué? Son bonitas.
—Es por eso que las mujeres os creáis altas expectativas sobre los hombres, las cuales en el mayor de los casos son completamente falsas.
—¿No tomarías un vuelo de Japón hacia Seattle, llegando a mi apartamento a las tres de la mañana, solo para pedirme disculpas?
—Depende de lo que hubiese después de ese ‘te perdono’ –Lucas hizo que en su rostro apareciera una sonrisa lobuna, acercándose peligrosamente hacia ___ y robándole un beso.

___ puso los ojos en blanco y rebobinó la película, de nuevo al final de la película.

—¿Por qué no hay nada después del gran beso?
—Sí que lo hay –miró al chico de ojos oliva- Se llama porno.

___ carcajeó, dándole vía libre a Lucas de su boca. Éste la besó. Duro. Haciéndola caer de espaldas contra los mullidos cojines. Sus lenguas se encontraron en seguida, y ___ lo atrajo a ella, cogiéndolo por el cuello. Uniéndose así más. Sabía lo que vendría a continuación. Una auténtica batalla de cuerpos, jadeos y gritos. Lucas cogió a ___ y la sentó en su regazo, ésta enredando las piernas en su cintura, siendo alzada pues se había puesto de pie, dispuesto a ir a la habitación. Subir las escaleras no fue complicado, lo complicado fue dejar de besarse mientras lo hacían. El deseo era tan exasperante que no podían dejar de tocarse mutuamente. Al llegar a la habitación y cerrar la puerta, ___ sintió que su cuerpo explotaba y la temperatura aumentaba de forma bestial. Se libró de los fuertes brazo que la sujetaban, bajándose al suelo. Agarró la nuca de Lucas y se comió la boca de él, bajando sus labios por su cuello, humedeciéndolo por los besos. Las manos de este recorrían la silueta de ella, entera, sin dejar franjas de piel sin acariciar. Llegaron a la cama y ___ se subió encima de él, arrancándole la camisa. Paseó su lengua por su ancho torso, saboreándolo. Lo despojó por completo, y él a ella. Quedando los dos en cueros, desnudos, piel sobre piel. Ella encima de él, cabalgándolo y dejándole claro cuán era el grado de poder que obtenía cuando quería. Cambiaron las riendas, y ahora era ella la que estaba debajo, siendo prisionera de los brazos de Lucas y las embestidas que le proporcionaba a su ansioso cuerpo por obtener el mayor placer posible. La habitación se llenó de jadeos en poco tiempo, la espalda de Lucas de arañazos, y la frente de ___ de sudor. Al cabo de unos minutos más de incesante actividad sexual, la cabeza de Lucas cayó suavemente sobre el pecho de ella. Acunó su cabeza y acarició su espalda, pasando el dedo índice por su  columna vertebral.

—Hoy he visto a Justin –habló finalmente, después de unos largos instantes de silencio.
—¿Sí? ¿Y qué ha pasado? –era evidente el cansancio en la voz de Lucas, subía y bajaba como una montaña rusa, y sus pulmones se llenaban de aire cada pocos segundos.
—Encontró la canción.

Lucas se inclinó sobre su pecho, quedando ahora de tal manera que podía mirarla directamente a la cara. Sus ojos se encontraron con los de ella.

—¿Qué hiciste?
—Se la quité, él dijo que era bastante buena y que debería añadirla al disco.
—No lo harás –no era una pregunta.
—No quiero que vea que sigo muriendo por él.
—Cosa que por desgracia, sigue sucediendo.

___ chasqueó la lengua.

—¿Sabes? Me alegro hacerte olvidar, pero no puedo estar acostándome siempre contigo para que lo consigas, y que al segundo después, vuelvas a pensar en él.
—Lucas…
—No me molesta, lo más mínimo. No creas que me siento usado, pues desde un principio sabía lo que esto conllevaba. Me siento mal por ti, porque te convences a ti misma de que haciendo esto conseguirás pasar de página, cuando lo único que haces es releerte la misma frase una y otra vez. No avanzas, ___. Vas para atrás como los cangrejos.
—¿Y qué quieres que haga, Lucas? Me lo encuentro prácticamente en todos lados. Sino es en el estudio, es en la calle. Sino aquí en casa hablando con Julia. Sino en la televisión, en las revistas. No puedo simplemente hacer como si no existiera.

Las lágrimas acabaron por desbordarse de sus claros ojos, mojando las mejillas más de lo que ya estaban. Pero en estas abundaba el sudor, no el agua mezclada con la sal que era consecuencia de lo que todos llamamos ‘llorar’. Lucas la abrazó, y ___ no pudo evitar recordar cuando Justin hacía lo mismo. Abrazarla hasta que su llanto cesara. Mas ahora, en el día a día, por mucho que Lucas la abrazara, no dejaba de llorar o sentirse mal.

—Esto no te está haciendo ningún bien –habló Lucas- Sé, aunque no me lo digas, que piensas en Justin, y que después te sientes una mierda contigo misma.

___ calló. No era la primera vez que después de haber tenido sexo con Lucas, se había sentido como una infiel mujer. Como si traicionara a Justin, cuando ni por asomo estaba haciendo eso. Se quedó callada, esperando a que Lucas terminara de hablar mientras se ponía los calzoncillos, los cuales estaban en el borde de la cama.

—No quiero eso, ___ -se puso los pantalones y recogió su camisa. ___ se tapaba con las sábanas y se  ponía de pie para “enfrentar” las palabras de su amigo- A veces lo pienso, y aunque me duela admitirlo, creo que la única forma de que vuelvas a ser feliz es volviendo con Justin.
—Él fue durante mucho tiempo mi absoluta felicidad.
—Y lo sigue siendo. Solo que ahora te alimentas de esos recuerdos, y no de hechos.
—Lo sé –Lucas se acercó y la envolvió con sus brazos, presionando suavemente los labios contra su frente.
—Esta relación de follamigos tendría que acabar. Por ti y por mí, ya que en breve me vuelvo a España y no sé si seré capaz de aguantar estar separado de tu cuerpo -___ carcajeó sobre su pecho- Es que eres realmente buena.
—No sé cómo tomarme eso.
—Tómatelo a bien, pequeña.
—Lo haré –rio y besó la mejilla de Lucas- Gracias igualmente. Me has hecho disfrutar de todas formas.
—Estamos para complacer, señorita ___ (tu apellido).
—Te ha hecho bien que Julia te leyera Cincuenta Sombras de Grey.
—Sigo pensando que Anastasia es un poco falsa, es imposible que se haya corrido en su primera vez –eso le hizo reír- Vamos, dime que no tengo razón.
—La tienes, la verdad –dijo riéndose aún.

Se separaron, ___ se colocó su ropa interior y como era costumbre, fumaron un par de cigarros tendidos en el suelo mientras hablaban de cualquier tema de conversación que se les pasara por la cabeza. A los pocos minutos llegó Julia, sentándose en la entrada del balcón para así evitar el humo de sus dos amigos. Hablaron, rieron, siempre evitando el tema que preocupaba a medio mundo: ‘Justin y ___’.

—¡Julia, hola! –gritó Jazzy desde la ventana de Justin, en la cual estaba asomada.

Los ojos de la pequeña pronto se posaron en los de ___, y ésta, automáticamente, se echó a un lado rápidamente para esconderse de todo campo visual que la involucrara. Lucas se la quedó mirando extrañado y rio. Julia, en cambio, se acercó más al balcón, apoyándose completamente contra la barandilla para hablar con la pequeña de los Bieber.

—¿Por qué has hecho eso? –preguntó Lucas refiriéndose al repentino comportamiento de su amiga.
—Estoy medio desnuda y fumando, no creo que esa sea una buena imagen que darle a la niña.

Él rio, recibiendo una chancla voladora por parte de ___. Apagó el cigarro mojándolo con el agua que había en un vaso de por ahí. Se puso unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes para así asomarse al balcón y conversar con Jazzy.

—¡Princesa! –la llamó ___. La niña se emocionó al verla y saludó efusivamente con su mano derecha- ¿Cómo estás, Jazzy?
—Bien, papá y Jaxon y yo hemos venido a ver a Pattie y a Justin.
—Oh –a___ se le secó la garganta de golpe.
—Te echo de menos, y Jaxon también. Y mamá y papá. Pattie dice que estás más guapa –aquello les hizo reír a los tres, en especial a ___- Y Justin también te extraña.

Parpadeó, asumiendo las cinco palabras que la niña acababa de decir. Aquello le había dejado sin habla, con una grieta en el corazón profunda. Respiró profundamente para calmar el dolor y sonrió forzosamente.

—¡Jazzy, qué haces asomada a la ventana! Caerás –era Justin, preocupado por su hermana pequeña.
—Mira, ven, mira quién hay –Jazzy le cogió de la camiseta y lo arrastró hasta donde estaba ella asomada.

En cuanto los ojos de Justin se toparon con los de ___, sintió que su mundo se abría de tal manera, que caía en picado por un barranco, directo a las oscuras aguas que lo torturarían hasta la muerte. Y es que en los ojos de ___ no había nada más que inexpresividad. Nada, no había nada. Y eso le mataba por dentro, porque estaba vacía cuando con él había estado llena de vida. Ahora había oscuridad y un hueco enorme en el pecho que jamás sería rellenado con la misma intensidad que antes, que la primera vez.

—Hola –saludó Justin con una sonrisa algo avergonzada. ¿Por qué me siento como si tuviera dieciséis años y fuera la primera vez que nos vamos a comer juntos?, pensó él.
—Hola –contestó ella, con una sonrisa, más bien una mueca. No lo odiaba, tampoco le guardaba rencor. Simplemente, sentía que eran completos desconocidos. No amigos, desconocidos. Aunque, en lo más profundo, seguían siendo los mejores amigos de siempre.
—¡Justin! –ahora era Pattie quien se asomaba, y al ver a los tres españoles ahí en el balcón, sonrió- ¡Hola chicos! ¿Cómo estáis?
—Bien, gracias Pattie –respondió ___ por sus amigos- ¿Qué tal tú? Hace mucho que no te veo.
—Lo sé, he estado un poco ocupada y he viajado con unos amigos a Nueva York.
—Eso es genial –sonrió ahora ___ de manera más real, menos forzosa- ¿Y cómo fue?
—Oh me lo pasé muy bien, la verdad –contestó su ex suegra- ¿Está tu madre en casa?
—No, ha salido con Thomas –dijo- Pero puedo decirle que la buscas.
—Era solo para ofrecerle que se venga a casa a comer, hace días que no nos vemos y ya extraño charlar con ella.
—Bueno, supongo que no tardará en venir. Le diré y te llamaré a ver qué dice.
—Tú también puedes venir, si quieres.
—¡Sí, sí, vente! –gritó Jazzy emocionada- Así te enseño la ropa que me compró Justin.
—Yo… bueno, no sé -___ miró a Lucas y este le mandó una mirada. Una mirada que lo decía todo; ‘ves si quieres’.
—Yo he quedado con unos amigos –mintió. Seguro ahora llamaría a los colegas de Chaz, que también eran los suyos, y se irían a comer por ahí- Ves, así la pasas con los niños.
—De acuerdo, está bien –aceptó sonriente- En cuanto mamá llegue, le aviso.

***

La verdad es que estaba nerviosa. Mucho, de hecho. ¿Para qué mentir? Llevaba meses sin saber nada de Justin, sin relacionarse con él, y estas últimas semanas se habían visto y hablado apenas un par de minutos pero siempre por puras coincidencias. Y ahora, iba a comer a su casa con sus padres. Esto era un típico ‘tierra trágame’. ¿De qué hablarían? Antes sí que surgían temas de conversación, pero ahora, ¿qué dirían? Estaba claro que entre los dos había tensión, pena y tristeza al mismo tiempo, y que eso era una de las muchas causas por la que no intentaban mantener apenas una relación amistosa. Y por supuesto, estaba el orgullo de ___. ¿Cómo iba a tratar de ser su amiga, si cada vez que lo veía se le partía el alma? ¿Qué pasaría cuando él le contara sus cosas de Selena, como se lo contaría a una amiga cualquiera? Aquello lo destrozaría como una bomba de relojería escondida en lo más profundo de su pecho, causando fuertes estragos irreparables.

Se miró por última vez al espejo, atándose el extremo de su trenza con una goma negra. Se colocó mejor los pantalones y sonrió autosuficiente {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=53726151&.locale=es}. Lucas ya se había ido con esos amigos de Chaz, el cual también se había apuntado junto con Julia, los Beadles y Caroline. ___ (tu madre) entró a la habitación con Thomas y le preguntaron si estaba lista. Con un asentimiento de cabeza por parte de su hija, se fueron de casa para irse a la de Pattie, la cual les abrió en seguida.

—¡Qué bueno que ya estéis aquí, al pollo solo le faltan unos minutos!
—¿Pollo? –preguntó Thomas- Mi comida favorita.
—Recuérdame entonces que te saque la ración más grande.

Sus dos padres abrazaron a Pattie, contentos de estar ahí. ___ abrazó también a Pattie, pero estas se quedaron un poco más de tiempo, pues los pequeños brazos de la mujer la retenían. Besó su cabeza y ___ prosiguió para saludar al resto. Jeremy se alegraba de verla, al igual que su mujer. Y qué decir de los pequeños. Jazzy prácticamente se le tiró encima, y Jaxon se enganchó de su pierna. El momento crítico llegó cuando se acercó a Justin.

—Hola -___ vaciló entre si darle dos besos o tenderle la mano, pero ignoró lo último.
—Hola ___ -besó sus dos mejillas y esta sintió que le flaqueaban las piernas. Su pelo seguía oliendo igual, su colonia varonil embriagaba, y su mejilla estaba suave. Justin le había agarrado del codo para darle los dos besos típicos españoles, pues en América solo se daba uno.
—¿Empezamos a poner la mesa? –propuso Pattie.

Todos la ayudaron a organizar la gran mesa de cristal. Los cubiertos, los platos y vasos estuvieron todo listo. Tan solo faltaba rellenarlos con comida y ocupar las sillas por los invitados y anfitriones. Pero antes de que se empezara a comer, hablaron un poco de todo. ___ dejó su bolso en la habitación de Justin, tal y cómo él le había indicado. Y tendríais que haberlos visto subiendo los dos las escaleras, hacia el cuarto donde tantos recuerdos habían vivido. El pecho de ambos desgarrado, con las esquinas de la herida aún sangrantes, dolorosas. Y más dolían cuando abrieron la puerta y cruzaron la sala. ___ palpó las sábanas de la cama al dejar el bolso, y las sintió igual de aterciopeladas que siempre. Inspeccionó la habitación con una rápida mirada. Y seguía todo igual, exactamente todo. Las fotos, la pancarta que le había hecho a Justin en su primer concierto al que asistió, en el cual decía ‘voy a ser la futura esposa de Bieber’. Sonrió melancólica. Las fotos también estaban en su corcho. Incluso en las que salía ella con él, o ella sola directamente. Y es que lo más raro, era que no había ninguna de su actual novia, ninguna de Selena. Nada. Justin, que notó cómo ___ prestaba atención al corcho de las fotos, se acercó a una y dijo:

—¿Te acuerdas de ésta? –ella se giró hacia la que mostraba. Salían ellos dos en la alfombra roja de algunos premios, y estaba tomado por unos paparazis. Se sonreían, ambos enamorados. Y seguían estándolo el uno del otro.
—Sí –respiró profundamente, y sin decir nada más, se fue, sin esperarlo.

Justin se quedó unos minutos más contemplando la foto. Extrañaba ver esa sonrisa en ella, esa sonrisa causada por él. La extrañaba a ella en general. Odiaba la idea que creyera que todo lo que un día sintió por ella, lo siente ahora por Selena. Porque es mentira, por Selena no siente más que odio y asco. Apretó los puños, los nudillos blancos por la fuerza que ejercía. Caminó hasta el bolso de ___, pues se acordó de algo que pasó en el estudio. Nothing like us, la canción. Se sentía mal por hacer esto, pero tenía que hacerlo. Buscó en su bolso si por casualidad estaba su carpeta de composiciones. Y ahí estaba. Encontró la partitura y la letra, estaba echa a piano. La fotografió con su teléfono móvil y lo metió todo donde estaba. Pero ya de paso, hacía algo más: romper sus cigarrillos. La caja de tabaco estaba llena, con todos los pitillos. Los partió por la mitad y volvió a colocar la caja en el bolso. Después, bajó con su familia.

—Te tardaste –le dijo Pattie a Justin, una vez que bajó las escaleras y se sentó en su silla, justo al lado de ___.
—Lo sé, estaba enviando un mensaje. Lo siento.
—Bien, recemos antes, por favor –pidió Pattie- ¿Jeremy?


Jeremy oró, todos cogiéndose de las manos. Y, Justin y ___, también lo estaban. Toda la mesa miró a los dos jóvenes cuando estos se tocaron, ambos mirándose, como si fuera algo completamente nuevo. Y lo era, pues después de tantos meses, no habían sentido nada parecido. ___ quería que se acabara ya, que Jeremy terminara, pues notaba como le sudaban las manos y como temblaba. Estaba nerviosa porque no quería largarse a llorar como tantas veces antes le había pasado. Justin en cambio, deseaba que la oración no se acabara nunca para seguir en contacto con la mano que tantas veces ha sostenido, tantas veces ha besado, entrelazado, acariciado. La mano que le levantaba de sus muchas caídas. La mano de ___. Su ___.