¿Cuántos somos ya?

15 de febrero de 2013

Never let you go. {150}



| Narra Justin |

___ sigue dormida sobre mi pecho. La miro, acaricio su pelo y de paso lo aparto de su frente. Beso su piel ahora descubierta y sonrío. Ella está desnuda, las sábanas nos han ido destapando a lo largo de la noche. Ya nada cubre sus curvas, las cuales pude besar un par de horas atrás. Miro el suelo, todo lleno de ropa y… de un móvil que no tiene batería. Con cuidado, tratando de no moverme mucho para no despertar a ___, me inclino y lo cojo. Es de ella. Le pongo la batería y lo enciendo para ver la hora. Son las nueve de la mañana. Las llamas perdidas de anoche son de su madre, Julia y Janet. Lo pongo en silencio y lo dejo en la mesita de noche. No quiero que la molesten ahora. La observo dormir, observo su perfecto perfil, su nariz respingona, sus labios entre abiertos, sus mejillas ahora rojas. Está boca abajo y el pelo lo tiene revuelto. Me pongo de lado, apoyando la cabeza con las manos y haciendo que el colchón soporte el peso de mi cuerpo con ayuda de mi codo izquierdo. Sonrío. Acaba de fruncir el entrecejo, supongo que está soñando algo. Paso mi dedo por toda su columna vertebral. De arriba abajo. De arriba abajo. Su piel se torna caliente ante mi contacto. Y entonces, está despierta.

- Hola –digo mirándola.
- Hola –murmura con voz ronca. Entonces sonrío y ella a mí. Sigo acariciando su espalda y ella se da cuenta de mi desnudez y la suya. Sus mejillas ahora están rojas, pero no hace nada para taparse- ¿Cómo dormiste?
- Mejor que nunca –respondo sonriéndole. Ella ensancha su sonrisa, dejando ver sus perfectos dientes. Se acomoda en la cama, quedando encima de mí, apoyando la cabeza en mi pecho.
- También dormí bien –dice sin que le haya preguntado antes- Anoche fue…
- Lo mejor…
- De mi vida –decimos ambos al mismo tiempo. Nos reímos y beso su nariz. Bajo las manos desde la cintura hasta su trasero, y lo acaricio- ¿Tienes hambre?

Ella sonríe.

- De comida hablo, pervertida –le doy un golpe en la nariz con mi dedo índice y ella ríe. Tan bonita- Pediré el desayuno. Ve a ducharte.

Ella entonces me abraza cual koala. Besa mi pecho seguidas veces y yo acaricio su cabello, el cual cae en cascada por toda su espalda. Rio, sus besos me hacen cosquillas.

- Va, ve a ducharte –le repito- No quiero que el personal vea a mi novia desnuda en la cama.
- Dúchate conmigo y no nos verán a ninguno de los dos –le alzo la cabeza para ver si habla en serio. Y tanto que habla en serio. Reímos y beso sus labios, ella corresponde a mi gesto y nos separamos- Va, vamos.

Se levanta y camina hacia la ducha, dejándome una clara visión del perfecto cuerpo que mis manos anoche tocaron, que mis labios anoche besaron, y al que mi alma siempre estará unido. Me levanto riendo. Sigue siendo la misma de siempre; traviesa, divertida y mía.

***

Ambos terminamos de desayunar hace un par de minutos. La ducha nos dejó relajados. ___ estaba un poco dolorida, pero me aseguró tres veces mínimo que era normal y que se le pasaría.

- ¿Qué haremos hoy? –me pregunta la chica bonita de cabellos claros desde el baño. Se está maquillando.
- Lo que tú quieras –le contesto mientras observo las interacciones de Twitter- Y te he dicho un millón de veces que no hace falta que te maquilles, que estás perfecta así.
- Y yo te he dicho un millón de veces que te subas los pantalones, que tu culo solo lo puedo ver yo.

Río. Siempre me pone el mismo ejemplo como regañina. Sale del baño vistiendo con unos shorts, un chaleco tejano del mismo tono, una camiseta básica de tirantes fucsia y unas botas estilo militares del mismo color que la camiseta ceñida que se abraza a sus curvas. Arregla su cabello y se pone encima la gorra, al mismo tiempo que las gafas con cristales transparentes. {http://www.polyvore.com/cgi/setid=63363478&.locale=es} Elevo una ceja. Vamos más o menos iguales. Yo visto con unos tejanos desgastados, unas Supras negras y una camiseta del mismo color sin mangas. Una gorra oscura con detalles rosas y un colgante con una cruz, al igual que ella. Me sonríe tiernamente y viene hacia mí. Coge mi mano, me guarda el móvil en el bolsillo derecho delantero y coge una mochila pequeña donde mete las llaves de la habitación, la cartera y el móvil. Estamos saliendo del cuarto el cual no nos hemos dignado a recoger. Ya lo hará el personal. Nos subimos al ascensor y aprieta al botón que da a la recepción. Una vez en ella, todas las miradas se posan en nosotros y por un momento pienso que anoche se nos escuchó demasiado y somos tema de conversación para miles de bocas. Pero no, es porque simplemente somos personas conocidas y no todos los días se nos ve en la recepción de su hotel.

- ¿Adónde vamos a ir, shawty? –le pregunto entrelazando mis dedos con los suyos. Me sonríe y calla- Eh, no. Me lo dices.
- Sufre.
- ¿Qué?
- Cuando tú me quieres llevar a sitios nunca me dices cuáles son.
- Porque son sorpresa.
- Imagina que esto lo es.
- O sea, que no es una sorpresa.
- No.
- ¿Sabes adónde me quieres llevar, acaso? –le pregunto. Se ríe. ¿Es como bipolar ahora o qué?
- No.
- ¡___! –la regaño, pero acabo riéndome- Eres tan cría.
- Oh perdón señor cuarentón, padre de familia, viejo barbudo con experiencias en la vida.
- ¿Qué acabas de decir?
- Calla y sígueme, culo respingón –se pone de puntillas y besa mis labios castamente.
- ¿Culo… respingón?
- Ajá –ríe y caminamos por una acera que no está ni muy llena ni muy solitaria.
- ¿Tengo el culo respingón?
- Bieber, tienes más culo que yo –responde- Eso es frustrante.
- No es verdad –miro mi trasero y frunzo el ceño- No es verdad –repito.
- Bieber –me mira seriamente- Te lo digo en serio. Anoche lo pude ver perfectamente. No me lleves la contraria, sé de lo que me hablo.
- Estás tan sexy cuando vas de dominatriz –le comento sonriéndole como un tonto.
- ¡Justin! –sus mejillas ahora están rojas.
- ¿Qué?
- ¿Dominatriz? –me pregunta. Asiento con la cabeza- No digas tonterías.
- No digas tú tonterías sobre mi culo.
- Me gusta tu culo –dice. Yo la miro y alzo una ceja- Sí, es así como achuchable.
- ¿Achuchable? –pregunto mirándola. Me preocupa esta niña, en serio- ¿Mi culo es… abrazable?
- No en el sentido literal de la palabra, Just.
- ¿Entonces cómo?
- No lo sé, yo me entiendo –me río. Es desesperante- Es como… que es blandito. Cuando lo aprietas, da gusto.
- ¡___! –la reprendo. Una anciana pasa por nuestro lado y se nos queda mirando. Por suerte hablamos en inglés y no mucha gente tiene el privilegio de entendernos- Deja estos temas para cuando estemos en el hotel.
- Aw, te ves tan tierno cuando te sonrojas –dice frotando su nariz con la mía, cual beso de esquimal- Ya, mejor caminemos antes de que nos dé una insolación.

Me quedo parado en la acera y río viendo como ella camina con prisas. Niego con la cabeza y vuelvo a seguirle el ritmo, agarrando su mano de nuevo y entrelazando los dedos. Ella me sonríe, caminamos un par de manzanas más y estamos sentados en una heladería bastante llena. Constantes miradas se ciernan sobre nosotros, mas decidimos ignorarlas. Actuamos como una pareja normal; lo que somos, vaya. Reímos, tonteamos, nos picamos pero al instante nos disculpamos, y comemos de nuestro rico helado. Más tarde, salimos a comer. Y tenemos que hacerlo rápido, pues debemos regresar al hotel para vestirnos e ir a la playa privada donde se celebrará la boda de mis amigos.

***

- ___ va, sal ahora –le digo aporreando la puerta por tercera vez. “Que sí pesado, que ya salgo. Un momento”, obtengo como respuesta- ¡Me mearé encima!

Y en eso, ella abre la puerta saliendo así http://www.polyvore.com/257_nlyg_150/set?id=71819957. Sus manos sujetaban un maletín con pinturas. Me mira de reojo y frunce el ceño, no le gusta que le echen prisas, pero no puedo aguantar más. Beso su mejilla para que no se enfade y hago mis cosas en el baño. Cuando salgo, ella se está poniendo los zapatos, que por cierto son demasiado altos.

- ¿No andarás molesta con esos quince centímetros de más? –le pregunto agachándome en frente de ella y tomando el derecho para ponérselo- Se ven realmente…
- No, estaré bien –dice sonriéndome. Qué rápido se le pasan los enfados- Gracias –agradece por haberle puesto los zapatos cual princesa; lo que es, vaya.
- No hay de qué –se levanta y por un centímetro de más, casi es más alta que yo- Vas preciosa.

Luce una cola de caballo alta, dejando que sus pendientes destaquen. Los ojos los tiene maquillados con un negro y azul marino difuminados, haciendo resaltar sus verdes ojos. Los labios los tiene de un color rojo pasión que dan ganas de besarlo a rato sí y a rato también. Yo, en cambio, visto con unos tejanos, una camisa y una chaqueta de traje blanca. Cabello revuelto y gorra del mismo color que la chaqueta, pero colocada al revés.

- ¿Te veré algún día con smooking? –pregunta poniéndome bien el cuello de la chaqueta. Yo río- Hablo en serio.
- Me viste hace poco con uno –le recuerdo. Ella frunce el ceño y finalmente se rinde al recuerdo.
- Oh, sí, me acuerdo –ríe- Pero te quiero ver más seguido.
- Como mande –digo cogiendo su mano- Vámonos ya, el taxi nos espera abajo.
- Está bien –acepta.

Cogemos nuestras cosas y salimos de la habitación, la cual está un poco patas arriba. ¿Pero qué más da? Ya lo recogeremos nosotros después. O directamente que lo hagan los empleados, que para eso les pagan. Llegamos al living del hotel y un recepcionista le advierte a mi novia –sí, solo a ella, porque es la que habla español- que el taxi está fuera y que algunos paparazzis nos esperan en la puerta. Asentimos y nada más poner un pie en el exterior, los flashes nos reciben. El taxista baja de su auto y nos ayuda a librarnos de los cámaras. Una vez en el coche, nos lleva hacia la playa donde se celebrará la boda de mis amigos. El ambiente es tranquilo, cálido y a la vez refrescante. Ya hay mucha gente esperando a que la ceremonia empiece. Nos saludan, saludamos y ___ y yo pasamos algo de tiempo solos hasta que nos avisan de que la boda está a punto de empezar. Elyssa me sonríe mientras camina hacia el “altar”, que no es más que una tarima con un arco de flores. Matt está ahí esperándola con cara de enamorado. Y en eso miro a ___, la cual contempla el beso final con admiración. “Algún día podremos ser tú y yo”, le susurro en el oído, haciéndole sonrojar. Luego llega la típica parte donde la novia tira el ramo de espaldas. Y no le cae a su hermana, como normalmente suelen pasar en las películas, o a la abuela, que se ríe divertida. Sino a ___. La gente suelta un par de carcajadas y ella se une pero con las mejillas rojas. Tan bonita mi niña. La abrazo por la espalda y ella sujeta el ramo con fuerza mientras presiona sus labios en mi mejilla, notando en mi piel una sonrisa por su parte mientras me besa. La fiesta, en una casa privada que han alquilado también en la playa, es lo mejor de la boda.

- ¡Chicos, foto! –nos dice el fotógrafo a mí y a ___. Posamos para él y nos ciega el flash por unos segundos- Salís guapísimos. Colgaré las fotos en mi página de Facebook, en las tarjetas sale el link.

Y ___ saca del bolsillo de mi chaqueta la tarjeta que nos han dado junto al recordatorio de la boda. La música suena y empezamos a movernos. Sus piernas, bronceadas y largas están completamente descubiertas por el magnífico vestido que lleva puesto.

- ¿Te lo estás pasando bien? –le pregunto cogiendo sus manos y haciéndola girar.
- Me lo estoy pasando genial –baila de espaldas a mí y luego vuelvo a darle un giro sobre ella misma para que quede cara a mí- ¿Sabes? Siento cierta envidia por la novia.
- Es guapa, pero tú lo eres más –y beso sus labios rápidamente, haciéndole sonreír.
- No me refiero a eso, idiota –mira a Elyssa por encima de mi hombro y sonríe otra vez- Sino que, yo querría estar en su lugar.

Dejo de bailar por un momento.

- ¿Te gustaría casarte con Matt? –pregunto con los ojos abiertos.
- No con Matt –responde riendo con tranquilidad mientras rodea mi cuello con sus brazos y menea sus caderas- Sino contigo.
- Ya, arréglalo –pongo morros y abrazo su cintura. Ella me besa.
- Desde pequeña llevo soñando con el día de mi boda –comenta sonriendo, pero no está aquí, sino en otro mundo.
- Casémonos –le propongo.
- Ahora no –dice haciendo una mueca- Pero propónmelo dentro de unos años y seguro que te digo que sí.
- Eso espero señora Bieber –bromeo haciéndola girar de nuevo, pero esta vez con más rapidez. Otra vez está de espaldas a mí, pero sigo sujetando su brazo, el cual cruza su pecho. Gira su rostro y nuestros labios quedan muy, muy cerca- Te quiero.
- Yo también, Justin –contesta para después besarme.


| En Atlanta |

___ y yo acabamos de llegar a nuestra ciudad. Pasamos el fin de semana en México, obviamente. Y la verdad es que las dos últimas noches fueron lo mejor de todo el viaje. No sé si me explico. El aeropuerto estaba lleno de fans queriéndonos recibir, pero gracias a Kenny, Julia y mi madre, logramos salir vivos de ahí. Ya en el coche, empiezan a lanzarnos una serie de preguntas. Oigo como la amiga de mi novia le susurra algo en el oído y ésta tiñe sus mejillas de rosa palo. Entonces adivino qué es lo que le ha dicho.

- Me alegro tanto de veros, chicos –dice mi madre sonriéndonos por el espejo retrovisor- Os hemos echado de menos.
- Habla por ti, Pattie –bromea Julia. Porque está bromeando, ¿verdad?- Por cierto ___, pero que estés preparada, porque a partir de la semana que viene estarás a saco con el curro.
- Bienvenida a casa –se murmura a sí misma mi novia mientras ríe. Nos unimos a las risas y seguimos hablando- Por cierto Melona, espero que hayas cuidado bien de Hope y Pelvin.
- Por supuesto –dice sonriendo.
- Mamá ha sido la que los ha cuidado, ¿verdad?
- Yo les puse de comer anoche -___ arquea una ceja- Oye, tengo vida social, ¿sabes? No puedo estar todo el día pendiente de tus mascotas.
- Recuérdame que encierre a Hope en tu armario –dice mi novia.
- Y una mierda, la última vez me rajó los pitillos rojos que me había comprado hace poco.
- Por eso lo digo.

Cuando llegamos al barrio donde se encuentran nuestras residencias, yo me voy a casa con mamá y Kenny y Julia y ___ se van a la suya. Luego hemos quedado para irnos todos juntos –inclusive los chicos- a tomar algo fresco, ya que hace tiempo que no quedamos en grupo.


| Narra ___ |

Llego a casa y lo primero que hago es tirar la maleta al suelo para correr e ir a abrazar a Pelvin y Hope, y estos empiezan a chuparme por toda la cara. Los he extrañado muchísimo y al parecer ellos también a mí.

- Eso, y a tu madre ni un simple hola –oigo una voz detrás de mí. Me levanto, dejo a los animales y le sonrío- Si es que, cría cuervos que te sacarán los ojos.
- ¡Mami! –la abrazo y ella me corresponde el gesto riendo. Me besa un par de veces en la cabeza y me sonríe.
- ¿Cómo has estado?
- Genial –le contesto sonriéndole- ¿Thomas no está?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Porque siempre está contigo y no lo veo por aquí.
- Ha ido a ver a su hermana, ha tenido un bebé.
- ¡Oh, la cuñada, mama! –grito zarandeándola del brazo- ¿No vas a ver a tu sobrino?

Mamá me fulmina con la mirada y capto el mensaje. Dejo de hacer la idiota y me libro de su brazo. Le sonrío y le digo que voy arriba a deshacer la maleta y a ducharme. Ya en mi habitación, lo primero que hago es dejar el equipaje en la cama. Busco ropa interior y algo que sea cómodo de llevar. Cojo las prendas y me meto en el baño a darme una larga y relajante ducha. Cuando salgo, tengo tres perdidas de Susan, la secretaria que se encarga de pasar llamadas de la fundación que hace meses inauguré. Con la toalla aún rodeando mi cuerpo, marco el número y espero a que conteste.

#Llamada telefónica#
- Susan Coleman, secretaria de FAM, ¿en qué puedo servirle?
- Susan, soy yo, ___. Acabo de ver tus perdidas, antes estaba en el baño.
- ¡Oh, ___! Tengo un caso que informarte.
- Cuéntame.
- Verás, se trata de Tobby, un pastor alemán de un año y medio que han dejado en la puerta de las oficinas una pareja mayor.
- ¿Y qué sucede con eso?
- Ahora voy –contesta- Adam y Lana vieron como sus vecinos, de unos veintitantos años, maltrataban al animal desde ya hace varios meses. Hoy se han atrevido a denunciar en nuestra compañía a estos maltratadores y nos han dejado al pobre animal que presenta heridas graves.
- ¿Heridas graves? ¿Qué le han hecho?
- Le pegaban palizas, tantas, que tiene dos costillas rotas y una pata fracturada. También se pueden observar quemaduras de primer grado por toda la zona del lomo y algunos dientes rotos.
- Por Dios –murmuro sorprendida, con una mano en la boca. Por un momento se me ha olvidado respirar del mar cuerpo que llevo encima- ¿Y quiénes son esos desgraciados?
- Son Colin Jones y Alan Sheen.
- Supongo que se pudrirán entre barrotes, ¿no?
- Primero tenemos que organizar el juicio y presentarle las pruebas de la lesión al juez. El pobre animal está bastante herido.
- Curadlo en cuanto antes, yo me pasaré a verlo tan pronto como pueda.
- Está bien. Puedo mandarme el expediente de los maltratadores y la ficha médica del animal.
- Sobre el animal, pásame la ficha médica desde que nació hasta la última visita, o sea, cuando llegó a la clínica.
- Muy bien. Entonces, nos vemos, ___.
- Adiós Susan. Y gracias por llamarme. Este caso merece justicia.
- Y qué lo digas. Ya se está enviando por fax la información.
- Gracias de nuevo. Adiós.
- Chao.
#Fin de la llamada telefónica#

Aún en shock me quedé mirando la nada. Es imposible de creer que le hayan hecho tal barbaridad a un pobre animal que no tiene la culpa de nada. Sinceramente, antes preferiría maltratar a una persona que a un perro, gato, cualquier animal, vaya. Alguien llama a la puerta y salgo del mundo en donde estaba.

- Los chicos están abajo, Melona –me dice Julia. Al verme aún con la toalla, se sorprende- Supongo que a Justin le hará ilusión verte así, iré a llamarlo.
- Diles a todos que ahora bajo, tengo algo que enseñaros.
- ¿Los preservativos que usasteis las tres noches en el hotel de México? –yo la fulmino con la mirada- Porque usasteis preservativo, ¿verdad?
- ¿Qué te hace pensar que nosotros dos… ya sabes, eso?
- Pf, Melona por el amor de Dios, te vas tres días con tu novio a un hotel de cinco estrellas, sin padres, sin guarda espaldas, sin fans… yo es que no habría salido de la habitación.
- Bueno, después hablamos sobre eso. Ahora ves abajo y dile eso a los chicos. Es muy importante.
- Está bien, está bien.

Se va y me deja sola. Me pongo la ropa que he preparado antes y recojo mi cabello en un moño suelto. Ordeno un poco la habitación y voy hacia la habitación de mamá, donde tiene el ordenador de mesa, la impresora y, lo más importante ahora, el fax. En él hay un par de hojas. Lo que me ha mandado Susan. Cuando salgo de la habitación con los papeles entre las manos, me topo con mi madre.

- ¿Qué llevas ahí? Los chicos te están esperando abajo.
- Lo sé, es sobre la FAM –en saber de la fundación, ella se sorprende- Ven.

Me sigue hasta abajo, donde mis amigos esperan. Caroline está en el regazo de Christian jugando con su teléfono móvil, Caitlin habla con Justin y veo como carcajaean; Julia, Chaz y Christian hablan entre sí y de vez en cuando, Carol interrumpe la conversación con gritos enfadados sobre ‘el Pou, que se me muere. Christian, ¿no le das de comer?’. Cuando llegamos mamá y yo, estos callan. Justin me mira y veo un brillo diferente en sus ojos. Desde la noche del viernes, está diferente. Más cariñoso, más monoso y más confiado. Y ya es decir, porque siempre ha sido confiado conmigo.

- ¡Mírala, si es la chica destaco-más-que-la-novia-con-mi-super-vestido-que-le-dejaré-a-Caitlin! –contesta Beadles. Me río por su comentario
- Caroline, el móvil –le dice su novio. Ella se niega- Carol que me gastas la batería y no tengo batería para cuando me llama mi madre.
- ¡El Pou es como nuestro hijo y se está muriendo! ¿Qué clase de padre eres? –me siento al lado de mi novio y mamá hace lo mismo.
- Carol, calla –le obliga Julia dándole un codazo en la teta.
- Pero serás bestia, niña –se queja sobándosela.
- Bueno, callaos ya –pide Justin- ¿Qué pasa, ___?
- Susan ha llamado informándome sobre una denuncia de maltrato animal –empiezan a comentar cosas en voz alta. Julia lo primero que hace es insultarlos, mamá me pregunta cosas que no logro escuchar- Pero dejadme terminar, cabestros. La pareja que ha denunciado el caso es vecina de los maltratadores y lleva viendo como pegan al animal desde hace meses.
- ¿Y hasta ahora no se han atrevido a denunciar? –pregunta Christian frunciendo el ceño- Menudos idiotas.
- Pero al menos lo han hecho ahora. Tobby, el pastor alemán, sufre palizas desde cachorro. Tiene dos costillas rotas, una pata fracturada y quemaduras de primer grado por toda la zona del lomo.
- ¿Quemaduras de primer grado? –pregunta Julia chillando- ¿Dónde viven? Dime donde viven que me los cargo.
- Cálmate, alma de cántaro –le dice Chaz cogiendo a su novia de la cintura para sentarla de nuevo en el sofá.
- ¿Y quiénes son? –pregunta Justin- Los que pegaban al animal, digo.

Miro el informe, ya que no me acordaba de sus nombres.

- Colin Jones y Alan Sheen. Los dos drogadictos y con una deuda de más de tres mil dólares en el banco. La denuncia se ha presentado a las diez y media de la mañana. Los chicos están haciendo todo lo posible por encontrar a esos malnacidos y pronto se celebrará el juicio.
- ¿Y qué hay de Tobby?
- Lo están cuidando. Es obvio que no íbamos a dejarlo.
- ¿Y cómo ha conseguido la pareja mayor, llevar al animal? –pregunta Julia frunciendo el ceño.
- Pues… –miro de nuevo el informe-, aquí dice que Jones y Sheen habían salido de casa, dejando a Tobby solo. Así que aprovecharon y lo sacaron de ahí y lo llevaron a la clínica.
- ¿Qué crees que pasará con ellos? –Christian me mira.
- Pues que acabarán o con una multaza de la hostia o entre rejas. Aunque creo que es más probable al segunda opción. Si no tienen dinero para cubrir los gastos del banco, dudo mucho que paguen una sentencia por maltratar a su animal.
- No entiendo como la gente tiene mascotas si luego las van a tratar mal –dice Caitlin negando con la cabeza.
- Hay gente muy enferma, Cait –le responde Justin poniendo una mano sobre su hombro.
- ¿Y tú puedes hacer algo, hija? –me pregunta mamá.
- Iré a ver al animal. Además, hace tiempo que no me paso por ahí para ver cómo van las cosas.
- ¿Cuándo irás? –esta vez es Justin el interesado.
- No lo sé, porque seguro que esta semana tendré muchísimo trabajo.
- Podría ir por ti –propone Julia.
- No, quiero ir yo. Gracias –le sonrío a mi Melona- Ahora, vayamos a tomar algo. Aprovechemos las vacaciones de verano, que son muy cortas.

Dejo los papeles en una carpeta que mamá me da y subo a la habitación para guardarla y de paso coger mis cosas. Cuando ya las tengo, bajo de nuevo, me despido de mamá y con los chicos me voy a dar una vuelta.

***

- Vale, detalles –pide Caroline sentándose en mi cama de piernas cruzadas.
- Y no te saltes ni una coma –exige Caitlin, haciéndose un moño alto y sentándose al lado de Carol.
- Bueno, vale –asiento yo, apoyada en la pared.
- ¡Y no te dejes nada! –chilla Julia, dejando el móvil en la mesita de noche.
- ¿Os queréis callar? –ellas asintieron- A ver. Llegamos a México, fuimos al hotel, tan normal y eso. Después nos fuimos a la playa y estuvimos ahí un buen rato. Por la noche, Justin y yo fuimos a cenar.
- Oh Señor –musita Carol. La fulmino con la mirada.
- Y después de cenar, pues nos volvimos al hotel. Ya en el ascensor lo noté un poco raro. Así que bueno, cuando entramos en la habitación… empezamos a besarnos y acabamos, pues, eso. Ya sabéis.
- Se va a México con virginidad y vuelve sin ella –bromea Julia, contagiándome las carcajadas como al resto de mis amigas.
- Pero fue precioso –comento sonriendo como una estúpida.
- ¿Y duele? –pregunta Caroline frunciendo el ceño.
- Solo al principio, pero es normal, estás nerviosa y eso hace que te tenses –le explico- Y si te tensas, las paredes de la vagina se contraen e impiden que el pene entre bien y…
- Ya, demasiada información –dice poniendo las manos en alto para que parase.
- ¿Cómo sabes tú tanto?
- Tiene una parte sexóloga queriendo salir del armario –responde Julia por mí.
- Hará unos años quería ser eso, sexóloga.
- Es una carrera, al fin y al cabo.
- Cuando se lo dijo a su madre –Julia no acaba la frase porque empieza a reírse- Su cara fue lo mejor del mundo, chicas. En serio.
- Me veo el percal montado en su casa –le sigue el rollo Carol.
- ¿Le dijiste a tu madre que querías ser sexóloga? –pregunta Caitlin. Yo asiento- ¿Y ella qué dijo?
- Bueno, me contestó que mejor que siguiera soñando con ser cantante. Al menos lo apoyaba más que lo de estudiar sexología.
- Y ya no te hace falta estudiar eso porque ya eres cantante –me dice Carol dándome un codazo en las costillas- Por cierto, a los próximos premios me invitas a mí.
- Claro –acepto.
- Oíd, ¿Cuándo pase la semana de curro intenso, querréis acompañarme a ver a Tobby y al resto de animales?
- Vale –asienten- Pero, están las oficinas y luego las clínicas, ¿verdad?
- Sí, son edificios diferentes, pero están en la misma zona –les contesto- ¿Sabéis que Miley colabora conmigo en la fundación?
- Lo leí en su Twitter el otro día –comenta Julia emocionada- Oye, ¿sabéis cuando se estrena ‘So Undercover’?
- Ni idea –responde Caitlin.
- Yo quiero ver Los Juegos del Hambre –Carol empieza a mover las manos cual fangirl y reímos- Me leí los libros y, pf, me encantan.
- No debe faltar mucho para que la estrenen –le digo rascándome la cabeza. Y en eso, bostezo.
- Ah ___, ¿después de haberlo hecho aquella noche, seguisteis intentándolo el resto del fin de semana? –pregunta Carol sonriéndome torcidamente.

Mis mejillas se sonrojan y todas empiezan a reírse y a aplaudir. Julia se tapa la cara con un cojín, prácticamente le está dando un ataque. Caitlin se aprieta el puente de la nariz con el dedo índice y pulgar y sus carcajadas empiezan a transformarse en una risa semblante a la de un cerdo. Carol, directamente, está en el suelo retorciéndose.

- ¡Bieber es un Dios del sexo! –ríe Carol.
- ¿Que Bieber qué? –pregunta mamá, que acababa de pasar por mi habitación.
- ¡Que debe de haber sido un secuestro! –miento levantándome de la cama con aire de indignada- Hace tiempo que no veo a Lilian. La deben de haber secuestrado.
- Ya…, seguro –asiente no muy confusa.
- ¿Un secuestro? –pregunta Caitlin cuando la puerta de mi habitación es cerrada por mi madre.
- ¿Lilian? –Julia enarca una ceja.
- Lilian es un nombre feísimo –miramos a Caroline- O sea, es la peor excusa que he oído en mi vida.
- ¿Qué queréis que le dijera? Mira mamá, es que, verás, tu hija de dieciséis años ha perdido la virginidad con su novio a escondidas en un hotel que está a tomar por culo de Atlanta.
- Mis padres no se lo tomaron mal cuando le dije que había hecho el amor por primera vez con Chaz.
- Porque tu madre se lo olía –digo encogiéndome de hombros.
- Al tema –pide Caitlin- Que lo seguisteis practicando, ¿no?
- Bueno, el sábado estaba un poco dolorida, pero por la tarde ya se me había pasado.
- ¡O sea que lo intentaste por la mañana! –grita Carol. Le tapo la boca- Lo volvisteis a intentar la mañana siguiente a la noche salvaje.
- Por el amor de Dios, Carol, no chilles –le pido- ¿Y qué queréis? Nos duchamos juntos, empezó a besarme y pues… acabamos al tema.
- ¡Qué guarrilla! –exclama Caitlin tirándose de espaldas en la cama.
- Es normal, chicas –dice Julia con tono comprensivo- Llevan un año saliendo juntos, tienen las hormonas alteradas…, aparte, habían tenido oportunidades anteriormente pero siempre le interrumpían.
- Siempre, siempre –digo cerrando los ojos con frustración- Y eso a Justin le mosqueaba un montón.
- Me lo imagino –comenta Caroline negando con la cabeza. Nosotras la miramos mal- O sea, me lo imagino, pero no sé lo que se siente porque yo aún no he llegado a esa situación.
- Ya claro, te doy dos meses –le digo alzando mis dos dedos- Dos mesecitos para que Beadles y tú estéis haciendo hijos.

Ella se tapa la cara sonrojada y las chicas y yo reímos. Seguimos hablando de diferentes temas hasta que, a eso de las cuatro de la mañana, nos da el venazo y decidimos ir a buscar el colchón de Julia para ponerlo en el suelo. Caroline y Caitlin duermen juntas en la cama improvisada y Julia y yo dormimos en mi cama. A la mañana siguiente, más bien a la tarde, despierto por culpa del tono de llamada de mi teléfono.

#Llamada telefónica #
- ¿Ah?
- ¡Un zombie! –alguien chilla.
- ¿Ah?
- ¡Dios mío Justin, tu novia se ha convertido en un zombie! –y reconozco en seguida la voz de Alfredo Flores- Buenos tardes princesa –bromea poniendo voz de galán.
- Pásame a Justin, idiota.
- No está –responde. Frunzo el ceño y me incorporo en la cama. Julia aún duerme a mi lado y al notar que me he movido, se queja mediante un gruñido.
- ¿Y para qué me llamas? –le pregunto- Tengo sueño.
- Lo sé. Justin me dijo antes de que empezara la entrevista que a las dos te llamara para despertarte.
- ¿Y por qué?
- Pues porque anoche hiciste jaleo con las locas de tus amigas hasta las tanta de la mañana y él no pudo dormir, y como venganza, pues quiere despertarte.
- Y tú le haces caso.
- Me invita luego a comer.
- Chantaje, Fredo, eso es chantaje.

- ¿Quieres callarte? –me pide Julia- Aquí hay gente que intenta dormir.
- Eso.
- Pues os despertáis, que ya es muy tarde.
- Solo son las tres –gruñe Caitlin.
- Que os levantéis.
- ¡Que te calles! –Julia me empuja y caigo al suelo.

- ¿Te atacan las zombies? –pregunta Alfredo.
- Sí –las fulmino con la mirada y me levanto del suelo para ir hacia el balcón. El sol se filtra por mis poros y calienta mi piel. Observo el jardín y me doy cuenta de que en él están Thomas, mamá y Pelvin jugando. Ellos alzan la vista y me ven, me saludan con la mano y yo hago lo mismo pero con un casto movimiento de cabeza. Me doy cuenta de mi pijama. Una simple camiseta de tirantes. Me suda un ovario izquierdo- Bueno Fredo, voy a ir a ducharme y así despejarme. Un beso.
- Entonces he cumplido mi misión.
- Ajá –asiento aunque no me pueda ver- Y dile a Justin que cuando salga, me llame.
- ¿Estás disgustada con él? –pregunta con un tono culpable.
- No, pero quiero hablar con mi novio. ¿No puedo?
- Sí, sí. Claro que puedes. Cuando salga le digo que te llame.
- Gracias. Adiós, Fredo.
- Chao ___, besos a las chicas y a tu mamá.
#Fin de la llamada telefónica#

Me apoyo en la barandilla y resguardo la cabeza entre los brazos. La fría barra metálica refresca mi frente. Pero más me refresca el agua que me acaban de tirar en toda la espalda. Suelto un grito ahogado llamando la atención de mi madre y Thomas. Me giro y veo a las chicas reírse. Julia es la que sostiene el vaso de cristal vacío, pero al ver mi fulminante mirada, se lo da a Caitlin. Esta se lo pasa a Carol y la última, nerviosa y sin saber qué hacer. Se acerca a mí con una sonrisa y con delicadeza lo deja entre mis manos.

- Ehm, ¿buenos días princesa?
- Corred, putas –digo dejando dos segundos de separación entre cada palabra.

Empiezan a correr por toda la casa hasta finalmente llegar al jardín, donde aún sigue mi madre con su pareja, el cual me mira algo sorprendido. Quizá aún no se ha hecho a la idea de que su novia tiene una hija famosa, loca e ida de la cabeza. Persigo a las chicas por todo el terreno, uniendo a Pelvin en la persecución. Este se enreda con mis piernas y me hace caer al suelo. Las chicas ríen y me levanto más enfadada hasta que, finalmente, y no me preguntéis cómo, caemos las cuatro al jardín, salpicando a los adultos y echando a fuera una gran oleada de agua. Salimos a la superficie riéndonos, salpicándonos y sobre todo, refrescadas. Hoy hace mucha, mucho calor y un chapuzón matutino nunca sienta mal.

___________

Matadme si queréis, lo comprenderé a la perfección. Llevo siglos sin subir de esta novela, pero es que, tengo mis razones. ¿No os pasa que cuando os exprimís muchísimo en un capítulo, para el siguiente no tenéis inspiración ni para poner el título? Pues a mí es lo que me ha pasado. Me he tirado un montón de días para terminarlo finalmente. Un día hacia dos líneas, otra me inspiraba más y hacia dos páginas, otro cuatro, alomejor me tiraba uno o dos días sin hacer nada, y hoy, cuando me he dado cuenta que no os he subido nada desde hace un tiempo, he empezado a escribir como una energúmena. Así que entenderé perfectamente si el capítulo os parece una puta mierda pinchada en un palo. 

En fin delfín Serafin, retuitead el tweet y comentad qué os ha parecido todo. Acepto cualquier crítica siempre que sea valorada con respeto y valoración hacia mi trabajo, ya lo sabéis. Un beso a todas, sois lo mejor. ¡Chao! ♥

4 de febrero de 2013

Never let you go. {149}



- Tened cuidado, ¿vale? –repite mi madre por segunda vez- Y llamáis si pasa algo.
- Sí, mamá –pongo los ojos en blanco pero luego río- No te preocupes, estaremos bien.
- Cuidaré de ___, ya sabe que no le dejaré hacer cosas raras.
- Quizá el que quiera hacer cosas raras eres tú -¿doble sentido, mamá? Ya lo creo. Mis mejillas se tornan rosadas y cojo la pesada maleta.
- Perderemos el avión –digo intentando olvidar el anterior comentario de mi madre- Nos vemos el lunes, mamá.
- Cuídate –corresponde al abrazo y luego hace lo mismo con Justin- Cuida de mi pequeña, Justin.
- Lo haré, ___ (tu madre).
- Bien, vámonos –dice Kenny, que espera apoyado en la puerta de la camioneta.

Nos despedimos de Pattie, la cual nos vuelve a repetir que tengamos cuidado y que llamemos a cada hora. Lo veo difícil, pero asiento de todas formas. Abrazo a Julia y me susurra una burrada en el oído. Chaz me pregunta en voz baja si llevo anticonceptivos y le pego. Siempre tan oportuno. Entonces, una vez que nos despedimos de todos, nos montamos al coche y éste arranca dirección al aeropuerto.

Cuando llegamos, hacemos todo el papeleo y nos despedimos también de Kenny. Sí, iremos completamente solos. Solos, me repite esa molesta y aguda voz que me burla siempre. Justin coge mi mano y nos subimos al avión. Está casi lleno. Recibimos miradas de todo el mundo y nos sentamos en nuestros sitios. Uno al lado del otro, como tiene que ser.

- ¿Nerviosa? –pregunta estrechando mi mano.
- ¿Por qué tendría que estarlo? –y caigo en la perversión de sus ojos. Decido ignorarlo y sonrío- México tiene que tener unas playas preciosas.
- Las tiene –me asegura- Aunque el hotel tiene piscina.
- ¿Qué sería de un hotel si no la tuviera? –pregunto retóricamente y ríe.
- Un motel de mala muerte –responde. Besa mi mano y la ahueca en su mejilla- Disfrutemos de este fin de semana, ¿sí?
- Cero estrés –me digo a mí misma. Él asiente con la cabeza.
- Seremos como una pareja normal, ¿de acuerdo?
- Una pareja normal que será reconocida por cualquier sitio al que vaya.

Él ríe. El avión avisa de que vamos a despegar y que tenemos que ponernos los cinturones. Obedecemos y seguimos hablando.

- La boda de Elisa y Matt será en la playa –me recuerda- Espero que hayas acertado con el vestido.
- He acertado, no te preocupes –le digo sonriendo.
- No estaría preocupado si alguien me lo hubiese dejado ver.
- Sorpresa.
- No imagino cómo tendrá que estar tu marido el día de vuestra boda –pero hace una mueca y ríe- Aunque sí, lo sé.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque yo seré ese –ríe y besa mi boca- ¿Verdad que sí?
- Oh, por supuesto.
- Bien, Sra. Bieber –me besa de nuevo, pero esta vez en la mejilla- Puedes dormir, tienes cara de estar cansada.
- No, no tengo sueño –le miento, pero un bostezo me delata y ríe- Aunque podría cerrar los ojos por unas horas.

Él me sonríe y deja que me apoye en su hombro. Y finalmente, me duermo sintiendo la respiración de mi novio sobre mi cabeza y su olor aturdiendo mis cinco sentidos.

***

- ¿Sabes? Me alegro de tener una novia española –le sonrío- Es bueno no tener que ir buscando traductores con piernas.
- Sí, bueno –asiento. Dejo la maleta a un lado de la habitación. Es grande, espaciosa, con vistas al mar. Y con una cama de matrimonio bastante… ancha. Mi subconsciente me sonríe y borro esa pícara sonrisa de mi mente- Qué bonita.
- ¿Verdad que sí? –dice Justin. Se pone detrás de mí y me abraza, apoyando la cabeza en mi hombro. Me giro y tengo sus labios relativamente cerca de los míos- ¿Qué te apetece hacer?
- No lo sé –dudo- Tú conoces más el lugar que yo. Guíame.
- Podemos ver la tele –muerde el lóbulo de mi oreja. Ya, ver la tele.
- O ir a la playa –me giro y le planto cara. Él sonríe y asiente.
- Pues a la playa –dice besando mis labios rápidamente.

Sonrío como una niña pequeña y me giro para coger la maleta y buscar el bikini. Él hace lo mismo con la suya. Cojo el primero que veo y algo de ropa cómoda para llevármela ya puesta. Y cuando me giro, me topo con el blanco trasero de mi novio.

- Hay lavabo, ¿sabes? –le informo. Se termina de poner el bañador y me mira sonriendo como un niño que acaba de hacer una de las suyas y nadie le ha pillado.
- Te gusta ver mi luna.
- ¿Mi luna? –pregunto.
- Es una forma vulgar de decir ‘culo’.
- Oh –asiento. Solo te falta ver su sol dice mi subconsciente riéndose- Bueno, ya puedo dormir tranquila. Hoy he aprendido algo.
- Bieber multiusos –dice guiñándome un ojo. Río.
- ¿Multiusos? ¿Qué más cosas haces? –le pregunto.

Se va acercando lentamente a mí, de brazos cruzados y con el cabello totalmente alborotado. Ataca, ___, ataca. ¡Calla! Le obligo a mi voz interna.

- Sé cantar, bailar, tocar varios instrumentos, jugar a básquet, beisbol, fútbol y enseñarle a mi novia palabras nuevas –sonríe con triunfo.
- Te falta una.
- Ah bueno, sé volver a todas las chicas locas con solo mojar mis labios –alzo una ceja.
- No –paso por su lado y él me mira. Le pego en el hombro y se queja- Echarte flores, creído.
- Oye –se queja tomándome de la cintura- Quieres a este creído y lo sabes.
- Deja que me ponga el bikini, Bieber.
- Póntelo.
- Hablo en serio.
- Yo también –ríe.
- Eres idiota –besa mis labios- Muy idiota –de nuevo me da otro pico- Deja –otro- de hacer –y otro más- eso –se detiene. Lo miro por un segundo. Sonríe seductoramente y vuelve a besarme- ¡Justin!
- Es que me tientas –y me besuquea exageradamente, haciéndome reír.
- Va, va –pongo las manos en su cara, concretamente en sus labios para que deje de besarme, pero el muy cerdo me chupa- ¡Justin!
- ¿Qué? –pregunta riendo. Yo me estoy limpiando las manos en sus pantalones y ríe- No seas tonta.
- Iré a cambiarme –digo riendo yo también y cogiendo ropa de la maleta. Me encierro en el baño, me visto y salgo {http://www.polyvore.com/352_nlyg_149/set?id=70114222}. Justin está pendiente de su teléfono móvil y en cuanto oye la puerta cerrarse me mira- Ya podemos irnos.
- Bien –se levanta y guarda el móvil en una pequeña mochila. Mete mis cosas y nos vamos, cogiendo antes las llaves de la habitación.
- Tú eres el guía, recuerda que jamás he visitado México.
- No te preocupes, no nos perderemos –dijo mirándome.

***

- ¡Dos horas! ¡Dos horas hemos tardado en llegar, Justin! –le digo cogiendo las chanclas y dejando mis pies descalzos tocar la caliente arena.
- Lo siento, es que, hacia mucho tiempo que no venía –se excusó rascándose la nuca.
- No te preocupes, no nos perderemos –imité su voz ciento veinte minutos antes- No, menos mal.
- Bueno, lo importante es que ya estamos aquí, ¿no? –cogió mi mano y reí- ¿De qué ríes ahora, eres bipolar?
- Río por no llorar –le contesto. Busco un sitio libre en la playa. Está todo tan lleno que creo que no cabrán ni dos toallas más- Como no flotemos en el aire, no sé dónde nos pondremos.
- Encontraremos algo, no te preocupes –dice tranquilizándome.
- La última vez que dijiste ‘no te preocupes’ acabamos dando vueltas por toda la ciudad.
- Qué exagerada eres –ríe y frunzo el ceño- Enserio tienes un problema de bipolaridad, cariño.
- No lo creo –niego buscando con la mirada un lugar. Y ¡bingo! Encuentro uno- Ven, encontré un sitio libre.

Vamos andando, yo estirando de su brazo hasta el sitio que había visto sin ocupar. Justin asiente con la cabeza al ver el lugar que le he indicado y saca de su mochila y toalla. La extiende y yo le ayudo con la suya. Me quito la camiseta y en cuanto lo hago noto su mirada y la de muchos sobre mí. Doblo la prenda de ropa y hago el mismo procedimiento con el short. Lo guardo todo en la mochila y dejo las chancletas a un lado de estas. Justin ya está sentado en la toalla, mirándome a través de sus gafas de sol oscuras.

- Te ves bien –dice sonriéndome.
- Tú también –digo correspondiéndole a la sonrisa- No podrás bañarte por el tatuaje, ¿verdad?
- No –yo me río- También te quiero, ____.
- No seas tonto –digo pasándome a su toalla y abrazándolo por los hombros. Beso su mejilla sonoramente y él gira la cara para toparme con sus labios. Sonrío en ellos y le sigo el beso- Poco tardabas en besarme.
- Ya sabes, tus labios me tientan –dice y muerde el inferior, haciéndome reír como una tonta después de hacer eso.
- Quiero ir al agua.
- Ves.
- Pero no quiero dejarte solo –sonríe y besa mi frente.
- Ves, te espero aquí.
- ¿Estás seguro? –asiente. Me pongo de pie y me hago un moño alto con la goma que tengo en la muñeca. Camino hacia la orilla, me giro y le lanzo un beso para después tirarme al agua.

***

Pasamos toda la tarde en la playa. Riendo, besándonos, hablando, riendo más, siendo observados por la gente, comiendo, comiéndonos a nosotros…, en fin. pasándonoslo bien, muy bien. Cuando llegamos al hotel lo primero que hacemos es decidir quién se ducha primero jugando a ‘piedra, papel o tijera’, gana él así que se mete en la ducha antes que yo. Mientras, saco las cosas de la mochila y enciendo el móvil, el cual ha estado apagado todo este tiempo sin saber por qué. Veo las llamadas perdidas de mamá y rio. Controladora y preocupada ___ (tu madre). La llamo y en lo que Justin se ducha, le cuento todo lo que hemos hecho de momento. Los Cabos es un lugar precioso, cálido y acogedor. Me despido de mamá no sin antes haberle pedido que mande saludos a todos y que cuide de Hope y Pelvin. Cuelgo y al mismo tiempo que dejo el móvil sobre la mesa, Justin sale del baño con solo una toalla en su cintura. Observo su torso desnudo y de repente olvido cómo respirar. Sonríe y al pasar por mi lado para buscar ropa, besa mi cuello.

- Llamé a mamá –le digo. Él se agacha a buscar unos bóxers, unos pantalones y una camisa- Dice que tengamos cuidado.
- ¿Cuidado en qué? –pregunta mirándome. Yo me encojo de hombros- Dile que no se preocupe, que no llegarás a Atlanta con un bombo.
- ¡Justin! –le pego en el hombro riendo- Vístete rápido que quiero ducharme.
- Usa el baño, me cambiaré aquí.
- ¿Sí? –le pregunto.
- Sí, cabezona –me da un beso en la frente y me meto en el baño. 
Cuando cierro la puerta, veo que la toalla está en el suelo. Subo la mirada hacia sus piernas y finalmente hasta su- Sé que me estás mirando, ___.

Riendo cierro la puerta y me desnudo. Me meto bajo la ducha y dejo que el agua limpie la arena, el sudor y toda clase de suciedad de mi cuerpo. 
Una vez limpia y relajada, salgo del baño tapada por un albornoz. Justin está vestido con unos pitillo negros, unas Supra rojas y una camisa blanca. Habla por teléfono pero en cuanto me ve salir, se despide y cuelga. Me sonríe pervertidamente y frunzo el ceño.

- ¿Con quién hablabas? –pregunto sacando ropa interior de mi maleta.
- Con Scooter –contesta- Me estaba recordando que tengamos cuidado con las fotos que nos pueden sacar y tal.
- Oh –digo.
- ¿Te parece si vamos a cenar fuera? –propone sonriéndome.
- Claro –asiento encogiéndome de hombros al mismo tiempo. Entonces saco de la maleta un vestido que me había llevado para una ocasión como esta- Me vestiré en el baño, ¿vale?
- Intenta no tardar mucho –me inclino hacia él y beso sus labios, pero él rápidamente coge mi cintura y obliga que mi boca se retenga durante mucho más tiempo sobre la suya- Hueles bien.
- Se llama champú, Bieber.
- Qué graciosita, ¿no? –me da un golpe en el culo y sonríe- Mío, que no se te olvide.
- Que sí, pesado –pongo los ojos en blanco y le vuelvo a besar para finalmente irme al baño para vestirme.

Una vez ahí, me visto con las prendas que me había llevado y me peino con algo simple, recojo el flequillo en una horquilla y aplico un poco de maquillaje básico a mi rostro. Me observo en el espejo y asiento conforme con lo que veo { http://www.polyvore.com/cgi/set?id=65052258&.locale=es}. Salgo del lavabo y Justin está como siempre, liado con el teléfono. Aclaro mi garganta y él alza la vista, guardándose el móvil en el bolsillo derecho del pantalón.

- Qué bonita –dice acercándose a mí. Coge mi mano, le da un beso y me hace girar para contemplarme mejor- Muy bonita.
- Gracias –le sonrío agradecida por el cumplido- ¿Nos vamos?
- Sí –coge las llaves y la billetera para finalmente irnos- Iremos en taxi.
- Sin problema –le contesto. Llama al ascensor y cuando las puertas de éste se abren, una familia con una niña de más o menos mi edad, nos observan detenidamente. Entramos y la joven me mira atentamente, al igual que a Justin- Buenas noches –digo en castellano, pues su rasgos latinos me delatan que hablan mi idioma. Justin me sonríe.
- Oh Dios mío mamá, ___ está en el mismo ascensor que nosotros y acaba de decirnos buenas noches.

Suelto una carcajada.

- ¿Cómo te llamas? –le pregunto.
- Sol –sonríe- Somos de Montevideo, pero estamos pasando unas vacaciones aquí en Los Cabos.
- Estuve en Uruguay hará unos meses y la verdad es que es bastante bonito.
- Sí, estuve informada de eso –responde mirándome a mí y a Justin- No entiende nada.
- No –río. Miro a mi novio y él ríe conmigo- Dile algo a Sol, creo que es belieber.
- Hola mi amor –le dice Justin en un perfecto castellano. La chica abre los ojos y empieza a llorar. Sus padres ríen con nosotros y acarician su bonita melena- Uno, dos, tres, cuatro, cinco, cinco, seis.

Empiezo a reírme y contagio las risas a la familia que comparte oxígeno entre estas cuatro puertas metálicas. Justin acaba uniéndose a ellas y finalmente, las puertas se abren.

- Un placer –nos dice la madre de Sol.
- El placer es nuestro –hablo en nombre de Justin- Encantada Sol.

Ella nos abraza y le correspondemos al gesto encantados. Salen, ya que ellos no bajan a recepción si no a una planta en concreto. Caminan por el largo pasillo y Sol de vez en cuando se gira a mirarnos. Las puertas se cierran de nuevo pero esta vez Justin y yo  estamos solos.

- En serio, me siento privilegiado andando contigo –me dice riendo.
- ¿Por qué? –le pregunto del mismo modo.
- Porque hablas castellano, entiendes a todo el mundo. En serio, puedo respirar tranquilo.
- Esta vez no romperás ningún aire acondicionado –le recuerdo.
- La verdad es que lo pasé mal –comenta rascándose la nuca.
- Lo sé –se la acaricio, pero para eso tengo que ponerme de puntitas- Ahora, cuando quieras encenderlo, podrás llamarme a mí y así evitarnos tener que pagar uno.
- Eres lo mejor –besa mis labios y nos separamos cuando las puertas se abren- Andando.

Cruzamos el vestíbulo cogidos de las manos y delante del hotel vemos al taxi aparcado. Nos montamos en él y Justin le indica la dirección del misterioso restaurante al cual me llevará a cenar. En la radio suenan canciones bastante antiguas, pero no le prestamos atención ya que hablamos animadamente de distintas cosas. Cuando el coche es aparcado delante del destino al cual queríamos llegar, Justin le entrega el dinero que le debe y bajamos del taxi. Ahí fuera tan solo hay dos cámaras apuntándonos. Entramos al restaurante y un encargado nos guía hasta la mesa reservada por Justin horas atrás.

-  Cuando venga el camarero, pides tú –dice Justin mirando la carta.
- Sí, sí –asiento riendo- Quizá deberías estudiar español, ya sabes, para no depender tanto de tu novia.
- Me gusta depender de ella –frunzo el ceño- No de la manera en la que piensas.
- Aparte, sería un poco ilógico porque nunca me dejas pagar nada –aprovecho para reprocharle.
- Pago todo porque soy un caballero.
- Y yo una mantenida –me cruzo de brazos y hago morros- No me gusta sentirme así, tengo dinero de sobras para permitirme una cena para ambos.
- Mejor dejemos el tema para luego –dice mirándome seriamente- Y deja de hacer morritos si no quieres que te bese delante de toda esta gente.
- Oh –me siento correctamente en la silla y levanto el menú plastificado que hay a un lado- ¿Qué tomarás?
- Ni idea –responde sin mirarme y encogiéndose de hombros- Es que, todo tiene buena pinta.
- Pues coge un poco de cada –le propongo.
- Bueno, pues haremos eso –dice bajando su carta y mirándome- ¿Agua o vino?
- Bieber, lo que quieres es emborracharme, ¿verdad?
- ¿Para qué piensas que te emborracharía? –pregunta con una sonrisa torcida.
- Tú sabes –le guiño un ojo.
- ___, me gusta que mi mujer esté receptiva y sensible –dice. Abro la boca y ríe- Tendrías que haber visto tu cara.
- ¿Cómo quieres que sea después de lo que acabas de decir? –le pregunto retóricamente y soltando unas carcajadas al mismo tiempo- Bueno, cambai de tema que viene el camarero.
- Oh, sí claro –dice riendo, pero calla cuando un chico de unos veintitantos años viene a atendernos. Justin aprieta la mandíbula cuando nota una exagerada mirada en mí por parte del empleado.
- ¿Qué pedirán? –pregunta con un acento típico en esas tierras.

Le indico lo que queremos mientras va apuntándolo todo.

- Enseguida tendrán sus pedidos –contesta cortésmente.
- Gracias –murmuro cuando se retira.
- No ha dejado de echarte ojitos mientras pedías la comida –me reprende Justin- Y tú tampoco dejabas de mirarle.
- Tenía que ser educada con él, Justin –le indico- Y no hagas una escena de celos ahora, por favor.
- Ya claro, a mi novia la desnudan con la mirada y no puedo decir nada.
- Exagerado –le digo riendo para intentar calmarlo- Sabes que por mucho que me miren, yo te pertenezco.
- Y no lo olvides nunca –le sonrío. Qué posesivo es, por Dios.

Al cabo de un rato estamos cenando los dos mientras nos miramos a los ojos. Las palabras fluyen y las risas se contagian. Roces involuntarios llenan espacios en blanco durante la velada. Y acelerones de corazón por mi parte hacen que delaten mi nerviosismo. ¿Por qué estarlo? Tan solo es una cena con Justin, como muchas veces he hecho desde que llevo saliendo con él. Y entonces caigo que no es por lo que está pasando ahora, sino por lo que puede pasar después. Mis músculos se contraen y el nerviosismo inunda mi cuerpo.

- ¿Estás bien? –me pregunta Justin cuando termina su flan de nata.
- Claro –le digo.
- ¿Te lo vas a comer? –mira el mío, medio acabado. Niego con la cabeza y se lo alcanzo- Genial, porque esto está delicioso.
- Miraré la receta por Internet y cuando lleguemos a Atlanta te cocinaré algunos –le propongo mientras observo como devora el postre.
- ¿Me cocinarás siempre, ___? –pregunta con la boca llena. Río, en el fondo es un niño pequeño de cinco años.
- Todos los días de mi vida –le contesto sonriendo- Y no hables con la boca llena, cochino.
- Perdón –traga y se limpia la boca con la servilleta- No comiste mucho, ¿seguro que estás bien?
- Estoy bien Justin, no te preocupes –le respondo- Ahora acábate tu flan, estoy algo cansada.
- Voy –dice cogiendo de nuevo la cuchara y hundiéndola en el postre.

Termina de comer y paga la cuenta. Prefiero no mirar cuánto ha salido porque de seguro se lo echaré en cara y acabaremos discutiendo como muchas veces antes. Fuera hay más paparazzis que antes. Supongo que la gente ha ido avisando de que dos famosos estaban cenando en su mismo restaurante y la voz se ha corrido con facilidad hasta la prensa. Nos montamos en el taxi, dejando atrás todos los flashes. El coche nos lleva hasta el hotel, el cual no está muy lejos.

- ¿Te ha gustado la cena, shawty? –me pregunta cuando aprieta el botón con el número cinco del ascensor.
- ¿Y a ti? –él asiente- Has comido como cerdo Justin, es extraño que no te duela la barriga.
- Hacia mucho que no disfrutaba de una cena así, te lo digo en serio.
- La comida aquí es magnífica –él me sonríe.
- Pero tú seguro que estás más buena –y en eso que las puertas se abren, él me alza cuál princesa y me hace chillar de la sorpresa.

Me aferro a su cuello mientras da grandes zanjadas hacia la puerta de nuestra habitación. Con rapidez saca las llaves del bolsillo y las introduce en la cerradura. Abre la puerta y la cierra con un ágil movimiento de pies. Estamos en la habitación. Solos. Y él me está besando ahora mismo. Me deja en el suelo, pero nuestros labios siguen unidos. Su mano derecha está en mi cintura mientras que la izquierda retiene mi rostro contra el suyo. Mi brazo se enreda en su cuello y el restante que tengo libre lucha por descolgar del hombro el bolso y la chaqueta.

- Deja que lo haga por ti –dice en un susurro contra mis labios.

Acaricia mis hombros por dentro de la chaqueta tejana y la libera de estos, dejándola en el suelo, al igual que mi bolso. Sigue besándome, pero de una manera más intensa que cuando lo hizo por primera vez en cuanto pisamos la habitación. Da dos pasos al frente, obligándome a mí a retroceder. Retroceder hacia la cama. Entonces un flash atraviesa mi mente cual relámpago. Él y yo hace unas semanas en el hotel de Los Ángeles, cuando llovía, antes de ser interrumpidos por una llamada telefónica de mis amigas. Jadeo en su boca al recordarlo todo. Él aprueba mi reacción bajando sus manos hacia mi culo, apretándolo levemente y levantándome hacia su cadera, obligándome a enredar las piernas en su cintura. Camina conmigo hacia la cama y me tiende en ella, colocado encima de mí.

- Auch –exclamo cuando me clavo la hebilla de su cinturón en mi vientre.
- ¿Qué pasa?
- La hebilla, me aprieta –le digo.

Él besa mi frente y se quita el cinturón, dejándolo en el suelo. Con dos movimientos se libra de sus zapatos y calcetines, todo al mismo tiempo. Se vuelve a tender sobre mí, aguantando todo su peso con los codos y manteniendo todo contacto visual posible conmigo.

- Te amo ___ ___ -susurra para luego volver a besarme.

Le correspondo al mojado beso enredando los dedos en su suave cabello. Deja una hilera de besos húmedos sobre mi barbilla, mi cuello y el escote de mi vestido, poniendo de punta el vello de la piel que es tocada por sus labios. Sus manos brindan caricias a mis muslos, levantando el vestido lentamente, poniéndome la piel de gallina. La tela no cubre ya el vientre, me lo está quitando. Alzo los brazos para ayudar a que lo haga y lo lanza al suelo, junto el resto de mi ropa. Me mira y sonríe, pero interrumpo ese gesto con un fogoso beso al mismo tiempo que le quito la camisa. Acaricio su pecho mientras éste retiene con sus manos, las caricias sobre su piel. Le beso y él me besa. Le muerdo y él me muerde. Ambos estamos ahora en ropa interior.

- Hagamos el amor, ___ -me dice en el oído. Su voz revela su estado alterado y revolucionado.
- Y lo pides ahora que estamos medio desnudos –le contesto riendo. Él me calla mordiéndome el labio inferior- Hagámoslo Justin.

Me vuelve a besar al mismo tiempo que me alza la cintura con sus brazos, colocándome más hacia las almohadas. Ahora mi cabeza reposa en una de estas. Junta su boca con la mía y baja los tirantes de mi sujetador lentamente, acariciándome la piel con la yema de sus dedos. Mi boca entre abierta está contra la de él al sentir su exquisito contacto, enviando pequeñas descargas eléctricas a todos los músculos de mi cuerpo. Pasa la mano por detrás de mi espalda y libera el bra’, dejando mis pechos al descubierto. Su torso está contra ellos y mis pezones rascan su piel, lo nota porque muerde mi labio al sentir tal contacto. Las caricias ahora han descendido hasta la tela de mis bragas. Me mira y con un asentimiento de cabeza, le indico que puede desnudarme de una vez por todas. Lo hace y voy moviendo las piernas al mismo tiempo que la tela se desliza por mis muslos. Las tira al suelo. Estoy expuesta ante él, totalmente desnuda. Y eso por un momento me avergüenza, haciéndome que cruce mis piernas, tapando mi sexo.

- Me da vergüenza.
- No tendría que dártela –dice. Besa mi frente- Eres perfecta, ___.

Se desprende de sus bóxers y lentamente, con delicadeza y parsimonia, me separa ambas piernas. Lo miro a los ojos y él a mí. Mi cuerpo tiembla ante su contacto, al igual que él ante el mío. Y entonces se agacha, coge sus pantalones y lleva su temblorosa mano hacia el bolsillo donde guarda la cartera. La abre. Hay un preservativo dentro que me dice a gritos ‘ábreme, ____, ábreme’. Vuelve de nuevo conmigo con el plateado envoltorio entre las manos. Él lo abre con cuidado y saca el aceitoso condón.

- Deja, deja que yo haga eso –le digo en voz baja, tomándolo con las manos.

Me mira y brinda a mis labios otro de sus muchos besos. Coloco el condón en la zona requerida y cuando ya está puesto, Justin, con cuidado, se coloca dentro de mí. Cierro los ojos con fuerza, el dolor es horrible. Se mueve una vez y el dolor aumenta. La punzada es horrorosa.

- Lo siento, lo siento –dice besándome repetidas veces- Dime por favor cuándo quieres que pare.
- No te preocupes Justin –murmuro y se vuelve a mover, hacia afuera, luego hacia dentro. Me quejo. Duele. Él para y me mira- Es normal Justin, no te preocupes. En serio, se me pasará.

Sigue con sus movimientos lentos, dolorosos y cuidadosos al mismo tiempo. Me retuerzo entre las sábanas tratando de hacer aliviar el dolor, pero eso sigue. Hasta que por fin, placer. Una ola de espasmos llega hasta mis venas y me hace jadear con fuerza. Justin baja su boca hacia mi cuello y tira de la piel levemente, haciéndome mover bruscamente, arqueando mi cuerpo hacia él. Las embestidas ahora han aumentado el ritmo. No son ni muy rápidas ni muy lentas. Cierro los ojos pero abro la boca, inhalando el aire que por un momento, pienso que se agota.

- ___ -susurra Justin contra mi cuello. Sube sus labios hacia mi garganta y la besa. Mis dedos se enredan en su pelo. Llega a mi boca y la besa, introduciendo su lengua en ella- ___ te amo.

No correspondo a su declaración, el placer tapona todos mis sentidos. Me hace gritar. Me hace… no sé qué es exactamente lo que me hace, pero es algo bueno. Aumenta el ritmo y con él, la velocidad de mis pulsaciones. Noto su corazón latir con rapidez contra mi pecho. Noto su sudor resbalarse contra mi piel.

Algo suena. Un móvil. Él y yo nos miramos, pero lo ignoramos. La música sigue, y sigue. Y no para. Justin, sin dejar de mirarme, extiende un brazo hacia el mueble y quiere apagarlo, pero se le cae al móvil, haciendo que salte la batería. Sonrío y él hace lo mismo, pero pronto me borra la sonrisa con otro de sus largos besos.

- Justin –murmuro contra su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja para reprimir un grito. Él gruñe- Joder Justin.
- ¿Qué? –pregunta asustado, temeroso de haberme hecho daño. ¡Pero no es así!
- Que te amo, no pares.

Voy deslizando las manos por su espalda ancha, clavando de vez en cuando las uñas para reprimir una serie de gritos que alarmarían a todos los huéspedes de las habitación de al lado. Esto es un sinvivir. Ambos sudamos, nos movemos acompasados, gritamos, besamos, mordemos, comemos. Disfrutamos y nos amamos. Ambos estamos unidos, finalmente, en cuerpo y en alma.

***

Justin descansa sobre mi pecho, ahora subiendo, ahora bajando, ahora subiendo y ahora bajando. Acaricio su pelo una y otra vez. Las sábanas nos tapan de cintura para abajo. La habitación es iluminada por la tenue luz de la lamparita que hay en la mesa de noche. Justin deposita un beso en mi hombro. Huele a sudor, actividad física y a Justin. Cierro los ojos, inspiro fuertemente y sonrío.

- ¿___? –pregunta Justin con voz adormilada.
- Ahm –digo. Apenas tengo voz para nada.
- Te amo –dice, haciéndome sonreír de nuevo.
- Te amo más, Biebs.

Besa mi garganta y acaricio su flequillo, el cual estaba pegado en su frente por el sudor. La beso, aún mojada. Y él deja caer de nuevo la cabeza sobre mi pecho, el cual sube y baja, sube y baja, sube… y baja.

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BUEEEEEEEEEEEEEEEENAS MIS DELFINES. ¿QUÉ, QUÉ OS HA PARECIDO EL CAPÍTULO DE HOY, EH? JAJAJAJAJA. No sé por qué, pero mientras lo escribía estaba todo el rato imaginándome vuestra reacción. Espero que sea buena, por cierto. Que me he tirado como dos días escribiéndole. He tenido que llamar a Justin para así representar la escena y que quedara más real a la hora de transcribirla *guiño guiño*. Después como premio a mi sobre esfuerzo y actividad física me dedicó 'Lolly *codazo codazo *lo deja sin aire* *huye haciendo la croqueta*.

Y bueno, pues eso mis delfines Serafines, retuitead el tweet y comentad qué tal os ha parecido. Por cierto, las que me agreguéis en Facebook dejarme un privado diciendo que sois lectoras, que después voy viendo a gente en mi perfil y me quedo en plan 'ola k ase' porque no os conozco. 

Un besazo a todas, os quiero. Y Bieber también JEJE. ¡Chao!