¿Cuántos somos ya?

17 de marzo de 2013

Never let you go. {155}



Mientras ___ abría la puerta de la casa de Justin, éste último sujetaba con firmeza las cajas de ropa y otras pertenencias de su novia. Alzó una rodilla y con ésta la posicionó bien entre sus brazos, ya que estaba a punto de caérsele al suelo. Cuando la puerta estuvo abierta, la muchacha se agachó y se colgó en el hombro derecho su preciada guitarra, regalo de su ya mayorcito amigo Lucas. También hizo lo mismo con una pequeña jaula. Hope estaba dentro y maullaba un tanto cohibida. Pelvin se lo había quedado Chaz. ___ al principio se negó, pero aceptó finalmente al darse cuenta que el piso de su novio no era un zoológico.

- Si lo sé llamo a Kenny para que me ayude a subir las cajas –dice Justin, entrando, y dejando las cosas en el recibidor- Son demasiadas, ¿crees que cabrá toda la ropa en el armario?
- ¿Es que no recuerdas lo que propusiste la semana pasada? –le pregunta ___ saliendo de nuevo para coger sus otras pertenencias y dejándolo junto las anteriores.
- Pues no –Justin se rasca la nuca y cuando por fin todo está dentro, cierra la puerta.
- Dijiste que usaríamos la habitación de invitados como vestidor.
- Ah, sí –y llevaron las cosas a la nombrada sala. Vacía. Era verdad que Justin había propuesto usarla como vestidor para ambos. Él había quitado la cama y la mesita de noche, substituyéndolas por estanterías, percheros y más estanterías donde colocar la ropa- Cabrá todo, es grande esta habitación.
- Desde luego –asintió la chica- Me pido la parte derecha.
- No, esa es mía.
- No –se negó ___, yendo hacia la habitación de su novio- Esa parte tiene más perchas y ahí es donde colocaré yo mis vestidos.

Finalmente, el muchacho aceptó resignado. Aunque la verdad, su novia tenía parte de la razón. Juntos empezaron a colocar toda su ropa en el que sería su nuevo vestidor. En más o menos dos o tres horas –ya que tenían muchísimas prendas- acabaron su trabajo y pidieron una pizza por teléfono.

- Tienes que ayudarme a hacer la lista con mis veinte canciones favoritas –le pidió ___ justo después de acabar el último trozo de pizza a la caja, tirando la corteza en el cartón, ya que a ella no le gustaba.
- Es eso de MTV, ¿no? –preguntó Justin tomando el resto de corteza que su novia había dejado, comiéndoselo ahora él- Hace dos años hice yo lo mismo.
- Lo sé, lo vi hace poco –contestó ella- ¿Me ayudarás?
- Se supone que son tus canciones favoritas, no las mías.
- Tú y yo coincidimos en muchas -___ cogió el vaso de Coca Cola y le dio un sorbo- Además no tengo ganas de pensar sola.
- Dos cabezas piensan mejor que una.
- Exacto –le dio la razón a Justin- Entonces, ¿lo harás?
- Sí pesada –aceptó riendo.
- Oye –ella le dio un leve rodillazo en los costados, ya que este estaba a su lado- Por cierto, quiero pedirte un último favor.
- Depende de cuál –el joven se acomodó mejor en el sofá.
- ¿Puedes por favor mostrarme una de tus canciones? –él negó con la cabeza- Vamos, Justin, por favor. Deja el misterio para tus beliebers, yo soy tu novia.
- Quiero que sea sorpresa.
- Por favor, por favor, por favor –rogó ___ poniéndose de rodillas en el hueco de sus piernas, rodeando su cuello con los brazos y besando repetidas veces su mejilla, sus labios, e incluso también su cuello.
- Pero es que si me lo pides así, me temo que acabaré aceptando cualquier cosa que me pidas –Justin la apartó de él colocando sus manos en los hombros de ella- ¿Cuál quieres escuchar?

Ella fue a abrir la boca pero Justin se le adelantó.

- Todas no.
- Mhm, ¿fall?
- Pues, fall.

Los dos se levantaron y salieron del salón para conducirse hacia una pequeña sala donde Justin tenía su piano, su guitarra y un ordenador donde hacer mezclas para sus nuevas canciones, ya que su álbum sería un poco movidito. Cogió su guitarra y se sentó en el mismo suelo, con ___ enfrente. Entonces, empezó a cantar. Cada palabra que salía de sus labios, a ___ le pareció lo más jodidamente bonito que jamás había escuchado. Y encima la historia que relataba la canción, el ritmo, la pasión que dedicaba al cantársela. Justin había escrito muchas canciones, muchísimas, pero para ___, ‘fall’ era especial. Fall definía todo lo que había vivido con Justin. Dos mejores amigos que empiezan a sentir más que simple amistad entre ellos. Cómo él le enseña a amar, y cómo ella aprende a ser amada. Y así, cuando él terminó, ___ se lanzó sobre su cuello y cerró los ojos con fuerza para reprimir las lágrimas de emoción.

- Supongo que eso es un ‘me ha gustado mucho, Justin’.
- Mucho, muchísimo –la voz de la chica se ahogó con la camiseta de Justin. Cuando se separó, le besó en los labios a su novio- Es preciosa.
- Pues la escribí pensando en ti. Bueno, más bien, en nosotros.

Ella sonrió como nunca y se tumbó en el regazo de Justin, mientras él la abrazaba por el pecho, reteniendo las manos justo en el centro, sintiendo como éste subía y bajaba, subía y bajaba; siempre al mismo ritmo.

- Justin.
- Mhm –contestó él.
- Me duele la espalda, el suelo es incómodo.

Entonces se levantaron ambos al mismo tiempo, soltando un par de carcajadas. Justin dejó la guitarra en su sitio y caminaron hacia el salón para recogerlo todo. Mientras Justin fregaba los platos, ya que esa noche le tocaba a él, ___ llamaba a sus amigos de España, Lucas y Adriana. La hermanita menor iba genial en sus estudios mientras que el mayor estaba empezando a crear su propia maqueta con sus muy buenas canciones.

- Esto ya está –anunció Justin secándose las manos en un trapo- ¿Vamos a dormir?
- Seguro –aceptó ___, guardándose el teléfono en el bolsillo.

Se pusieron el pijama y se metieron en la cama, dispuestos a dormirse, pero una duda asaltó la mente de ___ y se sentó en la cama bruscamente, sobresaltando a Justin. Ella encendió la luz y su novio entrecerró los ojos por el repentino cambio de oscuridad a claridad.

- ¿Se puede saber qué pasa? –preguntó con la voz ronca, estaba medio dormido.
- Justin, ¿me tiño el pelo de rojo o marrón chocolate?
- ¿Qué? –preguntó confundido.
- Eso –insiste con la cabeza- ¿Rojo o chocolate?
- ¿Para qué te quieres teñir el pelo? ¿Y por qué ahora?
- Venazos.
- Cielo, tu pelo es perfecto así.
- No sé –murmuró la chica no muy convencida, cogiendo la punta de algunos mechones, inspeccionando el rubio oscuro que había estado llevando durante diecisiete años. ___ se subió al regazo de Justin y éste pareció sorprenderse. No porque no lo hiciera muy seguido, sino que… se había asustado, para qué mentir- ¿Y si me hago un piercing?
- No, de eso nada –se negó Justin ahora más despierto- Sabes que no me gustan las chicas perforadas.
- ¿Y un tatuaje? –ella abrió los ojos- ¿Nos hacemos un tatuaje juntos, los dos?
- ¿Pero qué te ha dado?
- ¿Lo hacemos?

Justin se quedó callado durante unos segundos.

- Bueno, no es que no me apetezca, es que no sé si esto –dijo señalando sus pantalones- subirá tan de repente. Tendrás que hacer algo antes.
- No me refería a eso, idiota.
- Pero –él calló, sonriendo de lado- podríamos hacerlo ahora, ya que ha salido el tema, ¿no?

Y sin obtener respuesta de la chica, la hizo girar, quedando ella debajo y él encima. Colocó sus muñecas a cada lado de su cabeza y besó sus labios muy lentamente, bajando por la fina y curvilínea barbilla, hasta parar en el ya marcado cuello.

- ¿Te das cuenta que estás fatal? –le preguntó ___ riendo- Hemos pasado de mi pelo a prácticamente encendernos.
- ¿Tú estás encendida?
- ¿Tú no? –le respondió ella con otra pregunta. Justin rio y entonces, ambos empezaron a besarse. Y se despojaron de sus ropas, se enredaron, se unieron en cuerpo y alma. Que hicieron el amor, vamos. Y lo hicieron hasta altas horas de la noche, hasta que sus cuerpos dijeron basta y sus respiración pedían ser calmadas. Y durmieron, durmieron abrazados. Durmieron juntos. Y esa era su primera noche en la que oficialmente, vivían los dos solos, juntos. Como una pareja normal y corriente.

Al día siguiente, ambos despertaron por la misma razón. Las calles llenas de coches que pitaban, las palomas haciendo ruido con sus alas que iban de ahí para allá, los molestos rayos de sol que entraban por la ventana y caían firmemente sobre sus rostros, y las alarmas de sus teléfonos móviles. Al mismo tiempo, los apagaron, sin ni siquiera haber abierto un ojo. Pero ___ fue la que se movió, tapándose el pecho con la fina manta.

- Justin –intentó despertar a su novio con voz quebrada- Despierta, vamos.

Esta le dio un beso suave en el hombro desnudo, pero no pareció inmutarse. Lo zarandeó y nada, no despertó.

- Vamos Just, tienes que ir al estudio.
- Cinco minutitos más.
- Mi amor –besó su nuca, acarició sus cabellos, y nada. Justin no reaccionaba. Estaba cansado, ¿y quién no lo estaría después de toda la actividad física de anoche? ___ sonrió tras recordar todos los besos y caricias que las manos y labios de Justin le habían proporcionado. Se inclinó de nuevo hacia el esbelto cuerpo de su novio y deslizó su dedo índice por toda la ancha espalda- Justin Bieber, despierta –le susurró en el oído lo más sensual que pudo.
- Mhm –y por fin pareció dar señales de vida. Se giró, encontrándose con el rostro de su chica a escasos centímetros del suyo. Pasó un brazo por la espalda de ___ y acercó así su cuerpo, llegando por fin a sus labios- Bonita forma de despertar a la gente, señorita.
- Siempre a su servicio, señor Bieber.

Él rio, besando otra vez sus labios, muy despacio. Se separó de ella y miró el móvil, lo encendió y contempló la hora. Las ocho y media. Se sentó en la cama, con sus pies palpando el frío suelo. Buscó sus bóxers, tirados por algún rincón de la habitación. Alargó el brazo y los sacó del hueco que había entre las patas de la cama y la mesita de noche. Se los puso y se levantó, ___ contemplaba su ancha espalda, sus tensos hombros y sus piernas. Mi hombrecito, es mi hombrecito pensó sonriente. Él se giró y se dio cuenta de cómo ella lo miraba, y agradeció a Dios que fuese ella y no otra. Le sonrió y se encaminó hacia la ducha, cogiendo unas toallas, pero ___ lo siguió y propuso ducharse con él, cosa que, obviamente, él no pudo negársele.

Una vez duchados y vestidos, desayunaron juntos. Él se fue al estudio, dejando a ___ sola en casa. Ésta no entraba hasta pasadas dos horas. Janet no era tan estricta respecto a las horas, no tanto como Scooter. Además, ella no estaba en mitad de un álbum. Recogió la habitación, lavó las sábanas y puso unas limpias. Barrió el suelo y quitó el polvo. Normalmente, si se lo hubiese pedido su madre, habría encontrado cualquier cosa que hacer para evitar el trabajo, pero estando en su casa nueva, se sentía emocionada al hacerlo. Se imaginaba así dentro de un par de años, cuidando a sus hijos, muy parecidos a su padre. Y entonces, Justin llegando a casa, desanudándose el nudo de la corbata. Agotado de un día de trabajo en su discográfica. Y él besaría la frente de sus hijos, los labios de su mujer, olería el ambiente y le preguntaría ‘¿Qué hay para cenar?’. ___ negó con la cabeza sonriendo como idiota. No era nada normal que una chica de su edad pensara ya en esas cosas, pero no podía evitarlo. Justin y ella habían estado hablando muchas veces sobre sus futuros planes. Quizá, por alguna razón, no llegarían a realizarlos juntos –aunque lucharían para que así fuera-, pero tenían más o menos un patrón que querían seguir. Se sentó en la silla detrás del escritorio que había en una pequeña sala a la que Justin había llamado como el estudio. Sacó una hoja y un bolígrafo y empezó a escribir las canciones que el programa le pedía, al igual que una breve explicación y el porqué de que había escogido esa melodía. Cuando acabó, con algo de dificultad, se guardó el papel en el bolsillo trasero del pantalón y salió de ahí, para irse entonces al estudio y empezar a currar, ya que era la hora.

- ¿Están en orden o simplemente las has escrito tal y como te ha venido a la cabeza? –preguntó Janet, mirando a la joven rubia medio castaña, con la lista entre las manos y las gafas rectangulares cayéndose por el puente de la nariz.
- Ordenadas.
- Debí imaginármelo cuando vi a tu novio en el número uno -___ soltó una risita- Stay, de Rihanna. A mi sobrina le gusta mucho esa canción.
- No dejo de escucharla –se argumentó la chica- Además, la voz de Mikky Ekko es demasiado…
- Sensual –confundida, soltó unas carcajada- Palabra que usó Danielle, mi sobrina.
- Pues, sí, es… sensual –y ambas soltaron una risa- Hay que empezar a ensayar para los KCA.
- Sí, empezaremos pronto. Las premiaciones están al caer.
- ¿Cómo van los votos?
- Justin rompe barreras –anuncia Janet mirando la pantalla del ordenador, con la web oficial de los resultados- Tú estás un poco debajo de él, pero no eres de las últimas. Más bien, de las cuatro primeras.
- Genial.
- A veces me preocupo cuando estás más contenta de que tu novio gane que de tu propia victoria.
- El amor.
- Que es muy raro, ¿no? –complementó la frase su representante- Pero bueno, si la cosa sigue así, quizá ganes dos o tres premios.
- Genial.
- ¿Y qué tal la convivencia con Justin? Te mudaste ayer, ¿no?
-  Sí, sí –asintió con la cabeza- De momento bien, la verdad.
- La prensa no tardará en enterarse. Y menos cuando os vea tan seguido saliendo juntos y eso.
- No supondrá ningún problema.
- Espero que no –suspiró la mujer de unos treinta años, unos más, unos menos.
- Debería irme –dijo ___ levantándose y tomando su bolso- Mamá, Julia y yo vamos a comer juntas.
- ¿Temas de la boda?
- Sí y no. Seguro que acabaremos hablando de eso, pero más bien es por pasar tiempo las tres.
- ¿Las extrañas?
- Bueno, prácticamente nos vemos cada día.
- Sí, pero la cosa cambia cuando vives sobre el mismo techo -___ se encogió de hombros.
- Sí que las extraño, pero por suerte no vivimos tan lejos como para pasar semanas separadas. Además, Julia está en el equipo, así que eso supone poder pasar tiempo también con ella –Janet asintió- Me voy ya, llegaré tarde.
- Está bien –se dieron un abrazo y la mujer le abrió la puerta- Te llamaré. Mañana aquí a más o menos la misma hora.
- Claro.

***

Los días pasaban y ambos artistas estaban llenos de trabajo, agendas apretadas y paparazzis acechándolos en cuanto salían de casa juntos. Los KCA habían sido un éxito. Y sobre todo divertidos. Aunque más para ___, pues estuvo riéndose todo el rato de Justin en cuanto recordaba la cara que había puesto justo en el momento que Will Smith le anunciaba la pesada broma que el programa le gastaría a continuación. Cuando llegaron a casa, el suelo quedó embadurnado de la viscosa y verde substancia ‘slime’. Incluso así, Justin estaba monísimo. Después de los premios, ambos seguían hasta arriba de entrevistas, Biebs con sus múltiples visitas al estudio. Apenas tenían tiempo para pasar juntos como la pareja que antes eran. Sí que vivían juntos, pero eran pocas las horas que tenían para disfrutar de la buena intimidad. Estaba llegando junio, y con él, llegaría el lanzamiento del tan esperado disco, ‘Believe’. Una mañana, Justin se despertó sonriendo, descansado. Ese día, era su momento libre. No tenía trabajo. Pero ___ se levantó precipitada, corriendo hacia el vestidor.

- ¿Qué pasa? –preguntó Justin sorprendido.
- ¡La entrevista! –chilló ella desde la sala repleta de ropa- ¡Se me ha olvidado poner la alarma!
- ¿A qué hora es? –alzó él la voz para que esta pudiera oírle.
- A las once tengo que estar ahí.

Justin cogió su teléfono móvil y se fijó en la hora que marcaba. Las diez y media.

- Pues date prisa, tienes treinta minutos.
- ¿Te crees que no lo sé?

Los últimos días, ___ había estado un poco rara. Aunque, para Justin, el término ‘rara’ no era el adecuado. Si ya de por sí no estaban mucho tiempo juntos, ___ parecía más distante. Pero era el estrés, el trabajo que se le acumulaba y la boda de su madre. Tenía que ayudarla en los preparativos. Y además, lo peor de todo, su abuelo Diego, su tan preciado hombre, el hombre al que más amó y ama, y por supuesto amará de todo el mundo, estaba empezando a enfermar. Y eso no era motivo de alegrías para la joven. Y Justin lo comprendía, comprendía que su novia no estuviera pasando por muy buenos momentos, pero no por eso tendría que tratarlo así, ser tan seca y poco cariñosa. No al menos como lo era tanto con él.

___ llegó ya vestida así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=56733145&.locale=es. Se encerró en el baño y diez minutos después salió maquillada y con un moño alto y flojo, dejando que algunos mechones cayeran por sus lados. Se aplicó laca para que el efecto de su cabello continuara por mucho tiempo, y salió del lavabo. Cogió un pequeño bolso y metió ahí sus cosas. Justin seguía en la cama, tuiteando algo desde el móvil. Cuando vio a su novia salir, luciendo tan bonita, una sonrisa atravesó todo su rostro.

- Vas genial –la halagó su novio. Ella se inclinó hacia él para besar sus labios muy rápidamente, pero Justin quería que durara más aquél beso, así que la cogió por la cintura y la retuvo entre sus brazos. Aunque no duró tanto como éste esperaba, ___ se separó castamente.
- Justin, que voy a llegar tarde –se colgó el bolso en el hombro y giró sobre sus altos tacones.
- ¿Vamos a comer algo juntos después de la entrevista?
- Claro –dijo sin hacerle mucho caso, poniéndose bien el cuello de la chaqueta frente al espejo- Adiós Justin.
- Chao reina.

Y se marchó, dejándolo solo. Solo y asustado. Asustado porque estaba empezando a temer por su relación con ___. No es que esto hubiera pasado ya antes. Muchas veces habían estado tiempo sin verse por culpa del trabajo, pero esta situación estaba llevándose muy al extremo. Salió de la cama y la hizo, se metió en la ducha y una vez limpio y fresco, se vistió. Cogió su móvil y la foto con una niña pequeña, tan preciosa que iluminaba hasta sus días más oscuros y tristes, logró hacerlo reír.  Marcó un número y al segundo tono, contestaron.

- ¿Sí?
- ¿Avalanna?
- Hola –la voz dulce la niña lo hizo sonreír de nuevo- Hola Justin.
- Hola ángel –contestó él- ¿Cómo estás?
- Muy bien, con papá y mamá y los abuelos.
- ¿Y qué hacíais?
- Veíamos películas.
- ¿Qué películas?
- Primero Blancanieves. Luego acabó y puse La Sirenita.
- ¿Te apetece que me pase por tu casa y veamos una juntos, tus papás, tus abuelos, tú y yo?
- ¡Sí, sí! –aceptó la pequeña Avalanna sonriente.
- Entonces, iré a tu casa.

La residencia de Avalanna era en Nueva York, pero al parecer sus abuelos vivían cerca de Atlanta y eso no estaba a más que una hora en coche. Justin cogió sus cosas y partió para reunirse con la valiente y luchadora niña.

***

Más tarde, cuando ___ salió del plató, se sintió terriblemente agotada. No tenía ganas de hacer nada, tan sólo llegar a casa, ponerse el pijama, y tumbarse en el cómodo sofá a leer un libro o ver una película. Pero su madre la llamó ‘ayúdame con la lista de invitados, cielo’, le pidió. Y no podía negarse. Condujo hacia su anterior casa con Julia en el copiloto, ya que obviamente había asistido a la entrevista. No hablaron mucho, Julia sabía sobre el cansancio de su amiga y no le dio mucho tema de conversación. Cuando llegaron, empezaron a trabajar.

Justin había estado parte del día fuera en casa de los abuelos de Avalanna. Jugaron a puzles, vieron televisión, escucharon música, bailaron y cantaron. Avalanna era para Justin la luz del Sol después de haber estado encerrado en un sótano. Era su salvación y era su felicidad. Se acordó, entonces, que tenía una cita con su novia. La llamó, pero saltaba el contestador. ¿Dónde está esta chica?, se preguntaba todo el rato. Volvió a su casa y no la vio allí. La llamó de nuevo, pero nada. Y pues, decidió salir a comer con sus colegas. Por la noche, a eso de las ocho, llegó a casa. Y ___ seguía sin aparecer. Justo cuando iba a marcar de nuevo el número de su teléfono, la puerta se abrió y ___ apareció con los tacones en la mano, el pelo suelto y algo enredado, y los ojos tristes y apagados. Cansados, más bien.

- ¿Se puede saber dónde has estado? –le preguntó Justin algo enfadado, siguiendo su camino con la mirada. Esta se dirigía al sofá. Dejó los zapatos en el suelo y se tumbó de costado en el mullido asiento Te he hecho una pregunta.
- Trabajando, ayudando a mamá, cenando con ella –respondió con voz apagada.
- ¿Y tu teléfono?
- Se quedó sin batería.
- ¿No te acordabas que teníamos una comida pendiente tú y yo juntos?

Y ___ abrió los ojos de golpe, acordándose de repente. Se sentó en el sofá correctamente y miró a su novio, el cual estaba de brazos cruzados y con un mirada firme sobre ella. Se levantó y corrió hacia él con el rostro apenado.

- Lo siento, Justin, lo siento –lo abrazó, pero él no le respondió. No envolvió su cuerpo con sus brazos como siempre hacía- Se me olvidó. Ya sabes que llevo una semana mala.
- Todos tenemos trabajo, ___.
- Lo sé, lo sé –alzó los ojos desmaquillados hacia su novio y frunció el ceño- Pero es que, estoy estresada, con la agenda apretada, con la boda de mi madre estallándome en la cabeza, con…
- Ya, ya sé que tienes problemas, que estás harta –el tono de voz que usó Justin con ella, la sorprendió- Pero, ¿podrías al menos pensar también en mí? Yo no tengo la culpa, llevas unos días que prácticamente haces como si ni existiera.
- Justin yo, yo no me daba cuenta que tú…
- Ya, ya sé que no te dabas cuenta –no podía contenerse más, no podía callarse nada. Estaba bastante decepcionado con ella- Pero, podrías al menos esforzarte y luchar un poco más por mantener a flote esta relación. Porque si sigues así de distante, esto se irá a la mierda.
- ¿Perdona? Yo no tengo solo la culpa. Te recuerdo que un mes atrás no tenías tiempo ni para ti mismo, estabas muy ocupado con el tema del disco porque recién empezabas, más o menos. Y yo supe comprenderte, supe entenderlo.
- Pero cuando te prometía una cita, estaba ahí contigo. No llegaba a las nueve de la noche sin atender a tus llamadas y prácticamente pasando de tu existencia.

___ sintió como la abofeteaban. Pero no, eran las palabras que estaba soltando Justin por su boca, era el tono que usaba con ella. ___ respiró hondo, apretó los puños junto a su pantalón y los nudillos prácticamente se volvieron blancos de la fuerza que estaba empleando. No quiso llorar, no delante de él, no ahora.

- Ya te he pedido perdón, ¿qué más quieres?
- Un perdón a veces no soluciona mucho –y dicho eso, Justin se marchó de ahí, dejándola sola.

Esa noche, ___ no durmió en la cama de matrimonio, ni él tampoco. Se fue a la habitación de invitados y ella se quedó ahí, en el sofá, viendo la televisión y a la vez no viendo nada. Se sentía horrible con Justin, pero no tenía la culpa. El trabajo era así, su vida era así, no podía cambiar nada. Eran cerca de las cuatro de la mañana, por lo tanto, en España, sería una hora razonable para telefonear. Así que cogió el móvil y marcó el número de sus abuelos.

- ¿Diga?
- ¿Abuela? Soy yo, ___.
- ¡Oh, reina! –la alegre voz de su abuela la hacía sonreír, pero no lo suficiente- ¿Cómo estás?
- Bien -___ se secó las lágrimas que aún no se habían secado de sus mejillas, había pasado parte de dos horas llorando en silencio sin parar- ¿Y tú? ¿Y vosotros? ¿Cómo está el abuelo?
- Todos estamos bien. Bueno, dentro de lo que cabe. Tu abuelo sigue igual. Esta mañana ha venido un doctor a visitarlo y le ha recetado unos medicamentos. Dice que posiblemente para unos días su salud mejore.
- ¿Puedes pasármelo?
- Está durmiendo, cariño.
- Oh –se limitó a decir la chica. Tenía muchas ganas de escuchar su grave voz, estropeada por el tabaco y la edad. Quería también verlo, fundirse en sus azules ojos, en su tostada piel por las horas bajo el sol en la barca, en sus manos llenas de cayos y arrugadas, trabajadoras, en su acento andaluz. Quería perderse en el perfume de sus camisas. Quería… quería estar con él. ___ deseaba con todas sus ansias coger un avión y volar hacia España, pero no podía. ¡Dichoso trabajo! Ahora más que nunca se maldecía por haber aceptado ese contrato años atrás.
- ¿Y tu madre, cómo le va con Thomas?
- Genial, está ansiosa por la boda. Falta aún unos cuantos muchos meses, pero estamos trabajando en ello. Se muere de ganas por venir a veros. Tal vez el mes que viene, o así, cojamos un avión y nos quedemos unos días.
- Eso nos alegraría muchísimo. Sobre todo a tu abuelo, no para de preguntar por ti. Está preocupado.
- ¿Preocupado por qué? –inquirió ___ frunciendo el ceño, incorporándose mejor en el sofá.
- Paula le ha dicho lo que pasan últimamente en las noticias. Hablan mucho sobre ti y Justin. De una posible separación.
- No, no nos hemos separado. Simplemente andamos mal. No tenemos mucho tiempo para estar juntos, sobre todo yo, y eso…. Bueno, nos está distanciando. Y yo encima tengo la cabeza en otra parte y no es que lo arregle mucho. Me siento fatal, abuela. Esto es todo por mi…-
- Ni se te ocurra decir que es por tu culpa –la interrumpió su abuela- En una relación, son dos los que han de remar para conseguir que el bote navegue recto. Y si uno suelta el remo, el otro ha de luchar un poco más hasta que su acompañante logre cogerlo, recuperarlo de nuevo. Si éste se cansa a la primera, si deja de remar, de hacer el último esfuerzo, el otro no podrá conseguir su pala y, por lo tanto… se perderán.

___ escuchó atenta la explicación de su abuela y suspiró profundamente, hundiéndose de nuevo en lágrimas. Las palabras de su abuela se habían tallado con cuchillos en las paredes de su ahora débil corazón; se habían marcado con permanente en su cerebro y resonaban ahora por toda su cabeza, acabando en eco.

- Cielo, no estés mal. Lo arreglaréis, ambos os amáis. Sabréis salir de ésta, te lo aseguro –calmó la anciana mujer el llanto de su pequeña nieta. Se callaron, sin decir nada- Cielo, tengo que dejarte. He de prepararle la cena a tu abuelo.
- Está bien, yaya –dijo ___- Manda besos a todos, sobre todo a él.
- Lo haré. Te quiero mi niña.
- Y yo a ti, abuela.

Pi, pi, pi, pi. ___ se recostó en el sofá de costado, hundiendo el teléfono móvil con la fotografía de su abuelo como fondo de pantalla, contra su pecho, ahogándose en sus propias lágrimas; llenando los párpados de arrugas tras cerrarlos con fuerza, tratando de reprimir el llanto. Se calló, pero seguía llorando y respirando fuertemente. Y eso consiguió despertar a Justin. Se levantó, caminó dudoso hacia el salón y se la encontró ahí, con las mejillas rojas y empapadas, las manos cubriendo algo que apretaba con fuerza contra su pecho. Y quiso acercarse, taparla con una manta, retirar los cabellos sobre su cara ahora toda mojada, besar su frente y prometerle que todo estaría bien. Pero algo llamado orgullo lo hizo retroceder, volver a la cama. Sí que estaba decepcionado con ella, sí, porque verla llorar y no sentir ganas de olvidar todo, era motivo grande de enfado.

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Dad RT a este tweet y comentad qué os ha parecido. No tengo tiempo para hacer comentarios, me voy a ver una película, chao. Un beso a todas ♥.

10 de marzo de 2013

Never let you go. {154}



| Narra ___. |

A la mañana siguiente me levanto con un terrible dolor de cabeza. No sé dónde estoy, con quién estoy, a qué año estamos y ni si quiera cómo me llamo. Bueno, quizá exagero un poco. Me asusto al ver que unos brazos me tienen rodeada, pero rápidamente caigo en que son los de Justin. Me giro y lo veo, tan dormido, tan mayor, tan bonito. Beso la punta de su nariz y éste la mueve, frunciendo el ceño, haciendo una mueca. Sonrío y me levanto, sin despertarlo. Ando descalza por el suelo de su piso. Y entonces, recuerdo algo.

«- Yo no bebo.
- ¿Apostamos? –le propongo.
- Venga.
- Si acabo borracho, te enseñaré todas las canciones de Believe aunque no estén terminadas. Y si tú acabas borracha, te vendrás a vivir conmigo.»

Suelto un grito ahogado. Mierda, mierda. No tendría que haber apostado nada. Me apoyo en la pared que da a la cocina, me tapo la cara, desesperada. ¿Y mi madre cómo se va a tomar esto? Sí, es por mi madre, no porque no quiera. Desde que Justin adquirió su casa propia, he estado soñando con unirme a él. Pero no le digo que sí a sus muchas proposiciones por mi madre, porque sé que se negará rotundamente.

Entro a la cocina y me siento en el frío mármol, me inclino y busco una caja con cápsulas de café en el estante de encima. La encuentro y me preparo uno en la Nespresso que tengo al lado. Todo sin bajarme de la encimera. Cuando tengo la taza entre las manos, bebo de ella, mirando a la nada y a la vez pensando en todo. Y una voz me asusta, haciendo que se me caiga el ardiente líquido en las piernas, descubiertas y propicias a quemarse.

- ¡___! –Justin suelta un grito desesperado. Pego un salto, la taza se rompe, los tobillos me duelen por el rápido movimiento. La piel me arde y cojo el primer trapo que encuentro, lo mojo, y lo paso por mis muslos- Mi amor, lo siento, ¿estás bien?
- Sí, sí –pero miento.
- Ven, ven –me coge y me sienta en la mesa de madera que hay detrás de él. Me quita el trapo de las manos y lo moja más, pasándolo por mis piernas. El agua fría me alivia, pero la piel ya la tengo de un rojo muy intenso- Lo siento, no quise asustarte.
- No es la primera vez que me pasa algo así cuando apareces de sopetón, tranquilo.

Y ambos sonreímos al mismo tiempo tras acordarnos de la noche en la que Adriana y Lucas, en la casa de sus abuelos, me asustaron con la historia de un fantasma que habitaba ahí.

- Fue épico –pienso en voz alta. Él ríe, pero pronto arruga la frente.
- Te cortaste toda la palma de la mano.
- Pero Lucas me curó –contesto. Él entrecierra los ojos- Estabas más celoso de él, aish.
- Ya, bueno –chasquea la lengua- ¿Qué tal tú?
- Pues aquí, con las piel achicharrada –me encojo de hombros como si eso fuera lo más normal del mundo- ¿Y tú?
- Preocupada por la torpe de mi novia –besa mi nariz- Te haré otro café, si quieres.
- No, no –contesto rápidamente- Déjalo. No quiero más café.
- Está bien –acepta. Me bajo de la mesa y recojo los cachos de la taza rota. Justin me ayuda, los tiramos a la basura y fregamos el suelo- ¿Te acuerdas de algo de anoche?
- Como qué.
- Pues, no sé, algo.
- Mhm… algo de un móvil. Pero no sé si lo soñé.
- Sí, mi iPhone –alzo las cejas- Se me cayó y se rompió.
- Vaya –y me echo a reír- ¿Algo, no sé, que destacó?
- Que todas estabais como una cuba –rompo a reír- No tiene gracia. Los chicos y yo tuvimos que cuidaros. Menos Lisa, que era la única de vuestro grupito de chachi-guays que iba ebria.
- Tú bebiste.
- Pero estaba en mi punto –me contesta- Tú estabas fatal.
- ¿Y Julia? –él silva y me queda claro el mensaje- ¿Nos vio alguien?
- Ahí está el problema. ¿Sabes el drama que montará la gente si aparecen fotos tuyas haciendo el babuino por ahí?
- ¡El babuino, dice! –y suelto un par de carcajadas a las que él no se resiste- Bueno, pero… no sé, no ha sido tan malo.
- Es la primera vez que te emborrachas y espero que sea la última –y pronto mi sonrisa se borra. No es la primera vez que pillo un pedo de la hostia- ¿Qué ocurre?
- Nada, nada –camino hacia su habitación para vestirme, o simplemente, huir de la futura discusión.
- ___. Vuelve, estamos hablando.
- Pero si ya no hay nada más de lo que hablar –y coge mi muñeca, haciéndome quedar cara a él, mi pecho subiendo y bajando sobre el suyo, ahora desnudo- ¿Q-Qué?
- Dímelo.
- P-Pues, ¿qué hay que decir?
- Mucho, dímelo.

Suspiro. Cojo aire. ¿Cómo se lo digo? Parece mentira, me siento como si fuera mi madre y fuera a echarme la peor regañina del mundo.

- ¿Recuerdas el día que fuiste a España, cuando llevábamos un mes saliendo? –él asiente con la cabeza, rostro serio, cejas juntas y tensas. Da miedito- Que Julia y yo llegábamos tarde a recogeros al aeropuerto.
- Sí –y agradezco al menos el monosílabo que sale de su boca.
- Fue porque la noche anterior nos habíamos ido de fiesta.

Y su rostro se oscurece más.

- Y bebimos –y va a decir algo más, pero lo callo- Y fumé.
- ¡¿Que tu qué?!

Y cierro los ojos cuando el grito de mi ahora enfurecido novio rebota por todas las paredes del piso, haciendo vibrar toda la estructura y aflojándome las piernas del miedo.

- Perdona. No quise gritarte –dice, arrepentido, tirándose del cabello con frustración.
- No, no pasa nada –contesto, yo también en su mismo estado. Arrepentida por haber hecho aquello dos años atrás.
- Solo… -suspira de repente, haciéndome quedar quieta, helada. Como una estatua- que no lo harás nunca más y que si vuelves, por casualidades de la vida, a hacerlo, me lo dirás.
- Lo prometo –coge mi cabeza entre sus grandes manos y planta un suave beso en mis labios- Siento haberte hecho enfadar.
- No pasa nada –besa mi frente ahora y coge mi mano mientras caminamos hacia la habitación- ¿Vas a ducharte?
- Ahora no –contesto.
- Yo sí –abre el armario y coge ropa. Se gira y me mira- No tienes ropa, ¿irás con lo de anoche?
- Ya le cogeré algo al sobreprotector de mi novio –contesto encogiéndome de hombros.

Él ríe, destensando por fin el ambiente. Se acerca a mí y coge rápidamente mi nuca, haciéndome quedar totalmente a su cuerpo. Besa mis labios otra vez, pero ahora de manera más intensa. Cuando se separa, nuestros labios siguen juntos, unidos, y se van alejando lentamente, haciendo un bonito ruido al final.

- Sobreprotector, sí –asiente aún dejando su aliento impactar en mi cara- Pero nadie te protegerá tanto como yo.
- Eso ya lo sé –digo sonriendo, cogiendo su flequillo y dejando que la suavidad de este embriague todos mis sentidos por completo. Me encanta acariciar su cabello- Anda, dúchate.

Me besa de nuevo, otra vez. Y esta por tercera vez, haciéndome reír. Y pega mi cintura con la suya y devora mi cuello en un rápido compás. Le doy un leve empujón y suelta una carcajada, coge la toalla, se la cuelga en el hombro y agarra sus ropas.

- No te irás mientras esté bañándome, ¿verdad? Recuerda que ahora esta es tu casa.
- Ya hablaremos sobre eso –le digo recogiéndome el pelo en una coleta baja.
- No, lo hecho hecho está. No apuestes si no sabes cumplir tus promesas –dice seriamente, apuntándome con un dedo, como si estuviera dándome una lección moral de la vida.
- Pero Justin…
- Nada.
- Yo…
- Te quiero –grita desde el pequeño pasillo que va hacia el cuarto de baño.

Frunzo el ceño y me dejo caer en el cómodo colchol en el que tantas noches he compartido com mi amor y las que me quedan por compartir. Busco el móvil y veo unas cuantas perdidas de mi madre y Janet. No sé a quien tenerle más miedo. Llamo a la mujer que me dio la vida y espero a que de tono.

- ¿Sí? –suena una voz al otro lado de la línea telefónica- No sé quién es Thomas.
- Mira el número, mujer –oigo la voz del novio de mi madre.
- Ah vale –y reprimo una carcajada- ¡Ay hola, hija!
- ¿No sabías quién era? –pregunto, haciéndome la ofendida.
- Que me acabo de comprar un móvil y no tenía tu número –contesta- ¿Dónde estás?
- En casa de Justin, ¿y tú?
- En casa de Thomas.
- Tal para cual –oigo la voz del hombre que cuida de mi madre. Suelto unas carcajadas.
- Salúdalo de mi parte.
- Ya lo hago después, si eso –y me hace reír de nuevo- ¿Vendrás a casa?
- Sí, tengo que hablar contigo.
- Oh, ¿qué has hecho ya?
- No es nada malo, en serio.
- Lo habéis hecho sin protección y estás embarazada –y juraría que su cara ahora está más blanca que la leche- Pero ___, ¿sabes en el lío que te metes?
- Que no lo hemos hecho, mamá –masajeo mis sienes- Al menos no que yo recuerde.
- ¿Cómo ‘al menos que yo recuerde’? ¿Es que no te acuerdas si mantienes relaciones sexuales con Justin?
- No, hoy no me acuerdo de nada.
- Bebiste –no es ninguna pregunta.
- Sólo un poco –un poco bastante, miento.
- Más te vale no salir en ningún lado haciendo el gamba.
- No sé yo, conociendo a los paparazis… -y dejo la frase en el aire- ¿Vendrás tu a comer a casa o estarás en la de Thomas?
- No, no. Bajaremos. ¿Tienes que hablar conmigo, no?
- Sí –suspiro- Bueno, tengo que dejarte. Janet me ha llamado hace un par de horas.
- Suerte.
- ¿Suerte? –pregunto confundida.
- Sí, porque no hayan salido imágenes tuyas de anoche estando borracha –y soplo resignada- Adiós cielo, nos vemos más tarde.
- Claro. Te quiero.
- Y yo a ti –pi, pi, pi. Me ha colgado.

Marco el número ahora de mi representante,  la cual me coge el móvil en 
seguida. Asustada, la saludo. ¿Qué es lo que querrá?

- Mhm, hola Janet.
- ¿Qué te pasa?
- ¿Qué he hecho? –pregunto, totalmente directa.
- Nada, ¿por qué?
- Ah no sé, es que me has llamado.
- ¿Y qué tiene? –pregunta ella, pero con tono burlón.
- Pensaba que estarías enfadada.
- Oh, siento mucho haberte llamado ___. Sólo quería saber si estabas viva después de la fiesta de anoche.
- Ah, sí –digo, suspirando de alivio- Sí, estoy viva.
- Pues tus fighters están medio que se preocupan y medio que se mean de risa.
- ¿Por qué? –pregunto confundida.
- Tú mira tus tweets y los de tu novio –y suelta una carcajada- A propósito, pásate por el estudio en cuanto antes, tenemos trabajo.
- Claro –me rasco la nuca- Nos vemos.
- Chao, dale saludos a Justin.
- Lo haré.

Cuelgo ahora yo. Y me quedo totalmente desconcertada. Entro en Twitter y abro los ojos como platos en ver la cantidad de tweets sin sentido, tanto en inglés como en español –e incluso algunos en balleno- que he escrito la noche anterior. “Tgo todo papppi”. “My number 696969696”. “3 Tristres trigres comen trigr0 en untrigral”. Con este último empiezo a reírme a carcajada limpia. Después, al ver que no hay nada más, me meto en el de Justin. “swaaaaaaaagggggggg”. Borracho perdido que iba en ese momento. después de estar un rato en los perfiles de mis amigos, tipo Carol, Julia –el cual está lleno de totales barbaridades que como las vea su familia la manda derechita para España a darle una clase de orientación sexual-, Alfredo, Christian… todos. Dejo el móvil en la cama y abro el armario de mi novio, en busca de algo que me vaya… “decente”. Veo unos pantalones de deporte con los que puedo darles un par de vueltas con el cordón y que este me quede de mi talla. Luego encuentro una camiseta de tirantes blanca y me la pongo. El sujetador se me ve un poco, pero ignoro ese detalle. Busco unas supras y me las pongo, pero como obviamenteme van enormes, meto un par de calcetines para estar más cómoda. Me miro en el espejo mientras recojo de nuevo mi pelo, pero esta vez en un moño bajo y flojo. Cojo la mochila de Justin y meto las llaves de su coche y de mi casa, el móvil y la ropa que usé anoche. Mientras cierro la cremallera, la voz de mi novio me asusta.

- Pensaba que dejé claro lo de que no te fueras –y me giro. Va solo con los pantalones, el torso desnudo, al igual que los pies. Sus manos están ocupadas sujetando los calcetines, donde se los pone sentado a los pies de la cama.
- Tendré que ir a casa, avisar a mamá y coger mis cosas, ¿no? –le pregunto con tono obvio- ¿O qué pretendes, que vista así siempre? –señalo la ropa que llevo puesta y él me sonríe.

Se pone los calcetines y a continuación busca unas Supra, remueve todo el cajón del armario con frustración y me mira.

- ¿Has visto mis Supra doradas? –pregunta. Y en cuanto empiezo a mover los pies, ríe- Vale, te quedan muy grandes.
- ¿Y qué quieres? Si voy con tacones me matan los paparazis.
- Te matarán así de todas formas –busca otras de color negras y se las pone, luego hace lo mismo pero con la camiseta- Listo, vamos.

Salimos de casa y conducimos hasta la mía. Ahí, Julia y Chaz nos atienden. Ambos en bañador, empapados, dejando huellas de agua por toda la casa.

- Creía que mamá nos tenía prohibido entrar en casa mojadas –le recuerdo, dejando la mochila de Justin, totalmente llena, encima de la encimera.
- Creía que mamá te había prohibido tener relaciones sexuales antes del matrimonio –me sigue el juego. ambas reímos y beso su mejilla- ¿Qué tal la resaca?
- Bien –contesto encogiéndome de hombros- No me acuerdo de nada y eso implica que tampoco recuerdo la apuesta que hice con Justin, la cual perdí y que por lo tanto, me obliga a irme a vivir con él.
- ¿Qué dices? –preguntan Julia y Chaz a la vez- ¡Felicidades, Melona!
- ¿Cómo que felicidades? A ver cómo se lo toma mi madre.
- ¿Que a ver cómo me tomo el qué? –una voz femenina, pero áspera y severa a la vez, se hace presente detrás de mí. Me giro y hago un gesto con la cabeza, saludándola- ¿Qué llevas puesto, hija?
- Mi ropa –responde Justin alzando la mano.
- Pues te va un poco grande –comenta Thomas, haciéndole reír a Chaz y a Julia.
- ¿Algo que decirme?
- Mhm sí –asiento con la cabeza- Pero si eso, prepara la comida, yo me visto y esas cosas y lo hablamos.
- Tiene mala pinta –dice mi madre, rascándose la cabeza.
- Pues no sé, per hazme caso –beso su mejilla y la de Thomas- Hola, eh.
- Hola –me saluda el hombre de la mujer que me dio a vida- ¿Buena la fiesta de ayer?
- Buenísima –digo haciendo énfasis a la palabra.

Los cuatro subimos las escaleras hacia mi habitación, donde saco mis cosas de la mochila de Justin y las echo a lavar. Cojo ropa del armario {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=65088703&.locale=es} y me visto en el baño. Cuando salgo, los chicos están hablando. Justin toca un par de notas al azar en la guitarra y Pelvin y Hope duermen. Siempre duermen, son unos holgazanes. Acaricio el lomo de mi gata al pasar y ésta despierta, estirándose por completo. Pelvin me oye y me salta encima, siguiéndome hasta la cama.

- ¿Tú te acuerdas de algo de anoche? –le pregunto a Julia minetras juego con mi perro a quitarle de la boca unos calcetines que acabo de sacar del cajón de la mesita de noche.
- De nada –responde, negando con la cabeza- Sé que esta mañana he despertado en el sofá con Chaz en el suelo y un balde lleno de vómito al lado.
- ¡Já, resaca! –chilla Justin- Eso para que te sirva de lección. El alcohol es muy malo.
- Tú no hables Bieber –le mando a callar.
- Tú, menos –dice separando las sílabas de cada palabra, muy cerca de mí- ¿Y Ryan? –cambia bruscamente de tema.
- En el hotel, ¿Dónde si no?
- Mira que le dije que tenía una casa, pero no –Justin niega con la cabeza- Es tozudo.
- Vamos, es normal –digo dándole unas palmaditas en la espalda- Viene con Lisa, querrán privacidad.
- Puedo darles la habitación de invitados para ellos solos –dice, resignado.
- Pero ese tipo de privacidad no es suficiente.
- Y menos para el enfermo de Ryan –comenta Julia acariciando a Hope. Mira que no le gustan mucho los gatos, por no decir nada, pero Hope se ganó su cariño. Y el de todos, vamos. Es una gata magnifica.  
- Bueno, cambiemos de tema –pido, incorporándome mejor en la cama- ¿Qué haremos esta tarde?
- Ni idea –dicen los tres a la vez, encogiéndose de hombros.
- ¿Ryan y Lisa se van esta tarde? –pregunta Chaz.
- Oh, pues sí –respondo acordándome- Los acompañamos al aeropuerto, entonces.
- Llamamos a Carol y a Chris, ¿no? –asiento con la cabeza ante la pregunta de Julia- Bueno, pues ya está. Planazo en el aeropuerto.
- Avisa en Twitter y si eso que vayan las beliebers –comento divertidamente- Verás que bien nos lo pasamos.
- Colapsamos todo –ríe Justin- Bueno, colapsan.
- Y a tus fighters –me recuerda Julia.
- También, también.

Unos diez minutos más tarde, Thomas nos avisa de ir a poner la mesa, que la comida ya está lista. Los cuatro salimos de mi habitación y bajamos al comedor, donde mamá se pasea con cubiertos y vasos en la mano. La ayudamos y una vez que está todo listo, nos sentamos a comer.

- Bueno hija, ¿qué es eso que tenías que contarme?

Julia y Chaz pinchan en el plato de ensalada mientras me miran atentamente. Thomas está igual que mi madre, masticando la comida, observándome. Justin deja de comer y se limpia la boca. Yo aclaro mi garganta con un sorbo de agua.

- Justin y yo hemos estado pensando que, eso, ya llevamos bastante tiempo juntos y…
- ¿Os vais a casar? –pregunta mi madre histérica- ¡Me niego! Vale que estéis enamorados pero eso es demasiado…
- ¡Mamá! –la callo asustada por lo que ronda en su cabeza- No, no.
- Tranquila, déjanos un par de años más y quizá sí –dice Justin, encogiéndose de hombros. Yo suspiro lentamente.
- Lo que te quería decir es que, Justin y yo hemos estado pensando en irnos a vivir juntos a su piso.

Thomas se atraganta con el agua en cuanto ve la descompuesta cara de mi madre. Los ojos oscuros de mamá se posan primero en Justin y después en mí. Me temo la peor de sus reacciones.

- ¿Qué os ha dado? –se limita a decir- Sois jóvenes, ¿ya estáis pensando en iros a vivir juntos?
Antes de volver a abrir la boca, ella abre la suya.
- Además, Justin dentro de muy poco se va de gira para promocionar su disco, ¿no lo veis un poco idiota?

Sabias palabras, mamá. No recordaba ese pequeño pero a la vez gran e importante detalle. Mi novio, en breve, sale por diferentes países; tanto americanos como europeos, para promocionar ‘Believe’. Y dudo mucho que pueda acompañarlo. Tengo trabajo, mucho por así decirlo. Y no quiero pasarme las noches sola en su gran apartamento. Prefiero quedarme aquí, con Julia, cerca de los Beadles y de Somers.

- Pero me voy en julio, recién acaba de empezar marzo –dice mi novio al ver que he callado de pronto.
- Ya, pero… -mamá suspira, no tiene nada en contra que argumentar. Simplemente no quiere que me vaya de casa. La simple idea de ver cómo su hija de diecisiete años se va a vivir con su novio famoso, la destruye por dentro. Pero a mí también me apetece cambiar de aires. Alomejor no es lo idea, soy joven y quizá meterme a algo tan serio como el irme a convivir con mi pareja no es lo correcto, pero tengo que cometer errores, ya que si no me equivoco, no aprendo nada a cerca de la vida.
- Estaríamos bien –trato de tranquilizarla- Ya he ido un par de noches a dormir a su casa. Sería más o menos lo mismo, ¿no?
- Pero…
- Lo que a tu madre le preocupa es que dejes de venir a verla –habla Thomas por ella.
Y Justin suelta una carcajada.
- Mamá estaba en las mismas que tú, ___ (tu madre). No te preocupes, cada fin de semana bajo a verla. Y ___ hará lo mismo para venir a verte a ti. No perderéis el contacto si es a lo que te refieres.

Ella se queda callada. Analizando cada palabra que hemos ido soltándole para ver qué decisión tomar. Si dejar que me vaya a vivir con mi novio o retenerme en casa hasta los treinta y cinco como tantas veces me ha amenazado. Suspira lentamente y yo me impaciento cada vez más.

- ¿Por favor? –le pregunto en un susurro dulce.
- Está bien –y sonrío orgullosa, lo he conseguido. ¡Sí!- Pero tienes que prometerme que llamarás, bajarás a verme y no te olvidarás de la vieja y chismosa de tu madre.
- Nunca, mamá –me levanto y rodeo la mesa para ir a abrazarla. Beso seguidas veces su mejilla y ella ríe, contagiando las carcajadas a toda la mesa- Esto es genial. De verdad, muchas gracias.
- No las des –dice acariciando mi piel- Algún día tendré que dejarte ir, ¿no?
- No puedes cortar sus alas siempre –habla Thomas- Ya es una mujer.
- Toda una mujer –dice mirándome de arriba abajo.
- Bueno, que os vais del tema –cambio de conversación un tanto incomoda.
- ¿Al final qué? –la voz de Julia, que no se ha oído para nada en todo el rato, me sorprende- ¿Ya sabemos algo sobre la boda?

Y sonrío al recordar las alegres y sentimentales de mi madre al teléfono. Cuando me llamó hará unos meses, en Venezuela, celebrando su aniversario con Thomas. “Hija, Thomas y yo vamos a casarnos. Me ha propuesto matrimonio”. Estoy feliz por ella, feliz porque haya rehecho su vida, se haya olvidado definitivamente del cabrón que nos jodió la vida años atrás y de que por fin tenga a su lado una persona con la cual envejecerá. Recuerdo que no siempre le tuve afecto a Thomas. Me parecía extraño ver como mi madre se mostraba cariñosa con otro hombre. Pero con el tiempo me he dado cuenta que es un auténtico caballero y que como él no habrá nadie mejor que cuide de mamá. Aparte, él la ama. Se lo ha demostrado muchas veces. Como aquella en que me pidió enseñarme a cantar una canción en español para dedicársela el día de los enamorados. Mamá cogió un ataque de risa nada más empezar con las primeras palabras y el pobre de su novio se avergonzó tanto que enrojeció cual tomate. Fue divertido, pero romántico a la vez. Así que, ¿qué mierda? Me alegro como la que más por esta relación.

- Estamos en ello –se limita a responder el prometido de mi madre mientras entrelaza sus dedos con los de ella.
- Sois tan tiernos –comento mirándolos sonriente y aguantando mi cabeza con la mano derecha.
- ¡Me pido ser dama de honor! –grita Julia alzando el brazo.
- ¡Y yo! –la imito.
- Pues a mí me gustaría llevar los anillos –comenta Chaz tan normal. Nos echamos a reír y seguimos conversando.

***

- Hoy duermo en mi casa, así, para hacerme una idea de lo que me voy a perder por irme a vivir contigo –le digo a Justin mientras nos dirigimos hacia la caja para pagar el regalo de Caroline, el cual le daré dentro de ocho días.
- Eres más terca…
- Entonces no sé por qué sigues conmigo.
- Porque a pesar de lo cría, pesada, histérica, melodramática, loca y comilona, te quiero.
- Es lo más bonito que me han dicho nunca –digo sonriéndole con falsedad. Pero luego dejo de actuar y beso sus labios- A propósito, ¿qué haremos para el cumpleaños de la Beadles?
- Pues, podríamos irnos a Las Vegas.
- Claro –me encojo de hombros- ¿Y qué, llamamos a toda su familia en plan “eh, veniros todos de fiesta con nosotros a celebrar el cumpleaños de vuestra pequeña Carol, que ya cumple diecisiete y se va a coger el pedo de su vida delante de todos vosotros”?
- Es que si lo dices así, pues suena estúpido –Justin se rasca la nuca confundido- Pues no sé, ya veremos.
- Alomejor ni quiere que le hagamos nada –digo chasqueando la lengua, sacando los cien dólares que me ha pedido la dependienta por el regalo de mi amiga- Sabes que cumplir años no le emociona mucho.
- Pues tendrá una fiesta como que me llamo Justin Bieber.

Y en oír el nombre, la rubia hueca de pestañas postizas alza la mirada hasta él y lo recorre de arriba abajo. Desde las supras negras, hasta la camiseta de tirantes blanca que tan bien se ciñe a sus nuevos músculos. La miro mal y sigue envolviendo la lencería de encaje, el camisón y un par de camisetas.

- Muy bien señor Bieber, camine y no monte escándalo –digo empujándolo levemente por la espalda mientras sujeto con la otra mano la bolsa de la tienda con las cosas dentro.

Vamos hacia el coche, donde dejamos el regalo en el maletero. Nos sentamos en nuestros asientos y conducimos hacia el hotel donde Lisa y Ryan están hospedados. Una vez ahí, nos vamos todos juntos hacia el aeropuerto. Nos despedimos y juramos volver a vernos pronto, aunque eso sea un poco difícil ya que tenemos unas apretadísimas agendas.

- Bien, ¿qué hacemos? –pregunta Caroline mientras juega con los dedos de su novio, entrelazados con los suyos.
- Ni idea –Julia se apoya en el hombro de Chaz y cierra los ojos- Tengo mucho sueño.
- Podríamos ir a casa a ver una película –propone Christian- Y así estrenamos la pantalla nueva que ha comprado papá.
- O ir haciendo una lista de los posibles regalos para comprarle a Carol –dice Julia sonriendo como tonta.
- No quiero que hagáis nada para ese día –comenta la futura cumpleañera- Sabéis que no es que muera por celebrar un año más.
- ¿Qué te dije? –le pregunto retóricamente a Justin en el oído.
- Tendrá su fiesta –gruñe.
- Lo que sea –interrumpe Christian, evitando el posible enojo de su novia- Vayamos a casa y relajémonos un poco.
- Sí, aprovechemos que mañana ya empezamos a trabajar como negros –digo, cogiendo la mano de Justin.

***

Después de haber estado en casa de los Beadles viendo una película; Julia, Caroline y yo nos fuimos a casa. Haríamos pijamada. Caitlin no podía quedarse porque al día siguiente tenía que acompañar a Cameron al médico, tenían que revisarle la rodilla de un accidente que tuvo días atrás. Ya en mi habitación, con los pijamas puestos y la caja de la pizza vacía, al igual que con las botellas de cocacola y fanta, nos encontrábamos tumbadas en mi cama.

- Y bueno, ¿qué tal en la fiesta de Justin? –pregunto, ya que entre las tres no hemos sacado el tema.
- No sé, no me acuerdo –responde Julia encogiéndose de hombros.
- Yo más de lo mismo –comenta Caroline- Lo que sí recuerdo perfectamente, es lo que pasó después de que se me quitara el efecto del alcohol.
- Uh –musitamos Julia y yo a la vez, temiéndonos lo peor- ¿Qué pasó?
- No sé cómo, pero estaba demasiado caliente y… Christian y yo acabamos acostándonos.
- ¿Y qué tiene? –pregunta Julia. En sí, no es que sea muy raro. Ellos ya llevan bastante juntos y tratándose así de las condiciones de Caroline, no nos resultaría nada fuera de lo normal.
- Pues que lo hicimos en el salón de su casa –mi Melona y yo abrimos los ojos- Imaginad la escena que se habría formado si sus padres bajan a las tantas de la madrugada y me ven a mí botando en la entrepierna de su hijo como una enferma.

Empiezo a reírme histéricamente tras venirme esa imagen a la cabeza. La cara de los Beadles viendo a su nuera manteniendo relaciones carnales con su hijo simplemente me provoca la risa.

- Pero, ¿cómo fue? –pregunta Julia interesada, reprimiendo una carcajada.
- Fue algo, no sé, demasiado rápido para nuestro gusto –dice sonriendo de forma tonta- Estábamos en el sofá tan de tranquis viendo una película, súper apalancados, cuando de pronto y no me preguntéis por qué ya que ni yo lo sé, me da el venazo y empiezo a besar el musculamen que le está saliendo en el brazo.

Julia y yo reímos. Es verdad que Christian está desarrollando bien sus músculos.

- Total, cuando nos empezamos a comer la boca, yo me subo encima de él –todo esto lo va contando mientras juega con sus manos nerviosa- y me quita la camiseta, y yo a él. Como no llevaba pantalones, pues en eso lo tiene fácil y solo me baja las bragas. Tracatá, todo para dentro, ¿sabéis? –y nos reímos de lo basta que es- Lo siguiente fueron “venga para arriba, venga para abajo; y salta, salta, respira mujer que te ahogas, salta, salta, bésalo, bésame, ay que me corro, mierda el condón”.
- ¿QUÉ MIERDA DEL CONDÓN? –gritamos Julia y yo a la vez.
- Que el muy paleto se olvidó de ponérselo y cuando vio que iba a venirse, se acordó. Se salió de mí, se lo puso, y pues seguimos –soltamos unas risas pero más que divertidas, son de alivio por el embarazo finalmente no surgido- Y después… madre mía, es que yo no sé cómo llegamos a ese punto. Esto es lo más cerdo que hemos hecho nunca.
- ¿Qué? –preguntamos las dos curiosas.
- Que me comí su Little C –y venga a reírnos- Eh. Vamos. No sé. Sabéis que a mí lo del sexo oral no me va mucho, por no decir nada, pero… tampoco está tan mal.
- ¿Y él a ti? –inquiere Julia.
- Él igual.
- ¡Venga! –exclamo- Te comió toda la miel, el caramelo, ¡el pussy!
- Niñas, a dormir ya –gruñe mi madre pasando por el pasillo.

Nos callamos y cuando oímos un portazo proveniente de su habitación, seguimos hablando.

- El alcohol te pone guarra –comenta Julia- No me esperaba esto de ti, Caroline.
- Ni yo –dice ella misma- Pero yo que sé, tampoco es nada raro. Además, casi diecisiete años y es la primera vez que como un falo –nos echamos a reír fuertemente- Y encima el de mi novio con el que llevo ya bastante. ¿Cuántas niñas de trece se la chupan al primero con el que se cruzan?
- Muchas, la verdad –contestamos Julia y yo a la vez.
- Y que aparte, ni que vosotras no hubierais hecho eso nunca –y en especial me mira a mí- Me dirás que la Bieberconda no te ha dicho nunca “cómeme, ___”.
- ¡Por Dios, Caroline! –exclamo dejándome caer de espaldas en el colchón, riendo como una posesa. Pero callo- Sí, claro que lo he hecho. Voy a hacer dos años con Justin, ¿crees que en todo ese tiempo no habré catado cada parte de su cuerpo?
- Madre mía –ríe Julia- Cambiemos de tema porque os veo aquí relatando el libro de Kama Sutra de la pe a la pa.
- Sí, mejor –digo dejando de reír- Bien, ¿qué hacemos para tu cumpleaños, Carol?
- He dicho más de cien mil veces que no quiero nada.
- Pero mujer, algo.
- Justin ha pensado en irnos a Las Vegas. Pero yo supongo que también querrás estar con tu familia, y no creo que irnos a las vegas con tus tíos, por ejemplo, sea lo mejor.
- Imagínate a la Carolo to’ borracha encima de la mesa del bingo ‘tómame Christian’ –actúa Julia, haciéndome reír.
- No, no –se niega nuestra amiga- Con pasar la tarde con vosotras me basta, lo digo en serio.
- Podríamos irnos a cenar y ya después, pues cada uno a su casa –propone la Melona.
- O al salón del novio, no sé –digo arqueando las cejas.
- Cállate ya, pava –pide molesta lanzándome un almohadón.
- Quiero dormir –dice Julia bostezando.
- Durmamos ya, mañana curro por la tarde –les digo.
- Bien –ambas se bajan y se colocan en el colchón. A mí hoy me dejan la cama libre- Buenas noches.
- Buenas noches –apago la luz y las tres nos quedamos en silencio, ya que hemos hablado bastante por hoy. Unos minutos más tarde, estamos todas profundamente dormidas.


| Al día siguiente, por la tarde. En el estudio. |

Justin estaba en la sala de grabación mientras que Janet y yo discutíamos la que posible actuación en la gala de los KCA, que se acercaba. Estaba nominada a dos categorías, la mejor artista femenina y mejor álbum; el segundo, por cierto.

- Opino que ‘we belong to the music’, es perfecta –insisto en cantar el segundo single del disco.
- Pero Timbaland no podrá presentarse.
- ¿Y qué tiene? –pregunto- Será que no hay artistas que han actuado su dueto sin la otra persona.
- A ver, dime uno.

Me quedo callada y ella alza una ceja.

- Ay no sé, ahora no se me acude ninguno. Pero hay; te digo yo que hay.
- ___, es que…
- Vamos Janet, es una de las que más me gustan. Me encanta, de hecho. Y me agradaría mucho poder cantar esa.

Finalmente, suspira. Y sé perfectamente lo que significa eso.

- Está bien, está bien –sonrío victoriosa- Te dejo que hagas esa, pero más te vale que no haya ningún error o te colgaré de las orejas en los focos.
- Sí, señora –contesto burlonamente haciendo un saludo militar.
- Hay que hablar también sobre tu colaboración en el programa de MTV ‘Pop Up Videos’.
- Ah sí –digo acordándome- ¿Cuándo es?
- Dentro de dos semanas.
- Así que ya puedes ir haciendo tu lista de veinte canciones favoritas y explicándolas brevemente –me señala con el dedo- Y no lo dejes todo para último momento.
- No, no –contesto riendo. Janet es tan maternal, me recuerda a una tía o algo así- ¿Nada más?
- ¿Quieres más trabajo? –pregunta arqueando la ceja.
- Qué va –sonrío- ¿Justin?

Janet mira su reloj de muñeca.

- Son las seis. Le queda media hora, supongo.
- Iré a ver qué tal –comento levantándome.
- Sabes que no te dejará escuchar nada, ¿no?
- Lo convenceré al igual que él lo ha hecho para irme a vivir a su casa.
- ¡Ah, ya vivís juntos! –dice sonriéndome- ¿Qué pensó tu madre?
- Le preocupaba por el tema de distanciarnos, pero está todo bien.
- Me alegro, entonces –se levanta y camina hacia mí para pasarme un brazo por los hombros- Espero que no surjan peleas, la convivencia entre pareja suele ser difícil.
- No creo que para nosotros lo sea –le digo cogiendo mi bolso y saliendo de su despacho- Además, llevamos casi dos años juntos.
- Quién lo diría, ¿eh? –me pregunta retóricamente- Si te digo la verdad, cuando te conocí y supe que estabas con él, pensé que duraríais un par de meses y ale, adiós. Pero me alegro de haberme equivocado.
- Sí, yo también me alegro –digo riéndome.

Bajamos hacia la planta de las grabaciones y composiciones, donde Justin está ahí con todo el equipo técnico. Lo veo marcando unos pasos con las manos mientras canta, pero no se oye nada. Doy un par de golpecitos en el cristal y todos me miran, entonces empiezo a imitar a Justin, bailando y poniendo morritos. Él ríe y me abre la puerta.

- No hay un día que no hagas la pava –dice riendo. Doy un beso en sus suaves labios y sonrío- ¿Qué quieres?
- Estoy aburrida, ¿sabes? Y me apetecía ir a ver a mi novio –le explico- Hey, Scoot.
- ¿Qué hay, ___?
- Pues nada –me siento en una silla y me inclino hacia una libreta donde hay escritas varias letras, pero Justin la cierra de golpe- Serás tontucio.
- Hasta que no estén grabadas nada.
- Puedo darte el visto bueno y tal.
- No –me cruzo de brazos- Y no. No, y mil veces no.
- Ya me vendrás, ya –él sonríe y se sienta a mi lado, suspirando.
- As long as you love me –canta. Yo lo miro- Es el título de mi segundo single.
- Mientras tú me ames –susurro en español, traduciéndola- Qué amor –beso su mejilla- Supongo que tendrá algo de rap, porque estabas ahí dándolo todo feel like a Eminem.

Los adultos sueltan unas carcajadas, incluido Justin.

- Sí, algo así.
Saca el móvil y mira la hora, lo guarda y ahora me mira a mí
- Oye, ¿salimos a comer luego? –me pregunta- No comí.
- Claro, yo tampoco pude –acepto- ¿Cuánto te queda?
- Treinta minutos –contesta.
- Está bien –me levanto para irme y así él seguir con su trabajo de incógnito.
- ¿Adónde vas? –me pregunta frunciendo el ceño.
- A dejarte intimidad para que sigas con el misterio de tus canciones.
- Anda, quédate –Scooter y Janet suspiran- ¿Qué he dicho?
- El amor, Justin –le da unas palmaditas en la espalda Scooter- El amor, que te cambia.
- Ya lo sé –sonríe mi novio- Pero yo no tengo la culpa.

Y me sonrojo cuando su mirada me atraviesa, cual flecha.

***

- ¿Qué dice Carol, que no quiere fiesta de cumpleaños o qué? –pregunta Justin mientras nos hacen la comida en nuestro restaurante favorito.
- No, prefiere pasar la tarde de tranquis. Nada de fiestas y esas cosas.
- Es bastante rara.
- Yo para mi aniversario no quise celebrarlo –le recordé.
- Porque trabajabas y estabas cansada, no porque no quisieras –me alza una ceja.
- Bueno, da igual –refunfuño- ¿Actuarás en los KCA?
- Sí –responde.
- Wow –asiento satisfactoriamente- As long as you love me, ¿no?
- Sí –se limita a responder, como antes.
- ¿Me estás vacilando?
- Sí –le lanzo un panecillo riendo- ___, ¿estás loca?
- Sí.
- Vete a la mierda –pero suelta una carcajada y entiendo que está de broma- Hoy duermes en casa, ¿no?
- Hombre, normalmente suelo dormir en casa, no bajo un puente.
- Me refiero a la mía. Mejor dicho a la nuestra.
- Apropósito con ese tema –digo- Dado que voy a vivir contigo, en tu casa, o como tú quieres que sea, la nuestra, creo que tendré que pagar la mitad de los gastos.
- De eso nada.
- Entonces olvídate de que vivamos juntos.
- Pero ___, no necesito que me ayudes a pagar nada.
- No es ayudar, es simplemente pagar el uso de la casa, comida, luz y agua que estoy usando yo también. Me parecería muy injusto hacer como si nada mientras estoy viviendo ahí.
- Pero cielo, en serio, no hace falta que contribuyas en nada de eso.
- O me dejas pagar la mitad de todos los gastos u olvídate de verme el pelo hasta después que acabes tu gira mundial.
- Ni tú serías capaz de aguantar todo ese tiempo.
- Ya, pero tendría que intentarlo.
- ¿Tú cuando empiezas la tuya? –me pregunta.
- Cuando termine el disco, obvio.
- ¿Y cuándo lo terminarás?
- Cuando tenga escritas más de diez canciones.
- ¿Y para cuándo…?
- No lo sé –le digo, encogiéndome de hombros- No sé por qué, estoy escasa de inspiración.
- Momentos que pasan, yo también he vivido eso.
- Pues señor Bieber, ayúdeme.
- Pídamelo como es debido –me dice.
- Esta noche, entonces –y me quedo callada cuando el camarero llega con nuestros platos. Justin suelta una carcajada y empieza a comer. Le imito y ambos, en silencio, pero mirándonos fijamente a los ojos, disfrutamos de nuestros menús.

___________

Vale, sí. Sé que es una jodida mierda, pero os prometo que lo mejor está por llegar. Capítulo dedicado a la cumpleañera de Carol. Ella ya tiene su capítulo exclusivo *cejas cejas* *codazo codazo*. Y en fin delfín Serafín, no me matéis, sé que la novela ya os empieza a aburrir, blablabla. Pero juro solemnemente (?) que lo bueno llegará pronto. Un beso.

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