¿Cuántos somos ya?

20 de mayo de 2013

Never let you go. {163}



A la mañana siguiente desperté con un bombardeo interno. La cabeza me daba tantas vueltas que incluso llegué a pensar que estaba montada en un tío vivo. Abrí los ojos y toda la luz que entraba por la ventana me dio de lleno, obligándome a tapar la cara pues molestaba mucho. Hice el ademán de sentarme, quedando apoyada en la pared, pero maldita sea cuando lo intenté. Las arcadas subieron por mi garganta y como no me levantara rápido me vomitaría encima. La saliva se volvió ácida después de haber estado diez largos minutos vomitando. Apoyada en la fría taza del váter, oí unos pasos acercarse a mi habitación.

—¿Cielo? –era la voz de mi madre.
—Estoy aquí. Muerta –contesté como pude.

Ella se acercó al baño y asomó la cabeza por la puerta, me sonrió y yo intenté responderle también de la misma manera, pero me salió más bien una mueca. Se arrodilló ante mí y apartó un par de mechones que estaban pegados a la frente.

—¿Cómo te encuentras?
—Creo que he vomitado todo líquido retenido durante estos cortos diecisiete años.
—Eso te pasa por abusar del alcohol.
—No me sentía tan mal ayer –le expliqué sentándome de piernas cruzadas- ¿Cómo está Julia?
—Bien. Chaz cuidó de ella toda la noche. Se quedó dormida en seguida, tú fuiste la que más guerra diste.
—¿Guerra? –pregunté- No me acuerdo de nada.
—Mejor, porque si te contara todo el lío que montaste…
—¿Qué hice?
—Llegaste y empezaste a cantar no sé qué, te acordaste de Justin, lloraste como si te estuviesen matando. Después le pegaste a Lucas porque intentó tranquilizarte y tú no querías.
—¿Le pegué? –pregunté abriendo los ojos impresionada.
—Fue solo una pequeña hostia –respondió mi madre moviendo la mano con desdén- No le dolió, tranquila. Te enfadaste con todo el mundo y te encerraste en tu habitación. Lucas y Chaz intentaron convencerte de que salieras y cuando lo hiciste, te dirigiste a la piscina con una caja en las manos.
—¿Una caja?
—Donde guardas todo lo de… Justin.

La sangre se me heló. Todo. Todo en la piscina. ¿Eso hice yo? No podía creer lo que mis oídos escuchaban.

—Lucas pudo rescatarla a salvo. Supuso que al día siguiente te arrepentirías si echaras a perder todas esas fotos y regalos.
—Madre de Dios, tengo que hablar con Lucas.

Me levanté y me tambaleé en seguida. Sino fuera porque mamá me sujetó al ver que perdía el equilibrio, posiblemente me habría caído en la bañera y roto el tobillo o algo así. Juro solemnemente que jamás volveré a beber.

—Espera, tómate esto –se fue a la habitación, y mientras decidí lavarme los dientes. Cuando volvió lo hizo con un vaso de agua y una pastilla- Se te pasará el dolor de cabeza.
—Gracias –me metí la pastilla en la boca y con ayuda del agua me la tragué- Voy a hablar con Lucas.

Mamá y yo nos marchamos de la habitación, ella yendo a la cocina, yo a buscar en alguna habitación a mi amigo. Como tenemos dos habitación de invitados, llamé en la que estaba más cercana a mi cuarto. Nada, no había nadie. Lo busqué en la siguiente y tampoco.

—¿Dónde demonios estará? –me pregunté a mí misma.

Llamé a la puerta de Julia y esta misma me abrió. Llevaba una camiseta que le iba tres tallas más grandes, su maquillaje se había corrido y el pelo lo tenía recogido en un moño mal hecho. Le sonreí y ella rodó los ojos.

—Lucas está aquí –dijo caminando hacia su cama y tirándose a esta en plancha.

Chaz estaba a su lado, me vio y me saludó con la mano. En un puff de estos que Julia se compró hace poco, estaba sentado Lucas, con una camiseta blanca básica muy arrugada y unos pitillo negros. Los pies descalzos, el pelo alborotado y cara de recién acabado de levantar. Le sonreí y él a mí.

—¿Qué hay, bella durmiente? –abrí mis brazos a él y se puso en pie para abrazarme. Era más alto de lo que parecía, y ya os podéis imaginar cómo me levantó al abrazarme- Ayer no me diste una bienvenida como Dios manda.
—Te la doy ahora –envolví su cintura con mis piernas y le di un beso en la mejilla- Gracias por lo de ayer, mi madre me lo contó todo.
—Me giraste la cara del guantazo –me explicó riendo.
—Lo siento –besé su mejilla varias veces y se sentó en el puff de antes conmigo aún encima- Y gracias también por haber cogido la caja.
—Ah –él sabía perfectamente de lo que hablaba- Estabas realmente descontrolada, seguro que no te dabas cuenta de lo que hacías.
—No, la verdad es que no –contesté. Solté un suspiro y alcé la vista para sonreírle- ¿Has dormido aquí?
—Qué va, pero oí como la subnormal de Julia gritaba y vine a ver qué pasaba.
—Ya estamos –se quejó mi Melona- Lo de subnormal sobra, majo.
—Ni pasados tres años cambiáis, qué asco dais –dije riendo.
—¿Por qué lo dices? –preguntó Chaz.
—En España estaban siempre picándose. Y ya ves que tampoco paran ahora que tienen algo más de conocimiento.
—¡Empieza él! –lo señaló Julia.
—¡Mentira!
—Ogh, callad –les pedí frunciendo el ceño- Me duele la cabeza.
—No haber bebido –me dijo Lucas.
—Tú calla –me acurruqué en su pecho y cerré los ojos- Tengo ganas de escribir, pero no de levantarme.
—¿Tienes alguna canción nueva?
—Muchas. Pero no creo ponerlas en el álbum –respondí.
—¿Por qué? –preguntó Julia.
—Son muy personales.
—Canta algo.
—Tengo la voz mala ahora, me van a salir muchos gallos –me excusé.
—Canta anda – Lucas me dio unas palmaditas en la espalda y bufé- Va.

Aún escondida en su pecho, pues se estaba realmente cómoda, carraspeé la garganta y busqué las letras de la canción en mi mente, pues la había escrito recientemente y temía no acordarme del todo.

These are clouds aren't going nowhere, baby 
Rain keeps coming down 
I just thought I'd try to call you, baby 
For you got too far outta town 
And I hope that you get this message that I'm leaving for you 
'Cause I hate that you left without hearing the words that I needed you to 

And I hope you find it, 
What you're looking for 
And I hope it's everything you dreamed your life could be 
And so much more 

And I hope you're happy, wherever you are 
I wanted you to know that 
And nothing's gonna change that 
And I hope you find it 

Am I supposed to hang around and wait forever? 
Last words that I said 
But that was nothing but a broken heart talkin', baby 
You know that's not what I meant 
Call me up, let me know that you got this message that I'm leaving for you 
'Cause I hate that you left without hearing the words that I needed you to 

And I hope you find it, 
What you're looking for 
And I hope it's everything you dreamed your life could be 
And so much more 

And I hope you're happy, wherever you are 
I wanted you to know that 
And nothing's gonna change that 
And I hope you find it 
Whatever it is out there that you were missing here 

And I hope you find it, 
What you're looking you 
And I hope it's everything you dreamed your life could be 
And so much more 

And I hope you're happy wherever you are 
I wanted you to know that 
And nothing's gonna change that 
No, no, no 
And I hope you find it 
I hope you find it 
Mmm 
Ooh.

—Va para Justin, ¿no? –preguntó Julia. No contesté, el silencio le sirvió de respuesta- Tienes que pasar ya de página, ___.
—No te está haciendo ningún bien pensar tanto en ese capullo –dijo Lucas alzándome el mentón para comprobar si lloraba, aunque no faltaba poco, notaba aguar mis ojos- Y como te vea llorar me enfadaré contigo.
—No es fácil olvidar a alguien que tanto te ha marcado. Él fue el primero en entrar en mi corazón.
—Pero no será el único –Julia le lanzó una no disimulada mirada a Lucas y puse los ojos en blanco para segundos después ponerme en pie, apoyada en las puertas del armario empotrado de mi amiga- Vamos Melona, esto no es sano.

Nos quedamos callados. Nadie hablaba y nada se escuchaba, nada salvo mis numerosos suspiros. Un suspiro es un aire que te sobra por alguien que te falta. Y me faltaba Justin. Me faltaba mi mitad, mi vida entera. La cual disfrutaba con otra persona, con Selena. Ahora era ella quién sostenía su mano, quién besaba sus labios y abrazaba su cuerpo.

—Por si te apetece saber mi opinión, la canción es bastante buena –habló Somers. Lo miré y fruncí los labios.
—Chaz –lo regañó Julia.
—¿Qué? Era para romper el silencio.

***

—¿Y la boda, cómo va? –preguntó Lucas ayudando a mi madre a llevar unas cajas al trastero.
—Genial, estoy emocionada –respondió sonriendo y colocándose un mechón de pelo detrás de la oreja- ¿Te gustaría venir? Es en octubre.
—Mhm, muy amable de tu parte, ___ (tu madre), pero no sé si podré…
—Quédate todo lo que queda de verano –le propuso. Yo alcé la vista y me topé con los verdes ojos de mi amigo- A ___ le vendrá bien tu compañía. ¿No es así, cielo?
—Claro, claro –respondí. Acaricié el cuadro de mi abuelo con las yemas de los dedos. Hacía días que no hablaba con él- Mamá, ¿cómo está el abuelo?

Ella dejó las cajas en una esquina del trastero y se sentó en una silla vieja y casi rota que había por ahí. Me miró y comprendí el mensaje que transmitían sus ojos.

—Está bien.
—No es verdad –dije en voz baja- Cada vez está peor, y los médicos no pueden hacer nada.
—Está aguantando hasta el final, es lo que cuenta –suspiré- Tu abuelo es fuerte, saldrá de esta.
—¿Por qué mierda me pasa a mí de todo? –pregunté frunciendo el ceño.
—Se aprende a base de palos –respondió Lucas.
—Entonces prefiero ser una inculta respecto a la vida –dije levantándome y dejando el marco dentro de la caja.
—___, espera –me llamó Lucas. Seguí caminando y entré al amplio salón hasta que su mano se cernió sobre mi muñeca- ¿Qué te apetece si hacemos algo juntos?
—¿Cómo qué?
—Lo que sea, mientras nos despejemos. Mientras tú te despejes, me da igual.
—Tengo que ir al estudio, Janet quiere verme.
—¡Te acompaño! –se ofreció mientras me dirigía a la cocina- Vamos ___. He venido aquí para estar contigo y si tengo que seguirte inclusive al baño, lo haré.

Solté unas carcajadas y llené el vaso de cristal con zumo de naranja. Me giré y me topé con Lucas demasiado cerca de mí. Bebí del vaso sin despegar mis ojos de los suyos. Noté como este bajaba la vista hacia mis ropas, las cuales seguían siendo de la noche anterior. Aunque esta vez solo iba con los pantalones cortos y el top.

—¿Podré ir? –preguntó alzando las cejas. Dejé el vaso en la encimera y me apoyé en esta, contemplando la ventana y sus vistas a la casa de enfrente. Había movimiento, seguro que Pattie estaba con algunas amigas. Volví a darme la vuelta y esta vez Lucas posó sus manos en mi cintura desnuda- ¿Eh?
—Conduces y me invitas a un batido en Starbucks –sonreí de lado y besé su mejilla para irme, pero me cogió rápidamente de la cintura y me alzó del suelo, haciéndome reír- ¡Bájame!
—Te subo a tu habitación para que puedas ducharte y cambiarte.
—¡Quiere que esté ahí a las seis y media, y son las cuatro! –le grité, pero ya había empezado a subir las escaleras- ¡Mamá, ayúdame!
—No arméis escándalo –gritó.

Ya en mi habitación, me tiró en la cama y acabó encima de mí. Empezó a hacerme cosquillas y para detenerlo puse mis pies en su pecho, pero no sirvió de mucho, los colocó alrededor de su cintura y se acercó peligrosamente a mí hasta que le aventé un cojín en la cara.

—Jaque mate –le dije riendo.
—No se vale –me sacó la lengua y me incorporé en la cama, sentada a su lado.
—Madura –le pegué en el hombro- Ya tienes veinticuatro años.
—Y tú diecisiete y andas llorando por un capullo que no supo valorarte –fruncí el ceño- Lo siento, no quise sacarte el tema.
—No, tranquilo. Si tienes razón –me levanté de la cama y me cogió de la muñeca- En serio, Lucas. No importa, has dicho la verdad.
—Pero quiero pedirte disculpas de todas formas.

Suspiré y lo miré, este se levantó y frunció los labios hasta que estos se curvaron hacia arriba formando una sonrisa. Me abrazó y le di un pellizco en la espalda para que subiera las manos, pues las tenía un poco debajo de la cintura. Entre risas nos separamos.

—Cómo te aprovechas del momento, eh.
—Pero sabes que te quiero, enana –me puse de puntillas y besé su mejilla.
—Ahora sal, quiero ducharme.

Se fue riendo y me cerró la puerta. Me metí en el baño y cuando salí ya duchada y despejada, me puse una toalla alrededor para ir hacia el armario y buscar algo de ropa. Al final opté por algo así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=64225840&.locale=es. Me recogí el cabello en un moño alto y decidí no maquillarme pues llevaría las gafas puestas. Aunque obviamente, por casa, ya que era pronto para irnos aún al estudio, no me las pondría. Salí de la habitación y bajé las escaleras, Julia y Chaz se despedían de mi madre y de Lucas.

—¿Adónde vais, cara de culos? –pregunté bajando las escaleras.
—Vamos a dar una vuelta –respondió Chaz.
—Tú después vas al estudio con Lucas, ¿no?
—Sí, Janet quiere verme.
—Llévale las canciones y que las vea –propuso Julia. Negué con la cabeza y me senté en un sillón- Venga.
—Es que no sé, Melona. Lo que llevamos hecho de disco es muy diferente a todo lo que he escrito ahora.
—Pues cámbialo, al fin y al cabo es tuyo, ¿no?
—Ni se te ocurra hacer caso a Chaz –me amenazó Julia- Son ganas de volver a empezar desde cero y tirar a la basura estos meses de trabajo. En un disco se refleja todo lo que te ha pasado por cierta época. Un tiempo has estado radiante de felicidad, y en la otra te han dado palos en la espalda. ¿Qué más da? Las canciones son buenísimas y a las fans les encantará.
—Discurso de la montaña –susurró Lucas.
—Cállate, te he oído.
—Qué bien –murmuró mi amigo enviándole a alguien un mensaje.
—No lo soporto –comentó Julia poniendo los ojos en blanco. Solté unas carcajadas y me miró- Pues eso, muéstraselas aunque sea. Y por cierto, te voy a quitar esa ropa.
—Venga, vete ya –la eché riéndome.
—¡Adiós! –se despidió la parejita.


| Narra Justin. |

Bajábamos del avión y las cámaras nos cegaron, como era de esperar. Sentí sus dedos entrelazarse con los míos, y la miré, deseando con todas mis fuerzas que su rostro se distorsionara hasta convertirse en el de ___. Pero no fue así. Selena me sonrió y le respondí de la misma manera pero totalmente falsa, como ella también había hecho. ¡Justin, mira aquí! ¡Justin, foto! ¡Selena, no te tapes, mira a las cámaras! Eso era lo único que oí hasta llegar a la camioneta de Moshe. Aún no sabía cómo iba a mirar a mamá a la cara. Ella estaba muy decepcionada conmigo. Amaba a ___ como una hija más y no soportaba verla así por mí, por lo que yo había hecho. Y en el fondo la comprendía, pero no había sido mi culpa, sino la de Scooter, con el cual ahora no me hablaba. Él sabía que estaba de mal humor con él y con todos, y pensaba que en unos meses cuando me acostumbrara, que se me pasaría. Incluso llegó a decirme que tal vez en un futuro, Selena llegaría a gustarme de verdad. ¿Es que se ha dado un golpe en la cabeza, o algo?
Dejé de pensar en todo lo que estaba pasando, en todo lo que la prensa decía, en lo decepcionadas que también estaban mis beliebers, y el pedazo mierda que me sentía al saber que todas las revistas hablaban sobre ___. Me metí en Twitter y el drama abundaba en mi timeline. Fotos y fotos de ___ y las chicas. Bailando, bebiendo, riéndose en una discoteca. Y después sentadas en una calle, riéndose también. O sea que había salido. En el fondo me alegraba por ella, pero también me disgustaba, pues sabía que ella no era muy de salir y seguro que la habían obligado porque estaría depresiva.

—Justin, estás muy callado –dijo Selena dándome unos golpecitos en la pierna.
—No hay cámaras, no tengo por qué fingir que estoy interesado en hablar contigo.
—¿Sabes? Podríamos hacer esto más ameno si tú pusieras de tu parte.
—El problema es que no me apetece poner de mi parte para que esta mierda de relación falsa siga adelante.
—Tú verás, digas lo que digas, el contrato está en pie.
—¿Sabes? Te regalaré algo para tu cumpleaños, sí –faltaba poco para el veintidós de julio- Un bozal, para que te calles.
—¡Eres un inmaduro!
—Pues bien que necesitas juntarte con este inmaduro para conseguir fama.
—Ogh, olvídame.

La camioneta fue aparcada en la calle donde mamá vivía. Y donde la madre de ___ precisamente también. Y seguramente, donde ella estaría pasando su estadía. Tomé aire y bajé del vehículo sin molestarme en ayudar a Selena. Tomé mis maletas y caminé hacia la puerta, llamé dos veces y Jazzy me abrió.

—¡Justin! –saltó y la cogí en brazos para darle mil y un besos en la mejilla, hacía tiempo que no la veía.

Selena entró y en ese momento, el silencio se formó en la casa. Papá la saludó por respeto y educación, mamá igual, pero los niños no. Fue Jazzy la única que se atrevió a hablar.

—Justin, ¿por qué estás saliendo con Alex de los Magos de Waverly Place? –Selena soltó una carcajada y dejó sus maletas en la entrada después de haber cerrado la puerta.
—Hola Jazmin –la niña frunció el ceño, no le gustaba que la llamaran por su nombre- Soy Selena Gomez, la novia de tu hermano. ¿Me das un besito?
—___ es su novia, no tú.

Selena se quedó callada en seguida y yo me contuve las ganas de reír. Esa había sido buena. Después del incómodo momento que Selena tuvo que pasar, Jaxon y Jazzy le acabaron dando un beso en la mejilla. Empezamos a hablar un poco, sin sacar el tema de ___. Mamá evitaba mirar mucho a Selena, y papá igual. Solo hablábamos de la gira y de cómo estaban nuestros amigos o familiares. La conversación no duró mucho, pues unos golpes en la puerta interrumpieron la charla sobre un nuevo proyecto.

—¡Justin Bieber, abre la puta puerta o la tiro abajo! –abrí los ojos. Era Julia. Selena se levantó y me miró, pero la detuve. Me puse en pie y caminé hacia la entrada, abrí la puerta y una enfurecida Julia entró acompañada de mi amigo Chaz, el cual algo avergonzado, me saludó- ¡Oh, y encima la traes aquí como si nada hubiese pasado! ¿Qué tienes en la cabeza?
—¿Y tú quién eres para venir a la casa de mi novio y hablarnos así?
—Soy una de sus mejores amigas y te juro que como vuelvas a hablarme te arranco los pelos de la cabeza.
—Julia cálmate –le pedí.
—¡No me pidas que me calme, no! –gritó apartando mi mano de su brazo. Miré a Chaz- Y no lo mires a él, no va a ayudarte porque sabe que si lo hace lo repudio.
—Julia, en serio –le dije- Relájate y hablamos de lo que tú quieras pero…
—¿Sabes de lo que quiero hablarte, no? ¡Lo sabes! –fruncí el ceño y noté cómo su mirada se pasaba a Selena- No sé cómo tienes la conciencia tan tranquila al saber que una de las mejores parejas se ha roto por tu culpa.
—Me siento mejor que nunca –ella se cruzó de brazos como si se sintiera orgullosa de ello.
—Ah no, por eso sí que no paso –miré a mi madre, la cual se había levantado del sofá- Hasta ahora me lo he callado todo, pero no pienso admitir que te sientas orgullosa de romper una pareja tan buena como la de mi hijo y ___.
—Yo no he tenido la culpa de que se haya acabado el amor entre ambos –bufé indignado y ella me miró- ¿O no, Justin?
—Cállate, cállate –la mandé.
—Si es que ni bola te da, perra –Selena se levantó también, pero más indignada que mi madre, y se encaminó hacia Julia, la cual le plantó cara en seguida- A mí me bajas esos humitos. No te pienses que por ser Selena Gomez me voy a rebajar y a lamerte el culo. No maja, no. Ahora que puedo te voy a dejar las cosas claras. Y a ti también –me miró, apuntándome acusatoriamente con el dedo índice- ¡A los dos!
—Creo que este no es momento para discutir, chicos –habló mi padre, cogiendo la mano de mis hermanos.
—Jeremy, tanto tú como yo sabemos que no te está gustando nada esta situación, pero hay que pararla –insistió mi amiga- Yo no sé qué mierda te ha dado, qué clase de chip te han metido, pero estás equivocándote, Justin Bieber. Estás perdiendo a la única mujer que de verdad te amará por una payasa que lo único que quiere es utilizarte.
—¡No voy a permitir que me faltes el respeto de esta manera, asquerosa barrio bajera! –ladró Selena empujándola.
—Eh, a mi novia sí que no la tocas –se puso en medio Chaz- ¿No te das cuenta que no pintas nada en esta casa?
—¡Soy la pareja de tu amigo, por si no lo sabías!
—¡No puedo soportar oír eso! –se quejó Julia- ¿Te das cuenta Justin, te das cuenta? Sabes que soy tu amiga, y te voy a apoyar en todo, pero mientras estoy viendo llorar a mi hermana, no pienso hacerlo. Porque esta vez no estás teniendo tú la razón, no estás haciendo las cosas bien.
—¿Crees que no lo sé? –le pregunté- ¡Desde el primer momento sé que esto no nos está sentando bien! ¡A ninguno! Y sufro muchísimo al ver cómo lo está pasando ___.
—¿De qué mierdas hablas, tío? –Julia bufó resignada- Si tanto te importara, no estarías con esta, no la habrías llevado a tu casa, no hablarías de ella a la prensa como si fuera la princesita del siglo, ¡porque no lo es!
—¡Cállate! –le dijo Selena- ¡Él está conmigo, no con la otra esta!
—¡Ni si quiera sé cómo puedes amar a alguien que está faltándole el respeto a la mujer que según tú, un día amaste!
—¡No la amo! –grité ya enfurecido, señalando a Selena- ¡No la amo, joder! ¿Cómo voy a amarla? ¡Es todo un puto contrato, una mierda de contrato! Yo no estaría con ella por nada del mundo, es un papel lo que me obliga.

En la sala reinó el silencio. Julia abrió los ojos, Chaz sonrió de medio lado y chasqueó los dedos; sabía lo que quería decir aquello, él había intuido algo desde el principio. A mamá se le cayó algo al suelo y papá gruñó. Los niños simplemente no entendían nada. Y Selena, Selena estaba que echaba humo por las orejas, pero yo ya me sentía mejor tras haberme librado de esa carga.

___________

No es gran cosa, pero lo he hecho esta tarde a toda prisa. Pronto habrá reconciliación, ya veréis. Mil gracias por los comentarios en Tw, Ask y por aquí, obvio. Os quiero mil. 

11 de mayo de 2013

Never let you go. {162}



—No sé a qué esperamos –dije jugando con los anillos que decoraban mis dedos.
—A Christian –respondió Caroline- Él y Chaz nos llevarán al pub y nos recogerán.
—Por si hay problemas con el alcohol, ya sabes –me susurró Julia.
—¡Que más os vale –gritó mi madre mientras bajaba las escaleras- que no lleguéis como dos cubas a casa porque os hecho! ¡A las tres! ¡Tengo el permiso de vuestras madres!
—Sí señora –contestamos con la cabeza gacha, aunque ocultando una risa.
Al final, como es de esperar, estas tres cazurras me habían convencido para salir. No es que tuviera muchas ganas, pero supongo que no estaría mal salir un día. O una noche, mejor dicho. Cait, Julia y Carol iban que deslumbraban. No es que yo fuera mal, pero si no llega a ser por ellas, me habría puesto unos tejanos y una sudadera y habría ido tan ancha. Pero no, me vistieron… no sabría describir el estilo, pero era una cosa asíhttp://www.polyvore.com/cgi/set?id=48385632&.locale=es.
—¿Quieres dejar de moverte? –me pidió Cait- Me pones nerviosa.
—No me siento cómoda con esta ropa. Me veo mal.
—Te ves mal porque has perdido mucho peso –me regañó mamá-, pero dentro de lo que cabe, hija, estás preciosa.
—Oh, gracias –contesté dudosa, algo ofendida- Dentro de lo que cabe, qué genial manera de darme ánimos, madre.
—No seas exagerada, ___.
El timbre sonó y cuando abrimos la puerta, Chaz y Christian entraron. Julia fue escaneada por su novio y este aprobó su vestimenta. Pero no pasó lo mismo con Beadles.
—Carol –el rubio cenizo la miró despectivamente de brazos cruzados- Esa falda es muy corta.
—No es una falda –dijo su hermana- Es un top.
—Cállate y no metas mierda o lo harás enfadar –le susurré.
—Vamos hermanito, no seas antiguo –Caitlin pasó un brazo por los hombros del chico- Caroline va perfecta y si algún baboso se le acerca, recibirá por parte de las tres.
—No sé.
—Christian –lo llamé- Ni que Caroline te fuese a engañar. Tal vez ligue, porque es normal, va despampanante, pero tendrá puestos encima tres pares de ojos.
—Exacto –Julia asintió con la cabeza- No te preocupes, ardilla, que tu novia se comportará bien.
—No me preocupa ella sino los demás –vociferó Christian saliendo por la puerta.
Los chicos se dirigieron al coche, el cual estaba aparcado en la acera. Me despedí de mamá y me dijo que tuviera cuidado y no bebiese mucho, pero sí que me divirtiera y olvidara todo un poco… que lo olvidara a él.
—Bien, nada de hablar, bailar, mirar, respirar el mismo aire y pensar en chicos –advirtió Christian desde el asiento del copiloto mientras Chaz conducía.
—No os paséis con el alcohol porque las cuatro juntas sois un terremoto –habló esta vez Somers.
Julia y yo reímos, recordando lo que hicimos en la fiesta de cumpleaños de… Justin. Todo, todo me recuerda a él, o siempre está involucrado en todos mis recuerdos. ¿Así cómo voy a olvidarlo?
—Y sobre todo, ¡nada de drogas! –gritaron los dos a vez.
—Creo que estáis exagerando –dijo Julia.
—Vamos a divertirnos un poco, no a poner una bomba en mitad de la discoteca –bromeó Caroline.
—Tú capaz –le reprochó su novio.
—Lo que por favor os pido es que no vayáis muy borrachas luego, que después para aguantaros es un calvario.
—Tranquilo, pediremos un zumito de piña y agua –dije riéndome.
—¡Ahí, Melona! –Julia y yo chocamos los cinco- ¡A pillar el pedo más pedo de la hostia y a bailar hasta caer reventadas!
—A las doce en casa –murmuraron los chicos con voz firme.
—¡Si hombre! –gritaron todas indignadas, haciéndome reír.
—Yo es que me quedaría fuera esperándolas, te lo juro –le dijo Christian a Chaz.
—Estoy por poneros música ahora mismo y parar el coche para que bailéis en el parque este que hay enfrente. Chris os compra una Coca Cola para cada una y ya está, fiesta montada.
—¿¡Quieres conducir hacia la discoteca de una buena vez y dejar de decir tonterías, Chaz Somers!? –gritó Julia inclinándose hacia delante.
Él le hizo caso, inclusive apretó el acelerador y llegamos al antro antes de lo esperado. Estaba abarrotado. Por suerte entrabamos por lista y no tendríamos que esperar ante la larga hilera de personas que esperaban para comprar su entrada. Después de unas cuantas amenazas más de los chicos, salimos.
El loca, oscuro, aunque iluminado por luces de colores y parpadeantes, me sorprende. La música retumba y hace vibrar las paredes, incluso parece que mi corazón lata al ritmo de los estridentes pitidos de la canción. Las chicas y yo nos dirigimos a la barra y lo primero que hacemos es pedir una de vodka negro con Coca Cola.
—Pero si tú eres ___ ___ -dice el camarero, con el pelo recogido en un moño, un aro en la oreja derecha y una notable barba de tres días- Oí por ahí que vendrías, pero creí que simplemente estaban tomándonos el pelo.
—Pues, ya ves que no te lo estaban tomando –digo riendo, sacando el billete de diez dólares del bolso para pagarle la bebida al barman. Las chicas no se niegan pues decidimos pagar cada una, una ronda.
—Eh, invita la casa –niega el dinero que lo doy y lo empuja de nuevo hacia mis manos- Diviértete, anda, que ya te viene bien.
Sonrío y él hace lo mismo, las chicas carcajean.
—Y espero que te pases aquí a pedir más bebidas.
—¡Lo hará si se lo dejas gratis otra vez! –dice Julia tirando de mi brazo hasta llevarme a la pista de baile.
—Acabamos de entrar y ya has ligado –Caitlin asiente con la cabeza satisfecha y me hace reír.
—Por lo menos tendría unos treinta años –digo, moviéndome al son de la música.
—Chris Evans tiene treinta y uno y está buenísimo –argumenta Beadles, también bailando.
—Bueno, no os flipéis ni os montéis historias porque no quiero nada con el hombre ese. Yo he venido a bailar y pasármelo bien, no a ligar.
—Ya lo veremos –ríe Julia.
—Sí, sobre todo cuando veas al morenazo ese que viene hacia aquí –comenta Caroline riéndose.
—Joder, cómo está –opina Caitlin mordiéndose el labio.
—Disimulad, parecéis perras en celo –las reprendo.
—Eso es porque no lo has visto.
Me giro y veo aun Dios griego caminar hacia mí con sonrisa lobuna que me hace temblar. La camiseta básica color blanco se aprieta a su pecho y marca potentemente sus brazos. El cabello está casualmente revuelto y sus ojos brillan como las luces que rebotan desde las paredes hasta el suelo. De varios colores e intensidades, logrando cegarte muy de vez en cuando. No puedo negar que el chico se ve bien, pero no siento ganas de querer flirtear con él.
—Que viene, que viene –cantan mis amigas.
—Callad y disimulad, babosas. Además, tenéis novio.
—¡Pero tú no, gatita!
Río y el desconocido jodidamente sexy está finalmente delante de mí, sonriendo. Me extiende su mano y arqueo una ceja, divertida. Sujeto con la derecha la copa de manera firme y con la izquierda le doy el apretón que él busca.
—Roger Smith –dice. Cuando abro la boca para decir mi nombre, él carcajea interrumpiéndome- Y tú ___ ___.
—Mhm, sí –murmuro.
—¿Quieres bailar? –pregunta.
—Estoy con mis amigas, lo siento –trato de excusarme.
—Y yo con los míos –se mueve de tal manera que deja ver, un par de metros atrás, un grupo de chicos que nos miran sonrientes y con bebidas en sus manos. Uno de ellos me saluda con la mano de forma coqueta y me hace reír- ¿Bailas o no?
—Oh…
Julia me empuja haciéndome chocar con el gutural pecho de Roger, consiguiendo que me ruborice. Ríe y pasa un brazo por mis hombros.
—Os la robo, quiero presentársela a los pesados de mis amigos. Según ellos, son fans.
—Sin problema, toda tuya, tranquilo –dicen las chicas riéndose.
Él me lleva hacia el grupo del fondo, el cual me recibe cálidamente y me invita a un par de tragos mientras el ambiente se caldea y la música se hace más pegadiza y movida. Las risas retumban, los pasos y las copas golpearse las unas con las otras en forma de brindis. Cait, Carol y Julia se unen finalmente al grupo que acabo de conocer y juntos bailamos, ocupando gran parte de la pista de baile, pues esta es algo pequeña.
Los vasos se llenan de líquidos de colores. Rojo, verde, azul, negro, blanco. Otros amarillos y dorados, unos simplemente transparentes y con una rodaja de limón, que es lo que más destaca. La bebida pasa de garganta en garganta hasta llegar a los riñones para después joderlos. La cantidad de alcohol es intimidante y las ganas de comerse el mundo aumentan por cada minuto de canción que suena.
—I just wanna feel this moment –canto mientras sacudo mi morena melena al ritmo del nuevo single que Pitbull ha lanzado junto a Christina Aguilera.
Las luces centellean, se mueven, cambian de color y me revolucionan. La gente se vuelve loca y sacude sus cuerpos de manera brusca. Unos por diversión, por instinto a la música; otros bajo los efectos de pastillas o demás substancias. La mano de Roger se posa sobre mi hombro y se acerca a mi oído, susurrándome algo, pero no lo oigo.
—Voy a pedir otra copa, ¿quieres algo?
—¡Sí! –grito algo sofocada, acalorada y agitada- Un cubata.
—¿Vas bien, ___? –pregunta, aunque él no es que vaya como un santo.
—Perfectamente, ve –lo empujo y oigo cómo ríe.
Veo a Julia y Caroline bailar en el pódium mientras Caitlin, sentada en un taburete alto, conversa con una chica de más o menos su edad. Lo demás, se mueve o se vuelve borroso. Me tambaleo y me apoyo en alguien, el cual se da la cuenta y abre la boca para decir algo que no consigo oír bien. Se acerca a mí amenazante y me echo para atrás, cayendo al suelo de culo.
—¿Estás bien? Levanta –me ayuda alguien.
—Gracias –musito algo desconcertada. El manchón grande y borroso que me ha intentado besar o a saber qué cosa ya no está.
—No hay de qué –me sonríe y sigue moviéndose como el resto de la gente.
Algo vibra en mi pierna y caigo en que es el móvil. Lo saco y al no poder leer lo que dice el mensaje, lo vuelvo a guardar para luego aceptar la bebida que me trae Roger. Bebemos, bailamos y reímos. bebemos, bailamos y reímos. Y la serie se repite durante toda la noche, toda la madrugada, con la música sonando y la gente pasándoselo en grande. Y con el jodido móvil sonando, vibrando y pidiendo a gritos que atienda. Pero no lo hago por dos razones. La primera, no quiero. La segunda, lo único que veo son letras borrosas que se mueven, como si fuesen hormigas.
—¡Ay ___ que nos echan! –grita Julia, creo, corriendo por mi lado y cogiéndome del brazo al mismo tiempo.
—¿Pero qué cojones?
Echo a correr con ella y las demás cuando el dueño del pub sale detrás de nosotras con una escoba en la mano y dos hombres de negro, supuestamente seguratas. Una vez fuera del local, algunas calles alejadas del antro, descansamos. Caitlin se levanta y camina hacia el callejón que tenemos al lado y empieza a vomitar. Caroline asqueada se tapa la cara, pero Julia corre a sujetarle el pelo.
—Christian nos va a matar –dice Carol hipando después de cada palabra.
—No veo por qué.
—Míranos.
—No me puedo mirar.
—¿Eres ciega?
—¡Soy ciega la concha de la lora!
—Madre mía Caitlin, pero si has sacado la comida de la semana pasada –oigo cómo le dice Julia a mi enferma amiga.
—Chaz no nos va a dejar subir a su coche en este estado –murmuro apoyándome en el frío suelo.
—Ni de coña –comenta Julia- Y a Caitlin menos.
—Que me han echado algo en la bebida, seguro –dice la castaña de ojos azules sentándose a mi lado.
Las cuatro, sentadas en el frío y sucio suelo, despeinadas, sudadas y cansadas, con el alcohol haciendo efecto en nuestro organismo, contemplamos el vacío de la noche y escuchamos el silencio de las calles. La farola que ilumina nuestra acera, centellea, con la luz de la bombilla casi agotada. Julia hace un comentario que no logro oír y las demás ríen. El móvil vuelve a vibrar.
—¿Quién es? –pregunta Caitlin.
—¡Mierda el móvil! –exclama Julia- ¡Me lo he dejado!
—Pues vamos a por él –hago el ademán de levantarme pero Caroline me para.
—Pones un pie en ese sitio y te echan a escobazos.
—¿Pero qué habéis hecho? –pregunto confundida.
—¡La subnormal esta –señala Caroline a Julia- que se ha cargado un vaso en la cabeza de la camarera!
Miro a mi amiga con los ojos abiertos.
—Estaba hablando de ti.
—Santa mierda, Melona, que después esto sale en todos lados.
—Y después la tía me intentó pegar –trata de excusarse.
—¡Empezaste tú, normal que quiera defenderse!
—Julia le pegó un puñetazo, la otra se lo devolvió, esta se enfadó y quiso pegarle otra vez, falló y le dio al dueño.
Me tapo la cara con las manos agobiada. La madre que la parió.
—El dueño la quiso echar algo… tranquilo, pues sabía que estaba muy borracha.
—¡Yo no estoy borracha! –brama- ¡Voy en mi punto, pero no borracha!
—Claro que no, ni tú ni nadie.
—Hemos estado bebiendo todo el rato zumitos de piña, ¿vale? –me echo a reír por el comentario de Caroline.
—Pues eso, que quiso echarla pero esta se volvió loca y empezó a romper todas las botellas de la barra diciendo ‘¡que a mí tú no me echas, desgraciado, contrata a camareras mejores que estas se la pasan de palique!
—El chaval se cansó, la cogió del brazo y…
—Y qué –pido más información con el semblante serio.
—¡Le di un puñetazo en la boca! ¡Así, pam! –Julia empieza a reírse y Caitlin le sigue las carcajadas- ¡Se quedó poco blanco, sabes!
—Entonces corrimos y míranos –suspiro y suelto una carcajada.
—Damos un poco de pena –aseguro mirando a mis amigas. Ellas se encogen de hombros.
Un móvil suena y suspiro aliviada cuando no es mi tono de llamada, sino el de Caroline. Esta atiende y empieza a hablar con Christian.
—Pero que no me grites hombre, que estamos bien.
—¡El pollo con la patita! –canta Julia con Caitlin, las dos bailando en mitad de la acera, lográndome hacer reír.
—Pero vamo’ ave’ –le chillo a Julia- ¿quieres ponerte los zapatos que te vas a clavar un cristal o algo?
—Que te calles tú –me manda.
—Te reviento –me levanto bromeando, aunque me tambaleo cuando lo hago y caigo de lado.
Las chicas empiezan a reírse, inclusive Caroline. Me río yo también y me tapo la cara con las manos mientras mi pecho sube y baja por culpa de las exageradas carcajadas que salen de mi garganta, algunas interrumpidas por el hipo que de repente me entra.
—Se ha cabreado –anuncia la novia de Beadles después de colgar el teléfono- Tu madre ha estado llamándote todo el rato.
—¿Era mi madre? –pregunto con los ojos abiertos.
—Sí, y alguien más, pero no he entendido el nombre.
—Joder, es que no veía nada –me excuso incorporándome con la ayuda de la pared para quedar correctamente de pie.
—Normal, llevas un ciego –dice Julia.
—Que ha sido Roger, no paraba de invitarme a copas. Y claro, por no hacerle el feo, le decía que sí.
—Seguro –se empiezan a reír las demás.
—En serio lo digo.
—En serio te creemos –responden las tres usando el mismo tono que yo he empleado con ellas.

Un coche negro rompe el silencio y las carcajadas, haciéndonos callar. Derrapa en una curva y aparca delante de nosotras. La puerta se abre y aparecen Chaz, Christian y un chico al que no reconozco. Los tres se acercan con paso decidido.
—¡Mira que os lo dije, nada de beber que cuando estáis juntas se os va la olla! –brama Chaz. Julia, que antes estaba riéndose tumbada en el suelo, ahora está contra la pared, apoyada en mi hombro, y totalmente callada- ¿Pero os habéis visto? ¡Parecéis unas demacradas!
—Madre de Dios, Caroline –susurra su novio sujetándola, pues esta está demasiado cansada e inestable como para ponerse en pie ella sola.
—¿Tú qué? –me dice el chico el cual aún no logro identificar- No contestas a mis mensajes, a mis llamadas. ¡Ni a tu madre!
—Oye, ¿pero quién te crees tú que eres para venir y darme el sermón de la montaña, masca chapas? –pregunto con los ojos entrecerrados ya que la luz de la farola da de lleno a mí- Pírate o me quito el tacón y te lo lanzo.
—Qué lianta, ___ -dice con sarcasmo.
—¡Chaz quién es este que me estoy rallando! –le grito a mi amigo, que ahora coge en brazos a Julia, pues acaba de vomitar y está terriblemente enferma. Caitlin ha sido la primera en meterse en el coche.
—Madre mía cómo tiene que ir de borracha para no reconocerte, tío –le dice Somers- ¡Es Lucas, ___, Lucas!
—¿Lucas? –pregunto mirando al Dios griego que tengo ante mí- ¿Lucas?
—Hola pequeña –saluda.
De cuclillas ante mí, ahora que está, puedo apreciar perfectamente sus endurecidas y maduras facciones. El pelo negro azabache algo revuelto y en punta lo hace más juvenil, los ojos brillan y su sonrisa socarrona me hace reír a mí. Madre de Dios, esto es increíble.
—¡Lucas! –bramo, alargando los brazos y tocando su rostro- ¡Lucas!
—¡___! ¡___! –me imita riéndose.
—¿Qué haces aquí? Dijiste que vendrías en unos días.
—Iba a darte una sorpresa, pero me la has dado tú a mí –dice, mirándome ahora algo mal- ¿Se puede saber qué se te pasa por la cabeza? Entiendo que salgas a divertirte con las chicas, pero no que acabes así de mal.
—Oye, que no he bebido tanto.
—No que va, pero si un poco más y te bebes –una arcada sube por mi garganta y sale en forma de vómito de la boca, inundando y haciendo un charco en el poco espacio que me separa de Lucas. Por suerte no le he manchado los zapatos-… el local entero.
—Lo siento –murmuro limpiándome la boca con el dorso de la mano- Es que…
—No hables a ver si me vas a vomitar más. Arriba.
Hago el ademan de ponerme en pie de nuevo y caigo, pues las piernas me tiemblan. Oigo el chasquear de su lengua y pronto me tiene alzada en brazos, derechito hacia el coche de Chaz. Por culpa del reducido espacio, me veo sentada en su regazo con la cara pegada en la ventanilla, la cual pronto es bajada para que nos dé un poco el aire.
—Dais vergüenza ajena –murmura Lucas, riéndose.
—Tú te callas que ni avisas de que llegas.
—No me contestabas las llamadas pedazo de mongola borracha –me insulta.
—Serás papanatas, duermes en el jardín.
—Pobre chaval, encima que le vomitas encima –dice Julia riéndose.
—No me ha vomitado, lo llega a hacer y no me vuelvo para España –me amenaza.
Giro la cabeza y me encuentro a escasos centímetros de su rostro. Alzo una ceja y ríe.
—No te lo crees ni tú.

___________

Sé que no adelanto nada en este capítulo pero bueno, aquí lo tenéis. Gracias por los comentarios de la anterior entrada, (especialmente a mi melona JAJAJAJA). Os quierelo mucho a todas, sois las mejores.

4 de mayo de 2013

Never let you go. {161}



—___, ¿estás bien? –me preguntó Julia.
—No, para nada.
—Vamos, date una ducha, arréglate. Saldremos a dar una vuelta todos juntos.
—Sí, así lograrás despejarte un poco, olvidarte de todo –dijo Caroline por los demás.
—No quiero olvidar –sollocé- Quiero que vuelva.
—No te arrastres más, ___ -me dijo Caitlin acercándose a mí y tendiéndome una mano para ayudar a levantarme- Él no se merece que le vayas detrás.

Tallé mis ojos, dolían, estaban hinchados. La garganta me ardía y el corazón quebrado no latía con el mismo ritmo de siempre. Más bien, parecía estar muerto. Sin vida.

—No quiero salir.
—Melona, por favor –me suplicó Julia, dolida de verme así.

La puerta se abrió, y por ella aparecieron tres personas. Mamá, Thomas y Pattie. Fruncí el ceño al ver a la última. Ella me sonrió débilmente y se acercó a mí.

—Cielo, ¿cómo estás? –preguntó mamá- Ya veo que tienes buena compañía.
—Es bueno tenerlos –dije mirando a mis amigos- Pero no te voy a mentir –me senté en el sofá- Estoy hecha mierda.
—¿Qué le ha pasado a la tele? –preguntó Thomas.
—Un accidente –murmuré avergonzada.
—Habrá que añadir una nueva televisión a la lista de bodas.
—Ya os la regalaré yo, si eso –dije encogiéndome de hombros. Pattie se sentó a mi lado y la miré- Hola.
—Hola cariño.
—¿Por qué has venido?

Julia me dio un codazo y la miré mal.

—No lo decía porque se fuera, tonta –le expliqué. Miré a mi ex suegra- Es solo que, no sé, me sorprende.
—Sabes que sigues siendo una segunda hija para mí. Y me duele lo que Justin te ha hecho. No te mereces sufrir este dolor.
—No sé cómo ha podido suceder. Éramos tan felices.
—¿Has hablado con él? –me preguntó, acariciando mis nudillos. Mamá estaba limpiando la manzana que había en el suelo, me miró y volví a encogerme de hombros. Negó con la cabeza y siguió con lo suyo junto a Thomas.
—Sí, hará unos minutos. Me dijo que el amor se fue y… que amaba a Selena.
—Él no puede amarla –se entrometió Chaz.
—Quizá le guste, pero no amarla –dijo Christian.
—Esto es tan extraño –comentó Pattie- Justin jamás ha dado señas de irle detrás a Selena Gomez. Y que justo ahora estén juntos.
—Él siempre ha pensado que es una mujer bonita –dije yo.
—Pero un físico no te enamora –contestó Julia mirándome- Es la personalidad.
—A la mierda con la personalidad –se levantó Caroline con semblante indignado- Hoy en día, y más los famosos, se fijan en lo guapos y conocidos que son. Y esto es así. Yo no creo que Justin se haya enamorado de Gomez tan de repente.
—Ni yo –dijo la madre de mi ex novio- Es imposible.
—Entonces, ¿por qué están juntos?
—¿No has oído hablar, hija, de parejas publicitarias? –me preguntó mamá, sentándose en un sofá con su prometido al lado.
—Caroline, Julia y yo lo hablamos ayer por teléfono. Y no, Justin no haría eso.
—No le hace falta –murmuró Pattie- No es porque sea mi hijo sino por…
—Ya, te entendemos –la interrumpió mi madre- Da igual lo que haya pasado, creo que Justin podría haberle explicado antes a ___ todo lo que le rondaba por la cabeza. Si ya desde antes le gustaba otra chica, tendría que habérselo comentado.
—¿Y crees que no se lo he dicho, ___(tu madre)? –preguntó irónicamente Pattie- Estoy igual de disgustada que tú. No quería que esto pasara, hacían muy buena pareja. Y no solo por eso, sino porque lo que mi hijo hizo, está mal. Yo no lo he educado para que mienta a las mujeres, para que las trate como juguetes. Puede gustarte una, después otra. Es normal, es joven aún, pero nunca tiene que jugar con los sentimientos de nadie.

Solté un par de lágrimas en silencio.

—Da igual –dije- Cambiemos de tema.
—Última anotación –pidió Julia- ¿Qué opina Scooter sobre esto?
—Lo intenté llamar –respondió mi madre- Pero no atendía.
—Yo sí hablé con él –comentó Pattie- Dijo que él no podía meterse en las relaciones de Justin.
—Pero eso influirá en su carrera –dijo Chaz- O sea, las fighters  y también muchas beliebers no aprobarán lo que le ha hecho a ___.
—Él sabrá lo que hace –comentó suspirando Pattie- Ya tiene dieciocho años, tiene que saber lo que hace y las consecuencias que conlleva según qué cosas. Yo no le voy a poder sacar las castañas del fuego. Y en este tema, menos. No quiero saber nada de su nueva relación.
—¿No te cae bien Selena? –pregunté.
—Para nada, la veo una mujer interesada.
—Veinte años y conozco caracoles más maduros que ella –rio Julia, haciéndome sonreír levemente- ¡Así, Melona, sonriendo siempre, que estás más guapa!
—Julia tiene razón –dijo Christian, frotándome los hombros- Estás fea así, sonríe.
—Arréglate, ponte guapa –me animó Caitlin- Saldremos todos juntos a comer fuera, estaremos todo el día por ahí.
—Ya no tengo por qué ponerme guapa.
—Que Justin no te vaya a decir más lo preciosa que eres, no quiere decir que otros chicos no lo vayan a hacer –dijo Caroline mirándome- Así que ponte sexy, venga.
—Un desconocido no me hará las mismas maravillas que él logró hacer en dos años.
—Pasa de página ya, tía –me pidió Christian.
—Eso –dijo su novia- Por favor, odio verte así.
—Chaz, dile algo –le pegó muy flojo en el hombro Julia.
—Es que, a mí todo esto no me convence.
—¿El qué? –pregunté yo.
—Lo de Justin. No creo que haya dejado de amarte tan de repente.
—Me lo dijo antes, por teléfono. “El amor se apagó” –cité lo que él mismo me había hecho saber.
—Entre Selena y Justin no hay amor.
—Hay hormonas alteradas, que es diferente –comentó Caitlin- Con solo ver esas asquerosas fotos, te queda todo claro.
—Quiere pinchito la muy cerda –se cruzó de brazos Carol.
—Caroline –la regañó mi madre.
—¡Es verdad!
—Sea verdad o no, no puede ser esto cierto. Quiero decir, que sean pareja –aclaró Chaz.
—A nadie le ponen una pistola en la cabeza para que salga con alguien –dijo su novia frunciendo el ceño.
—Pero sí un contrato –todos nos miramos mutuamente.
—Que no –exclamé después de unos segundos en silencio- Justin no necesita estar al lado de nadie para ganar fama, se vale por sí mismo.
—Creo que no habla precisamente de él, ___ -dijo mi madre confundida.
—Y él ha aceptado, ¿no? –pregunté retóricamente- Justin es buena persona, pero no sale con artistas para que se hagan más famosos a su costa. No es idiota.

Nos quedamos callados, sin saber qué decir, qué hacer. Nada. Silencio sepulcral en la sala. Y teléfono sonando. No había dejado de sonar desde ayer. Lo cogí sin pararme a mirar quién era, pero me di cuenta de quién era tan solo por su voz.

—¡Lucas! –grité. Julia y mamá en seguida me miraron con brillo en los ojos.
—Esperaba una reacción más de zombie, pero me alegro de que te alegres de que llame –dijo riendo, pero su risa se apagó- ¿Cómo estás, pequeña?
—Bueno, no mejor que antes, pero tampoco peor.
—Viva, eso es bueno –comentó- Adriana me dijo lo que había pasado. Lo vio en Twitter y me lo dijo.
—Menuda mierda, lo sabe todo el mundo.
—¿Y qué esperabas? –preguntó retóricamente- No sabes cuántas ganas tengo de partirle la cara a ese idiota.
—No vale la pena, Lucas. Además, está demasiado lejos.
—Cojo el avión que haga falta para que se entere de que nadie hace daño a mi enana.
—Ya, Lucas –pedí suspirando- Lo mejor será olvidarlo.
—Ojalá él nunca te olvide, que caiga sobre su consciencia lo que un día dejó ir.
—Gracias.
—No se agradece nada por decir la verdad –dijo él- ¿Estás sola?
—No, está mamá y Thomas, los chicos y Pattie.
—¿La madre de tu ex?
—Sí. Está igual de desconcertada que todos nosotros.
—Encima con Selena, eso es lo que más fuerte me parece de todo. Adriana cuando vio las fotos de la playa empezó a gritar como una posesa.
—Yo rompí la televisión con una manzana.

Mamá, Thomas y todos los demás, soltaron unas carcajadas, haciendo que mis labios se curvaran hacia arriba, para enseguida descender tras acordarme del motivo por el que había roto la pantalla.

—Mi ___, no cambia nunca, vaya.
—Jamás –dije. Suspiré- Te echo de menos.
—Yo también a ti.
—Cuando te vea, no te reconoceré.
—¿Por qué lo dices? –preguntó riendo.
—Vamos, eres todo un monstruo, casi veinticuatro años.
—Y tú casi dieciocho.
—Me quedan unos cuantos meses para cumplirlos, eh –le recordé.
—Y a mí también –dijo riendo- Y pensar que cuando te conocí eras una mocosa de quince.
—Y tú un perroflauta de veintiuno.
—Oye maja, no te pases con lo de perroflauta.
—Ahí tocando en la calle para ganar un par de duros porque no sabía dónde caerse muerto –seguí pinchándole.
—Tú seguiste con la canción, que lo sepas.
—Por lástima –mentí. Luego soltamos unas carcajadas.

Todos los presentes de la sala me miraron, asombrados tras oír la risa que segundos antes escapaba de mis labios. Enrojecí y me levanté para ir a la cocina. Igualmente me escucharían, pero no me sentiría tan cohibida.

—¿Cuándo quieres que me pase por ahí?
—¿Ah? –pregunté.
—A Atlanta, ¿Cuándo quieres que vaya?
—Mhm, Lucas, no hace falta.
—Quiero verte, ___.
—Y yo, pero ¿qué quieres, verme ahora cuando tengo el peor aspecto del mundo, cuando no quiero salir ni de casa a tomar unos refrescos con mis amigos? Parezco una jodida enferma Lucas, y no quiero que me veas así.
—Eh, estoy contigo tanto a las buenas como a las malas, ¿me has oído? –suspiré- Te quiero ___, y no voy a dejar que dejes de ser tú por culpa de ese idiota.
—Como quieras, Lucas. Yo te lo he advertido.
—Y yo te he dicho que quiero estar contigo, voy a ir a verte.
—¿Y qué hay de tu novia? No creo que le haga mucha gracia…
—Me dejó hace cinco meses, ___.
—Oh, yo…
—Me puso los cuernos.
—Joder –musité- ¿Qué le pasa a la gente con engañar a sus parejas?
—Ni idea, pero al parecer estás pasando por lo mismo que yo pasé, y por eso quiero ayudarte.
—Te lo agradezco de veras, pero también trabajo, no lo olvides.
—Te acompañaré a todas las entrevistas, conciertos, sesiones fotográficas, te ayudaré a componer y a escribir tus discursos para futuros premios. ___, voy a ser tu guarda espaldas.
—No seas idiota –dije riendo- Aunque eso sería genial, la verdad.
—Pues no se hable más. En cuanto pueda cojo un avión y vuelo a Atlanta. Eso sí, necesito una casa.
—Lo mío es tuyo –dije riendo.
—Julia vive contigo, ¿no? –preguntó.
—Ajá, pero hay una habitación de invitados vacía, puede servirte.
—Y tu madre, mierda, se me había olvidado. ¿A ella no le molestará?
—Para nada.
—Entonces todo bien, te iré llamando para avisarte.
—Vale –asentí- Gracias Lucas.
—No hay de qué enana.
—Adiós.
—Chao, feita.

Colgué el teléfono y caminé hacia el salón, donde estaban aún todos. Me senté y los miré con las mejillas algo sonrojadas tras sentirme de nuevo cohibida. Es extraño que me ponga así con solo un par de ojos, cuando normalmente al subirme al escenario, son miles más.

—Lucas alomejor viene a verme, mamá –le informé.
—Eso es genial, cielo.
—¿Lucas? ¿El Lucas buenorro de veintiún años? –preguntó Julia, que recibió una penetrante mirada por parte de su novio- O sea Chaz, pero tú estás más bueno, claro.
—Ese Lucas, Melona –le informé- Pero ahora tiene veintitrés.
—¡Uh! –exclamó Caitlin- ¿Y dices que viene a verte?
—Sí, se quedará aquí unos días.
—¿En casa? –preguntó Christian arqueando una ceja.
—¡Aquí hay tema, pero vamos! –gritó Caroline aplaudiendo y riendo a la vez.
—No seáis estúpidos, Lucas es un hombre y yo una chiquilla. Además, acabo de… bueno, acaba de suceder esto con Justin y no quiero más chicos en mi vida. No por ahora.
—Respecto a lo de que él es un hombre y tú una chiquilla… -habló mamá- Solo os lleváis cinco años.
—Pero esos cinco años se notan.
—Eso no importa –dijo Pattie. Era extraño que me animara con este tema de Lucas- Para el amor no hay edades.
—Os olvidáis del detalle de que no nos gustamos –los chicos y los adultos rieron- Os habéis estado montando la paranoia de vuestra vida cuando él y yo solo somos buenos amigos.
—Justin y tú también erais buenos amigos –dijo Chaz.
—Y mira cómo han acabado –le dijo Julia. Me miró apenada- Lo que importa ahora es divertirnos, salir. Ir de fiesta, esas cosas. ¡Ya sabes, movimiento para el cuerpo!
—No estoy de ánimos para fiestas –dije dejándome caer en el sofá.
—Hoy no –habló Caitlin- Pero este fin de semana sí.
—¿Y cuando dices que viene Lucas? –preguntó mamá.
—Tiene que llamarme.
—Pues para cuando llegue, nos iremos todos de party hard –propuso Julia.
—Claro –acepté sin ganas, más que nada por no quedar mal.

Los días pasaban, y con ellos, mis ganas de vivir. Y la razón tenía un nombre. Justin Drew Bieber. Cuando un día lloras de felicidad por haber encontrado a esa persona que tan feliz te hace, al otro lloras de tristeza e impotencia tras haberla perdido en un segundo, en un chasquido, en un abrir y cerrar de ojos. Porque la vida es así, unas veces tienes más, otras menos. Unas veces lo tienes todo, y otras nada. Pero hay que seguir adelante, con la cabeza bien alta y el orgullo por las nubes. El corazón, en cambio, es lo más difícil de recomponer. Aunque juntes los cachitos y los pegues con celo, los grapes, los cosas, hagas un marullo ahí. Es difícil cuando al amar a una persona, esta te destruya. Porque…

—Amar es destruir, y ser amado es ser destruido –repetí para mí misma, en voz alta, la cita que el personaje, Jace Wayland, le decía a Clary Fray en Cazadores de Sombras, Ciudad de Hueso.
—Estás realmente enganchado a ese libro, ___ -me dijo Madison mientras tintaba mi cabello.
—Cassandra Clare es la jodida ama –dije sonriéndole a través del espejo- ¿Cómo vas?
—Falta un poco. ¿Qué te ha dado por teñírtelo?
—Ya me aburría el rubio cenizo. Además, una morena con ojos verdes destaca más.
—En eso tienes razón. Y seguro que te queda genial.
—Sí –contesté.
—¿Cuándo viene tu amigo, el español?
—Lucas.
—Sí, ese.
—En unos días.
—¿Y el disco, cómo va? –me preguntó- Hace mil que no te veo pasar por el estudio.
—Janet me ha dado un tiempo libre, bastante tiempo libre para… despejarme.
—Está muy preocupada por ti –me miró con esos oscuros ojos- Todos lo estamos.
—Lo siento.
—Has perdido mucho peso. ¿Haces las cinco comidas al día?
—No.
—¿Has comido algo hoy? –preguntó con aire maternal.
—Desayuné un zumo esta mañana.
—¿Y ya está? –su voz se volvió aguda- ___, tienes que alimentarte bien, te quedarás en los huesos. Eso no es bueno. Entiendo que estés pasando por una mala época. Lo de Justin, tu abuelo, el estrés de la boda, el disco… lo entiendo perfectamente, pero no lo pagues con tu cuerpo. Necesitas comer.
—Está bien, está bien –dije al instante- No me regañes.
—Es que así es la única forma para que te entren las cosas en esa hueca cabezota.
—Hueca no, perdona –bromeé.
—Bien, esto ya está –el tinte estaba aplicado sobre mi melena, habría que esperar- Te traeré algo de comer, de mientras.

Madison se marchó a la cocina. Su casa era grande, hacía tiempo que no veía a visitarla. Cuando lo hacía, era o para prepararme a unos premios, entrevistas, o simplemente cuando quería verla y tener una tarde de chicas llena de maquillaje, fotos y manicuras. Es genial pasar tiempo con ella, pero últimamente la he dejado mucho de lado. Volvió con una Coca Cola, unas patatas y unas aceitunas. Comimos mientras hablábamos de todo un poco, luego, prosiguió el trabajo con mi pelo. Una vez seco y planchado, colgué una foto de mi nuevo moreno cabello a Instagram.

—Las redes sociales son una revolución estos últimos días –dijo Madison mientras contemplaba la pantalla de su teléfono móvil.
—Jelena causa sensación.
—Negativa, pero la causa. Todos están decepcionados con Justin, horrorizados con Selena y apenados por ti.
—Un dichoso triángulo amoroso, vaya.
—Sigo sin pensar cómo Justin ha sido capaz de hacer una cosa así.
—Yo tampoco –suspiré, acariciando los mechones que caían en cascada sobre mis hombros. Eran suaves y oscuros. Quedaba genial- Pero bueno, lo hecho, hecho está. Y hay que seguir, que la vida son dos días y uno no hay que pasárselo llorando.

Y era irónico que dijera eso, cuando todas las noches tenían que venir Julia y mamá a tranquilizarme por mis ahogados llantos contra la almohada y ataques de pánico. Incluso cuando ellas no podían, tenían que llamar a la abuela e incluso a Lucas, quien a las tantas de la madrugada se despertaba solo para decirme que todo estaría bien y que en unos días no harían falta más llamadas telefónicas para consolarme.

—Estás guapísima –dijo admirando mi melena, acariciando las suaves puntas.
—Me gusta cómo queda –admití mirando mi reflejo en el espejo.
—Bueno, son treinta pavos –la miré y arqueé una ceja- Veintinueve con noventa y nueve por ser tú.
—Vete a la mierda –dije riendo mientras le daba un golpe en el brazo.
—Oye, el chico este.
—¿Qué chico? –pregunté mientras caminaba hacia mi bolso.
—El español.
—Lucas.
—Ese –asintió con la cabeza- Está bueno, eh –solté unas carcajadas- Es un hombre caliente.
—¡Madison! –grité divertida.
—No me lo vas a negar –reí y saqué el móvil, eran las doce y media.
—No, no te lo voy a negar. Pero es mi amigo –aclaré- Solo eso. No trates de imaginar nada que no es.
—Iba a decir algo, pero mejor me lo callo.
—Sí, no quiero oírlo –volví a meter el teléfono en el bolso y me lo colgué en el hombro- ¿Vienes a comer algo o te quedas?
—Voy, voy –aceptó cogiendo sus cosas.

***

El resto del día transcurrió… normal. Que te paren por la calle extrañas queriéndose hacer fotos contigo, que te abracen o digan que te aman, personas siguiéndote con cámaras del tamaño de una cabeza, miradas de todo el mundo posadas en ti por solo estornudar o toser. Sí, normal. Dentro de lo que cabe. Una vez llegué a casa, pronto –a eso de las cuatro- me encerré en la habitación. Por suerte no había nadie en casa. Dejé el bolso en la cama y saqué la cartera. La abrí y apareció la fotografía de mi abuelo. Sonreí y acaricié su rostro plastificado con las yemas de los dedos. Luego, con estos, acaricié la cara siguiente. La de Justin. Suspiré.
—Te extraño –musité aguantando las lágrimas, que no tardaron en salir.
Tiré la cartera al suelo y contemplé el techo, pero la vista pronto cayó a la pared que tenía justo detrás. El símbolo de infinito hecho con miles de fotos. Enorme, lleno de caras y sonrisas. Y recuerdos grabados en aquellos papeles. Me puse de rodillas y cogí la primera que tenía más a mano. Justin y yo, con sus hermanos, en Disneyland.

<<­—¿Pero quieres hacer ya la foto? –le preguntó Justin a Pattie.
—Si es que no entiendo cómo van estas cámaras, tan complicadas que las hacen. ¡Con lo bien que estábamos con las de carrete!
—Justin se habría arruinado si tuviese que revelar todas las fotos que se saca –bromeé. Cogí a Jaxon correctamente ya que se me estaba cayendo de lo que pesaba- Nene, ¿te has visto las manos?

El niño rio, estaban llenas de algodón de azúcar y no dejaba de tocarme el pelo. Justin rio y Jazzy se asustó, casi cayendo de espaldas al suelo, pues estaba subida a los hombros de su hermano mayor. Se agarró a su cabeza y la gorra se le cayó al suelo. Empecé a reírme de la cara de Justin y pam, flash. >>

La foto había resultado ser bonita y todo, el gran castillo detrás y los cuatro, juntos, como tontos. Con una sonrisa y lágrimas mojando mis mejillas, la volví a pegar en la pared. A su lado había una mía con Scooter, y detrás aparecía Justin haciendo el tonto. Otra de él solo, que hizo romperme el corazón, más todavía. A pedazos. Y suspiré.

—Por Dios, ¿cómo se puede ser tan bello?

Una gota cayó en su cara, la limpié con el pulgar y volví a dejarla en su lugar, para así seguir mirando toda y cada una de las fotos, recordando cómo y quiénes las hicieron. Dónde y por qué. Masoca, eres masoca. Cuanto más observaba el bello rostro de Justin, más moría. Y más resucitaba para contemplar sus rasgos, y así, sucesivamente. Moría y revivía, con el llanto estancado en la garganta, el pecho rasgado, dejando los bordes ensangrentados, con puntas desiguales por haber pasado por ahí una afilada garra. Y dolía, no sabéis cuánto dolía.

<<—Mira, ya fue. El amor se apagó.>>

Mi garganta se perforó del gutural grito que salió de ella, haciendo vibrar cada parte de mi cuerpo, sacudiéndome por dentro. Dejándome completamente vacía. Empecé a mover los brazos, una suculenta abatida hizo que la pared quedase limpia de fotos, de dolorosos recuerdos. Salvo una. La del medio, la que unía los dos ochos, formando el infinito. Me puse de pie, haciendo que las fotos de mi alrededor se hundieran como el colchón bajo mi peso. Alargué el brazo y la cogí. Justin con traje, en una gala. Yo a su lado, usando el largo y rojo vestido de seda, con cola, el cual me había hecho ganar el premio a la mejor vestida. Su brazo en mis hombros, el mío en su cintura. Ambos riéndonos, mirándonos a los ojos.

—Yo sabía que tarde o temprano acabarías quitándolas.

Miré a mi derecha, donde en el marco de la puerta estaba asomada mi mejor amiga, Julia. Vestía con una camisa a cuadros metida dentro de los pantalones cortos, unas botas estilo militar y una trenza de espiga. Al caminar hacia mí, sus pulseras tintinearon, adulzando el ambiente después de tan tenso que se había vuelto. Se sentó a mi lado y cogió una de las muchas fotos que había esparcidas por doquier.

—Erais preciosos juntos, no puedo negarlo. Y me duele que os hayáis separados, más de esta manera –dijo- Pero las cosas pasan por una razón.
—Lo jodido es que cuando pasen, siempre salga dañada la misma persona –me senté a su lado, apartando las fotografías a los lados para no sentarme en ellas- La única manera para olvidarlo es acabar con todo lo que me recuerda a él. Pero si tuviera que acabar con todo, acabaría también con mi mundo.

Julia pasó un brazo por mis hombros y acercó mi cuerpo al suyo, quedando finalmente abrazadas. Besó mi cabeza y suspiró. Limpió un par de lágrimas que seguían en la candente, en al abismo de mis mejillas. Me sonrió, pero al ver que no había respuesta, colocó los índices en cada comisura de mis labios y los alzó, creando ella misma una sonrisa.

—Así –comentó finalmente- Así estás más guapa.
—Seguro –dije sarcásticamente, en un leve susurro.
—Anda que no, sobre todo con este nuevo pelo.

Reí.

—Esta noche salimos –se levantó, la miré, sonrió y se fue. Aunque antes de pasar por la puerta, se giró y habló una vez más-: y no acepto un no por respuesta.

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¡Pues, muy buenas! Quiero disculparme por la ausencia y sobretodo por la caca de capítulo que os traigo. Ya sabéis que ando escasa de inspiración. Bueno, comentad y eso, ya sabéis. Hacedme feliz :))))). ¡Chao, os quiero!