¿Cuántos somos ya?

30 de septiembre de 2012

Noticia.

Sé que llevo días sin subir, pero he decidido hacer una maratón. La subiré para principios de octubre, porque es el cumpleaños de algunas de vosotras -mi melona jashdjhksd- y quiero dedicar capítulos. Pero subiré uno cada día, ¿vale? No los colgaré todos del tirón. Bueno, nada más que decir. Simplemente que muchas gracias por vuestro apoyo. Y bienvenidas sean las nuevas seguidoras, es un placer, en serio.

Os quiero.

26 de septiembre de 2012

La tierra ha perdido a una luchadora, pero el cielo ha ganado a un ángel.

La idea de no verla me está matando. No, no puedo. Sé que debo ser fuerte. Pero dejadme llorar.

Hoy el cielo se tiñe de morado. Y una estrella destaca entre las demás. Es ella. Es Avalanna. Nace para triunfar, para demostrarle al mundo que es fuerte. Que logra lo que quiere. Que lucha por sus sueños y que los consigue. Y ha logrado sus objetivos. Pero por desgracia la vida es muy puta, y ésta vez le ha tocado a ella decir adiós. Aunque ese adiós es un 'hola' a una vida mejor. A un paraíso donde los demás ángeles la tienen controlada. Donde duerme con ellos y está protegida. Y sí, duele. Duele saber que el cáncer es algo más que un simple signo zodiaco. Que es el fin de la vida. Que es una mierda. Que no sólo hemos perdido a una hermana, sino a un modelo a seguir. Pero, ella ahora está en un sitio mejor. Está velando por nosotras, susurrándonos al oído cada noche que luchemos por nuestros sueños, al igual que lo hizo ella. Porque todos podemos. Y ella, lo ha hecho.


Descansa en paz, pequeña. 

Con cariño, tus hermanas.


24 de septiembre de 2012

Never let you go. {124}


Eran las once y media y me llegó un mensaje de Justin. ‘Ya estamos llegando a casa, princesa. Te habría llamado para que nos vinieras a recibir, pero preferí no molestarte. Cuando esté con Ryan en mi casa te aviso. Chao, te quiero’. En teoría tendría que haberme hecho una llamada, pero en parte se lo agradezco porque estaba ya en pijama y colgando del techo el atrapa sueños que había comprado anteriormente. Había añadido más fotos a la pared del cabezal de la cama. Y muchas eran con las chicas y mis fans. La habitación estaba quedando muy bonita.

- ¿Se puede? –alcé la vista y vi a Julia ya con el pijama y apoyada en mi puerta. Asentí con la cabeza y me senté en la cama esperando a que ella viniera.
- ¿Qué pasa, melona? –pregunté cuando estaba ya a mi lado y de piernas cruzadas.
- Verás, es que…
- Va, dilo –insistí.
- A ver, el caso es –empezó- Imagina que Justin no es virgen…
- Ofú –la interrumpí.
- Escúchame, joder –pidió- Bueno, imagínate eso; y tú quieres hacerlo con él.
- ¿Hacer el qué? –me hice la tonta y reprimí una carcajada.
- El amor, echar un quiqui, un polvo… ¡follar, coño! –gritó exasperada. Le tapé la boca rápidamente por si mi madre la escuchaba- Mierda, tu madre.
- Inteligencia, ¿sabes lo que es? –le pregunté retóricamente.
- ¡Ogh, no me dejas terminar nunca! –reí- Y eso, que tú lo quieres hacer con él, y él contigo. Pero tienes miedo… ¿qué haces?
- Pues espero a que se me pase –me encogí de hombros- O yo que sé. 
Me lanzo, y si surge pues surge, y sino, pues no.
- Ya, ¿pero y si no se te quita el miedo nunca? –preguntó con nerviosismo.
- Julia, el miedo se quita algún día –respondí con tono obvio.
- Claro, te recuerdo que tú aún no has superado tu fobia a los ascensores con espejos.
- Eh, pero eso es diferente –traté de defenderme- Aparte, no estamos aquí para hablar de mis miedos, sino de los tuyos.
- ¿Y quién ha dicho que sea yo la que tenga miedo de hacer el amor?
- Julia, que tengo quince años, pero no soy tonta.
- ¿A no? –preguntó sorprendida. Hice una mueca- Vale, soy yo.
- ¿Te sientes preparada?
- Sí, sí me siento preparada pero…
- ¿Pero qué, mujer? –pregunté.
- Tengo miedo.
- ¡¿Pero de qué?! –cuestioné prácticamente chillando- ¡Es Chaz, no ningún violador!
- Ya, pero tengo miedo de hacerlo mal, joder.

Me eché a reír y ella no entendió el motivo, pues frunció su ceño.

- No entiendo por qué te ríes.
- Cariño, la primera vez nadie sabe –y eso que yo no era experta en estos temas pues no tenía nada de experiencia, pero si se usa la lógica, más o menos sabes de qué va la cosa- Nadie nace aprendido. Por algo es tu primera vez, para experimentar, saber qué se siente…
- Estoy acojonada –se abrazó  las piernas.
- ¿Pero cuándo habéis quedado para hacerlo? –porque claro, si me viene con éste tema, es que lo han hablado ellos dos antes.
- No, no hemos quedado.
- ¿Entonces por qué me preguntas esto?
- Joder, se acerca Navidad y yo me voy a ir con él a Stratford. Estaremos solos mucho tiempo y… ¿y si surge?
- Pues surge, chiquilla –me eché a reír de nuevo. Me acomodé la camiseta del pijama- Mira, tú sabes que yo lo más fuerte que he hecho con Justin ha sido besarme en la cama –ella soltó unas carcajadas y a mí me invadió una ola de calor al recordar los muchos momentos de casi sexo que hubiésemos tenido-, pero más o menos, sé que si por alguna razón, Justin y yo acabáramos haciendo el amor, no tendría de qué preocuparme. Primero porque los dos somos vírgenes y ninguno estaría diciendo ‘ay es que lo haces mal, ay es que cuidado con esto’, y segundo… no lo sé, no sé por qué hay segundo; pero el caso es que no te tienes que rayar.
- Pedazo sermón de la montaña, melona –se rió ella.
- Encima que te aconsejo, asquerosa –le di un almohadazo en la cara.
- Eh, y me ha servido de mucho –cogió el cojín y lo dejó en su regazo.
- Pero si pasa algo… hacedlo con condón, que después no quiero que me encasquetes al crío.
- ¡___!  –me regañó riendo.
- ¡Joder, yo aviso!
- Avísate a ti misma, zorrilla, que el día que me entere que me vas con un bombo te mato.
- ¿No te gustaría ser tía? –pregunté abriendo la boca formando una o.
- Bueno, si es de Justin vale –aceptó riendo.
- Pues lo más seguro es que así sea –sonreí tiernamente tras hacerme a la idea.
- ¿Te imaginas? Justin y tú siendo padres.
- Casándonos –suspiré- Ya lo hecho de menos.
- Y yo a Chaz –las dos soltamos un largo y profundo suspiro.
- Aish, el amor –dijimos a la vez. Nos echamos a reír al instante.

Nos quedamos calladas durante un minuto tras oír varios gritos y carcajadas que provenían de la calle. “Ryan, que me des la gorra” “Pero si no hay sol”, “Bieber, no chilles, hay gente durmiendo”, “¡Mi shawty no estará durmiendo”. ¡Eran ellos! ¡Habían vuelto! Julia y yo nos levantamos al mismo tiempo y nos asomamos al balcón que daba una perfecta vista de la habitación de mi novio y de la carretera de enfrente. Ahí estaba aparcada la furgoneta de Kenny y los chicos por ahí gritando, riendo y sacando las mochilas.

- Vamos abajo, anda –propuse cerrando las puertas.
- Sí, que quiero ver a mi Chazi –exclamó Julia con voz de pito.
- Madre mía –negué con la cabeza riendo.

Nos pusimos las zapatillas y no nos molestamos en ponernos algo de ropa decente. Aparte, mi pijama tampoco era tan cutre que digamos: un pantalón largo de color gris y una camiseta de manga larga de color rosa con rayitas un poco más claras. Y las zapatillas, como no, moradas y peludas. Como a mí me gustaban. El pelo lo llevaba recogido en un moño flojo y con algunos mechones de pelo sueltos aunque puestos detrás de la oreja.

Bajamos las escaleras y avisamos a mi madre de que salíamos un momento a la calle, que estaban los chicos ahí y queríamos verlos. Ella asintió con la cabeza y siguió viendo su programa de televisión. Nada más abrir la puerta nos topamos con los cuatro personajes riendo y llevando sus mochilas de un hombro. Justin cantaba la macarena en un extraño español y los demás reían.

- ¡Justin Drew Bieber, no son horas de cantar en la calle! –le regañé poniendo la voz más estricta que sabía usar.

Él inmediatamente se calló y al percatarse de que la regañina había sido mía, se empezó a reír. Dejó la mochila en el suelo y yo salí corriendo como pude hacia él, pues correr con zapatillas es un tanto incómodo. 
Salté a sus brazos y él rodeó rápidamente mi cintura con sus largos brazos y así yo poder enredar las piernas alrededor de su cadera. Era la primera vez que hacía eso en cuatro largos meses.

- ¡Mi amor! –besé sus labios. Escuché risas provenientes de los demás- Eh, que hacia mucho que no lo veía, jopeta.
- Sí, ya ves tú, unas horas –se burló Christian.
- Demasiadas –dijo Justin mirando a su amigo. Me bajé de su agarre y le sonreí- ¿Qué tal?
- ¿Qué tal tú? Estás que no paras, chico.
- El muy idiota se ha bebido como tres redbulls por el camino –me informó Chaz, que sujetaba la cintura de mi amiga con un brazo.
- ¿Tres? –repetí anonadada- Justin, sabes que después no podrás dormir, ¿no?
- De eso se trata –me miró pícaro y acercó a mis labios mientras colocaba sus manos en mi cintura.
- Drew –le regañé. Me soltó entre risas.
- Es broma, cariño –trató de arreglarlo.
- ¡Pero entrad en casa, que os vais a congelar! –gritó la curiosa de mi madre por la ventana.
- Somos anormales, eh –dijo Christian- Cualquiera que nos vea pensará que sufrimos un retraso.
- ¿Por qué? –pregunté caminando cogida de la mano de mi novio hacia su casa.
- Pues porque somos un grupo de diez personas, haciendo escándalo en la calle a las doce de la noche –aclaró Chaz.
- Y encima dos de esas personas son Justin Bieber y ___ ___  –añadió Julia cerrando la puerta tras su paso. Kenny llevaba las mochilas de los chicos, sino hubiese sido por él se habrían quedado en la calle- Mira que majo el negrito. Os ha traído las mochilas.
- Propina –pidió extendiendo la mano. Los chicos se echaron a reír- ¿Pensáis iros sin darme al menos un vaso de leche con galletas tras haber estado todo un día detrás de vosotros?
- Tranquilo, Kenny –dijo Pattie desde la cocina- Ya lo estaba  preparando yo para todos.
- Alguien que piensa en ésta casa –dijo Ryan sentándose en el sofá. Los demás lo seguimos.
- ¿Y qué tal todo? –se preocupó Julia- ¿Ha ido todo bien?
- Bueno, a Justin le ha atacado una masa de beliebers impresionante, casi nos quedamos encerrados en un ascensor y a éste el entra la histeria –Chaz señaló a Justin y rió tímidamente-, Ryan por poco muere atragantado por unas palomitas en mitad del partido y Christian ha empezado a grabarse en mitad de la calle. Pero todo bien. Muy normal, vamos.

Todos soltamos unas carcajadas y cogí una galleta de la bandeja que había traído Pattie recientemente. Kenny y Ryan en lugar de comer devoraban, pero ya era algo de lo que me había acostumbrado. Julia bebía de su leche tímidamente y los demás, como siempre, nos limitábamos a observar a los comilones de turno con detenimiento.

- ¿Qué, tenemos monos en la cara? –preguntó Ryan con la boca llena de comida.
- Más bien, tendrías que decir si tienes cara en el mono –miramos a Christian algo confusos por lo que acababa de decir.
- Bueno, ¿y qué habéis hecho vosotras? –decidió preguntar Justin después de las carcajadas que nos habíamos echado tras la tontería de Chris.
- Hemos ido a un puesto de paraditas –contesté.
- Y hemos comprado cosas chulis –añadió Julia.
- Jo, quiero verlas –pidió su novio.
- Mañana te las enseño –contestó sonriendo.
- Querrás decir dentro de unas horas –le corrigió Pattie mirando su reloj de pulsera- Es tarde, será mejor que os vayáis a la cama.
- ¿Ellos duermen aquí? –pregunté refiriéndome a los chicos.
- Sí, ¿quieres quedarte tú también? –propuso Justin.
- No, mejor me voy a casa y luego si eso nos vemos. Necesitas horas de sueño.
- Eso si me entra –dijo entre risas- Kenny, ¿ya te vas?
- Claro, man. ¿No querrás que me quede también a vivir contigo?
- No estaría mal –respondió entre carcajadas- Hazme un favor y acompáñalas hasta la puerta de casa.
- Just, pero si estamos aquí al lado –dije señalando la ventana con la mano,  pues ésta daba a mi hogar.
- ¿Y si te pasa algo? –preguntó con aire de preocupado.
- ¡Bieber, prepáranos las camas! –exigieron los chicos desde las escaleras.
- ¡Voy, voy! –les gritó. Justo en ese momento bajó Julia a nuestro lado, pues ella había estado subida a unos escalones despidiéndose de Chaz- Duerme bien, ¿sí?
- Nos vemos en unas horas –besé sus labios rápidamente y mire a los chicos- ¡Buenas noches!
- ¡Que durmáis bien, chicas! –contestaron ellos subiendo las escaleras delante de Justin.
- Adiós, Pattie, gracias por la leche y las galletas –le agradecí amablemente.
- De nada, mi cielo –besé su mejilla y nos largamos de casa para entrar en la nuestra.
- Bueno, Kenny, nos vemos –nos despedimos Julia y yo.
- Adiós, chicas –nos sonrió y se metió en el coche,  pero antes de que entráramos a nuestra casa, me llamó- Bonito pijama.

Enrojecí y solté unas carcajadas por compromiso. Abrimos la puerta y las luces aún estaban encendidas, pero mamá no estaba en el salón. La buscamos con la mirada y avanzamos unos pasos inconscientemente. Y cuando quisimos darnos cuenta, ya nos había asustado por detrás.

- ¡Mamá, casi me da un paro cardíaco!
- A mí ya me lo ha dado –dijo Julia con la mano en el pecho.
- Sólo ha sido una bromita de buenas noches –comentó mi madre riendo.
- Duerme bien, mamá –le deseé dándole un beso en la mejilla- Igual tú, Julia.
- Yo me quedo aquí viendo la tele con tu madre –informó sentándose en el sofá y cogiendo una manta que había en la esquina.
- ¿No tienes sueño? –pregunté extrañada. Yo estaba que me moría.
- No –respondió pasándole el mando de la televisión a mamá.
- Pues buenas noches a las dos, os quiero –subí las escaleras corriendo y me encerré en mi habitación. Me aseguré de tener el balcón cerrado y me metí bajo las calientes sábanas de mi cama. Cerré los ojos y concilié el sueño rápidamente sin pesadillas ni malestares por el medio. Mañana, bueno, mejor dicho, dentro de unas horas, sería un nuevo día.


|| Sábado por la mañana ||

Empecé a notar un molesto e inquietante cosquilleo cerca de la nariz, aunque a veces llegaba al punto de ser agradable. Pero poco a poco, me empecé a revolver en la cama pensando que así cesaría el malestar que alguien o algo estaba provocándome justo encima del labio superior. Abrí los ojos cuando oí unas carcajadas cerca de mi presencia.

- Vete, fuera. Quiero dormir –pedí somnolienta mientras le daba la espalda y me tapaba literalmente hasta las orejas. Ni siquiera me había dignado a mirar con qué me hacía las cosquillas, aunque imaginé que sería una pluma o hilo.
- Venga, despiértate –me zarandeó por la espalda.
- Los chicos ni siquiera están despiertos –me quejé.
- Son las once y media y tu madre me ha obligado a que te levantes.

Resoplé cansinamente y puse los pies sobre el frío y plano suelo, haciendo que los dedos se encogieran ante el helado contacto. Tirité durante unos segundos. El balcón estaba entreabierto. Me puse las zapatillas con dos ligeros movimientos y caminé hacia el baño para mirar mi cara en el espejo. El cansancio predominaba en las bolsas que colgaban de mis ojos, pero con un poco de maquillaje o con unas simples gafas de sol podría disimularlas perfectamente.

- Te espero abajo, melona –gritó Julia desde la puerta del baño.

Se marchó, dejándome sola. Abrí el grifo del agua de la bañera y dejé que se llenara. Me hice un moño alto en el pelo para no mojármelo, pues me había duchado por la noche y lo tenía limpio. Cuando la bañera estuvo llena de agua caliente, me despojé y tiré las ropas sucias al cesto de mimbre que yacía en una esquina del lavabo. Metí el pie derecho en el interior de la bañera y, poco a poco, los músculos empezaron a relajarse. Introduje la pierna izquierda y pasó más de lo mismo. Una vez que mi cuerpo estuvo estirado completamente, dejando solamente la cabeza en la superficie, cerré los ojos. Tenía sueño, no había dormido bien por la noche.

“Estaba en un prado. Un prado grande, lleno de flores y con un hermoso sol haciendo que la suave y verde hierba se iluminara perfectamente. Me encontraba estirada en el suelo, con un vestido blanco. Mi cabello estaba esparcido por el verde suelo y éste estaba lleno de flores silvestres, enredados en algunos rizos que se creaban inconscientemente. De pronto escuché unas risas. Me incorporé y algunas florecillas que colgaban de mi pelo, cayeron al suelo. Recorrí todo aquél terreno con la vista hasta que mis ojos se detuvieron en dos personas agarradas de las manos y con una amplia sonrisa en la cara. Eran mamá y Thomas. Sonreí. Por fin estaban juntos. Por fin mamá volvía a ser feliz al  lado de un hombre. Por fin había rehecho su vida y había pasado de página. 

Ellos dos se miraron aún sonrientes, se acercaron mutuamente a los labios del otro y lse besaron. Pero un trueno ensordecedor llamó mi atención. Y la de ellos. Pero no podían verme, no se percataban de mi presencia. Empezaron a caer un par de gotas que pronto aumentaron su volumen, haciendo que me empapara más de lo que ya estaba. Quería refugiarme bajo algún árbol, pero mi cuerpo yacía inmóvil sobre el embarrado césped. En cambio, mamá y Thomas, reían divertidos. Se escuchó otro ruido, pero no era un rayo o un trueno, sino el sonido que emiten unas verjas al deslizarse. Y eran las verjas de una celda. La celda de una cárcel. El cielo se volvió gris. Mi vestido, raramente, empezó a descolorirse por las gotas de la lluvia y cambió para ser negro. Estaba asustada, pero no podía moverme. Mi madre y Thomas empezaron a asutarse cuando en el ambiente empezaron a oírse unos gritos. Unos gritos de dolor. Eran de una mujer. De mi madre. Los gritos de cuando papá le pegaba hacía unos meses en España. Empecé a llorar, a llorar del miedo. ¿Qué pasaba? La celda que anteriormente se había abierto, ahora se había cerrado porque de ella… salía mi padre. Y sonreía cínicamente mientras observaba a mi madre.

- ¿Me has hechado de menos, cariño?

Y de un brusco movimiento, acercó el cuerpo de mi madre al suyo, besó sus labios con brusquedad. Mamá quiso apartarse, pero lo único que recibió fue forcejeos por parte del hombre que trataba de acosarla. 
Thomas intentó defenderla, pero quedó inmóvil en el suelo. Mamá chillaba, lloraba; y yo hacía lo mismo que ella, pero estaba completamete quieta sobre el mojado césped. Mis manos parecían estar pegadas y mis pies igual.

Grité. Grité con todas mis fuerzas. Y al final hice que se giraran. Los dos. Ella, con el rostro empapado de lágrimas, bañado en sudor y empalecido por el tremendo susto. Y él, tan cínico y siniestro, tan energúmeno y asqueroso como lo fue hasta el último mometo en que mis recuerdos hacen memoria de él. Alejó a mi madre un poco de él, pero no lo suficiente como para que ésta pudiera irse. La agarró fuertemente de la muñeca, casi pareció que le hacia y daño y todo. Se acercó a mí con paso lento, amenazante. El corazón me latía a cien y casi no escuchaba nada más que el sonido de mis dientes al rechinar con rabia y miedo a la vez. Sólo nos separaban uno o dos pasos de diferencias. Me zarandeé, tratando de librarme de las raíces imaginarias que me retenían ahí, sin poder hacer nada ni defenderme.

El muy bastardo empujó a mi madre con tanta fuerza que cayó a mi lado, golpeándose la cabeza contra el suelo. Chillé al ver que no respiraba, no ejercía ningún movimiento y la sangre empezaba a acumularse a su alrededor hasta formar un gran charco rojo. Él se arrodilló delante de mí, acarició mi mandíbula inferior y, aunque me intenté apartar por el repentino asco que me había entrado, no pude evitar que sus horrorosas manos me tocaran.

- He vuelto –susurró para que solamente yo lo pudiera oír.

Y en cuanto puse una cara de pánico, él sonrió de lado y se avalanzó sobre mí con las manos preparadas para posicionarlas sobre mi cuello”

Desperté jadeando y me di cuenta que estaba en una bañera. Pasé las manos seguidas veces por mi rostro ahora mojado. La desesperación invadió mi cuerpo, y un sentimiento de miedo y pánico se hizo presente en mí. Salí de la bañera al instante y envolví mi cuerpo en una toalla blanca que había colgada en una de las perchas de la pared de al lado. 

Me senté en la cama y apoyé los codos en mis rodillas, para así poder esconder la cara entre mis manos. Lloré, lloré presa del pánico porque el sueño había parecido demasiado real. El mismo ataque de miedo que me entraba cuando él llegaba ebrio a casa y empezaba a gritar o a golpear cosas. El mismo olor a alcohol  que echaba su aliento cada vez que me hablaba. Y la misma fuerza que empleaba para pegarme.

Cuando oí unos pasos acercarse a mi habitación, sequé mis lágrimas y me levanté para ir al armario a buscar ropa.

- ¿Aún estás así? –preguntó Julia a mis espaldas.
- Es que me he entretenido en la ducha –respondí tratando de que mi voz no se rompiera en mitad de la frase.
- Ya ni desayunes, chica. Son las doce y media.
- Bueno, pues dentro de un rato bajo –le avisé revolviendo ropa entre los cajones.
- Vale –dijo no muy convencida.

Se marchó y cogí lo primero que encontré. Me vestí rápidamente y no me deshice del moño que me había hecho anteriormente para ir a bañarme. Ese sueño me había dejado trastocada. Todo era bonito, reluciente, feliz. Y de repente llegaba él y todo cambiaba. Todo se volvía gris. Todo parecía triste. No me gustaba. No me gustaba para nada ese sueño. Me traía malas vibraciones.

Bajé al piso de abajo, donde se encontraban mamá y Julia. Ambas en el sofá, pero cada una haciendo algo distinto. Mamá miraba la televisión atenta, Julia se entretenía con el móvil. Bajé el último escalón y ellas clavaron la mirada en mí.

- ¿Te ocurre algo, cielo? –me preguntó mi madre con un tono de voz dulce y calmado.
- No, sólo que he dormido mal –abrí la nevera y saqué la botella de agua.
- ¿Cómo puedes haber dormido mal si te has levantado a las doce y has tardado una hora y media en alistarte? –soltó unas carcajadas.
- Estaba bañándome y me quedé dormida –expliqué encogiéndome de hombros y apoyando el cuerpo en la encimera.
- ¿Quién se duerme en una bañera? –se mofó Julia riendo.
- Yo –dije para luego dar un sorbo de mi vaso de cristal.
- Estás loca –comentaron ambas negando la cabeza.
- Lo sé –sonreí, pero quedó algo falso.

Un móvil sonó y,  pensando que era el de Julia, no vi a mi madre levantarse e ir a por el suyo. Lo cogió y se acercó el aparato al oído.

- Hola –sonrió- No, no tengo nada que hacer –estaba nerviosa, pues se enrollaba un mechón de pelo en el dedo una y otra vez- ¿A las cinco y media? –sonreí. Estaba quedando con Thomas, fijo- Claro. Ahí nos vemos.

Colgó el teléfono con una sonrisa y me miró para luego soltar un largo y profundo suspiro.

- Venir aquí a Atlanta ha sido lo mejor que he hecho en mi vida –dijo sonriente.

Pero pronto la sonrisa en mi rostro desapareció cuando en mi mente volvieron a entablar conversación los muchos pensamientos que habían rondado por mi cabeza durante la dormilona que me había entrado en la bañera. Mamá muerta en el suelo, yo inmóvil a su lado y papá acercándose a mí con las manos delante de su pecho, apunto para estrangularme.

- ¡No! –chillé inconscientemente cuando el agarre estaba cerca de mi cuello.

Al instante esas imágenes desaparecieron como si de humo se tratara. Alguien las había espantado. Y ese alguien había sido mamá, que estaba delante de mí, zarandeándome por los hombros.

- ¡___ , joder, no me des esos sustos! –la abracé con todas mis fuerzas y a ella pareció haber sorprendido el gesto- Mi vida, ¿qué te pasa? –preguntó con temor.

Empecé a sollozar. Estaba devastada con el sueño y los pensamientos que acababa de tener. No era para nada agradable imaginarse cosas de ese estilo. Mojé, por desgracia, la blusa de mamá. Su favorita, vaya.

- ¿Qué te pasa? Vamos, dímelo –pidió.
- He tenido una pesadilla horrenda –sollocé aún más fuerte.

Oí unos pasos acercarse a mí. Y al instante unos brazos me rodearon de nuevo. Eran los de Julia. Seguí llorando tras recordar aquél espantoso sueño que, por desafortunadamente, parecía tan real. Sentía el mismo miedo que había sentido en el sueño. Notaba los ojos inchados, más de lo que ya estaban, igual que en la pesadilla. Tenía el mismo malestar que en el prado cuando vi a mi padre besando con fuerza y sin permiso a mi madre.

Me soltaron y mamá secó mis lágrimas con su pulgar. Ya un poco más calmada, Julia me ofreció un pañuelo, con el cual limpié mi nariz. Mi madre me ofreció asiento en una silla, ella me tomó de  la mano y mi amiga rodeó mis hombros con su brazo, pero pegando más su cuerpo al mío, para darme seguridad.

- He soñado con papá –empecé. Mamá abrió los ojos- Era horrible.
- ¿Y qué pasaba?
- Pues… -se lo conté todo. Y no pude evitar soltar algunas lágrimas más. 

Era inevitable. Ese, sin duda, había sido la peor pesadilla de toda mi vida. Después de terminar de contar mi relato, mamá tomó aire para empezar a hablar

- Hija, el sueño que acabas de tener, refleja todo tus miedos. Y uno de ellos es que vuelvas a ver a tu padre. Le temes, y eso es normal. Pero no te asustes, mi vida. Eso no pasará nunca. Él está en el sitio que le toca y nosotras somos felices sin él, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza a duras penas. Lo que mamá acababa de decirme era verdad. Era sólo el miedo que aún existía en mi cuerpo. Al igual que uno sueña lo que más desea, también puedes soñar con lo que más temes. Y éste, ha sido mi caso.

- No te preocupes más por ese hombre, no vale la pena, melona –dijo Julia sonriéndome.
- Aún sigo teniendo miedo cuando recuerdo cómo nos pegaba –hice una mueca de fastidio e impotencia cuando me estranguló en la cocina hasta hacer que cayera al suelo por la falta de aire.
- Lo sé. A mí también me pasa –suspiró mamá- Pero ya hemos rehecho nuestra vida, y de cero. Ya nada nos impedirá ser felices. Ni él –osea, papá-, ni nadie.

Sonreí.

***

- ¡Tramposo! –gritó Ryan tirándole a Chaz el mando de la Xbox al suelo.
- ¿Qué dices? –preguntó el otro indignado.
- ¡Si no hubieses mirado hacia donde iba a tirar la pelota no te la habrías parado!
- ¡Y es que es mi técnica, capullo! Sino, ¿qué quieres que haga, lo adivino?
- De eso se trata, idiota –contestó Butler.
- Eh, no hagáis tanto escándalo –pidió Justin riendo. Cogió un puñado de palomitas que había en el bol que yacía sobre mi regazo.
- ¡Esas manos, Bieber! –le regañé al ver que se había llevado a la boca todas las que quedaban.
- ¿Qué pasa? –preguntó con la boca llena de comida.
- Me has dejado sin palomitas –me hice la enfadada.
- ¿Quieres? –preguntó sacando la lengua.
- Eres un cerdo –solté unas carcajadas y él escondió su lengua para luego sonreí.
- Pero de rojo no, mujer –se quejó Caitlin.
- Es que eres una tiquismiquis –la chinchó Julia con el pincel del pinta uñas.
- Pero si te he dicho antes que cogieras el granate.
- ¿Y esto qué es?
- ¡Rojo! –dijo chillando.
- No gritéis que bastante me ha costado que Christian se concentrara con los deberes de matemáticas –pidió Caroline- Que éste con una mosca ya se distrae.
- Oye –se quejó Beadles.
- ¡Gol! –celebró Chaz.
- ¡Venga, hombre! –Ryan dejó el mando sobre la mesa- Esto va mal, Justin. Cómprate uno nuevo.
- Sí, claro, ahora échale las culpas al mando –dijo Christian entre risas.
- Chris, tú al libro. Déjalos a ellos que se maten vivos por lo el gol –le pidió su profesora particular.
- Voy, profe –contestó con pesadez, haciendo que ésta riera.
- Si es que son más monos –murmuré yo sonriendo.
- No son monos, son personas, ___ –bromeó Justin.
- Tú calla y come –le ordené depositando en su boca una golosina de la bolsa que tenía a su lado.
- Pero si después te quejas de que te quedas sin comida –dijo masticando la cereza que le había dado.
- Porque hay veces que te pasas –dije riendo.
- Qué tonta –comentó Julia.
- ¿Quién? –preguntó Caitlin- ¿___ ?

Miré mal a Beadles.

- No, tú –rió mi melona.
- ¿Yo por qué?
- Porque sí, ¿acaso miento?
- Eh, Vilchez, cuidado con mi hermana –le amenazó Christian.
- Mejor, cuidado tú, que como mi novia te pegue un capón te hunde –le avisó Chaz.

Nos echamos a reír.

- Estáis locos –negué con la cabeza mientras reía.
- Las mejores personas lo están –añadió Caitlin.
- Le tengo asco a esa frase –dijo Julia haciendo una mueca- Es que la dice tanta gente que le he cogido manía.
- ¿Manía o asco? Decídete, muchacha –pidió Ryan sin mirar a mi amiga, sólo a la pantalla.
- Las dos cosas, carapeo.

En ese momento dejó el mando sobre la mesa y la miró seriamente. Julia le aguantó la mirada. Tanto, que incluso el mismísimo Ryan se sintió intimidado.

- Joder, tu novia da miedo –le susurró a Chaz.
- Lo sé –contestó él del mismo modo.
- ¡Eh! –se quejó Julia.
- ¡Madre mía, aquí no hay quien se concentre! –chilló Chris cerrando el libro de golpe.
- ¿Pero qué haces? Aún no hemos terminado.
- Caroline, yo voy a ser entrenador de pokémons, no abogado o cirujano.
- ¡Suspenderás el examen! –le avisó.
- Me da igual –contestó encogiéndose de hombros.
- Pues a mí no. Enséñame el punto cuatro que lo estuve estudiando en casa y no me entra –pedí poniéndome de pie en el sofá.

Pero la mano de Justin sobre mi cintura hizo que volviera a sentarme, pero ésta vez en su regazo. Me abrazó fuertemente para evitar que escapara de su agarre. Solté unas carcajadas.

- ¡Justin, déjame ir! –pedí riendo.
- Mhm… no –ahuecó su cabeza en la curva de mi cuello y lo besó- Que hace tiempo que no estamos juntitos, olvídate de estudiar.
- Si ___ (tu nombre) suspende, su madre le matará –dijo Carol.
- No importa –volvió a depositar un húmedo beso sobre mi piel.
- Y si me mata no me verás definitivamente nunca –y en ese momento me soltó. Me puse de pie y me incliné sobre su mejilla para besarla- Tontito, te quiero.
- Como sudas de mí.
- ¡Encima! –me quejé riendo.
- Mañana me reservas el día para mí, eh –pidió señalándome con el dedo seguidas veces mientras me sentaba en el sitio de Christian y abría el libro por la página que tocaba.
- Me lo apunto en la agenda –reí.

20 de septiembre de 2012

Never let you go. {123}



- Estoy nerviosa –murmuró Julia mirándome.
- ¿Nerviosa por qué? –le preguntó Chaz que al parecer lo había oído.
- Es que no lo conozco de nada.
- Bueno, pero ahora lo conocerás –traté de tranquilizarla.

Estábamos sentados en unas butacas azules. Los chicos llevaban una mochila pequeña colgando de un hombro y las chicas un simple bolso en el que llevábamos lo esencial. De vez en cuando me tenía que levantar y caminar un poco, pues de estar sentada varios minutos se me dormían las piernas. Justin estaba que se quedaba dormido en mi hombro, Christian lo mismo sobre el de Cait. Lo que pasa es que ésta última también dormía. Los adultos hablaban animadamente, y la última pareja conversaba sobre lo que podrían hacer hoy aunque estuvieran distanciados.

Por cada minuto que pasaba, el cuerpo se me dormía cadada vez más. Los párpados me pesaban con intensidad e iba cayendo en un profundo sueño. Y es que estar despierta desde las seis y media sólo para ir a buscar a un amigo al aeropuerto, es demasiado para mí.

- Sí, muy bien –oí una voz a lo lejor. Abrí un ojo para poder ver quién era- Vosotros quedaros dormiros en lugar de venir a ayudarme con ésta estúpida maleta. Si no fuera porque ___ ya me lo ha pagado todo, me habría quedado en Stratford.

Al instante, todos nos levantamos de nuestro asiento y corrimos hacia el chico que ahora estaba esperando con una maleta roja delante de nosotros. Lo empezamos a besar, a abrazar, a agitar, a gritar. En fin, todo era una locura. Habíamos llamado la atención de la mayoría de personas que pasaban por nuestro lado.

- Jo, pues sí que me queréis –dijo Ryan riendo.
- Mucho –contestamos todos menos Julia, la cual estaba un poco cohibida ante su presencia.
- Oh –reaccioné yo. Tenía que presentarlos- Ryan, ésta es Julia. Julia, éste es Ryan.
- Mucho gusto –le dio un beso en la mejilla y ella a él.
- Igualmente –contestó mi amiga sonriendo.
- Aunque ya sabía de tu existencia, eres parte del equipo de ___ . ¿Quién no te va a conocer?

Soltó unas carcajadas tímidamente.

- Vamos, bro’ –dijo Justin- En media hora sale nuestro vuelo –eran las ocho, el avión de Butler se había atrasado un poco- y tengo hambre.
- Vamos a desayunar a una cafetería de por aquí.

Cogimos nuestras cosas y caminamos hacia donde queríamos ir a tomar un café o unas ensaimadas. De vez en cuando nos teníamos que parar, ya que las fans querían fotos o autógrafos. Pero era divertido. Llegamos al local del interior del aeropuerto y pedimos lo que queríamos. En unos cinco minutos la misma camarera de antes nos trajo el desayuno.

- ¿Cómo estás, tío? –le preguntó Chaz.
- Impaciente por ir a L.A –contestó antes de darle un sorbo capuccino.
- Nos lo vamos a pasar genial –comentó Christian.
- ¿Vosotras venís? –preguntó Ryan mirando a las chicas.
- Qué va –respondió Caitlin.
- Una lástima –dijo Chris con sarcasmo y chasqueando la lengua.
- Idiota –murmuré riendo.
- Podríamos hacer skate después del partido –propuso Ryan.
- ¡Los skates! –chillaron Chaz, Justin y Christian a la vez!
- En el maletero –Kenny les tiró las llaves del coche y salieron corriendo.
- No sé donde tienen la cabeza –dije riendo.
- Chaz en Julia, Justin en ti y Christian… en Selena –bromeó Ryan. Hice una mueca tras el último nombre- Oh, es verdad, que Gómez y tú no sois amigas.
- ¡Jamás! –contesté al instante.
- Es bonita –dijo Pattie- Pero como persona no me gusta.
- Le quitó el novio a Miley –Julia era smiler y eso no se lo perdonaría nunca a Selena. Por eso la odia tanto.
- Y una copiona –añadió Caitlin.
- Bueno, no está bien criticar –me miraron- Y encima canta mal, eh.

Todos se echaron a reír y de repente llegaron los chicos con aire de fatigados y los skates debajo del brazo.

- No tendríais que haber corrido –dije riendo- Faltan… ¡diez minutos!
- Wtf?! –exclamó Julia.

Nos terminamos el desayuno y cada uno se pagó lo suyo para evitar discusiones sobre quién ponía el dinero. Nos dirigimos al tema del papeleo y antes de que zarparan al avión, que quedaban como cinco minutos, nos paramos a despedirnos.

- Tened cuidado, eh –repitió Pattie a los chicos.
- Pero si vamos con Kenny, mamá –dijo Justin riendo.
- Lo sé, pero sois un peligro de todos modos.

Justin se acercó a mí y besó mis labios.

- Gracias por esto –susurró.
- No es nada –le aseguré sonriendo cerca de su boca. Sonó el tercer y último aviso- Llámame cuando lleguéis y antes de subir al avión de regreso a Atlanta, ¿vale?
- Sin problema –volvió a besar mis labios y se despidió rápidamente de las chicas.

Se subieron al avión y las chicas, Pattie y yo nos miramos suspirando.

- La van a liar –dijo Julia segura de sí misma.
- Lo más posible es que así sea –le di la razón.

***

- Así que Christian Beadles y tú volvéis a ser amigos –concluyó el mismo reportero que me había formulado la anterior pregunta.
- Sí –respondí.
- ¿Y cómo fue la reconciliación?
- Prefiero evadir el tema –pedí amablemente- ¿Alguna pregunta más?
- Sí –se levantó un hombre de unos cincuenta años- ¿Qué tipo de música sueles escuchar?
- De todo un poco, aunque más pop –respondí.
- ¿Qué opinas sobre la metálica?
- No me gusta ese tipo de música.
- ¿Lo consideras ruido?
- La metálica es música, y no puedo considerar ruido a eso. Creo que la gente que opina así es porque no tiene respeto hacia los gustos ajenos. O sea, entiendo que no te puede agradar algo, pero hay que tener un poco de miramiento hacia los demás que sí les gusta.
- ¿Cuál es tu canción favorita?
- Pff –era una pregunta bastante difícil- Creo que escoger una canción es como preguntarle a una madre a qué hijo quiere más. Es algo completamente difícil de responder –soltaron unas carcajadas- Pero la canción que últimamente escucho mucho es ‘Listen to your heart’, de Roxette.
- Es algo antigua.
- A veces las canciones más antiguas, son las mejores –comenté sonriendo.

Se sentó el hombre que había estado preguntándome y se levantó otro, pero ésta vez un poco más joven.

- Hola, ___ –saludó- En tu videoclip, el de ‘Blanco y negro’, nos hablas del amor y la letra es algo lenta. ¿Crees que en el próximo todo pueda ser más movido y por lo tanto haber baile?
- De momento no tengo planeado nada de hacer videoclips. Es verdad que mis canciones suelen ser algo lentas, al menos las dos últimas que suenan en la radio y demás; pero el resto serán iguales.
- Así que no habrá mucho baile, que digamos.
- Hombre, algo habrá. No todas mis canciones serán lentas y aburridas. Habrá alguna con la que os podréis mover y tal –soltaron unas carcajadas- Pero de momento son todas lentas y eso.
- ¿Crees que podrías estar en éste lugar sin ayuda de Justin?
- No –respondí al instante- Todo lo que tengo ahora es gracias a él y a su familia. Él me ha abierto muchas puertas y se lo tengo muy agradecido.
- Muchas personas piensan que lo estás utilizando para aumentar fama y luego dejarlo ir. ¿Qué opinas sobre esto?
- Rumores –me limité a contestar- Creo que utilizar a Justin sería lo más rastrero y mezquino que podría hacer alguien. Él no se lo merece y me parece pésimo que la gente piense que yo le puedo hacer algo así cuando él es el motivo por el que estoy aquí.
- ¿Tenéis en cuenta que sois internacionalmente conocidos y que cualquier cosa que hagáis en público causa polémica?
- Sí, siempre lo tenemos en cuenta –respondí- Y aunque seamos unos adolescentes, tenemos que estar siempre pendientes de no pasarnos mucho con lo besos y esas cosas en la calle.
- ¿Si tuvieses un día libre con quién lo pasarías y qué te gustaría hacer?
- Con mi madre –respondí- En España solíamos ir mucho a pasear o a comprar ropa para las dos. Ahora que ambas “trabajamos”, por decirlo así, apenas tenemos tiempo ni para hablar. Así que sin duda estaría un día entero con ella.
- ¿Qué fanbase te parece más real?
- Como acabo de empezar a conocer a la mía, no puedo asegurar nada. Sólo espero que me sean fieles y me apoyen en todo lo que necesite, pues sin ellas no haría nada. Pero de momento, las más leales son las beliebers. Jamás había visto a una familia tan unida y cooperadora. Apoyan e idolatran a su ídolo como no lo imaginas. Es impresionante, en serio.
- Cinco minutos más y terminamos la rueda de prensa –anunció mi representante. Bebí un sorbo de la botella de agua que yacía delante de mí y miré disimuladamente el reloj de mi muñeca. Ya eran las tres de la tarde.
- Tengo una pregunta –dijo una periodista- Antes has dicho que cuando sales con Justin, no haces todo lo que te apetecería hacer con él, como besos en público o gestos cariñosos. Pero siempre has dicho que la fama no te hará cambiar de opinión, de actitud. Entonces, ¿cómo nos tomamos tu relación con Justin?
- A ver, siempre he dicho lo mismo. Él y yo somos adolescentes, y a cualquier chico o chica de nuestra edad le gustaría estar besándose, abrazándose o quizá tener gestos más cariñosos estando públicamente. Y a nosotros dos nos pasa lo mismo, pero no podemos hacerlo con tanta libertad ya que tenemos fans pequeños y quizá a los padres no les gustaría saber qué sus hijos ven estas cosas.
- Gracias  por la aclaración –agradeció la mujer.
- A vosotros –sonreí.

***

- Estoy muerta –dije tirándome en la cama en plancha.
- Joder, de las doce a las tres hay muchas horas –comentó Caitlin que estaba sentada a mi lado.
- Tres –le aclaró Carol riendo.
- Ya está la lista –le sacó la lengua y soltamos unas carcajadas.
- Justin y los chicos ya habrán llegado, ¿no? Es que tenía el móvil apagado durante la rueda de prensa y no lo sé.
- Sí, sí que han llegado –respondió Caroline- Ryan me ha caído bien.
- Y a mí –añadió Julia sonriendo.
- A nosotras también –dijimos Caitlin y yo a la vez.
- Pero si vosotras ya lo conocíais.
- ¿Y? Pero nos cae bien –ambas reímos al mismo tiempo.
- ¿Qué hacemos? –preguntó Julia.
- Yo comer –me levanté de la cama y saqué una goma del pelo de mi bolsillo trasero para hacerme un moño flojo- Tengo un hambre que me muero.

Bajé las escaleras y me metí en la cocina a calentar un poco de carne 
con salsa de champiñones que había sobrado de la cena de anoche. Las chicas bajaron mientras en el microondas, el plato de la comida daba vueltas.

- Justin acaba de publicar una foto en Instagram –dijo Julia sentándose en una silla de alrededor de la mesa.
- ¿Ah sí? –pregunté sacando el plato del electrodoméstico cuando la campanilla sonó.
- Sí, mira –dejé la comida en la mesa y me incliné hacia su móvil para observar la fotografia. Salían los cuatro juntos.
- Qué monos –exclamé enternecida.
- Sobre todo Chaz –fardó Julia.
- ¿Qué dices? Christian sale más mono –las tres miramos a Caroline.
- ¿Tú no decías que no te gustaba? –le pregunté tras la pequeña discusión que tuvieron el lunes y ayer.
- Cuando no peleamos es adorable –se encogió de hombros.

Negamos con la cabeza y soltamos unas cuantas carcajadas.

- ¿Si te pidiera para salir, qué harías? –le pregunté.
- Es prácticamente imposible que me pida para salir –dijo suspirando.
- ¿Por qué? –preguntó Caitlin arrugando las cejas- Eres bonita.
- Yo soy una empollona, llevo brackets, no visto a la última moda… -suspiró debatida- No soy su tipo.
- Qué poco te valoras, chica –comentó Julia- Si no lo haces tú, ¿quién lo hará?
- No es que no me valore. Es que somos polos opuestos.
- Dicen que los polos opuestos se atraen –comenté masticando la comida.
- Pero somos demasiado opuestos. Él no estudia, pasa de todo, viste genial, se junta con gente popular…
- ¿No os está sonando rara la palabra ‘opuesto’? –preguntó Caitlin frunciendo el ceño.
Ignoramos su pregunta, era una tontería.
- Oye, con eso de que se junta con gente popular… -dijo Julia- Tú eres amiga de ___ ___. ¿Acaso ella no es popular? –preguntó enfatizando la última palabra.
- No, es que… -la miré mal- O sea, sí lo eres –le sonreí y terminé de tragar la comida- Pero no me refiero a eso.
- Nosotras no te entendemos –habló Caitlin en son de Julia y yo- Y tampoco te entenderemos, porque chica, no te aclaras ni tú misma.
- ¡Es tu hermano el que me confunde! –gritó exasperada.
- ¡Lánzate!
- ¡Sí, hombre! –se negó al instante- ¿Para que me rechace?
- Quien no arriesga, no gana –intervine encogiéndome de hombros.
- ¿Y tú hoy qué, te ha dado por las frases? –me preguntó riendo.
- Algo así –respondí soltando unas carcajadas.
- El caso es que, o te lanzas ya o no sabrás nunca si le podrías haber correspondido o no –le aconsejó Cait.
- ¿Y que lo hago, así del palo? A lo ‘oye, Christian, me gustas mucho. ¿Quieres salir conmigo’?
- No mujer –me negué riendo- Hazte su amiga primero. Pero su mejor amiga. Y así quizá, poco a poco, podrá ir sintiendo algo por ti.
- ¿Y si después sólo me quiere como amiga? ¿Y si no me quiere como algo más? –me estaba estresando con tanta pregunta.
- Pues te buscas a otro que hay muchos chicos guapos por aquí –le contestó Julia ya un poco desesperada.
- Qué poca paciencia tienes con la chavala, eh –le chinchó Cait.
- Poca paciencia no, es que se está rayando por algo que no tendría ni que preocuparle –mi amiga miró a Caroline- Mira, si por alguna razón él no quiere contigo más que amistad, que se pire a tomar fanta. Tú vales mucho como para tener que arrastrarte. Y ya está, tía. No te rayes más porque lo único que consigues es tener más dolor de cabeza.
- Joder, me he emocionado y todo –bromeé.
- Si es que la Julia es muy Julia –dijo riendo Caitlin.
- ¿Lo habéis apuntado? –preguntó ella- Es el mejor discurso que he dado en mi vida.
- La verdad es que sí –la apoyó Caroline- Y tienes razón.
- Siempre la tengo –fardó sonriendo.
- Va, no flipes –le di unas palmaditas en la espalda.
- ¿Hacemos algo? –preguntó Caitlin- Estoy aburrida.
- Podríamos ir a dar un paseo –propuso Carol.
- ¿A dónde? –pregunté levantándome y guardando los platos en el lavavajillas.
- Han puesto unas paraditas artesanas en el centro de la ciudad, podríamos ir –dijo Julia.
- ¿Desde cuándo te va lo artesanal? –pregunté poblando la frente de arrugas.
- ¿Prefieres eso o quedarte en casa sola?
- Voy a vestirme.

Soltaron unas carcajadas y programé el lavavajillas. Subí las escaleras y me metí en mi habitación. Abrí el armario y saqué la ropa cómoda que me había llevado ésta mañana para ir al aeropuerto. Era así http://www.polyvore.com/298_nlyg_123/set?id=59084751. Me hice una trenza y dejé que colgase de un hombro. Cogí las gafas y me las puse. Agarré el móvil, las llaves y el dinero. Las escaleras las bajé prácticamente corriendo ya que las chicas gritaban mi nombre cada dos minutos.

- Menos mal, pensábamos que te había tragado el váter –bromeó Julia.

Reí falsamente y salimos de casa cerrando la puerta con llave, como siempre solíamos hacer. Nos metimos en el coche de Julia. Ella conducía, obviamente, yo estaba como copiloto y Cait y Caroline detrás.

- Pon la radio –pidió Caitlin.

La encendí yo por mi amiga y empezó a sonar Conor Maynard – Can’t Say No. Julia y yo empezamos a cantarla ya que nos gustaba mucho ése cantante. Era nuestro amor platónico. Mejor dicho, era uno nuestros muchos amores platónicos.

- Qué motivadas –rió Carol.
- ¿A que te dejo aquí tirada? –le amenazó mi amiga.
- Flipada –murmuré.
- Soy capaz.
- No lo eres –le desafié.
- Con ella no porque me la quiero mucho, pero si fuera Jennifer ya la habría tirado del coche estando en marcha.
- ¿En serio? –preguntamos todas con sarcasmo.
- Creo que sería lo primero que haríamos con ella si la tuviéramos en un coche –dijo Caitlin.
- Qué asco más grande le tengo –comentó Julia con su bonito acento andaluz.
- ¿Qué dice la tía ésta? –preguntó Carol. Claro, ellas no entendían el español.
- Que le tiene mucho asco –traduje yo.
- Es que si hablas en granadés éste –negó con la cabeza Caitlin.

Y en ese momento Julia y yo empezamos a reírnos como locas. A mí me 
faltaba el aire y prácticamente estaba llorando de la risa.

- ¿Qué he dicho?
- Granadés no existe –dije yo riendo a más no poder.
- Madre mía, que me meo –exclamó Julia llorando.

Caitlin enrojeció y soltó unas risas tímidamente. Reímos de nuevo pero parámos ya que tendríamos un accidente si Julia no le prestaba atención a la carretera. En menos de veinte minutos llegamos al centro de la ciudad, justo donde el paseo éste que decía Julia. Pero tuvimos que aparcar un poco lejos porque no quedaba ni un mísero sitio libre. No se podían quedar en casa, no.

- Qué cucki todo –comentó Julia sonriendo.
- Le compraré algo a mi Chazi –le imitó Caitlin poniendo voz de pito.
- Yo no hablo así –la miró mal.
- Perdón, perdón –se disculpó riendo.
- Pues yo si veo algo mono se lo compro a mi mami –dije caminando entre las múltiples casitas adornadas con tendederos rojos, amarillos o verdes.
- O a tu Shastem –dijo Julia.
- O a mi Shastem –repetí riendo.

Pasamos por un banco marrón en el cuál había una estatua del mismo color. Se trataba de un hombre de unos treinta y tantos años, sentado y apoyando las manos en su bastón de madera. Parecía demasiado real.

- Eh, hazme una foto –pedí pasándole el móvil a Carol.
- Va.

Me senté al lado del ‘hombre’ y pasé un brazo por sus hombros. Sonreí y cuando el móvil estaba listo para emitir el flash, la estatua pareció cobrar vida e hizo que me asustara. Las chicas empezaron a reírse y ahí fue cuando me enteré de que era un hombre que se ganaba la vida haciendo eso. Empecé a reírme de mí misma. En el fondo había sido divertido. La gente que pasaba por delante de nosotras, también reía. Y más si yo había sido la asustada.

- Me gustaría ver la foto, muchacha –pidió aquél amable señor.
- Claro –acepté aún algo asustada.

Le pasé el teléfono y de paso la observé yo también. Salía mirándolo con cara de horror y lista para pegar un salto tremendo sobre el banco. Él y yo nos echamos unas risas.

- En el fondo ha sido divertido –busqué unas monedas en mi bolsillo trasero y las dejé sobre su mano- Que tenga un buen día –grité mientras corría detrás de mis amigas.
- ¡Igualmente! –miró lo que le había dado hacía apenas diez segundos- ¡Y gracias!

Le sonreí por última vez y alcancé a las chicas.

- Esta foto causará furor.
- ¿Qué? –pregunté riendo.
- Julia la ha colgado en tus cuentas de Instagram, Facebook y Twitter –me informó Caitlin.
- ¡Julia! –le regañé soltando unas carcajadas.
- ¡Vamos, ha sido divertido! Esa foto no puede quedarse en el olvido. Tus fans merecen verla.

Negué con la cabeza sonriendo tontamente. Habíamos llegado sólo hacía diez minutos y ya me lo estaba pasando genial. De repente empezó a sonar mi teléfono. Era Justin. Apreté el botón verde y acepté la llamada acercándome el aparato al oído.

#Llamada telefónica#
- Digamelón –dije.
- Melón –respondió mi novio- Hola, shawty.
- Hey, bonito –le saludé sonriente. Justo las chicas se acababan de parar delante de un puesto de pulseras- ¿Qué tal todo?
- Genial –contestó- Estamos en un centro comercial de por ahí.
- ¿Sí? Yo estoy con las chicas en unas paraditas artesanales que han puesto hace poco.
- ¿Y qué, hay algo que te guste?
- De momento no he visto mucho –respondí. Me acerqué a ellas y me topé con un cilindro de metal en el que yacían varias pulseras. Dos llamaron mi atención. Eran de tela, los extremos se ataban con un cordón. Era bonita, tenía todos los colores del arcoíris.
- No arrases con todo –bromeó riendo.
- Tranquilo –le aseguré imitándolo- ¿Y qué tal el partido?
- Empieza a las ocho –aquí en Atlanta eran las cuatro y media.
- Entonces llegaréis aquí bastante tarde –le hice un gesto a la chica para que me sacara las dos pulseritas y ella asintió.
- Yo te llamaré, tranquila.
- Más te vale, Bieber –le amenacé riendo.

- Son tres dólares –me indicó pasándome una bolsita morada con las dos pulseras dentro. Asentí con la cabeza y le hice un gesto con la mano que tenía libre para que esperara un minuto.

- ¿Qué has comprado ya? –preguntó curioso.
- Cositas.
- ¿Bonitas? –añadió.
- Muy bonitas –reímos- Jo, te echo de menos.
- Yo también.
- Aw.
- Parece mentira que aún reacciones así cuando te digo esto siempre –dijo riendo.
- Es que es tierno –le di el dinero a la muchacha y nos marchamos a la siguiente parada.
- Tú me haces ser tierno –de fondo oí un ¡Bieber, cuelga ya el teléfono, tu novia sabe que la amas, no la atosigues! Reí y él pareció haberlo entendido- Los chicos me reclaman. No pueden vivir sin mí.
- No sé yo, eh –bromeé.
- Bueno, pero tú sí que no puedes vivir sin mí.
- No te lo niego –aseguré.

- ¡Pesada, deja a Justin ya y céntrate en comprar trastos! –chilló Julia en el oído libre.

- A ti también te reclaman –dijo mi novio riendo.
- Sí –solté unas carcajadas.
- Te llamo en un rato, princesa –prometió- Adiós, te quiero.
- Chao, yo también.
#Fin de la llamada telefónica#

- Si adivino para qué has comprado esas pulseras me invitas a un café –propuso Caitlin.
- A ver –sabía de sobras que lo adivinaría, pero como tenía hambre, no me importaba invitarla a algo a ella también.
- Es para ti y para Justin –asentí pesadamente- Vale, pues ven. He visto una parada de comida que me apetece probar –tiró de mi brazo bruscamente.
- ¿Pero no era que te apetecía un café? –pregunté riendo.
- Me he equivocado.
- ¡Eh, yo también quiero! –gritó Julia llamando la atención de todos los caminantes, como siempre. Carol la siguió por compromiso, no quería quedarse sola.

Llegamos al puesto del que hablaba Beadles y observé todo lo que había. Desde bandejitas de fresas con chocolate hasta ensaimadas recién echas, pues parecían estar calientes.

- Invito yo, ¿qué queréis? –pregunté mirando a mis amigas.
- Yo una manzana con chocolate –pidió Caitlin señalándola.
- A mí me pones un zumo de frutas del bosque –habló Caroline.
- Pues yo quiero un algodón de azúcar –mi melona y el algodón de azúcar, qué obsesión.
- A mí me pones la bandejita esa de las fresas con chocolate, por favor.
- Pues… -el hombre empezó a hacer cuentas en una calculadora- Serán veinte dólares.

Las tres me miraron expectantes. Creían que la comida en éstos puesto sería barata. ¡Já! Pero igualmente la pagaría. Gasta dinero no era problema para mí mientras mi madre me lo permitiera. Saqué un billete de cincuenta dólares y esperé el cambio.

- Gracias –dije amablemente cuando me dio los treinta dólares restantes.

Empezó a darnos las cosas y agradecimos con una educada sonrisa cada una. Caminamos hasta un banco y empezamos a comer de nuestras cosas. Todas probábamos de todas, sin importar las mezclas raras que estuviéramos haciendo. A Caroline le manché la nariz con chocolate y a mí ella me dio de probar su zumo y casi me entra una descomposición con todo lo que había comido.

- Si es que hemos hecho cada mezcla, que madre mía –se quejó Julia apretando su vientre.
- Tus chicas flipaban cada vez que pasaban  por delante de ti –me repitió Caitlin.
- Lo sé, lo sé –asentí riendo- Por suerte no nos hemos cruzado con muchas fans.
- Sí, hoy es un día para estar tranquilas, no llenas de paparazis ni fans que nos acosen –se quejó Carol.
- Cuidao’ con lo que dices de mis fighters que corto cabezas –amenacé riendo.
- Igualmente, volviendo al tema de los paparazis –dijo Julia-, que no los veamos no quiere decir que no estén.
- Se esconden como el dinero que se cae entre los cojines del sofá –aclaró Caitlin con un ejemplo un tanto raro y haciendo que la miráramos mal- Es el primer ejemplo que se me ha ocurrido, jo.
- Tranquila, si no pasa nada –dije riendo.
- Bueno, ¿seguimos comprando o nos vamos a quedar aquí siempre? –preguntó Caroline levantándose.
- Vamos, que queda mucha tarde por delante –acepté poniéndome de pie.

***

Las chicas y yo nos lo habíamos pasado genial deambulando por todas las paraditas de comida, ropa y accesorios que había por ahí. Compré alguna que otra cosilla y al final acabé llevando como siete bolsitas pequeñas llenas de pendientes, pulseras, collares y un atrapa sueños que me gustó mucho. Me crucé con muchas fans al final de la tarde y me hice fotos y firmé autógrafos para ella. Hoy me lo había pasado genial. Julia había echado como cien fotos y las estaba subiendo todas a Facebook y algunas a Twitter.

Eran las once y media y me llegó un mensaje de Justin. ‘Ya estamos llegando a casa, princesa. Te habría llamado para que nos vinieras a recibir, pero preferí no molestarte. Cuando esté con Ryan en mi casa te aviso. Chao, te quiero’. En teoría tendría que haberme hecho una llamada, pero en parte se lo agradezco porque estaba ya en pijama y colgando del techo el atrapa sueños que había comprado anteriormente. 
Había añadido más fotos a la pared del cabezal de la cama. Y muchas eran con las chicas y mis fans. La habitación estaba quedando muy bonita.

- ¿Se puede? –alcé la vista y vi a Julia ya con el pijama y apoyada en mi puerta. Asentí con la cabeza y me senté en la cama esperando a que ella viniera.
- ¿Qué pasa, melona? –pregunté cuando estaba ya a mi lado y de piernas cruzadas.
- Verás, es que…
- Va, dilo –insistí.
- …