¿Cuántos somos ya?

31 de octubre de 2012

Sorry.


Sé que llevo un par de días ausente y encima no he adelantado nada. También sé que los capítulos se están haciendo aburridos, pues Justin y ___ (tu nombre) apenas se ven, pero por favor, tened paciencia. Mañana, aprovechando que es el cumpleaños de una lectora, subiré capítulo. Y sé que el día dos también cumple años otra seguidora, pero no sé si me dará tiempo a hacer otro capítulo, así que el de mañana también irá dedicado a ella.

Conclusión, que mañana subiré capítulo dedicado a Liza y Fela. Sólo espero que sepáis comprender que a veces no puedo subir por los horarios, castigos o simplemente faltas de inspiración.

Un abrazo enorme.

26 de octubre de 2012

Never let you go. {135}


Tras varias horas de vuelo, llegué a tierras estado unidenses a eso de las dos y media de la tarde. Contaba con la presencia de mi madre y James para venirme a recoger al aeropuerto, pues Julia se había ido ya a Stratford con Chaz y los Beadles se habían ido un fin de semana a Los Ángeles. Busqué mis dos maletas en aquella cinta donde el equipaje de los demás también circulaba y, cuando fui a cogerlas, una mano masculina me lo impedió. Era la de mi guarda espaldas.

- ¡James! –exclamé sonriente.
- ¡Hola, pequeña! –me abrazó fuertemente, levantándome del suelo como unos cinco centímetros.
- ¿Cómo estás? –preguntó soltándome.
- Genial, ¿y tú?
- Echándote de menos –cogió mis maletas y caminamos hacia el exterior, no sin antes haber firmado un par de autógrafos que me pedían- Sube al coche.
- ¿Mamá está dentro? –pregunté. Pero al abrir la puerta del copiloto no encontré a nadie.
- Está… no sé qué está haciendo, la verdad.
- ¿Y yo me quedaré sola en casa qué? –pregunté abrochándome el cinturón.
- No precisamente, Janet quiere que vayas al estudio.

Resoplé.

- Bienvenida al trabajo –dijo entre risas.
- Encima mi Melona está con Chaz en Stratford –hice un puchero.
- La verás en breve.
- Para el 31, falta mucho.
- Tienes a los Beadles –me miró y sonrió.
- No es lo mismo, Julia es prácticamente como mi hermana mayor.
- Podrás centrarte más en los estudios y en componer –dijo mirando a la carretera.
- Echo de menos a Justin.
- Te noto bipolar, ¿a caso estás con el periodo? –preguntó riendo.
- No –admití riendo. Y sí, eso también había sido un poco bipolar.
- Oh, ya lo creo que sí.
- Soy una adolescente; los adolescentes siempre andan con constantes cambios de humor –le expliqué cruzándome de brazos- Por cierto, ¿sabes más o menos cuando tendremos el disco terminado?
- Sabes lo mismo que sé yo, ___ –contestó- Las grabaciones están casi listas, seguro que hoy lo terminas todo. Y bueno, después falta preparar la portada y esas cosas. Ya sabes.
- Sí, ya sé –suspiré- Tengo hambre, ¿después iremos a comer algo?
- Claro.

Aparcó el coche delante del estudio y entramos. Buscamos la habitación de grabación y nos encontramos a Janet y al chico que se encargaba de las mezclas y sonidos. En cuanto James y yo aparecimos, la joven representante me estrechó entre sus brazos como signo de bievenida.

- ___, cielo, qué alegría verte de nuevo –le sonreí del mismo modo en que ella había hecho conmigo.
- Lo mismo digo, Janet.
- Ya se te echaba de menos, ___ –dijo- Extrañabamos tus tonterías en mitad de las grabaciones.

Solté unas carcajadas.

- Bueno, ¿qué querías, Janet?
- Acabar de grabar para empezar esta semana con la carátula del álbum.
- Oh, bueno –sonreí- Empecemos, pues.

***

Después de haber estado ahí metida como tres horas seguidas, decidimos salir a comer algo. Mi estómago y el de todos nos lo pedía. 
Después llamé a Justin, Julia y mamá. Mi novio estaba ensayando para el concierto de la noche siguiente, mi amiga estaba en el coche de los padres de Chaz para ir ya a alojarse. Mamá, en cambio, había salido con Thomas. Y, según ella, esta noche me lo presentaría. Perfecto, antes de ir a buscar a su hija queda con el idiota de su novio.

- Te noto rara, ___ –dijo James conduciendo hacia mi casa.
- No me pasa nada, tranquilo –contesté mirándome las puntas abiertas de mi cabello- Necesito un corte de pelo urgente.
- Quizá podrías ir esta tarde.
- No, estudiaré para mañana y luego… ni idea.
- ¿No era que tu mamá quería presentarte a Thomas? –preguntó para asegurarse.
- Sí, eso creo –me crucé de brazos.
- No pareces ilusionada –dijo mirándome por unos segundos para luego centrarse de nuevo en la carretera.
- La verdad es que últimamente Thomas no me hace mucha gracia –respondí para luego soltar un soplido.
- ¿Y eso por qué? Parece buen hombre según me habla tu madre.
- Al principio me parecía majo. Bueno, ni siquiera lo conocía, pero no sé. Luego, mamá empezó a quedar mucho con él y se despreocupó de mí y de Julia. Y joder, me da rabia.
- Tu madre está rehaciendo su vida, solo es eso, ___ –como si no supiera ya eso- Dale tiempo. Luego podrás estar con ella todo lo que quieras.
- No lo sé, solo espero que ese Thomas no termine robándome a mi madre. Es lo único que me queda.
- No digas eso, tienes a tus amigos, a Justin, a tus fans, al equipo… -me miró justo cuando el semáforo se había puesto de color rojo- Si quieres sigo.
- No me refiero a eso. Sé que tengo muchas personas a mi lado que me quieren y apoyan en todo momento. Pero de familia… el resto está en España.

Alargó el brazo hacia mí y acarició mi melena. James también formaba parte de la pequeña familia que estaba formando aquí, en Atlanta, con tanta ilusión. Le sonreí a duras penas, las lágrimas estaba volviendo borroso todo el campo de visión. La garganta me ardía y lo único que quería era llegar a casa y tumbarme en la cama a desahogarme. Me había acordado de mi familia española y tenía un noséqué en el pecho que me impedía respirar correctamente.

El vehículo quedó estacionado delante de mi casa. Con ayuda de James, saqué las maletas del maletero y las introduje al living de mi hogar. Me despedí de él y cogí mi equipaje para subirlo hasta mi habitación, pero justo cuando alzaba las grandes maletas, las carcajadas de mi madre y las de un hombre hacían eco en la sala. Bajaban las escaleras riendo.

- ¡Hija! –exclamó mamá al verme.

Vino corriendo a mí. Yo, en cambio, me quedé quita esperando su efusivo abrazo. Aún seguía resentida por no haberme venido a buscar.

- ¿Cómo estás?
- Como siempre, supongo –me encogí de hombros.
- Cielo, quiero presentarte a Thomas –me sonrió.

El hombre al que había llamado, se acercó y me dio un beso en la mejilla. Yo, estátil como estaba desde un principio, me lo quedé mirando de piez a cabezas. Sin disimulo alguno. Así, a simple vista, el hombre no era feo; al contrario, era atractivo.

- Encantado de conocerte –me sonrió el novio/amigo/noséqué de mi madre.
- Podría decir lo mismo –pero no lo diría. No me gusta mentir.
- Ohm… bueno –mamá estaba incomoda- Hija, ¿qué te parece si te duchas y nos vamos a tomar algo los tres juntos?
- No me apetece, estoy cansada. Vengo de un viaje de más ocho horas –cogí las maletas y caminé hacia las escaleras- Ve tú con él. Al fin y al cabo, es lo único que has hecho desde que lo conoces –me giré y la miré-; estar con él.

Decidí ignorar la cara que después de mi comentario pondría. Subí las escaleras lo más rápido que pude. Pero era difícil, las maletas pesaban. 
Me encerré en la habitación y dejé el equipaje sobre la cama. Podía oír perfectamente las voces de los dos adultos que aún seguían en el salón. 
De repente unos pasos empezaron a sonar cerca de mi puerta y esta, se abrió de golpe. Mamá parecía malhumorada.

- ¿Se puede saber qué ha sido eso? –preguntó cerrando la puerta y acercándose a mí con los brazos cruzados.
- ¿El qué? –empecé a sacar la ropa.
- Ya sabes de lo que hablo. ¿Por qué has dicho eso?
- ¿Acaso es mentira? –le respondí con otra pregunta sin mirarla.
- ___, eso ha sido una grosería.
- Ha sido una verdad como una casa y eso es lo que te jode –contesté encarándome a ella.

Recibí un manotazo en la cara por su parte. Bajé la mirada rápidamente aguantando las lágrimas de impotencia. Luego, alcé el rostro.

- Desde que conoces a Thomas apenas sabes que existo –me sinceré con ella- Hoy ni siquiera has venido a recogerme al aeropuerto. Te he tenido que llamar yo para que supieras que había llegado a Atlanta, sino, ni te preocupas. Thomas es lo único importante que tienes.

Mamá me miró afligida y me abrazó, mas yo rechacé el cariñoso gesto.

- Lo siento mucho, de verdad –dijo con la voz rota- No sabia que te molestaría tanto.
- ¿Cómo no me va a molestar? Eres lo único que tengo aquí en Atlanta, ¿qué quieres, que me quede sola?
- De verdad que no pensé en que te molestaría eso, hija –fruncí el ceño ante su comentario- Es que, Thomas me gusta tanto que pensé que lo entenderías y…
- Mamá, te entiendo perfectamente. Pero no olvides que tienes una hija que apenas pasa tiempo en casa y, que cuando tiene la suerte de poder descansar unos minutos, lo único que quiere es tener una conversación con su madre –muchas veces había tenido que quedarme sola naa más llegar del instituto o del estudio. Y eso era lo que más me dolía.

Ella suspiró.

- Perdóname, por favor –pidió en medio del llanto, cosa que me hizo llorar a mí.

La abracé esta vez con gusto. Ambas lloramos durante unos minutos y, cuando vimos que ya era suficiente, nos separamos intentando ocultar todo rastro de lágrimas de nuestros rostros.

- Entonces, ¿querrás venir a la cena? Thomas es simpático, te caerá bien.
- Es que mañana tengo un examen y quiero estudiar un poco más –le expliqué.
- Pero no nos vamos ahora, sino más tarde. A eso de las ocho o así.
- Oh –dudé- Bueno, sino vamos a venir muy tarde, de acuerdo.
- No, solo será para decirte una cosa… -sonrió.
- No hace falta ninguna cena para decirme que estás saliendo con él, mamá –enarqué una ceja y reí divertida. Ella, en cambio, se sonrojó- Pero bueno, iré de todas formas.
- Genial, avisaré a Thomas –aceptó sonriente.
- De acuerdo –ella caminó hacia la puerta y se marchó.

***

Había estado repasando durante tres horas, en las cuales paraba veinte minutos para hablar con Julia por Skype, Caroline por WA y stalkear a Justin en Twitter. Cuando mamá subió a la habitación, fue para decirme que empezara a ducharme y a vestirme. Opté por algo así http://www.polyvore.com/287_nlyg_135/set?id=57630648, pues el restaurante no era ni muy informal ni muy formal. Era algo intermedio. Me dejé el cabello suelto y maquillé levemente mis ojos. Me miré al espejo y aprobé con un movimiento de cabeza mi vestuario en general. Guardé el móvil en el bolsillo y bajé las escaleras de dos en dos. Ahí estaban Thomas y mamá, esperándome.

- ¿No habían otros zapatos en el armario? –preguntó mamá con aire reprobatorio.
- Sabes de sobras que me quedan bien –dije entre risas mientras me acercaba a ellos.
- No digo eso, pero es que, ¿no te podrías haber puesto… unos tacones o algo?
- Cualquier madre le habría dicho a su hija que se quitara los tacones para ponerse algo plano.
- Pero yo soy la excpeción. Aparte, eres una figura pública, tienes que cuidar tu imagen.
- Ya va bien vestida así, ___ (tu madre) –me defendió Thomas.
- ¿Ves? –miré a mi madre- Él sí que sabe.
- Bueno, en ese caso, marchémonos ya.

Caminamos hacia la puerta y Thomas la abrió, dándonos paso al exterior a mí y a mamá. Mientras caminábamos hacia el vehículo de Thomas, unas cuantas dudas asaltaron mi cabeza.

- Oye, Thomas –lo llamé. Él me miró y abrió la puerta del copiloto para mamá y el de los asientos traseros para mí. Nos subimos todos y se giró en su asiento para mirarme y así poder hablar de nuevo- ¿Tengo que llamarte papá o qué?

Él soltó una carcajada. Yo hice lo mismo. En cambio, mamá, enrojeció.

- Oye, que es una pregunta importante –dije seriamente, mas ninguno me hizo caso.

Llegamos al restaurante y como siempre, varios paparazis nos esperaban en la puerta. Entramos y pedimos mesa para los tres. Una vez sentados y atendidos empezamos a conversar sobre lo más normal. Giras, trabajos, estudios…, también hablamos sobre la relación entre Justin y yo. Y sobretodo, me aclararon que ellos dos habían empezado una relación a la cual no me negaba. Llegamos a casa, estudié un poco y me quedé dormida. Estaba lista para el examen de ocho temas que me depararía mañana.



|| Al día siguiente, lunes ||

Desperté una hora antes de lo normal. Me di una ducha rapídisima y me vestí con la misma velocidad; casi no me daba tiempo a respirar. Me sequé el cabello y me hice una coleta alta. Bajé las escaleras y aunque sabía de sobras que Julia estaba de vacaciones con Chaz en Stratford, se me hizo raro no verla en el sofá viendo la televisión o simplemente desayunando. Me tomé un tazón de cereales, subí de nuevo a lavarme los dientes y el resto de tiempo que me quedaba lo invertí repasando un poco los apuntes que me hice durante la gira en Latino América con Justin. Cuando ya era hora de irme, pasé a buscar a los Beadles para irnos todos juntos en el coche de Caitlin.

- Bueno, ¿y qué tal el fin de semana? –les pregunté. Ellos habían estado en Los Ángeles.
- La verdad es que muy bien –admitió Cait- Sentimos no haberte ido a buscar al aeropuerto.
- No importa –le sonreí.
- Te echábamos de menos, ___ –admitió Christian pasando un brazo por mis hombros.
- Y yo a vosotros –le miré.
- Pero si apenas has llamado, capulla –me regañó la chica castaña con ojos azules que acaparaba el volante.
- Tan sólo he estado una semana –dije entre risas.
- ¿Y qué? Ha sido una semana en la que la clase ha estado en silencio durante todas las asignaturas –comentó Christian.
- Pero si tú la lías más que yo.
- Eso es mentira –se cruzó de brazos.

Yo le miré. Tenía razón, aunque cuando la liábamos los dos, lo hacíamos a lo grande, la verdad.

- Bueno, puede que sea verdad –acepté entre risas.
- ¿Y con Justin, todo bien? –preguntó Caitlin.
- Claro, como siempre –sonreí.
- ¿Nada nuevo que contarnos? –vi cómo alzaba las cejas pícaramente desde el espejo retrovisor.
- No, ¿qué nuevo va haber?
- ¿No habéis celebrado los cinco meses que lleváis juntos? –insistió.
- Caitlin, si hacemos algo, sabes que eres de las primeras en enterarte –sabia a qué se refería.
- ¡Mierda, pues cuéntamelo todo! –pidió riendo.
- ¡Que no hemos hecho nada, pesada!
- Normal, con todo el equipo rondando por ahí, es difícil, ¿no? –preguntó Christian.

Le di un manotazo en el hombro.

- Tampoco habríamos hecho nada, idiota.
- Claro, y yo me lo creo –se rio sarcásticamente Chris- ¿Si estuvieseis solos en una autocaravana como esa, no haríais nada? Já. Te recuerdo que Justin es mi mejor amigo y me lo cuenta todo.

Alcé una ceja.

- Y sé que sino llega a ser por vuestro autocontrol, lo habríais hecho el primer mes.

Mis mejillas se sonrojaron. Él rio con compañía de su hermana. Por 
suerte, habíamos llegado al instituto y podía salvarme de esa maldita situación incómoda.

- Tranquila, que no lo sabe nadie –dijo pasando un brazo por mis hombros.
- Qué vergüenza –me tapé la cara con ambas manos
- Tonta, que no pasa nada. Sois novios, es normal que hagáis esas cosas. ¿Te piensas que Julia y Chaz no lo harán? Todo el mundo lo hace.

En ese momento, me acordé del terrible miedo que había estado sufriendo mi mejor amiga por quedarse a solas con su novio durante las vacaciones de Navidad. Tenía que llamarla en cuanto saliera del instituto. La duda que rondaba por mi mente era urgente. Muy urgente.

***

El examen me había salido bastante bien aunque el teléfono me hubiera despistado varias veces. No había dejado de vibrar en todo lo que quedaba de hora y como estaba en medio de clase, no podía ver quien me solicitaba en ese momento y con tanta urgencia. Justo cuando sonó el timbre y saqué el móvil, me di cuenta de que este estaba sin batería. 
Salí del edificio y una camioneta negra con los cristales tintados estaba estacionada delante de mí.

- Hola, James –saludé al hombre que acababa de salir por el asiento del conductor.
- ¿Qué hay, ___ ? –me dio un beso en la mejilla. Yo me encogí de hombros.
- Genial.
- ¿Te ha ido bien el examen? –preguntó abriéndome la puerta del copiloto. Les hice una señal a los Beadles desde lejos para que se marcharan. Seguramente me pasaría por el estudio.
- Sí, la verdad es que sí –respondí cuando mi guarda espaldas ya estaba con el cinturón de seguridad puesto, al igual que yo- Vamos al estudio, ¿no?
- Antes pasaremos a comer algo. Janet y Madison nos esperan en un restaurante de por aquí.
- ¿Madison también? –pregunté. Era raro, solo la solía ver para hacer pruebas de vestuario para pequeñas actuaciones o entrevistas.
- Sí, tenéis temas importantes de los que hablar.
- ¿Cómo qué? –sentía curiosidad. Pocas veces había hecho esto.
- Ya lo sabrás, impaciente –respondió riendo.
- No es mi culpa que me pillen las cosas tan de sorpresa.
- Sí, supongo que no es tu culpa –me miró ya que el semáforo estaba en rojo- Pero sigues siendo una curiosa e impaciente.

Le saqué la lengua cual niña pequeña y mi guarda espaldas soltó unas animadas carcajadas. Llegamos al restaurante y se sentó en la mesa donde mi representante y estilista nos esperaban mientras charlaban.

- Oh, ___ –exclamó Janet al verme. Ambas se levantaron a saludarme.
- Hola, chicas –las saludé. Sí, nos tratábamos como amigas pues pasábamos muchas horas juntas y la confianza era mutua.
- ¿Cómo estás? –me preguntó Madison.
- Bien, como siempre –me encogí de hombros- Bueno, ¿de qué teníamos que hablar?
- Antes que nada –me interrumpió mi estilista-, me encanta cómo vas vestida hoy.
- Vaya, gracias –le sonreí- A mí me gusta cómo te queda la camisa esa.
- ¡Gracias! –respondió cariñosa.
- Sí, bueno, vais las dos muy guapas –contestó tajante Janet, aunque luego soltó unas carcajadas para romper el hielo- Al tema.
- ¿Qué pedirán? –el camarero nos interrumpió. Los cuatro nos miramos con aire de fastidiados y pedimos lo que íbamos a comer- En unos instantes se lo traemos todo.
- Gracias –contestó Janet mirándolo de arriba abajo.
- Uh, ¿te ha gustado el camarero? –preguntó Madison con curiosidad y picardía al mismo tiempo.
- Yo creo que sí, no hay más que ver la mirada que le has lanzado cuando se iba –comentó mi guarda espaldas.
- ¡James! –le regañó mi representante.
- Pero si tiene razón, déjalo –dije riendo.
- ¿Vais a dejarme hablar? –pidió empezándose a enfadadar. Mejor era guardar silencio- Bien, gracias –aunque eso último fue sarcasmo, pero bueno- James te ha traído aquí porque tenemos que hablar sobre la portada del álbum. Las canciones están todas grabadas. Sólo hace falta darles un par de retoques y listo. Pero no podemos estar sin hacer nada, lo mejor será empezar con las fotos y la promoción cuanto antes.
- Sí, ¿tienes alguna idea? –preguntó Madison.
- Bueno, lo he estado pensando y… -me encogí de hombros.
- No has pensado nada –me leyó la mente James, que era el que mejor me conocía.
- No, la verdad es que no –admití entre risas.
- Pero para eso ya estamos nosotras –dijo Madison- Se me ha ocurrido que quizá podríamos fotografiarte con una guitarra rota.
- ¿Rota? –pregunté extrañada.
- Déjame acabar –pidió. Yo asentí- Las cuerdas de la guitarra estarían rotas, y éstas, entre enredos, formarían el título del disco. First steps to the top.
- Yeah, me gusta –dije asintiendo con la cabeza.
- Aquí está vuestra comida –nos interrumpió de nuevo el mismo camarero dejando los platos delante de nosotros.
- Gracias –agradecimos al mismo tiempo.
- Y bueno, sigamos –pidió Madison- Sobre el vestuario…
- Vestidos no.
- Vestidos no –me hizo caso tocándose las sienes como si lo estuviese memorizando todo.
- Algo tipo… No sé, ya veremos –rieron.
- Y en el fondo he pensado en poner unas estrellas. Porque eso quiere decir que estás empezando a brillar como ellas.
- Wow, Madison –aplaudí flojo para no armar ruido- Eso ha estado guay.
- Gracias –sonrió como una niña pequeña.
- Entonces, ¿qué te parece si empezamos esta tarde? –propuso Janet después de haberse tragado su cacho de carne.
- ¿A qué hora?
- A las seis y media. Mientras viene el fotógrafo, coloca todo y tal… ya sabes.
- Sí, sí –asentí.
- Yo me  ocupo del vestuario, no te preocupes por nada –me leyó la mente Madison ante mis dudas- Tú solo ven y nosotras ya te vestiremos, maquillaremos y peinaremos para la sesión.
- De acuerdo –bebí un poco de Coca Cola.
- Pasaré a por ti a las seis y cuarto, ¿te parece bien? –preguntó James.
- Perfecto –sonreí.

Terminamos de comer y James me llevó a casa. Ahí no había nadie, 
mamá salía de trabajar a las cinco, por lo tanto no la vería hasta que llegara de la sesión fotográfica. A no ser que se pasara a verme o a recogerme. Lo primero que hice al llegar fue cargar el móvil. Al encenderlo, me fijé en la hora. Las cuatro y media. Luego, me empezaron a llegar varios mensajes de que Caroline había estado llamándome mientras había estado en clase. ¡Ella había sido la que me solicitaba durante el examen! La llamé tan rápido como pude y, a medida que sonaban los tonos, rezaba porque me lo cogiera. Estaba preocupada.

#Llamada telefónica#
- ¿Caroline? –pregunté. Pero no contestaba nadie- Eh, Carol. ¿Estás ahí?
- ___ –contestó con la voz rota. Se me partió el alma.
- ¡Carol! –exclamé al oír su voz- ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?
- ___, mis abuelos –empezó a sollozar y mis ojos se llenaron de lágrimas. Ya está, les había tocado la hora.
- No, no puede ser.
- Han fallecido esta mañana, ___ –rompió a llorar, dejándome en shock. Me apoyé en la pared y empecé a deslizarme hasta caer al suelo.
- Caroline, lo siento muchísimo –dije tratando de no llorar, pues eso le sentaría peor.

- ¡___, hija, ya estoy en casa! –oí cómo mamá me avisaba desde abajo. Habia salido antes del trabajo, pues aún eran las cinco menos diez.

- Carol, escucha. Tienes que ser fuerte –limpié mis lágrimas.
- No puedo, ___, no puedo –sollozó más fuerte.

- Hola, hija –mamá entró sonriendo, aunque al verme la cara se puso seria de golpe- ¿Qué pasa? –le hice un gesto con la mano para que callara y ella asintió.

- Carol, ¿lo saben los demás?
- De momento solo lo sabes tú. Quería que fueras la primera –fruncí los labios formando una fina línea- ___, quiero morirme.
- ¡No digas eso, Carol! No digas eso, ¿me escuchas? No. Jamás –no me hacia a la idea de perder a alguien como ella.
- No quiero estar en este mundo.
- ¡Caroline, por favor! –pedí llorando. Mamá se asustó y se sentó a mi lado, pasándome un brazo por los hombros y frotándolos- ¿Cuándo es el entierro?
- Pasado mañana –respondió.
- Los chicos y yo iremos a Alaska a verte y así venirte tú con nosotros, ¿sí?
- No, no pienso permitir que os faltéis clase y que Julia deje sus vacaciones solo para ir a un entierro.
- Eh, no se hable más. Somos tus amigos, tanto en las malas como en las buenas. Y en este momento tenemos que estar contigo pase lo que pase. Así que pasado mañana nos tendrás a tu lado, ¿queda claro?
- Gracias, ___ (tu nombre) –agradeció entre sollozos.
- No me des las gracias, para eso estoy. Ya lo sabes.
- No sé qué haría sin ti –dijo.
- Te quiero, Carol.
- Y yo a ti, muchísimo.
- Se fuerte, ¿vale?
- Lo intentaré.
- Tengo que dejarte, prométeme que no harás nada insensato.
- Te lo prometo –juró con la voz un poco más audible.
- Me voy, chao. Te quiero.
- Adiós –colgué.
#Fin de la llamada telefónica#

Dejé el móvil en el suelo. Mirando a la nada, empecé a llorar. No me imaginaba cómo estaría Caroline en estos momentos. Y no, no conocía a sus abuelos, pero me dolía saber que ella estaría cien veces peor que yo. Mamá, afligida, me abrazó. Apoyé la cabeza en su hombro y besó repetidas veces.

- Los abuelos de Caroline, mamá –le expliqué cuando pude recobrar mi voz- Han fallecido.
- Oh Dios mío –se tapó la boca- Pobre, tiene que estar pasándolo fatal.
- Quiero ir al entierro –anuncié.
- Hija, es en Alaska y…
- Por favor –supliqué- Caroline es mi mejor amiga, no puedo permitir que sufra sola.
- No sé, ___.
- Por favor, te lo suplico –puse las manos en forma de ruego, de rezar.

Ella suspiró.

- Está bien, pero te acompañaré, ¿sí?
- Mucho mejor –la abracé con todas mis fuerzas- Llamaré a los chicos.
- Claro, ¿quieres que te deje sola o prefieres que esté contigo?
- Déjame unos minutos a solas –le sonreí a duras penas- Necesito ducharme y hacerme a la idea de la noticia.
- Muy bien –besó mi mejilla y se levantó del suelo.

Después de haber estado varios minutos pensando en nada y mirando a la nada, decidí llamar a los Beadles e informarles. Les pareció bien en acompañar a Caroline durante el velatorio de sus abuelos. Sobretodo a Christian, que haría lo que fuera por ver a su enamorada. Al principio, Sandy no estaba de acuerdo, pero cuando le expliqué que mi madre nos acompañaba, accedió. Cuando llamé a Julia, dijo que cogerían ella y Chaz el primer vuelo hacia Atlanta e irnos así todos juntos a Alaska. Estaba todo planeado. Mañana por la noche volaríamos al estado más frío de los Estados Unidos.

___________

Capítulo aburrido, I know. Pero quería subiros ya y así dejar de sentirme culpable. El próximo será más entretenido, os lo aseguro e_e. Ahí os dejo con la intriga. JAJAJAJAJAJ. Ah, por cierto, quería comentaros que hemos superado el número de visitas del mes pasado. En septiembre hicimos 34k y este, octubre, que aún no ha terminado, está llegando a las 35k. Es increíble.

Un beso, chicas; os quiero<3.

24 de octubre de 2012

¡Ey, que ya es un añito el que llevo con vosotras!


Meca, tío. Cómo pasa el tiempo, ¿no? Hace nada había empezado a escribir esta novela y apenas teniendo pocos seguidores y visitas. Es increíble. Y yo que pensaba que a la mínima me cansaría y lo mandaría todo a tomar por saco. Y no, aquí estoy, con vosotras, cumpliendo mi sueño; escribir.

Sé que últimamente la novela no está teniendo mucho entretenimiento, pero es tanto el entusiasmo que empeño en escribir los capítulos, son tantos los comentarios de apoyo que me mandáis, que me llego a hacer a la idea de que esto es lo mejor del mundo. Sentirse apoyada, saber que a alguien le gusta lo que haces, que te lo valoren.

En serio, esto es lo mejor que he hecho en mi vida. Y gracias a esto, he conocido a muchas personas que por ahora son lo más importante que tengo. Tengo que daros las gracias, pues todo lo que he conseguido es gracias a vosotras. Que si no fuera por vuestros comentarios, visitas o mensajes, yo no estaría aquí celebrando los 365 días que llevo con vosotras.

Sois lo más grande que tengo, en serio. Gracias a vosotras me traslado a un mejor mundo donde me siento a gusto y cómoda. Donde todo lo malo desaparece y me quedo con lo bueno, con mis lectoras, con vosotras. Vuelvo a repetir, esto no es solo mío, ES NUESTRO. Así que, este no es solo mi aniversario por llevar un año con el blog, sino también el vuestro.

¡Os quiero muchísimo!

21 de octubre de 2012

Never let you go. {134}



No llevábamos ni la mitad de concierto y ya estaba deseando pararlo para saber dónde diablos se había metido ___ . Era extraño, creía que estaría detrás del escenario con mamá y el resto, observándome. Pero nada. De vez en cuando me giraba a ver si gracias a Dios aparecía, pero no había rastro de ella. Seguí actuando, pero esta vez paré para hablar un poco con mis fans, para hacer el concierto más ameno.

- ¡Hola, Uruguay! –saludé en castellano, lo poco que me había enseñado ___ - Espero que os esté gustando lo que llevamos de show porque la verdad que estoy intentando ser de vuestro agrado –obviamente, esto lo dije en inglés.

Mis chicas empezaron a gritar más de lo que ya había podido oír en todo el concierto. Y yo me pregunto, ¿tanto son capaces de chillar? Se 
quedarán sin voz.

- Me gustaría… me gustaría hacer algo que seguro que a muchas de vosotras os encantará –dije mientras caminaba por todo el escenario para buscar la bandera uruguaya que guardaba en un bahúl que habíamos colocado en una esquina.

Lo abrí y saqué la gran tela con los colores uruguayos. La alcé a la altura de la cabeza y caminé hasta el final del escenario, donde las manos de mis beliebers se agitaban para que yo pudiera cogerlas y apretarlas. Até la bandera en mi cuello, como si de una capa de super héroe se tratara.

- No sé por qué, pero últimamente estoy muy enganchado a Teenage Dream, de Katy Perry –empecé a cantarla, pero cuando no me sabía más la letra, me callé, empecé a reírme y decidí tararearla- Va, ayudadme.

Las chicas y yo acabamos de cantarla y volví a recobrar la marcha del concierto. Seguí con ‘baby’, ‘never let you go’. También sacamos al escenario a la ‘one less lonely girl’. ___  seguía sin aparecer, y eso me preocupaba. Pero justo cuando iba a empezar a cantar ‘never say never’, todas las luces se apagaron. Todas. Pensé que se había cortado la electricidad o algo parecido, pero el micrófono funcionaba. No sabía qué hacer, pero cuando una voz sonó entre la penumbra, me empecé a relajar.

La letra de ‘born to be somebody’ saliendo de sus labios era pura perfección. Se fue acercando a mí a medida que cantaba la canción, al menos, eso creía, pues cada vez me sentía más nervioso, y eso solo me pasaba cuando ella estaba cerca.

Paró la canción justo cuando tenía que empezar el estribillo, y ahí, en ese preciso momento, todas las luces se encendieron y una preciosa ___ , apoyada en mi hombro, apareció con rosotro anelical, vistiendo así http://www.polyvore.com/242_nlyg_134/set?id=53572423.

Oía como mis beliebers enloquecían, gritaban, lloraban. Era un completo descontrol de emociones contra mi persona. Estaba que no podía parar de sonreír. Ella, __ había estado asustándome durante todo el concierto solo para darme esta grata sorpresa. La sorpresa más bonita que jamás habrían podido hacerme. La abracé fuertemente por la cintura y noté como sus labios besaban mi cuello rápidamente.

- ¿Creías que no iba a venir? –preguntó con el micrófono cerca de la boca, soltando un par de carcajadas.
- Estoy en shock, no me hagas pensar –le pedí entre risas.
- Pues sigamos con el concierto, tus chicas se lo merecen –cogió mi mano y la música empezó a sonar.

***

Este había sido uno de mis mejores conciertos. O al menos, eso pensaba yo. ___ y yo, tras despedirnos de mi fabuloso público, salimos cogidos de la mano hacia la zona que había detrás del escenario. 
Ella había terminado el show conmigo, pues solo quedaba por cantar ‘somebody to love’, la cual bailó con los bailarines, pasándoselo genial; y ‘favorite girl’, como no.

- ¿Todo esto lo has preparado tú? –le pregunté a la chica que llevaba cogida de la mano mientras caminábamos por el largo pasillo.
- Sí –me sonrió- ¿En serio pensabas que no iba a ir a tu concierto? –soltó unas carcajadas- Si pensabas eso, no me conoces bien.
- Estaba asustado, joder –besé su mano- Y no me des esos sustos jamás, ¿me has oído?
- No me vuelvas a mojar nada más salir del autobús justo cuando estrenaba camiseta nueva.
- Oh, ¿era nueva? –pregunté inocentemente- Te quedaba bien.
- Pero si apenas me la viste.
- Te la vi, mojada, pero te la vi –enarcó una ceja amenazante- ¿Te quiero?

Ella rio.

- Yo más –se puso de puntitas para besarme en los labios.

Llegamos donde el resto del Team estaba reunido, esperándonos. Era una pequeña salita con sofás, mesas y comida. En cuanto llegamos, nos aplaudieron y abrazaron, felicitándonos de lo bien que lo habíamos hecho.

- ___ , he pensado algo –dijo Scooter mirando a mi novia. Miedo me daba, la verdad.
- Dime, Scott –sonrió como siempre hacia.
- ¿Qué te parecería ser la telonera de Justin durante todo lo que queda de gira?

Ella me miró buscando una respuesta, pero precisamente no era yo el que podía dársela. La verdad, es que la idea me gustaba mucho. Implicaría tenerla a mi lado todos los días hasta que la gira terminase. 
Pero ella tenía estudios, trabajo y fans que la esperaban. Y bueno, amigos y familia.

- Mhm… -musitó ___  después de haber estado dos minutos largos en silencio- Es una buena propuesta, pero creo que no podría estar tanto tiempo sin trabajar y estudiar.

Scooter asintió.

- Lo entiendo perfectamente –sonrió- Pero, ¿al menos el tiempo que estés aquí, podrías?
- Scott, ella ha venido a relajarse un poco y a disfrutar del viaje, no a trabajar –ella me miró mal.
- Justin –me regañó entre dientes.
- No, Just tiene razón –dijo mamá- Si te hemos invitado a la gira ha sido para que te lo pases bien y para que veas, más o menos, como sería uno de tus muchos viajes.

Se encogió de hombros y yo se los rodeé con mis brazos para acercarla más a mí y besarle la cabeza. Se le notaba incómoda.

- Podríamos ir a cenar –propuso Alfredo.
- ¡Invita Flores! –grité señalándolo con el dedo.

___  y los demás rieron de mi tontería.

- No, en serio –dijo seriamente- ¿Vamos a McDonalds?
- Le estoy cogiendo asco –se quejó mi novia. Yo la miré con los ojos abiertos como platos- Vamos siempre.
- ¿KFC? –preguntó Kenny.
- Mejor, hay más variedad –respondió mamá.
- Pues vamos a ducharnos, ¿no? –pregunté. Iba completamente sudado, al igual que ___ .
- Sí, vamos.

Salimos del recinto para volver a nuestros autocares a bañarnos. Kenny, en todo momento, nos protegía de cualquier belieber que intentara colarse. Pero si eso pasara, yo dejaría al menos que se fotografiara y hablara conmigo. Ya que ha llegado hasta mí, que aproveche la ocasión.

Llegamos a los autobuses y por turnos, todo el mundo se duchó. Yo me vestí con unos pantalones negros, una camisa a cuadros azul y unas supras del mismo color. La gorra, como siempre, que no falte; esta vez de color negra. ___, en cambio, optó por algo así http://www.polyvore.com/296_nlyg_134/set?id=58996389. Una vez que estuvimos todos listos, nos montamos en la furgoneta de Kenny y esperamos hasta llegar al restaurante.



|| Al día siguiente ||

Desperté y ___ , en cambio, seguía dormida. Mamá también parecía estar en el mismo estado que mi novia. Sin hacer ruido me levanté de la cama y caminé hacia el baño para darme una ducha. Tenía mucho calor. Me vestí con unas bermudas y una camiseta negra de pico. 
Unas supras blancas y una gorra roja. Demasiados colores, pero quedaba bien. Kenny, al parecer, se había despertado. Me lo encontré desayunando mientras actualizaba su estado en Twitter y Facebook. Me senté a su lado y decidí robarle un par de donuts de la caja.

- ¡Biebs, son de mi propiedad! –me “regañó riendo”.
- Vamos, no me dejarás morir de hambre. Soy tu sobrino, ¿recuerdas?
- No dejarás morir de hambre a tu tío.
- Tú puedes cogerte otros –le arrebaté el donut de chocolate de la mano.
- Y tú igual –hizo lo mismo.
- Hostia, donuts –exclamó una risueña ___ que se acababa de levantar y que le acababa de dar un mordisco al donut que Kenny, segundos antes, tenía en la mano.
- Ale, para ninguno de los dos –comentó mi guarda espaldas.

Solté unas carcajadas mientras la observaba sacar una taza del armario y llenarla de leche. La camiseta, que le iba algo corta, hacia que la piel de su cintura se viera. Kenny me dio un manotazo en el hombro al ver que mi respiración había dejado de hacerse presente en la sala.

- Mierda, Biebs; baja de la nube –chasqueó los dedos un par de veces delante de mis ojos.
- ¿Qué quieres? –pregunté.
- Sabemos que la amas y piensas que es algo así como Afrodita, pero no te olvides de respirar, amigo. Tus beliebers no quieren que mueras tan pronto –comentó Kenny.

___ , que se había sentado a mi lado y había escuchado el último comentario del negrito sonriente, enrojeció y bajó la mirada mientras sonreía.

No sé por qué, pero me había recordado a uno de esos momentos incomodos que habíamos vivido ella y yo los primeros días de conocernos, cuando la gente decía delante de nosotros que ambos estábamos enamorados y deseábamos salir juntos de una vez por todas. 
Solté unas carcajadas y las dos personas que tenía a mi lado me miraron extrañados.

- Me acabo de acordar de una cosa –dije para que olvidaran lo sucedido.
- Estás raro hoy, Bieber –habló mi novia para darle después un trago a su leche.
- No lo creo –me encogí de hombros- Recuerda que esta tarde tomamos un largo viaje a Argentina.

Ella sonrió ampliamente.

- Estoy deseando llegar –pensó en voz alta mientras la sonrisa no desaparecía de su rostro.
- Te encantará, ya verás.
- No lo dudo –contestó mirándome a los ojos, haciendo que fundiera ante tal mirada.
- Bueno, me debes un donut de chocolate –le dijo mi guarda espaldas a ___ .
- No lo creo –respondió ella riendo- Aparte, era para que no os pelearais más.
- ¿Pelearse más, quiénes? –preguntó la voz adormilada de mi madre, la cual se acercaba a nosotros. Nos dio un beso en la mejilla a ambos- Buenos días, chicos.
- Buenos días –respondimos a la vez.

Se sentó a nuestro lado y cogió una rosquilla de la caja. Le dio un mordisco y ___ y yo miramos a Kenny al mismo tiempo que soltábamos unas carcajadas.

- ¿Quiénes se estaban peleando? –preguntó mamá con la boca llena.
- Tu hijo y Kenny –contestó mi novia- Discutían por el donut que me he comido hace un rato.
- Oh, bueno –se encogió de hombros y siguió desayunando.

***

Después de muchas horas de viaje, el autocar frenó escandalosamente. ___ se despertó enseguida, tirando el libro de historia al suelo. El móvil casi se me cae y mamá soltó un alarido tras haberse asustado. Scooter y Kenny seguían durmiendo. Simon, el conductor, se acercó a nosotros para comunicarnos que habíamos llegado a la capital argentina. Braun enseguida se levantó y fue a ver si el resto del Team estaba bien.

- Hemos llegado, shawty –acaricié su melena y la besé.
- Tengo sueño, Just –se estiró en el sofá y acabó acomodándose en mi pecho.
- Vamos, ¿no quieres dar una vuelta?
- Prefiero dormir.
- No seas mentirosa –dije riendo- Estás deseando salir.
- Puede –admitió soltando unas carcajadas- Pero deja que me duche.
- Claro, de mientras iré a hablar con los chicos.

Ella caminó hacia el baño mientras yo salía del autobús para hablar con los bailarines de mi equipo.



|| ___ ||

Habíamos llegado a Argentina tras muchas horas de viaje. Había sido el trayecto más largo y aburrido que había hecho nunca. Sí, había dormido, hablado con Justin, y estudiado durante todo ese tiempo, pero se me había hecho increíblemente largo. De vez en cuando sacábamos el portátil y nos poníamos a ver vídeos, cantar canciones, etc; pero nos aburríamos o cansábamos en seguida.

Me despojé completamente de mi ropa y entré a la ducha. Dejé que el agua cayera por mi cuerpo y eliminara todo rastro de sudor o suciedad. Cuando salí, envolví mi cuerpo en una toalla blanca y mi cabello en otra. 
Me puse la ropa interior y sequé mi cabello aún estando semi desnuda para evitar mojar la ropa. Una vez que lo tuve completamente seco y liso, me vestí {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=61105157&.locale=es} y maquillé un poco mis ojos. Recogí el baño y cuando salí, Pattie estaba hablando por teléfono. Al verme, me hizo señas para que me acercara.

- Es tu madre.
- Oh, eh… -me rasqué la nuca- Vale.

Me dio el teléfono y me lo acerqué a la oreja. Suspiré. ¿Qué pasaba ahora?

#Llamada telefónica#
- Antes que nada, yo no he sido. Pattie soltó unas carcajadas.
- ¿No has sido el qué? –preguntó mamá extrañada.
- Da igual.
- Venía a saber si seguías viva, como ya no llamas –hice una mueca- No, no llamas.
- Lo siento, se me olvida.
- Normal que se te olvide –se rio.
- ¿Eres bipolar?
- No, tonta.
- ¿Has llamado para regañarme o….?
- He llamado para felicitarte.
- No es mi cumpleaños –dije extañada.
- Pero ayer actuaste con Justin en su concierto.
- ¿Cómo lo sabes?
- ¡Sois Justin Bieber y ___ ! –exclamó- ¿Cómo no lo voy a saber?
- Julia te lo dijo –sé que no mira tanto la tele o anda por las redes sociales como para enterarse.
- Sí –admitió.
- Lo sabía –dije con tono triunfante.
- Fue precioso lo que organizaste –sonreí.
- Gracias, mamá.
- Y cantaste muy bien –siguió felicitándome- Aunque se notaba que estabas nerviosa.
- Lo sé, pero es que es la segunda vez que me subo a un escenario.
- Pero lo estuviste genial. Y sobre la ropa, no sé qué decirte. Sólo que Julia querrá quitártela en cuanto llegues.

Solté unas carcajadas.

- Ya se la dejaré, supongo –me encogí de hombros- ¿Y cómo estáis todos?
- Oh, genial –contestó- Julia ha empezado a estudiar en serio.
- Claro, ahora que llegan los exámenes finales del trimestre –dije riendo.
- Más te vale que tú estudies para el que tienes en cuanto llegues –me amenazó.
- Claro que estoy estudiando, sino que te lo diga Pattie.
- Ya, te creo –dijo pesadamente- Hablé con los abuelos.
- ¿Ah sí? –pregunté entusiasmada- ¿Y sobre qué hablasteis?
- Pues que alomejor nos pasaremos por España por el tema de tu disco estas Navidades, sobre lo orgullosos que estamos de ti y bueno, el resto te lo imaginas.
- Ehm… no –dije confusa.
- Sobre tu relación con Justin –contestó con tono cansino.
- Oh –cuando estuvo conmigo estas vacaciones no se los presenté. Fallo mío. Querrán matarme.
- Quieren conocerlo.
- Dudo mucho que lo puedan conocer este año.
- ¿Por qué? Podría venirse con nosotras estas Navidades.
- Él está de gira incluso para las fiestas, mamá –le expliqué.
- Oh, bueno –se creó un silencio incomodo- Cielo, tengo que dejarte. Mándale saludos a Pattie y a los chicos.
- Vale, lo haré.
- Y pórtate bien –puse los ojos en blanco- No hagas cosas comprometedoras, sabes que saldrás al día siguiente en todas las portadas.
- Mamá, que no soy una cría.
- No, eres una adolescente con las hormonas alteradas, que no sé qué es peor.
- Pf, lo primero.
- Ya, seguro –soltamos unas carcajadas- Te quiero mucho, mi niña.
- Y yo a ti, mami.
- Pásatelo genial.
- Lo haré, no te preocupes –rio.
- Chao.
- Adiós, mamá.
#Fin de la llamada telefónica#

Le sonreí a Pattie mientras le entregaba el teléfono. Ella se lo guardó en el bolsillo y me sonrió igual.

- Mamá te manda saludos –le informé.
- Oh, ¿qué te decía?
- Nada, regañarme porque no llamaba, felicitarme por lo de anoche con Justin y amenazarme.
- ¿Amenazarte? –preguntó riendo.
- Sí, bueno –le seguí las risas- Indirectamente, al menos se le notaba por el tono de voz.
- Típico de madres –comentó Justin entrando- Vaya, qué guapa.
- Gracias –dije sonriendo.
- Se lo decía a mi madre –le besó la mejilla y le miré mal- Es broma, tú vas guapísima también, shawty.
- Justin, eso no se le hace a una chica –le regañó Pattie.
- No le tengo que estar recordando siempre lo preciosa que es, tiene que saberlo –comentó pasándome un brazo por los hombros.
- Ya, ahora arréglalo –cambié la dirección de mi mirada para evitar cruces con sus ojos.
- Shawty –me llamó. Yo le ignoré.
- Os dejo solos –comentó Pattie riendo.

Se bajó del autobús, dejándonos a solas. Noté los labios de Justin presionar mi mejilla y su cuerpo estrechando el mío con firmeza.

- Sé que no estás enfadada –susurró en mi oreja para luego morder el lóbulo de ésta.

Un escalofrío me recorrió de los pies a la cabeza. Giré el rostro para encontrarme con sus dulces ojos. Pero en cuanto lo hice, capturó mis labios. Los devoró como un pedazo de carne, como si fuera un león hambriento en busca de su presa favorita. Nuestras lenguas batallaban en una guerra donde nadie ganaba o perdía, simplemente disfrutaban. Llenaba mi piel de caricias con la yema de sus dedos y me hacia volver loca con cada movimiento producido por su cuerpo.

- Sabes que te amo, ¿verdad? –me preguntó retóricamente cuando se separó de mi ardiente boca.
- Sí, pero me gustaría oírlo de nuevo.
- Te amo más que a mi propia vida –susurró para luego volverme a besar con furia.

***

Justin acababa de salir de la emisora de radio. Kenny había aparcado la furgoneta delante del edificio donde Justin había entrado hacia unas dos horas. Lo habíamos estado esperando todo ese rato. Su guarda espalda y yo jugábamos entretenidos a las cartas, cantábamos a pleno pulmón las canciones que sonaban en la radio y le enseñaba un par de palabras en inglés. Nos grabamos haciendo el tonto y cuando vimos y oímos los muchos flashes de los paparazis en la puerta, nos preparamos para salir. 
Kenny fue a la entrada para ayudarlo a cruzar toda la acera llena de periodistas. Yo, de mientras abrí las puertas traseras de la furgoneta.

- Guapa –susurró en mi oído.

Me dio una palmadita en el trasero, dándome paso al interior. Entré y luego él hizo lo mismo. Oímos como Kenny cerraba la puerta de su asiento y arrancaba el motor del vehículo.

- No tendrías que haber hecho –le regañé cuando el coche ya estaba en marcha.
- ¿El qué? –preguntó quitándose la gorra y despeinándose el cabello.
- Haberme tocado el culo cuando tantos periodistas te fotografiaban.
- Alomejor ni se han dado cuenta –dijo apoyándose en mi hombro y besando la piel de mi cuello.
- Como mamá vea algo de esto, me mata.
- Vamos, no pasa nada, mi amor.

Traté de hacerme la enfadada. Pero es imposible cuando siempre me está tratando tan bien y me colma de mimos y momentos preciosos a cada momento. A parte, llevamos mucho tiempo juntos y es normal que quiera hacer ese tipo de cosas. Es un “adolescente con las hormonas alteradas”, tal y como mi madre diría, así que es comprensible que se le escape la mano de vez en cuando.

- Bueno, no importa –besé sus labios y él sonrió.
- ¿Qué te apetece salir a cenar conmigo esta noche? –propuso apartando un mechón de pelo que se colaba del moño.
- Perfecto.
- ¿Adónde quieres ir? –preguntó.
- Elige tú, eres el que más calles ha recorrido de Argentina.
- La última vez que vine, mamá y yo fuimos a un restaurante de carne asada que se llama… Ehm –dudó unos segundos- La bocha, sí, la bocha.
- ¿Es muy… pijo? –pregunté.
- Qué va, normalito –besó mi mejilla- ¿Te parece bien?
- Claro.
- Pero no podremos ir solos, eh.
- Lo entiendo.
- Tampoco nos va a estar haciendo compañía Kenny.
- Justin, no soy retrasada –le di un golpe en el hombro.
- ¿No? –bromeó.
- A diferencia de ti, no –le saqué la lengua.
- Gatita –fruncí los labios- Sé que odias que te llame así, por eso lo digo.
- Drew –él me miró mal- Sé que odias que te llame así, por eso lo digo.
- Tú ganas –besé sus labios.
- Me gusta ganar.

Él soltó unas carcajadas.

***

Eran las ocho y media y salíamos a cenar a las nueve. Por suerte, nos ahorrábamos todo eso de pasarnos a buscar a casa del otro puesto que nos hospedábamos en el mismo autocar. Justin ya estaba arreglado desde hacia veinte minutos. Vestía con una camisa blanca y una de cuadros rojos y negros encima. Unos pantalones desgastados de color azul y unas supras blancas a conjunto con la camisa de tirantes. La gorra, como siempre, del revés. Yo, en cambio, llevaba algo así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=53994802&.locale=es. Me recogí el cabello de tal manera que, dos mechones de mi flequillo, fueron atados por derás, formando una pequeña trenza. Me maquillé los ojos con una fina línea negra y en los labios añadí un poco de brillo. Me perfumé con la fragancia favorita de Justin y salí.

Ahí, en el “salón-cocina”, se encontraban Pattie y Scooter hablando, Alfredo pasando unas fotografías al portátil, Kenny con el móvil y Justin inspeccionando mi figura como si de una obra de arte se tratase.

- ¿Ves? –Biebs le dio un golpe en el brazo a su guardaespaldas. Éste alzó la vista para mirarme- Te dije que no se pondría nada alto, me debes veinte pavos.
- No, no –se negó Kenny- Seguro que se ha puesto zapatos planos porque nos escuchó apostar.
- ¿Apostar? –pregunté confusa.
- No, no nos escuchó –Justin extendió la mano para que le dieran su dinero.
- Hijo, apostar es malo.
- No pasa nada, mamá. Es por una buena causa.
- ¿Buena causa? –pregunté mientras era arrastrada por el firme brazo de Justin.
- Nos vamos, má –se despidió mi novio.
- Tened cuidado.
- Lo tendremos –dije yo.

Salimos del autobús. El cielo estaba oscuro y la luna, blanca y grande, nos iluminaba. Justin me abrió la puerta trasera de la furgoneta y tras haberme montado yo, se subió él.

- Justin Drew Bieber –siempre que quería regañarle o sacar información sobre algo le hablaba en ese tono- Explícame ahora mismo de qué iba esa apuesta que habéis hecho Kenny y tú.
- Nada, estábamos apostadno si ibas a ponerte o no tacones. Y como yo te conozco y sé que no te gustan mucho, dije que no. Pero Kenny, que no sabe tanto de ti como tu guapísimo novio –chasqueé la lengua reprimiendo una carcajada-, dijo que no irías precisamente con algo plano. Y pues, gané.
- ¿Sabes qué podríamos hacer con esos veinte dólares? –propuse sonriendo.
- ¿Qué? –acarició el dorso de mi mano.
- Comprarnos una caja de donuts para mañana cuando despertemos –él soltó unas carcajadas.
- Tú y los donuts.
- O unos pancakes, me da lo mismo –me encogí de hombros.
- Eso último me gusta más –comentó sonriendo.
- Es que están buenos, eh –asentí con la cabeza mientra ponía una cara rara.
- Tú lo estás más –mordió mi cuello y solté una carcajada mientras trataba de apartarlo de mi sensible piel- Shawty, para.
- No, para tú.
- Pero si te está gustando –dejó una gran mancha en mi cuello.
- ¡Justin! –le regañé tocando el chupetón que me había hecho- ¿Estás loco?

Él se echó a reír.

- No tiene gracia –pero seguía riéndose- Mamá me matará.
- Ella no sabe que lo tienes –enarqué una ceja- Vamos, te lo tapas con el pelo y listo –movió mi melena de tal manera para que el chupetón no pudiera verse- Listo.

Me crucé de brazos y miré la suave y tentadora piel de su cuello.

- Sé que estás deseando hacerme tú uno.
- No –dije entre risas.
- Sí –insistió acercándose a mí amenazante- Vamos, te dejo.
- Justin, a diferencia de mí, tú tienes el pelo corto y se puede ver perfectamente.
- No me importa –se encogió de hombros.
- ¡Pero a mí sí!
- Sosa.
- Idiota.
- Amargada.
- Feo –él alzó una ceja- Bueno, a quién vamos a engañar.

Él soltó unas carcajadas y se acercó a mis labios lentamente. Cuando estaba a penas dos milímetros, relamió los suyos, haciendo que su lengua rozara mi boca. Tentándome. Me adelanté yo al beso y él me siguió el rollo, pero con más furia y velocidad. Su lengua se adentró en mi boca en menos de treinta segundos y, cuando iba a rodearle el cuello con mis brazos para quedar así más cerca, unos golpes en la puerta corredera del coche, nos avisaron de que habíamos llegado al restaurante.

Con la respiración entrecortada bajamos del vehículo. Bendita seas Kenny por avisarnos antes de abrir la puerta, pensé. Nos había ahorrado un par de imágenes comprometedoras. Los flashes impactaron en nosotros y sonreímos a las cámaras un par de segundos, pues llegamos al interior del restaurante. Oí las llantas de la furgoneta perderse; Kenny pasaría a buscarnos en cuanto Justin le mandara un mensaje.

- Mesa para dos, por favor –le indicó Justin en un imperfecto castellano al mesero.

Intenté no reírme. La cara del hombre que nos atendió había sido épica. Nos condujo a la primera mesa que se nos cruzaba y que además estaba libre. Nos dejó los menús en la mesa y se marchó.

- ¿Por qué no dejas que hable yo? –le pregunté riendo- Te recuerdo que soy española.
- Quiero practicar, bebé –eso último lo dijo en castellano, haciéndome sonreír- ¿Ves? Voy progresando.
- Sí, ya lo veo –miré la carta e intenté imaginarme qué era lo que decía el título del plato- Esto es demasiado raro.
- Es carne, shawty –me aclaró entre risas- Mira, pediré algo que seguro te gusta mucho, ¿vale?
- Justin Bieber, como sea algo… algo que no se pueda comer, te la lío.
- Que no, tú confía en mí.
- Bueno –solté una carcajada- Más te vale.
- Bipolar –poblé mi frente de arrugas- Lo eres, lo sabes de sobras.
- La bipolaridad es una enfermedad.
- Oh –le había dejado mal.
- Idiota –sonreí y acabé riéndome.

El camarero llegó con una pequeña libretita y un bolígrafo en la mano. Justin aclaró su garganta e intenté no mirarle mucho para que no se pusiera nervioso.

- ¿Qué van a pedir? –por suerte, este camarero hablaba inglés.

Justin suspiró aliviado.

- Cambiasso con foie –contestó- y para beber agua.

El hombre apuntó el pedido y me miró.

- ¿Y para la señorita?
- Lo mismo –respondió Justin por mí.
- Muy bien –dijo el hombre- En un momento os lo traigo.
- Gracias –contestamos ambos.

Estuvimos charlando un rato hasta que depositaron los platos de comida delante de nosotros. Miré a Justin. Él contemplaba la comida como si fuera un tesoro. Alzó la vista y me pilló poniendo una cara rara a lo que en teoría tendría que comerme.

- ¿Qué pasa? –preguntó.
- ¿Qué es? –pregunté yo pinchando la comida con el tenedor- Da igual, prefiero no saberlo.

Justin soltó unas carcajadas

- Pruébalo, te gustará –me miró y no le hice caso- Shawty, vamos. Confía en mí.
- Está bien, está bien –acepté.

Pinché un trozo de comida con el tenedor y, despacio, como si mi vida dependiera de ese cacho que no sabía ni lo que era, me lo llevé a la boca. Cerré los ojos, masticando al mismo tiempo. Pero la mueca de asco que segundos antes estaba poniendo, desapareció al segundo cuando tasté el delicioso sabor de la comida que Justin había pedido por mí.

- ¿Ves? Te dije que te gustaría.
- Mhm –exclamé masticando con gusto- Pues sí que está bueno, sí.
- No confías en mí –hizo un puchero mientras servía agua para los dos.
- Claro que sí, tontito –él sonrió.

Seguimos comiendo, hablando, riendo. Aunque eso último…, un poco más disimulado, pues la gente nos miraba mal y no queríamos ser echados del restaurante. Al acabar, Justin pagó. No me negué, sé que no valdría la pena. Le envió un mensaje a Kenny y fue a buscarnos. Hicimos lo de siempre y llegamos al recinto privado donde los autobuses estaban aparcados. Entramos al nuestro y Justin se fue a la habitación a cambiarse. En cambio, yo, fui al lavabo. Me puse el pijama y cuando quise tumbarme en mi cama, me di cuenta que había un bulto en ella.

- Justin, ¿qué haces ahí? –pregunté mientras abría las sábanas y me tumbaba en el colchón.

Él se giró y se quedó mirándome a los ojos. Tenía la ventana justo delante y la luz de la luna nos dislumbraba perfectamente.

- ¿Puedo dormir contigo? –preguntó como un niño pequeño.
- Claro –contesté en un susurro.

Le tapé correctamente con aire maternal. Me encantaba hacer eso, tratarlo como una madre haría, como si su vida dependiera de la suya propia. Y es que Justi, era eso, mi vida. Se cobijó entre mi pecho y acaricié su cabellera suave y despeinada. Besó mi cuello, el comienzo de mis pechos y otra vez el cuello. Lo tapé de nuevo con las sábanas, entraba una brisa fuerte por la ventana. Él rodeó mi cintura con sus brazos y le oí suspirar. Se había quedado dormido.

- Te amo, mi niño bonito.

Y yo, pensando que no respondería, cerré los ojos. Pero no fue así.

- Y yo te amo más, princesa.

Sonreí aún con los ojos cerrados. Besé su cabeza y él estrechó mi cuerpo contra el suyo. Enredamos las piernas para evitar así separarnos durante la noche. Y así, sin más, nos quedamos dormidos.



|| Unos días después ||


|| Justin ||

Conciertos, entrevistas, paseos, fotos, beliebers persiguiéndonos, risas, bromas… así pasamos la estancia en Latino América. ___ se dedicaba a estudiar antes de irnos a dormir, en los viajes en avión o simplemente cuando el equipo y yo teníamos pequeños descansos en el autobús. Muchas veces, por no decir todas, se quedaba dormida en mi hombro con solo llevar cinco o diez minutos de estudio. Y Alfredo, atento, le echaba fotos para después colgarlas en Instagram. Cuando las veía se enfadaba, pero cuando le daba un beso, se le quitaba todo.

Y hoy, se iba. Se marchaba a Atlanta. No la vería hasta… ni idea. Solo sé que le prometí que vendría a verla para el día de su cumpleaños. Que ya sería mucho tiempo sin vernos, la verdad. En el aeropuerto, todo eran beliebers gritándonos y llorando. Pero por suerte, los agentes de seguridad habían puesto vallas para evitar avalanchas o casos más extremos.

- Llámanos cuando llegues –le pidió mamá. ___ asintió riendo.
- Tranquila, Pattie. Lo haré –le dio un abrazo y se fue despidiendo de toda la tripulación. Cuando llegó a mí, me sonrió- Eres precioso hasta con ojeras.
- No tengo ojeras –me estiré las bolsas que había debajo de mis párpados inferiores.
- Anda, dame un abrazo, tonto del culo –solté una carcajada y le abracé lo más fuerte que pude- Me llamas todos los días, cuelga fotos en Instagram e intenta no olvidarte la contraseña. No me engañes con ningún mamut ni unicornio y no olvides que te amo.

Me separé de ella para mirarle a los ojos y darle uno de los besos más emotivos que había dado en mi vida.

- Te amo, bonita –susurré en su oído cuando nos habíamos vuelto a abrazar.
- Yo te amo mucho más, Biebs.

Sonó por megafonía el último aviso del avión de ___ . Se 
despidió del equipo de nuevo, pero esta vez un poco más rápido. Besó mis labios por última vez y contemplé su perfecto andar hasta que se metió en el pasillo de plástico para entrar al avión.

- Bro’, no te deprimas ahora –me pidió Alfredo dándome unas palmaditas en el hombro.

Siempre que me despedía de ella me quedaba un poco chof los primeros días. Pero creo que estaba empezándome a acostumbrar.

- Tranqui –le aseguré- Vamos, quiero dormir un poco.

___________

Booooooonitas mías <33. ¿Cómo estáis? Yo bien, flipando con las visitas, las preguntas que me hacéis por ask -algunas- y bueno, con todo en general. Antes que nada quiero opinar sobre la foto que he puesto en el capítulo. Atención, que es un comentario muy emotivo. Ejem "kahjsdgajsgdjkasdMELOVIOLABA". Y ahí (?

Pues nada, gentecilla. Que sé que el capítulo no es muy entretenido, pero no se me ocurría nada y quería subiros ya; que mucha de vosotras lleváis acosándome estos días por Ask para que suba rápido. Y bueno, pues espero que comentéis.

Os quierelo muchísimo :D