¿Cuántos somos ya?

30 de agosto de 2012

Un 'lo siento' y un aviso.


Sé que llevo unos días ausente, pero es que no me ha dado mucho el brote de escribir. A parte, no sé que le pasaba al Word, que escribía el capítulo y no se guardaba, entonces el ordenador se me quedaba sin batería y perdía todo lo que llevaba hecho. Y pues tenía que volver a empezar y era súper pesado acordarte de todo lo que ponías, describías, etc. Y pues eso, pediros disculpas por no publicaros desde casi una semana. Estoy haciéndoos dos capítulos para mañana o pasado publicaros.

Y quería contaros algo más, dentro de unos días tengo una recuperación y quiero preparármela a tope, así que tampoco esperéis que empiece a subir taaaan seguido. Aparte, dentro de nada comienzo las clases de nuevo y este año quiero sacarme bien el curso -que me costará bastante-  así que no estaré tanto tiempo por aquí en Blogger.

Y nada más que decir. Sólo deciros lo de siempre, que gracias por todo el apoyo que recibo por vuestra parte, por vuestro interés en Ask, Twitter, Facebook y demás cosas. Y que sin vosotras no habría blog. Os quiero muchísimo, en serio.

¡Chao!

24 de agosto de 2012

Never let you go. {113}



Llegué a clase y lo primero que vi fue mi asiento ocupado por Rufus. Me vio e intentó sonreírme, pero no era una sonrisa cínica ni nada de eso. 
Se sentía mal por haber ocupado mi sitio, pero era Christian quien le había obligado a sentarse ahí. Moví los labios lentamente, para que pudiese leer mi “no pasa nada” desde la puerta. Me coloqué bien la mochila, pero ésta cayó al suelo cuando alguien pasó por mi lado, chocando con mi hombro a propósito.

- Oops, lo siento –se disculpó Sam falsamente.

Lo que me faltaba, pensé.

- Tranquila –sonreí cínicamente, haciendo que mi respuesta no alterada le sorprendiera.

Miró hacia mi sitio, el cual estaba ocupado por mi otro amigo. Sonrió. Sonrió como si hubiese ganado. ¿Qué le pasaba a ésta? ¿Se había quedado sin neuronas tras el reciente tinte de pelo que al parecer se 
había hecho mal?

- Vaya, ¿te has peleado con Christian? –preguntó, aunque se notaba a quilómetros su falta de interés por mi ruptura con mi mejor amigo.
- ¿Qué más te da, Sam?
- Lo digo porque ahora no tienes con quién sentarte.
- Se sentará conmigo –una voz detrás de mí hizo que la Sam chula que tenía delante se rebajara al patético nivel de mirarme a mí y a la persona que tenía detrás con odio. Se sentó en su asiento y me giré- Esta chica es idiota.
- Y que lo digas, Caroline –caminamos hacia nuestro sitio y justo llegó el profesor.

Me peleo con Christian, me viene Sam a molestar y a recordarme el tema, y ahora llega el profesor con un par de hojas que misteriosamente se parecen más a un examen que a unos simples ejercicios que tendremos que entregar al día siguiente.

- Sacad vuestros bolígrafos, lápices y gomas de borrar –anunció. La clase empezó a emitir los típicos ruidos de mochilas y estuches cerrándose- Examen sorpresa.

Y a continuación, quejas, suspiros, resoplos, insultos a lo bajini hacia el tutor, risas y “me lo suponía” de los empollones de turno. Me limité a sacar el material requerido y a esperar a que me pusieran el dichoso examen delante.

Llegó el recreo y no tenía prisas en salir, así que cogí el zumo que siempre solía llevar para esos cortos treinta minutos de descanso. 
Caroline me esperó, quería estar conmigo y no le negaría mi compañía. 
Era una chica agradable y me caía de maravilla. Aunque el resto de compañeros no compartía la misma opinión que yo hacia ella.

Salimos del aula y nos encontramos con Caitlin, Julia y un par de chicas más. No diré los nombres, no porque sean muy largos o directamente no hablara con ellas, sino porque no me acordaba. Sí, bastante deprimente. Pero es así, no me acuerdo de la mayoría de los nombres de las persona que conozco. Es algo… frustrante. Nos sentamos con ellas y las chicas me miraron expectantes.

- ¿Qué pasa? –pregunté bebiendo de mi zumo- ¿Tengo algo en la cara?
- ¿Te has enterado del rumor? –miré a Julia expectante.
- No, ¿qué dicen por ahí?
- Que Christian sale con Jennifer –escupí todo el zumo de golpe, mojándole la sudadera a Julia- Joder, no sabia que te sentaría tan mal.
- ¿Qué mierda quiere esa zorra de mi ardilla? –pregunté en voz baja por si alguna amiga de ella pasaba y me escuchaba.
- Pues no lo sé, pero tampoco es seguro que sean novios.
- Más vale que no sea verdad –murmuré por lo bajini.

El resto de los minutos nos los pasamos hablando de cualquier tema de conversación que se nos pasaba por la cabeza. Caroline se había integrado al pequeño grupo bastante bien. Ya la tomábamos por una más e incluso estábamos empezando a hacer planes con ella.

***

Al salir de clase, lo primero que vieron mis ojos fue a Jennifer y a Christian tonteando en la salida. Él sonriéndole y ella hablando mientras enredaba un mechón de pelo en su largo y fino de dedo. Demasiado cerca, demasiado sospechoso todo. Gruñí para mis adentros y me reuní con Julia, la cual me esperaba en un banco que había por ahí mientras hablaba con Cait, la cual lanzaba amenazantes miradas hacia su posible cuñada y al imbécil de su hermano.

- La mosquita muerta está engatusando bien al inocente de tu hermano –dije cuando estuve con ellas.
- Demasiado bien, diría yo –contestó Cait.
- Es algo idiota, el pobre –añadió Julia negando con la cabeza. Dirigió la vista hacia nosotras- Pero en fin, ya se sacará el solo las castañas del fuego.
- Sí, supongo –no estaba muy contenta con ese comentario, yo quería ayudarle antes de que pasara algo malo- En fin, ¿nos vamos?

Caitlin llamó a su hermano, gritando, haciendo que la gente que pasaba por nuestro lado se girara a vernos como si fuéramos autenticas verduleras. No nos importaba nada, o al menos a mí. Siguió gritándole hasta que bajó de la nube y la miró. Negó con la cabeza y le hizo un gesto con la mano para que se marchara sin él, ya que había comprendido o adivinado qué es lo que quería su hermana. Suspiró debatida, cansada y agobiada. Tal y como estaba yo. Tenía ganas de tumbarme en la cama, dormirme y no levantarme hasta el año que viene. 
Y sí, hablaba totalmente en serio.

Llegamos a casa y a regañadientes, Julia y yo preparamos la comida. Habríamos preferido pedir una pizza por teléfono, pero mamá sólo nos dejaba llamar una vez por semana y preferimos hacerlo el fin de semana para cenar, ya que era cuando se quedaba alguien a dormir a casa. Comimos viendo la televisión y apenas hablamos. No había tema de conversación, la verdad.


|| Unos días después ||

El dueto que habíamos hecho Iyaz y yo resultó ser todo un éxito. En menos de una semana se puso número uno en ITunes y las cadenas de televisión y emisoras de radio llamaban para que hiciera varia entrevistas. Ahora es cuando mi carrera despegaba y empezaba a tocar el cielo con los dedos, cuando mi sueño empezaba a hacerse realidad y todo el esfuerzo que estaba poniendo estos meses empezaba a valorarse.

Estábamos a finales de octubre. Frío, mucho frío. Sobre todo por las mañanas, cuando una se tiene que levantar para ir al instituto. Y lo peor no era estudiar, hacer deberes y exámenes sorpresa, sino ver a según qué gente. Y con ese ‘según qué gente’ me refiero al trío de Jennifer, Sam y, por desgracia, Christian.

Sí, seguíamos enfadados, distanciados, odiándonos, esquivando miradas en clase, en el recreo, en el trayecto de camino al instituto o a casa. Justin estaba informado sobre esto, le parecía una absoluta tontería que nos enfadáramos por esto, pero ninguno de los dos quería poner de su parte para solucionar todo el barullo que habíamos formado una semana atrás. Y a mí prácticamente se me habían quitado las ganas tras lo que me dijo la ultima vez que intercambiamos palabras.

Era viernes, la semana se me había pasado lenta. Muy lenta y sobre todo aburrida. Llena de exámenes y deberes, trabajos y proyectos. Y ensayos al estudio, entrevistas, y fans que me pedían fotos y autógrafos cada vez que salía a la calle. Y gente que creaba rumores y estúpidos que se los creían. Y paparazis acosándome a cada momento. Y cada vez más ganas para desaparecer de éste mundo.

Me levanté de la cama, me duché, me vestí y desayuné junto a una adormilada y borde Julia. Madrugando no se podía hablar con ella y menos cuando estaba con el periodo. Pobre. Por suerte hacia unos días, sus padres le habían pasado un dinero para comprarse un coche. Un coche que por cierto, cada vez que lo mirábamos, se nos caía la baba. 
Era idea, y sobre todo para las frías mañanas de octubre casi noviembre. Caitlin también tenía el suyo, así que no quedábamos para ir juntos al instituto. Una parte era mala, pues ya sólo nos veíamos en el patio. La otra era buena, me ahorraba ver a Christian, el cual cada vez estaba más pegado a Jennifer, la estúpida mosquita muerta que cada vez que me veía pasar se hacía la disimulada con mi ex mejor amigo. Algo sabía, y ese algo era que había averiguado que quería algo con Beadles. Y no precisamente tener una relación seria, sino algo material. Hasta mis oídos llegaban cientos de rumores sobre una posible pareja nueva en el instituto, y como no, era de Christian y su egocéntrica Jennifer. Los ignoraba, directamente los ignoraba. Cada vez que escuchaba algo relacionado con ellos, me asqueaba rotundamente.

Cuando llegué a clase me senté en el sitio que últimamente estaba ocupando muy seguido, el que estaba junto a mi nueva amiga, Caroline. El fin de semana pasado habíamos quedado para ir con Julia y Caitlin de compras al centro comercial. Todas habíamos llegado a casa con más de seis bolsas y con las carteras totalmente vacías.

Cuando el profesor de naturales entró, todos sacamos un bolígrafo azul y una hoja. Hoy teníamos examen y como pude, había estudiado durante toda la semana como una condenada.

Las horas me pasaron lentas, muy lentas. El patio estuvo incluso aburrido. La estridente alarma que señalaba que las clases se habían acabado y que el fin de semana empezaba, me asustó. No estaba ni controlando la hora. Mientras todos mis compañeros recogían a toda prisa sus cosas, yo lo hacia con una rotunda e incluso a veces insoportable tranquilidad.

- Oye, ___ –me llamó Caroline la cual pasaba por mi lado con su bolsa colgando de un lado-, yo me voy ya. Tengo prisa.
- Claro, nos vemos el lunes –este fin de semana se iba a Alaska a ver unos familiares que según me había contado, estaban un pelín enfermos.

Estaba la clase vacía. Sólo quedaba el profesor, el cual sorprendido por mi aún presencia en el aula, me llamó con un leve movimiento de dedos.

- Señorita ___ , ¿le ocurre algo? –preguntó haciendo que frunciera el ceño repentinamente.
- No, ¿por qué?
- La noto algo extraña esta semana.
- No sé, quizá es porque estoy más callada y mis calificaciones son más altas.
- Sí, puede ser que sea por eso –comentó encogiéndose de hombros- 
Pero ya sabe que si le pasa algo, no dude en venir a llamarme. Quizá la puedo ayudar.
- Ya, pero me saldría mejor llamar a un psicólogo. Al menos les daría algo de trabajo –y ahora volvía a ser la ___ de siempre.

Él negó con la cabeza.

- Bastante había tardado en soltar alguna de las suyas.
- Me he estado reservando toda esta semana –dije riendo. Miré mi reloj. 
Tenía hambre y Julia me esperaba- Me voy ya, que pase un buen fin de semana.
- Igualmente –me deseó.

Salí de la clase y caminé por unos desiertos pasillos que pocas veces se podían ver con tanta tranquilidad. Incluso daba gusto poder pasearse por él sin ser empujado por nadie. Me detuve delante del tablón de anuncios cuando un papelito amarillo fluorescente llamó mi atención.

· Clases de álgebra de cinco a seis y media de la tarde. Lunes y jueves. 

Y en la parte posterior del post-it un número de teléfono. Cogí el papel que colgaba de una chincheta y me lo releí de nuevo. Dentro de dos semanas teníamos un examen de dos temas bastante largos y se me estaba dando fatal esta asignatura. Me lo guardé en el bolsillo y seguí viendo los centenares de anuncios que colgaban de aquel tablón de corcho marrón que tantas veces había pasado por delante pero que nunca me había detenido a mirar.

Me paré en un post-it rosa que decía ‘fiesta el día 8 de noviembre en mi casa…’ pero no pude seguir leyendo más. Unas manos impidieron la visión de mis ojos. Me asusté. En mi cabeza se activó una alarma. Me debatía en girarme y pegarle en las partes bajas de aquella persona, pues era un hombre. Aquellas manos eran demasiado grandes para ser de una mujer. Pero rápidamente me arrepentí de ese pensamiento y me 
insulté mentalmente cuando un delicioso y exquisito aliento rozó mi nuca. 
Sonreí. Una sonrisa que siempre se asomaba por mis labios cada vez que sentía su presencia. Me giré, quedando en frente de él. Curvó sus labios formando una sonrisa igual o más bonita que la mía. Me besó en la boca, apoyando sus manos en mi cintura, como muchas veces había hecho.

- Hola, fea.
- ¿Qué pasa, Biebs? –pregunté en el mismo tono que él.
- He venido a recoger a mi novia, ¿la has visto?
- Sí –respondí con un mohín.
- ¿Dónde?
- Mhm… Se me acaba de olvidar –él soltó una carcajada- Creo que está en el baño.
- ¿Y qué hacía en el baño? –preguntó siguiéndome el juego.
- La vi entrar con un chico.

Él abrió la boca formando una ‘o’.

- Dime quién era ese chico.
- No sé quién era –respondí acariciándole el pelo no peinado que en ese momento llevaba- Pero puedo decirte que era guapo.
- ¿Guapo? –asentí con la cabeza.
- Muy guapo –añadí- Llevaba una chaqueta de cuero marrón –y él llevaba una así-, un pantalón negro que le llegaba por las rodillas –y él llevaba uno así-, unas supras del mismo color y una sonrisa que infartaba –y él iba así.
- ¿Y sabes qué iban a hacer? –preguntó acercándose a mí amenazante.
- Pues…
- Bieber y ___ –nos giramos para ver de quién era esa voz. 
Aunque a mi me sonaba demasiado. Tragué saliva al ver al director ahí-, creo que es algo tarde para estar deambulando por los pasillos. Márchense.
- Ahora mismo –contestó Justin rápido y educadamente en cuanto lo vio.

Cogió mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. Le hice un gesto con la cabeza al director y él negó con la cabeza mientras reía. En el fondo era enrollado. Al menos conmigo. Y sólo porque su hija le mintió a principios de curso diciendo que éramos y somos, según ella, grandes amigas. Salimos del recinto y busqué con la mirada el vehículo de Julia, que por cierto no estaba. En su lugar estaba el de Justin, al cual miré con el ceño fruncido.

- Vamos a dejar a mi novia y al chico que iba vestido igual que yo en el baño, tú y yo iremos a comer por ahí, ¿sí? –besó mi mejilla y bajamos las escaleras exteriores que había en el instituto.
- Sí –acepté sonriéndole.
- ¿Dónde te apetece ir? –preguntó abriéndome la puerta del copiloto.
- ¿Qué te apetece comer? –me la cerró y se sentó en su asiento. Nos pusimos los cinturones.
- Pasta.
- Raro de ti –comenté sarcásticamente riendo.
- ¿Tú no quieres? –preguntó mirándome y poniendo el coche en marcha a la vez.
- Preferiría comerte a ti –bromeé guiñándole un ojo.
- Uh, gatita, qué juguetona estás hoy, ¿no? –carcajeó.
- Es viernes, tengo ganas de divertirme –el vehículo se movía, dejando atrás al edificio que no verías hasta el lunes.
- ¿Y qué te apetece hacer para divertirte? –preguntó sin despegar la mirada de la carretera.
- Pues estar contigo me parece perfecto –contesté sonriéndole aun sabiendo que no podía verme.
- ¿Sabes? Anoche hablé con mis hermanos –sonreí- Te extrañan, ___ .
- Espero que les dijera que yo a ellos –dije en tono amenazante- Los considero prácticamente como hermanos míos.
- Uh, no –se quejó Bieber haciendo una mueca- Entonces tú y yo ¿qué somos?
- Yo soy tu hermanita menor –empezamos a reírnos.
- Beso a mi hermanita menor –dijo para luego hacer una mueca.
- Y con lengua, no te lo pierdas.
- Y me la imagino desnuda.
- ¡Bieber! –le regañé pegándole en el hombro. Él rió y aprovechó que estaba el semáforo en rojo para besarme- Eres un guarro.
- Es broma, shawty –dijo arrancando de nuevo el coche- Sabes que tu físico es lo que menos me importa. Es más interesante tu personalidad.

Le sonreí.

- Amo que seas así conmigo.
- ¿Así cómo? –preguntó riendo.
- Así de cariñoso.
- Soy como me apetece ser contigo –dijo para luego aparcar el coche delante de un restaurante al que tantas veces había ido por culpa suya. 
Y claro, también por culpa mía. Adorábamos la pasta, era nuestra perdición. Nuestro vicio.
- Y por eso te amo –comenté cuando me estaba abriendo la puerta. Me tendió la mano y me ayudó a salir. Cerró la puerta y nos encontramos con unos paparazis en la entrada, los cuales ignoramos y pasamos al interior del local- Qué molestos son.
- Demasiado –me dio la razón Justin.

Un mesero se acercó a nosotros y nos guió hasta una mesa de dos que estaba algo cerca de una familia con dos hijos adorables. Como amaba a los niños, y más si eran pequeños, como aquellos dos. Una niñita de siete años y un bebé de dos. Qué ternura desprendían. Con una sonrisa y sin dejar de mirarlos, me senté en la silla que Justin había apartado para que me sentara.

- Gracias –murmuré cuando me sentaba. Sonrió como respuesta y se sentó delante de mí.
- ¿Qué miras tanto, shawty? –preguntó sonriéndome tiernamente.
- A los niñitos esos de ahí –los señalé con la cabeza y él volteó a verlos descaradamente- Pero disimula, hijo.

Se echó a reír y me miró de nuevo.

- Son muy monos –comentó.
- Y qué lo digas.
- ¿Quieres que vayamos practicando? –bromeó. Alcé una ceja y una pareja que teníamos al lado se giró a vernos.
- Justin –le regañé entre dientes- Que nos están escuchando –le informé.

Él rió divertido.

- Qué vergonzosa –dijo acariciando mi mano- Me encanta cuando te sonrojas.
- Ya, bueno –contesté riendo.
- ¿Qué vas a pedir? –preguntó cambiando de tema.
- Raviolis con salsa de setas –respondí.
- Pero si no te has mirado ni la carta –dijo él riendo.
- Pero me apetece eso –me excusé contagiándome de sus risas- ¿Y tú?
- Creo que lo mismo.
- Crees –repetí.
- Creo –dijo de nuevo observando el menú- Sí, pediré lo mismo.
- Copión.
- Hermosa.
- Repetitivo.
- Preciosa.
- Pesado.
- Te quiero.
- Te amo.

Nos sonreímos y el camarero de antes se nos acercó con una libreta pequeña en la mano. Nos miró y pedimos lo que queríamos comer. La Coca Cola no podía faltar en mi vaso, él prefirió escoger Sprite. El mesero se marchó regalándonos una educada sonrisa y Justin y yo proseguimos con nuestra entretenida conversación.

- Como te iba diciendo… -me aclaré la garganta y le sonreí- ¿Algún proyecto entre manos?
- Nuevas canciones –respondió él.
- Título –exigí.
- That should be me –contestó.
- De momento no te he engañado con ninguno.
- Lo sé, pero me apetecía escribir sobre eso por si hay alguien que se siente identificado con mis letras –y después reaccionó ante mi comentario- ¡Oye! ¿Cómo que de momento?

Solté unas carcajadas.

- Es broma, mi amor –él sonrió- Jamás te haría algo así.

Trajeron la comida y empezamos a comer, saboreando la salsa, los raviolis, todo. Todo estaba exquisito. Justin y yo habíamos pedido más bebida, se nos había acabado en menos de dos minutos, ya que habíamos ido bebiendo mientras hablábamos.

- Creo que tienes un problema con la Coca Cola –dijo riendo mientras observaba como acababa con la segunda botella de cristal.
- Es mi adicción –contesté divertida.
- Tienes muchas adicciones –dijo riendo.
- Lo sé.
- Dime una.
- ¿Una de qué? –pregunté pinchando uno de los pocos raviolis que me quedaba en el plato.
- Una adicción más.
- Tu sonrisa –respondí casi sin pensar.

Él sonrió.

- Y cada vez que lo haces me vuelvo más yonkie a ti –añadí antes de llevarme el tenedor a la boca.
- Eres perfecta –dijo casi embobado.
- Nadie es perfecto –contesté cuando tragué el ravioli.
- Perdón, Nadie –me reí- Esta tarde tengo que ir al estudio a terminar de grabar.
- Oh –quiero que me lleve.
- ¿Vienes? -¡bien!
- Vale –respondí intentando no parecer una desesperada.
- Sé que te mueres de ganas –dijo riendo.
- Un poco sí –admití soltando unas carcajadas.
- ¿Has acabado? –preguntó refiriéndose a mi comida.
- Sí –contesté colocando mis cubiertos sobre el plato.
- Yo no –se metió como ocho raviolis del tirón en la boca y masticó con agonía. Bebió un sorbo de Sprite para que la comida  pasara mejor por la garganta y tragó- Ahora sí.

Solté unas carcajadas.

- Eres increíble –comenté aun riendo.
- Sólo cuando estoy contigo –dijo sacando la cartera cuando el mozo se acercó con la cuenta. Ni siquiera me dejó ver cuanto había costado todo. 
Le entregó un billete de cincuenta dólares y le miré ceñuda. Él me sonrió mientras se levantaba- Sabes que no te voy a dejar pagar nada.
- Pues eres idiota –lo insulté levantándome.
- Pero me quieres.
- Bastante –añadí. Di mi último vistazo a los niños de antes y se despidieron de mí con la mano y una sonrisa. Les devolví el gesto y salí del restaurante- Jo, Justin.
- ¿Qué pasa? –preguntó caminando hacia el coche.
- ¿Adoptamos un bebé? –él se echó a reír- ¿Qué te hace tanta gracia?
- ¿Con quince años ya se te ha activado el reloj biológico? –preguntó mientras nos poníamos el cinturón.
- Se me activó cuando te vi a ti.
- ¿Qué insinúas?
- Pues que amaría la idea de que fueras el  padre de mis hijos –él me sonrió tiernamente y arrancó el coche- ¿No te imaginas a un mini Justin correteando por casa de su abuela Pattie?
- O por casa de su abuela ___ (tu madre).
- O por casa de Jeremy –añadí riendo. Luego suspiré- Ogh, echo de menos a mi suegro sexy.
- ¡Eh! –se quejó- ¿Cómo que sexy? Aquí el único sexy de la familia soy yo.
- Tu hermano va en camino de superarte, Bieber –dije riendo.
- Bueno, pero a la novia más bonita me la he llevado yo –comentó victorioso. Yo reí.
- Y tu hermana… qué niña más preciosa.
- Tendré que vigilarla –dijo ceñudo.
- ¡Justin!
- ¿Qué? Los chicos se acercarán a ella como un pedazo de carne.
- ¿Y qué tiene? –pregunté- Así son todos los chicos.
- Oye, que yo no me acerqué a ti como si fuera un pedazo de carne.
- Más bien, en lugar de acercarte a mí, te estampaste contra mí –ambos reímos al recordar el momento- Casi me rompes la BlackBerry.
- Y tú casi me robas el corazón.
- ¿Casi? –pregunté confusa.
- Me lo robaste del todo cuando me sonreíste por primera vez.
- Ow, Justin –dije mirándolo- Eso es tierno.
- Lo sé –fardó.
- Y eso lo último lo arruinó todo –cambié mi sonrisa por una mueca.

Él soltó unas carcajadas. Aparcó el coche delante de su casa, pero entramos en la mía. Le mandó un mensaje a su madre, la cual había salido a hacer no sé qué, y le dijo que estaba conmigo. Entramos en casa y nos topamos con Chaz y Julia, tumbados en el suelo y riéndose como estúpidos. Cerré la puerta lentamente sin dejar de observarlos y tiré las llaves al cuenco decorativo que había en la entrada.

- ¿Se puede saber qué hacéis? –pregunté acercándome a ellos.
- Julia me enseñaba a bailar reggaetón –contestó Somers entre risas.
- ¿Habéis perreado? –preguntó Justin alzando una cejas rápidamente.
- No –contestaron los dos seriamente. Luego se miraron y empezaron a reírse.
- Da igual, no quiero saberlo –dije pasando por los huecos que dejaban libres en el suelo- Voy a darme una ducha.
- Voy contigo –me siguió Justin.
- Sé ducharme sola –le paré por el pecho.
- ¿Y si te ahogas?
- ¿Y si te asesina el patito de goma? –Julia y sus paridas.
- ¿Habéis bebido? –pregunté yo mirándolos seriamente. Aun seguían en el suelo y riéndose- Da igual, tampoco quiero saberlo.

Subí las escaleras y noté al segundo los pasos de Justin detrás de mí.

- No vas a entrar al baño –dije girándome y apuntándole con el dedo. Me lo mordió. Me quejé y le pegué una leve colleja en la mejilla- Me has hecho daño.
- ¿Te lo curo?
- No –seguí subiendo las escaleras y entré a mi habitación- Te sientas en la cama y miras el Twitter.

Me quité el abrigo y lo colgué detrás de la puerta. Le di el ordenador pero lo rechazó dejándolo a un lado. Lo miré ceñuda.

- No la líes –dejé el móvil encima de la mesita y cogí ropa del armario- No me apetece llamar a mi madre para comentarle el desastre que has causado.
- No me voy a portar mal –le miré- En serio.
- Prométemelo –alcé una ceja y él se quedó callado- Justin.
- Juro no hacer Spiderman por la ventana.

Estallé en carcajadas.

- Eres idiota.
- Soy tu idiota –dijo sonriéndome tiernamente. Le devolví el gesto y me encerré en el baño.
- ¡Y por eso te quiero! –grité desde dentro para que pudiera oírme.

Puse el pestillo, no me fiaba de Justin. Podría entrar en cualquier momento y no quería que me viera desnuda. O al menos, no de momento. Me quité la ropa, dejándola en el cesto de plástico que había en una esquinita. Me metí en la ducha y regulé el agua hasta que por fin salió totalmente caliente. Dejé que el agua artificial bañara mi piel por completo, relajando todos los músculos tensos de mi cuerpo y perdiéndome por un momento de la cruda realidad en la que me encontraba. Abrí los ojos y empecé a enjabonarme el pelo. Una vez que terminé, salí de la ducha. Enrollé mi cuerpo en una toalla y mi cabello en otra. Mientras se me secaba el pelo, me puse esto http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=52218225. Sequé mi pelo y lo recogí en una coleta alta, pero dejé a un lado el flequillo. Maquillé levemente mis ojos y lavé mis dientes con una pasta que olía a menta. Recogí un poco el baño y luego salí de él.

Me encontré a Justin jugando con mi móvil. Bueno, jugando o chafardeando. No sabía qué era exactamente lo que hacia hasta que se lo quité de la manos y comprobé en qué página estaba. Mi Twitter. Lleno de tweets diciendo que:

· @justinbieber es el más hermoso.
· @justinbieber tiene el pelo más sexy del mundo.
· Por las noches tengo que dormir con una mantita y un oso de peluche porque sino tengo miedo.
· Con quince años sigo jugando con mi amigo imaginario Tobby.

Lo miré. Prácticamente lo asesiné con la mirada. Él se encogió de hombros y esbozó una sonrisa inocente, de niño bueno que jamás había roto un plato. Negué con la cabeza mientras reía. Justin era un crío, un crío de dieciséis años. Besé su mejilla y me levanté cogiéndole de la mano.

- ¿Adónde vamos? –preguntó.
- A ser felices –respondí. Él alzó una ceja- No, en realidad vamos abajo. Quiero saber qué hacen esos dos.

___________


Bueeeeeeeeenas. No he tardado en subir, eh. EH. Qué maja soy :3 Na, joda. Y bueno, éste capítulo lo acabé anoche a eso de las seis y media de la mañana, porque no tenía sueño y la inspiración estaba mi parte. A ver si os gusta. Y bueno, como os prometí en el anterior capítulo, aquí el vídeo mío comiendo Cola Cao (es chocolate en polvo que se le echa a la leche, para las que no lo sepan). Y algunas ya lo habrán visto por Twitter, pero bueno, lo pongo de todas formas. Parida mía ajsdhkasd. <-- Click ahí. Si no se puede ver me lo decís y lo cuelgo en el siguiente. Es que voy con prisas.
Chaaaaaaao c:

23 de agosto de 2012

Never let you go. {112}



- Oye, ¿hacéis algo esta tarde? –pregunté. Julia estaba liada con el móvil.
- No.
- Sí –contestó Vilchez. La miramos- Una Twitcam.
- ¿Qué? –preguntó ___ .
- ¿Recuerdas cuando un día pusiste en Twitter que si Hurt llegaba por casualidad a ser puesto número uno en ITunes, tú hacías Twitcam?
- Sí –asintió lentamente.
- Pues bueno, prepárate porque nos espera una TC muy bizarra.
- ¡No puede ser! –exclamamos los dos ante la idea de que su canción estuviera número uno.
- ¡Sí, joder, sí! –nos pasó el móvil y lo vimos.
- ¡La vamos a liar que lo flipas! –gritó mi novia chocando los cinco con Julia.
- ¡A tope! –y empezaron a reírse pegándome las carcajadas.

***


|| ___ ||

En mi casa estábamos Chaz, Julia, Justin y yo. Había intentado llamar a Christian para tratar de arreglar las cosas y así poder hacer una TC todos juntos, pero no me lo cogía. O me ignoraba. Decidí no rayarme ni preocuparme por él. Tampoco iría detrás de él como un perrito faldero todo el día para intentar volver a reconciliarnos, me queda dignidad.

Esperábamos delante del ordenador a que fueran las seis y media. Julia de mientras iba haciendo el trabajo ese que tenía para la semana que viene, el cual acabó en menos de diez minutos, los chicos y yo le íbamos a ayudando.

- ¡Eh, que son las seis y media! –avisó Chaz.

Los cuatro nos pusimos detrás del escritorio. Cada uno en una silla, aunque teníamos que estar bastante apretados, pues la cámara no nos enfocaría a todos. Avisamos por Twitter que empezaríamos ya con la TwitCam y con mi cuenta, me metí en Livestream para iniciarla. Mandé el link y en un minuto y medio ya habían como cien viewers.

- ¿Esto se escucha? –pregunté yo colocando bien el micrófono.
- Sí, si que se escucha –respondió Julia subiendo el volumen.
- Que no, que no nos oyen.
- Shawty que sí se oye.
- A ver, si se oye, poned supercali…
- No, poned “Chaz es el más guapo” –me interrumpió.

Al segundo había miles de “JAJAJAJA”, “Chaz es el más guapo” y “supercali… JAJAJAJA”. Sí, al parecer sí se escuchaba.

- Bueno, haríamos el típico “Hi, this is Justin Bieber, and this is ___ ___ –dije sonriéndole a la cámara.
- Pero creo que ya nos conocéis demasiado –añadió Biebs.
- Claro y a los demás que les jodan –espetó Julia.
- ¡Eh, esa boca! –le regañé.

Los chicos empezaron a reírse. Julia me miró mal, seguía empeñada en querer que la presentara. ¡Qué idiota!

- Bueno, éstos son Chaz –hice un gesto mirando hacia él y saludó a la cámara- Y la loca de mi amiga, Julieta.
- ¡No me llamo Julieta! –se quejó dándome un golpe en el brazo.
- Vale, vale –solté unas carcajadas- En realidad se llama Juliet.
- ¡Tampoco, me llamo Julia! –amaba picarla con todo esto de los nombres.
- Oye, ¿sabéis que el nombre de vuestra relación sería ‘chulia’?
- Justin, si te lo dije yo el otro día –le recordé riendo.
- Oh, es verdad –se rascó la cabeza confuso.
- No sé si os habéis dado cuenta, pero la TC ya funciona y nos están oyendo decir tonterías más de seiscientas personas –avisó Chaz.
- Claro que lo sabíamos  -contesté esta vez yo- Esto era una introducción.
- Imbécil –añadió Bieber.
- Sois idiotas –murmuró Julia negando con la cabeza.
- Calla, Julieta –la chinché más.
- Eh, aquí la gente quiere saber cosas nuevas –dijo Chaz inclinado hacia  la pantalla para leer todas las menciones que nos llegaban- ‘With Kidrauhl’ quiere saber sobre el nuevo proyecto con Iyaz que tiene ___ .

Sonreí.

- Va genial, chicas –empecé mirando a la cámara con una sonrisa en el rostro- La canción es preciosa y hoy la hemos grabado, solo falta que junten las voces y le den unos retoquillos y en unos días estará colgada en ITunes.
- La letra es preciosa –comentó Justin- Os va a encantar, a mí me ha gustado muchísimo.
- He colgado un vídeo en su canal de Youtube, salen algunas partes de la canción y eso –anunció Julia- Podéis pasaros y así enteraros de cómo será el ritmo.
- Y yo soy el único que no se entera de la película –comentó Chaz haciéndose el victima.
- Es  lo que hay –dije encogiéndome de hombros.
- Claro, como ella ya es parte de tu Team…
- Oh, es verdad –miré a la cámara y luego a mi amiga- Seguramente ya os habréis enterado, porque sois algo parecido al FBI, pero Julia es la fotógrafa de mi tripulación, así que la tendremos en todos los conciertos, giras, entrevistas y demás cosas.
- Es genial, en serio –reconoció Julia- Aun no me lo puedo creer.
- Eh, aquí piden algún reto –leyó en voz alta Justin.

Me encogí de hombros y puse cara de ‘no lo sé’. Julia me codeó las costillas y la miré, ésta alzó las cejas rápidamente y seguidas veces.

- ¿Qué? –le pregunté riendo.
- Reto de la canela.
- No pienso hacer el reto de la canela –me negué rotundamente.
- ¡Sí, sí, sí! –pidieron los chicos.
- A ver, a los setecientos viewers, ___ hace el reto de la canela –anunció Justin.
- ¡Justin, no pienso hacer eso, hazlo tú!
- Por mí vale –aceptó él.
- La canela está asquerosa.
- Pues con Nesquick o Cola Cao –recomendó Somers.

Y en ese momento, Julia y yo empezamos a partirnos de la risa. Ambas nos acordamos de lo que hicimos hace un par de días estando aburridas en mi habitación. Fue buenísimo, en serio.

- ¿De qué os reís? –preguntó Justin mirándonos de manera extraña.
- Hace unos días ella y yo nos grabamos comiendo Cola Cao y –Julia empezó a reírse- Pues eso, que la liamos.
- Estáis locas –dijo Chaz.
- ¡Fue idea de ella! –me señaló Julia.
- Bueno, pero tú bien que te grabaste después –le reproché.

Al segundo la gente pedía que subiéramos ese vídeo, que querían verlo. Que lo colgáramos en Youtube, en Tumblr, en cualquier lado.

- Mejor, lo harán ahora, en directo –anunció Justin mirando a la cámara.
- ¿Qué? –exclamamos las dos a la vez- Que lo pasamos mal, eh.
- Sí, que yo casi me ahogo y todo –dije frunciendo el ceño al recordar el ataque de tos que me entró.
- Va, hazlo por tus fans –pidió Justin haciendo puchero.

Suspiré. Siempre acababa haciendo lo que él quería por culpa de esa dichosa cara. Siempre. Me levanté de la silla giratoria y él empezó a reírse.

- ¿Traigo para dos? –pregunté mirando a Julia.
- No, hazlo tú –dijo- Yo no tengo ganas.
- ¡Pero Julia! –me quejé.
- Va, por tus fans –utilizó el mismo truco que Justin.
- Dais asco –les apunté con el dedo y les miré mal.

Bajé a la cocina y busqué en los armarios el bote de cola cao que mamá siempre compraba por mí y por Julia, ya que ese era nuestro desayuno de todas las mañanas. Lo cogí y de paso agarré una cuchara. Subí las escaleras y entré en mi habitación para luego sentarme en la silla de antes. Dejé las cosas encima del escritorio y me acomodé el cabello.

- Vale –cogí la cuchara y la hundí entre el polvo de cacao- Voy a comerme una cuchara de… Cola Cao –miré a mis amigos y empecé a reírme- Okey.

Me metí la cuchara en la boca y saboreé, por un momento, el gusto a chocolate, pero pronto el polvo se me atraganté porque había puesto demasiado Cola Cao en la cuchara, haciendo que empezara a toser y que el portátil se llenara de polvo.

- ¡La puta madre! –exclamé al ver todas las teclas bañadas de color marrón. Los chicos no paraban de reírse- Joder, en tol’ portátil.
- ¡Si es que eres tonta! –exclamó Julia riendo a más no poder.
- Me cago en todo –dije sacudiéndome el pantalón que también se había manchado.
- Los fans ahora estarán flipando –comentó Chaz carcajeando.
- Shawty, esto ha sido épico –dijo Justin imitando a sus tres amigos.
- Ya, pues lo he pasado mal –me limpié una lágrima que caía por mi mejilla por lo agrío que estaba el chocolate en polvo que acababa de comerme.

Justin limpió un poco la comisura de mis labios y le sonreí.

- Madre mía, el portátil –llevé las manos a la cabeza y suspiré.
- Eso con una aspiradora se limpia –aconsejó Julia.
- Pues tendremos que quitar la TC –dijo Chaz.
- Sí, ya haremos otra algún día –dije riendo.
- Bueno, pues ya nos vamos –anunció Justin- Hay que limpiar todo esto –dijo haciendo un gesto con las manos.
- Lo siento chicas, culpa mía –me disculpé. Si no me hubiese metido tanto Cola Cao en la boca no habría pasado nada.
- Os amo beliebers –se despidió Justin lanzándole un beso a la cámara.
- Y yo también, chicas –contesté sonriendo- Si no fuese por vosotras no estaría aquí, sois las que más apoyo me habéis dado en esto de cantar. 
De verdad, gracias. Justin tiene mucha suerte de teneros como fans.

Los cuatro nos despedimos haciendo un gesto con la mano y desconecté la TC.

- Bueno, a limpiar –dije levantándome.


|| Lunes por la mañana ||

El fin de semana había pasado rápido. La entrevista del domingo había sido divertidísima e interesante. Hablamos de distintas cosas e informé de lo que podía a mis fans a cerca del cd. Caitlin había vuelto de Los Ángeles y nos trajo a todos un pequeño detalle. Le dijimos que no tendría que haber hecho eso, pero se excusó con el típico “es que a mí me hacia ilusión”. A mí me trajo una bonita camiseta, la cual me pondría hoy para ir al instituto.

Me levanté incluso antes de que sonara la alarma. Hice lo de siempre y me vestí así http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=39377826. Dejé mi cabello suelto y maquillé levemente mis ojos. Bajé a desayunar y ahí estaba Julia, como siempre, mirando la televisión mientras se bebía un zumo.

- Buenos días –saludé sin ganas entrando a la cocina, donde mamá preparaba su café- Hola, mamá.
- Hola, hija –besó mi mejilla y bebió su bebida.
- ¿Hoy vas al estudio? –preguntó.
- No –respondí preparándome el desayuno.
- ¿Y eso? –esta vez fue Julia, la cual se sentó en una mesa  para coger una magdalena que había dejado mamá ahí.
- Tengo que estudiar –dije sentándome al lado de mi amiga para empezar a comer.
- Oh, qué aplicada –bromeó Julia.
- Más te vale aprobar el del viernes –amenazó mamá.
- Que sí, mujer –respondí pesadamente.
- Bueno, yo me voy ya –dijo cogiendo el bolso que colgaba del perchero- Portaos bien –nos lanzó un beso desde la puerta- Nos vemos a las cinco.
- Adiós –nos despedimos de ella.

Cerró la puerta y dejé caer mi cabeza en la mesa para tratar de dormir un poco. Estaba terriblemente cansada, en serio. Anoche no pegué ojo por lo de Christian, los estudios y el disco. Estaba pensando en qué basarme a la hora de escribir, de qué hablarían las canciones y esas cosas. En fin, que no conseguí coger el sueño hasta las dos de la mañana. Patético.

- ¿Vas a intentar arreglar lo de Chris? –preguntó Julia.
- Yo no tengo que arreglar nada, es él el que me ha hablado mal –respondí mientras me levantaba con el bol ya vacío.
- Pero tienes que comprenderlo, si le gusta no puedes hacer nada.

Terminé de fregar el cacharro y lo dejé en una esquina para que se secara. Me apoyé en la encimera de espaldas, mirando a mi amiga y suspiré.

- Sí, pero esa chica me da mala espina y sé que le hará algo malo a mi ardilla –aun estando enfadada con él no podía evitar llamarle por su mote.
- ¿Y si te equivocas?
- Julia, ayer me dabas la razón y hoy le defiendes a él, ¿en qué quedamos? –estaba echa un lío.
- En que soy amiga de los dos y no quiero que estéis mal por esta tontería –dijo levantándose y subiendo las escaleras.
- Espera –la seguí y ella paró- Sólo dime una cosa.

Ella hizo un gesto con la cabeza para que siguiera.

- Dime que esto no te parece raro –dije. Ella miró al suelo- Vamos, que un pivonazo se acerque a un chico dos años menor que ella cuando nunca se han dicho ni hola, es raro.
- Sí, es raro –aceptó suspirando- Pero no podemos hacer nada. Christian ya es grandecito, Jennifer también. Ya sabrán lo que hacen.
- Pero no quiero que le acabe haciendo daño, joder –sin habernos dado cuenta ya teníamos las mochilas colgando del hombro.
- Bueno, pues si por casualidad acaba sufriendo, nos tendrá a nosotras para lo que sea, ¿sí?

Suspiré debatida. Julia siempre me hacia entrar en razón aun cuando no quería. Era testaruda, muy testaruda, pero por su culpa siempre acababa cediendo a todo. A todo. Salimos de casa y caminamos hacia la de los Beadles. Cada vez estaba más nerviosa. No sabía qué decirle a Christian, cómo actuar, hacer como si nada… Estaba que tenía la cabeza como un bombo; a punto de explotar.

Nos paramos justo en frente de la puerta y me debatí en llamar o no a la puerta. Por una vez estaba dejando mi orgullo a un lado y admitía de una buena vez que tenía miedo, miedo de perder una amistad como la que tenía con Christian por una chorrada como la de Jennifer.  Julia llamó al timbre tras ver mi nervioso pulso acercarse al interruptor. Se lo agradecí, pero mentalmente, ni siquiera había formulado ninguna palabra durante el camino. Por suerte, por mi suerte, nos abrió Cait, la cual nos dio un efusivo abrazo.

- Buenos días –saludo sonriente- ¿Cómo estáis?
- ¿Cómo estás tú? –preguntamos Julia y yo al notar su repentino estado de ánimo. Hoy estaba que radiaba felicidad. Y era de mañana, cosa más extraña todavía.
- Yo genial, como siempre –cogió nuestras muñecas y nos adentró en su casa- Christian aún no está listo, habrá que esperarle.

Tragué saliva tras escuchar su nombre. ¿Cómo reaccionaría al verme?

- ¿Se le han pegado las sábanas? –preguntó Julia riendo.
- Más bien se le ha pegado el móvil, no ha dejado de hablar con no sé quién durante toda la noche.

Jennifer.

- Cenó y se metió directamente a su habitación, cuando normalmente siempre se queda en el salón viendo la tele conmigo mientras se come un helado.
- No sé, estará… enamorado. Miré a Julia tan mal que casi la podría haber matado.
- ¿Enamorado, Christian? –su hermana carcajeó- Lo dudo.

Lo estaba diciendo como si nunca hubiese sentido amor por nadie, como si nunca se hubiera enamorado. Entonces, mi cabeza se pobló de preguntas sin respuestas, de dudas y dudas sin resolver. Si nunca se había enamorado, ¿qué había sentido por mí? ¿qué tanto paripé había montado cuando empecé a salir con Justin? No lo entendía, quizá estaba reaccionando de una forma no muy adecuada, pero es que me salía solo. 
Ni si quiera sabía por qué estaba rayándome tanto. Al fin y al cabo, no me importa mucho qué es exactamente lo que sintió por mí un par de meses atrás. Yo estoy más que feliz con Justin y eso nadie lo cambiará.

- Bueno, algún día el amor tendrá que llamar a su puerta, ¿no? –comentó 
Julia divertida. Juro que la mato después. Lo juro.

- Pero que sea tarde, por favor –pidió Caitlin riendo.

En ese momento bajó él por las escaleras con el móvil en la mano, abducido en la pantalla y tecleando tan rápido sobre los botones de la BlackBerry que casi parecía que no los movía de la velocidad que había cogido en menos de un segundo. Alzó la vista por un momento y nuestros ojos se toparon, desvió la mirada y la posó en Julia, le sonrió. Apreté la mandíbula con furia, estaba enfadado conmigo.

- Hola –dijo él cuando pisaba el último escalón.
- Hey, Christian –saludó Julia besándole la mejilla.

Él y yo nos miramos durante un segundo, ninguno de los dos quería saludarse como normalmente lo hacíamos. Nada de besos o abrazos, gestos cariñosos o cosas de esas. Ahora estábamos más fríos que mil cubitos de hielo recorriéndote la espalda. Hicimos un gesto con la cabeza y lo tomamos como saludo.

- Joder, ¿qué os pasa a vosotros? –preguntó Caitlin cogiendo las llaves de la cesta decorativa de la entrada y saliendo por la puerta.
- Nada –respondimos los dos secamente.
- Ya, claro –cerró la puerta y empezamos a caminar.

Christian empezó a teclear en su BlackBerry rápidamente, casi sin darle descanso a sus finos dedos. Sonrió. Una. Dos. Tres veces. ¿Qué pasaba?

- Llevas desde anoche con el maldito teléfono, ¿con quien hablas tanto? –preguntó su hermana arrebatándole el móvil de las manos.
- ¡Eh, dámelo! –se quejó intentando conseguir de nuevo la BlackBerry que ahora Caitlin husmeaba con tranquilidad- No te interesa con quién hablo.
- Claro que sí, sino no estaría leyendo la conversación con… -abrió los ojos como platos. Miró a su hermano. Abrió la boca de tal forma que formó una gran ‘o’. Después volvió a mirar la pantalla. Balbuceó un par de veces intentando buscar la palabra correcta- ¡Con Jennifer!

Y ahora es cuando suenan las campanitas de victoria de un combate de boxeo. Estaba ganando. A Caitlin tampoco le agradaba Jennifer, se le descompuso la cara cuando pronunció su nombre. Dos contra uno. Si dos personas pensaban lo mismo no sería simplemente por amor al arte o porque se han puesto de acuerdo, sino porque de verdad piensan eso.

- ¿Qué haces hablando con ella? –le preguntó cuando el teléfono ya no estaba entre sus manos, sino en las de Christian- ¡Tiene dos años más que tú!
- ¿Y qué pasa?
- Pues que no, Chris, que no –se negó rotundamente Caitlin- No te quiero ver con ella.
- ¿Tú también? –preguntó él mientras me lanzaba una fugaz mirada- ¡Ya soy mayorcito, hago lo que quiero y con quien quiero!
- Pero que esta no quiere nada bueno contigo –esta vez hablé yo, haciendo que los tres me miraran sorprendidos- ¡Que en cualquier momento te la clava por la espalda!
- Mirad, que os caiga mal no quiere decir que sea mala persona o tan retorcida como vosotras –espetó Christian- A mi me gusta y…

Lo demás careció de sentido para mí. Jennifer. Le gusta. A Christian. Conceptos que en una misma frase no terminaban de encajar del todo. A Christian no puede gustarle Jennifer, no. No puede. No se lo permito. Que se busque a otra. Caroline, quizá. Me da igual. Incluso preferiría a Sam antes que a Jennifer.

- ¡¿Que te gusta esa?! –preguntamos las tres a la vez.
- Estás loco, en serio –ahora Julia se había unido a la discusión.
- Ella no siente nada por ti y tú ya estás gustando de ella –se quejó su hermana.
- Eres demasiado inocente, Chris –le dije yo- No tendrías que confiarte de cualquiera, Jennifer no es de fiar.
- ¿Sabes quién no es de fiar? –preguntó retóricamente- Tú, tú no eres de fiar.

Y ¡pum! Eso fue peor que una puñalada en el pecho. Quince sacos de 
cemento me cayeron encima, impidiendo que me levantara como normalmente haría ante cualquier decaída. Pero en este caso no, no podía. Era demasiado peso sobre mi cuerpo y me era imposible poder ponerme en pie.

- Pensé que los amigos se apoyaban en todo, pero tú no me estás apoyando en esto –espetó Christian mirándome con odio- Pensé que eras mi mejor amiga.
- Y lo sigo siendo –susurré con la voz quebrada, a punto de romper en llanto pero intentando aguantar más.

Y es ahí cuando piensas “¿por qué tengo que estar haciéndome siempre la dura?” “¿por qué no puedo enterrar mi orgullo y dejar que demás personas me vean llorar?” “¿por qué, eh?”. Porque siempre he querido tener esa careta que separaba lo que realmente sentía con lo que quería aparentar. Pocas personas me han visto llorar, pocas. Y las que me han visto tienen que sentirse afortunados porque siempre suelen ser con las que mayor confianza tengo.

Pero ahora ya no quería seguir siendo la ruda y fuerte ___ . Ahora quería ser la ___ que siempre he llevado en el interior. La que llora por todo, la sensible. La que de verdad le importa todo, la que mataría por todo, la ___ orgullosa pero que a la vez cede por cualquier cosa. ¡Quería expresar lo que justo sentía!

- No, no lo sigues siendo. Si lo fueras no estarías diciéndome esto. Te alegrarías de que por fin me gustara alguien que parece ser correspondido a mí –y escupió las palabras con tal seguridad que incluso pensé que no le importaba lo que estaba sintiendo en ese momento. 

Aunque claro, no le importaba lo que sentía, ahora estaba enfadado, enfadadísimo conmigo. Y no lo comprendía. No comprendía por qué se ponía así conmigo simplemente por pedirle que estuviera atento, que vigilara y mantuviera siempre los ojos abiertos. Porque en cualquier momento, alguien le puede hacer daño por detrás.

Me quedé callada, luchando por el nudo en la garganta. Las ganas de llorar eran casi más fuertes que mi orgullo, pero éste último iba ganando, como de costumbre. Aunque sentía una enorme sequía en mi pecho. Me faltaba el aire y en mi boca no llegaba la saliva. Estaba totalmente desierta por dentro.

- No digas nada, no hace falta –dijo Christian mirándome- Tampoco me interesa. Lo único que sabes decir es que soy demasiado inocente y me dejo llevar por cualquiera.

Echó a caminar y me quedé ahí, atónita y a la vez decepcionada. Ni si quiera había querido escucharme. Era tan terco que no quería oír mi opinión. Aunque ya la había escuchado bastante y creo que ese ha sido el motivo de su tan repentino enfado. Por una parte lo comprendo, por la otra no. Sus palabras me han dolido más que cualquier cosa.

Caitlin y Julia se acercaron a mí, yo estaba quieta. Casi parecía una estatua. Una estatua sin vida. Sin sentimientos. Pero con las lágrimas casi cayendo por las mejillas. Limpié mis ojos antes de que el agua desbordara por estos e hiciera que se me corriera el poco maquillaje que llevaba.

- Vamos, anda –dijo Caitlin acariciando mi espalda- Ya se le pasará.

Y echamos a caminar de nuevo, con parsimonia. Casi olvidando que habíamos perdido diez minutos en la corta pero impactante discusión con Christian. Y no llegábamos tarde, pero tampoco pronto. Calladas, las tres totalmente calladas. De vez en cuando se escuchaba algún que otro suspiro, pero siempre eran míos. Y es que un suspiro es un aire que te sobra por alguien que te falta. Y ese alguien era Christian. Él me faltaba.

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Este capítulo no es gran cosa, apenas adelanto nada. Pero llevaba ¿tres días? sin publicar y me apetecía hacerlo. Aunque no debería, ya que hemos bajado de comentarios radicalmente. Ha sido como caer en picado. Pero bueno, no importa. Con que comenten las más fieles me alegro, la verdad. Y pues eso, no tengo nada que comentar, sólo decir lo de siempre; que agradezco muchísimo lo que hacéis por mí. Y que si en este capítulo pasamos de los treinta comentarios subo un vídeo mío comiendo Cola Cao.

¡Un beso a todas!