¿Cuántos somos ya?

29 de julio de 2012

Never let you go. {102}


¿Así o más perfecto?

- ¿Y ya lo habéis hablado? –preguntó con la voz calma, al contrario que la mía.
- ¡Pero la caga siempre, mamá!
- Relájate –me pidió alargando la e.
- Es que se ha enervado –dijo Christian-, ¿verdad?
- Mucho –contesté con énfasis.
- Pues no te enerves.
- Mejor me enervo en mi habitación, que ya veo que nadie me quiere –me hice la ofendida y Caitlin rió- No te rías, capulla. Esto es serio.
- Y por eso te estás riendo –me señaló Chris con el dedo.

Me tiré encima suyo y empecé a pegarle en las costillas mientras soltaba unas carcajadas.

- Ya, basta chicos –pidió mi madre riendo.

Nos separamos y me senté en el posa brazos del sofá, al lado de mi amigo. Éste me miró y me dio una fuerte palmada en el muslo. Me dolió, así que le devolví el golpe pero mucho más fuerte. Ambos empezamos a reírnos de nuevo. Como necesitaba a mi mejor amigo.

- ¿Has llamado ya a Matt? –me preguntó Julia cuando todos estábamos más calmados.
- Ah, sí –dije palmeándome la frente como signo de que me acababa de acordar- Los padres de Matt quieren quedar en Mr. Patrick mañana a la una y media, ¿qué dices?
- Claro, ¿por qué no? –dijo encogiéndose de hombros- Hace años que no los veo.
- Pues le llamo y le digo que vamos.

Me levanté del sofá y subí las escaleras corriendo. Me tiré en la cama de un salto y cogí el teléfono que estaba en el colchón. Marqué su número y le avisé que iríamos a la comida con sus padres. Él se despidió de mí no sin antes haberme deseado suerte para que Justin y yo arregláramos pronto nuestros problemas. Al colgar y dejar el móvil en la mesita de noche no pude evitar echarle una fugaz mirada al balcón. Estaba cerrado y por tanto no podía ver lo que pasaba al otro lado, en la habitación de Justin. Corrí las cortinas y vi su figura acostada en la cama, su madre a los pies de ésta y acariciándole la pierna. Tenia ganas de asomarme y gritarle para se incorporara y hablara conmigo a través de la ventana. 
Pero mi maldito orgullo, siempre mi maldito orgullo poniéndose en el medio. Pero no siempre tengo que ser yo la que vaya a arreglar las cosas, ¿no? Que salga de su parte, y que cuando salga, que no la cague.

Decidí ignorar lo que hiciera. Al fin y al cabo no me importaba. Mejor dicho, no me importaba más que montar el teclado eléctrico y empezar a tocar algo. Me senté en el suelo y abrí la alargada caja de cartón. Me leí las instrucciones y en menos de una hora y media ya lo tenía todo instalado. Lo puse en una esquina, donde ponía la guitarra. Sería mi rincón de la música. Quedaba bien y todo. Acerqué un taburete y empecé a tocar las notas que en el estudio se me habían ocurrido. Seguí y seguí hasta formar una pequeña melodía que acabó gustándome tanto que fui corriendo a buscar un papel y un lápiz para que no se me olvidaran más tarde.


|| Al día siguiente ||

Ese día había despertado demasiado pronto para mi gusto. A eso de las nueve ya estaba duchada y vestida con esto http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=54101968. Era más que nada para estar por casa, después me arreglaría mejor para ir a comer con los padres de Matt. Me hice una coleta alta, sin dejar ningún mechón suelto que pudiese molestarme. Me senté en la cama de piernas cruzadas aún sin quitarme las Converse. Qué malota soy. Ejem, ironía.

Cogí la partitura de anoche. Llevaba el ritmo de una canción y ahora empezaría con la letra. Cogí varias hojas y lápices para comenzar a trabajar. No recordaba que fuera tan complicado, la verdad.



|| Justin ||

Eran las once y media de la mañana y mis ojos se abrieron tras oír cantar a alguien a lo lejos. No identificaba quién era, pues estaba tan adormilado y cansado que no me enteraba muy bien. Estaba algo mareado y cansado. Me toqué la frente como solía hacer mi madre cuando era pequeño para ver si tenía o no fiebre y, tal como esperaba, no supe si tenía. Eso sólo lo saben hacer las madres. Levanté la persiana con fuerza, me sentía débil. Al poder ver la luz del sol que entraba por la ventana, mis ojos se desviaron al balcón abierto de mi preciosa ___ . Estaba sentada en la cama de piernas cruzadas. Su largo cabello recogido en una alta coleta. Rodeada de miles de bolas de papel y ésta cantando fuertemente una hermosa canción que seguramente estaría componiendo. Sonreí de lado al ver cómo borraba y volvía a escribir en un papel. Se levantó de la cama y caminó hacia donde no sé dónde. La había perdido. Acercó un teclado a la cama y se sentó en ella para empezar a tocar. ¿Desde cuando tocaba tan bien? 
Apenas le había enseñado a hacerlo y no fueron muchas clases. De repente empezó a cantar. Se me pusieron los pelos de punta cuando su fuerte y potente voz atravesó su habitación para llegar a la mía y hacerme sentir en la gloria. Era realmente preciosa la melodía, y qué decir de la letra. Aunque era un poco triste y no sabía del todo si era dedicada a alguien o simplemente si hablaba de sus sentimientos. Era lo más probable, sí. Una mano tocó mi hombro desnudo y me sobresalté.

- Hijo, ¿qué miras? –mamá, era mamá.

Sin hacerle caso, ella se puso a mi lado. Se apoyó en la ventana y me miró.

- ¿Es suya, verdad? –se refería a la canción.
- Sí, y es realmente preciosa –estaba muy orgulloso de su progreso musical, la verdad.
- Debes volver a hablar con ella –me repitió como tantas veces había hecho anoche.
- No querrá escucharme.
- Es que en parte tiene razón, cielo –me acarició el pelo por detrás, tal y como hacia ella cuando estaba aburrida- El trabajo te quita horas de estar con ella y con tus amigos. Y agradece que ellos no se han enfadado.
- Ellos ya están acostumbrados –me encogí de hombros aún mirando su espalda y sus brazos moverse al tocar las finas teclas del teclado.
- Te olvidas de Julia.
- Pero ella siempre está con Chaz, así que…
- Aish hijo, no pierdas a ___ por esto –dijo palmeándome el hombro- Sé que eres joven y seguramente el tren del amor pasará varias veces por tu estación, pero una chica como ella no se encuentra.
Suspiré. Tenia razón.
- Se preocupa por ti, porque ha estado llamando a casa todo estos días aunque tú no estuvieras –me sorprendió saber eso. No me lo había dicho todo este tiempo- Te respeta a ti y tu familia, y ya no hablo de tus beliebers. Les tiene un cariño espléndido. Es talentosa y fiel. Divertida y buena persona, tal y como a ti te gusta. Y lo último, que no es muy importante pero también cuenta, es una chica realmente preciosa.
- Créeme que sé todo eso, mamá –contesté mirándole a los ojos esta vez- Yo tampoco quiero perderla.
- Habla con ella en cuanto puedas, porque no sabes cuándo será la última vez que puedas hacerlo –me dejó bastante confundido con eso, la verdad.

Se marchó de la habitación y me dejó solo. Me quedé unos minutos más viéndola hasta que llegó su madre –bastante arreglada, por cierto- y le hizo un signo con las manos para que viniera con ella. Antes que nada, se giró para recoger todo lo de la cama. Al hacerlo me giré yo también. 
No quería que me viera espiándola. Sería armar más alboroto del que ya había. Recogí yo también mi cuarto, aunque cada vez que me agachaba para coger algo, se me agotaban por completo las pocas fuerzas que tenía. Me puse una camiseta de manga corta negra y una chaqueta de éstas Adidas encima, unos tejanos desgastados azules claritos y unas supras negras. Me pasé una mano por el cabello y así es como me peiné. 
Bajé al piso de abajo a desayunar y me tiré bastante rato viendo la televisión en el sofá tumbado. Hoy no me encontraba muy bien. Sin darme cuenta que quedé dormido.


|| ___ ||

Ya eran la una menos diez minutos y tenía que arreglarme un poco para ir a comer. No me iba a poner ningún vestido ni nada por el estilo. Era una comida informal. Opté por algo cómodo, algo así http://www.polyvore.com/258_nlyg_102/set?.locale=es&id=54114953. Ésta vez dejé mi pelo suelto y mis uñas pintadas de nuevo de color negro. No sé qué me ha dado por pintármelas tan seguido. Volví a mirar si la habitación estaba ordenada. Mamá siempre daba la tabarra con el orden, no le gustaba ver nada por el medio. Raro era que a Julia no le hubiese llamado la atención por eso, no es que sea muy… ordenada, claro. Al ver que estaba todo en orden cogí mi móvil, llaves y unas gafas de sol. Bajé las escaleras y ahí estaban todos, mamá y Julia.

- Bueno, ¿nos vamos? –preguntó Julia.
- Claro –asentí yo.

Salimos de casa no sin antes haber cerrado la puerta con llave. 
Caminamos hacia el coche de mi madre y condujo hacia el restaurante donde nos encontraríamos. Para comer. En cuanto salí del vehículo ya aparcado cerca del local, me puse las gafas y me topé con dos paparazis. No eran muchos, pero tampoco eran tan conocida como para que me acosaran exageradamente. Caminamos hasta entrar al edificio y guardé mis gafas en el bolsillo. Localizamos la mesa donde estaban los padres de Matt y éste sentados y fuimos con ellos.

***

La comida transcurrió tranquila y animada. Charlamos de muchos temas, había mucho de qué hablar puesto que no nos veíamos desde hace años. Los padres de mi amigo se iban en dos semanas, por tanto quedaríamos uno de estos días para vernos y así despedirnos, no sabíamos cuando nos volveríamos a ver. Y conociendo a los padres de Matt, seguro que darían de nuevo la vuelta al mundo antes de que lograra volver a verlo.

Cuando llegué a casa, a eso de las cuatro de  la tarde -sí, llegamos a esa hora del restaurante porque nos habíamos entretenido a hablar y esas cosas- lo primero que hice fue lavarme los dientes. Después llamé a Caitlin y a Christian y fuimos a dar una vuelta. Chaz y Julia habían decidido ir solos, decían que hacia tiempo que no tenían intimidad. Pero serán mentirosos, si siempre que estoy yo en el estudio es cuando mi madre trabaja y por lo tanto, cuando tienen ellos la casa para estar solos. En fin serafín, que me pasé toda la tarde con los chicos haciendo el gamba por Atlanta. Me crucé con varias chicas que al parecer les gustaba mi música y quisieron hacerse fotos conmigo. Me gustó bastante, la verdad. Algunas, por desgracia, sacaban el tema de que si Justin y yo habíamos roto. Al parecer los rumores corrían fuertemente. 
Tras haber estado desde las cinco de la tarde con ellos, me di una ducha, cené y me preparé las cosas para mañana. Tenía matemáticas a primera hora. Palaco.


|| Al día siguiente ||

Me duché y me puse esto http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=54026077. Me recogí el pelo con una coleta alta y dejando mi flequillo a un lado, como casi siempre suelo hacer. Cogí la mochila y la bajé conmigo para dejarla después en el sofá. Empecé a desayunar en silencio junto a Julia, la cual estaba de mal humor, lo pude notar.

- ¿Te pasa algo?
- Sí –dijo mirándome- ¿Tú ves normal que el capullo de Chaz me llame a las seis de la mañana para preguntarme si mi color favorito es el morado?
- Alomejor es para darte una sorpresa –dije encogiéndome de hombros.
- ¿Sorpresa para qué? –cuestionó poniendo una voz algo borde. Reaccionó- Ah, coño.
- No puedo creerme que no recuerdes que falta menos de una semana para tu cumpleaños.
- Es que tengo la cabeza en otro lado –dijo rascándose esa parte del cuerpo.
- Lo sabía de sobras, Julia. Siempre estás así –empecé a reírme y cuando vi que me miraba mal callé rápidamente y comí de mis cereales.
- ¿Te han dado ya la nota del examen de español? –preguntó.

La miré mal. Mamá no sabía que había tenido un examen y por su culpa se había enterado. Le di una patada por debajo de la mesa y se quejó por lo fuerte que le había dado. Se lo merece por bocazas. Mi madre se acercó a la mesa y se sentó en la silla cruzando una pierna, como las señoritas. Quería reír por no llorar. La bronca que me caería pequeña no sería, mamá odia que no le diga cuando tengo exámenes.

- ¿Cuándo tuviste el examen? –preguntó cruzándose de brazos.
- La semana pasada –contesté rápidamente con miedo.
- Pues no te vi coger ningún libro –mierda, mierda, mierda.
- Va, pero era de español. ¿Yo que soy, mamá? Española, pues seguro que apruebo –me levanté de la silla y cogí la mochila para colgármela en el hombro y así salir corriendo. No me importaba que aun quedaran treinta minutos para que empezaran las clases- Ala, hasta luego familia.
- Alto ahí, jovencita.
- Eso me ha recordado a las películas –dijo Julia riendo.
- Hostie, pues es verdad –me uní a sus risas, pero pronto cesaron cuando mamá dio un pequeño golpe en la mesa para que le hiciéramos caso- Joder.
- Como yo vea un solo suspenso en vuestras notas os olvidáis de salir estas Navidades, ¿entendido? –preguntó con tono amenazante.
- Sí, señor –contestamos las dos mirándola fijamente.
- Bien –bebió de su café- ¿Os llevo a clase u os vais solas?
- Nos vamos solas, no te preocupes –cogimos nuestras cosas y le dimos un beso en la mejilla- Adiós, nos vemos a las cinco.
- Sí, o quizá nos vemos más tarde –me encogí de hombros- Alomejor me paso por el estudio y… bueno adiós –nos marchamos corriendo de ahí.

Cerramos la puerta y le pegué a Julia en cuanto estuvimos a solas.

- ¿Por qué me pegas? –preguntó con voz chillona frotándose el brazo.
- ¿Te han dado la nota del examen de español? –le imité con voz grave- Si es que eres una bocas, hija.
- Ay, lo siento –dijo alargando la e- Se me ha escapado.
- Procura que no se me escape la mano, eh –le amenacé.
- Uh, sí, qué miedo.
- Te quedas sin cámara.
- Joder, como te amo, melona –de repente me abrazó.
- Pero si te la voy a regalar igual, so anormala’.

Me solté de ella y las dos juntas caminamos hacia donde viven los chicos. Fuimos a buscarlos y en menos de diez minutos ya estábamos sentados en nuestros pupitres. Habíamos ido rápido caminando. Saqué las cosas de la mochila y las dejé encima de la mesa. De repente una mano con uñas postizas de color fucsia se posó en una de mis carpetas. La cogió y alcé la vista.

- Eh, dame eso –dije levantándome y arrebatándosela de las manos. Me había llevado por equivocación la carpeta de las partituras. Era ahí donde guardaba todas las canciones.

Ella volvió a quitármela de las manos. No pude evitar fijarme en las dos imbéciles que tenía detrás. Eran unas huecas sin personalidad propia. Hacían todo lo que les decía Sam y no rechistaban por eso. Odio a la gente así, son de lo peor.

- ¿Qué tienes ahí? ¿Cartas de amor para Justin? –empezó a reírse mientras la abría y pasaba las hojas con desinterés.
- ¿Por qué no te compras un cacho de bosque y te pierdes, eh? –le quité la carpeta de las manos y la guardé en la mochila.
- A ver, que quede claro una cosa –se acercó a mí con tono amenazante.
- Que te vayas, Sam, eso tiene que quedar claro –dijo Christian ya cansado- Tanto dar la nota, tanto dar la nota… ¿Quieres callarte ya un poco? Molestas.
- ¡¿Quién te crees que eres para hablarme así, estúpida ardilla amorfa?!
- Eh, relaja la raja con mi amigo –la empujé por los hombros- Para hablar de él te lavas la boca con lejía y sino te la coses, que estás más guapa calladita.

No me había dado cuenta que toda la clase estaba pendiente de nosotras. Christian estaba de pie detrás de mí por si acaso pasaba algo que tuviera que hacer retenerme. El profesor de mates siempre llegaba con retraso, y con los cinco minutos que aún teníamos, me daba tiempo a dejarle la cara fina a Sam.

- ¿Te crees que por ser famosita puedes hacer lo que quieras?
- ¿Es que no tienes otra cosa en la boca que eso? –pregunté retóricamente- No me creo nada por ser nada, es más. Creo que estás más pendiente de lo que hago que yo misma. Das un poco de pena, Sam, así como dato.
- Tienes envidia, eso es todo.
- ¿Envidia de qué? –me eché a reír- Estoy más que contenta con mi vida. Yo no soy la que tiene amigas por interés, Sam. Ni no es por tu dinero o tu simple fama de ser la hija del director, no tendrías compañía alguna –estaba empezando a ver cómo se sentía, como una mierda. Le estaba tocando donde más le dolía- ¿No te das cuenta? Como persona no vales nada. Eres superficial, egocéntrica, creída, egoísta… y así una lista inmensa de defectos.
- Cállate, por favor –pidió con la voz quebradiza.

Le estaba doliendo lo que le decía y no quería hacerla sufrir más. Bastante mal le había dejado ya delante de toda la clase. Per eso era una lección para que aprendiera lo que se siente cuando ella hace lo mismo con otra gente. Que pruebe de su propia medicina.

- Yo no vengo aquí a joderte, Sam –dije sentándome- Eres tú la que ha venido aquí de diva de la noche pensando que te voy a quitar el “trono”. Me das igual, no tengo interés en hacerme amiga o enemiga tuya. Quiero ignorarte pero es que estás todo el día encima de mí incordiándome.
- Yo…
- No hace falta que me pidas disculpas, no hace falta que me digas nada –la interrumpí- Sólo limítate a ignorarme.

El profesor entró y eso hizo que todos tuvieran que sentarse en su sitio y dejar de lado el culebrón que habíamos montado Sam y yo en menos de cinco minutos. No estaba muy segura se había conseguido hacer que por fin me borrara de su lista de personas a las cual incordiar de por vida, pero al menos había hecho que sintiera todo lo que hacía a cualquier chica que pareciera más inferior que ella. Ella se pensaba ser más importante que todas las de este instituto juntas y que eso le daba el poder de poderse meter con todas. Bueno, pues eso conmigo iba a cambiar. Si nadie le había parado los pies, lo haría yo ahora. A mí nadie me pisotea. Y ya puede ser la hija del director o la sobrina del rey de España. Me da igual. Y si tengo que pegarle una hostia se la pego. Que después me pongan un parte es otra cosa. El tutor empezó a apuntar cosas en la pizarra que según había entendido, quería que las pasáramos a limpio en la libreta.

- Vaya zasca, ¿no? –me susurró Christian para que el profesor no pudiera oírnos.
- La próxima vez que venga a hablarme con los humos más relajados.
- No trates así a los paparazis que la liarás mucho con las fans, ¿eh? –bromeó haciendo que riera.

Por suerte me tapé la boca para que mi risa no se hiciera tan notoria, pero hice que el de delante se girara. Le hice un gesto con la cabeza para que volviera a mirar al frente y me hizo caso.

- Tranqui, que fuera del colegio soy una señorita.

Se echó a reír fuertemente, provocando que el profesor se girara para ver quien había sido. Los dos empezamos a escribir con el rostro serio en nuestras libretas y hasta que el tutor no volvió a lo suyo no volvimos a hablar.  

- Ya claro –dijo sarcásticamente- Que yo sepa, las “señoritas” no van chillando en mitad de la calle que tienen hambre, no sueltan tacos y obviamente no visten como tú. Se ponen vestiditos, faldas, diademas con flores en el pelo… -hizo un gesto con las manos algo raro- En fin, todas esas cosas.
- Pero yo soy una señorita swaggy –bromeé mientras apuntaba las cosas de la pizarra en la libreta para así disimular un poco cuando el profe se girara.
- ¿Esta tarde qué haces? –preguntó cuando ya llevábamos un buen rato callados y copiando cosas interminables de la pizarra.
- Supongo que iré al estudio, he compuesto una nueva canción y quiero enseñársela a Janet.
- Oh, yo quiero escucharla –pidió sonriente.
- Posiblemente dentro de una o dos semanas esté en ITunes.
- Pero yo quiero una actuación en directo –le miré y asentí con la cabeza- En cuanto pueda te invito a conciertos VIP en mi habitación.
- ¿Prometido? –bromeó mientras me acercaba su mano para estrecharla.
- Prometido –alargué la i con pesadez y le estreché la mano como si fuera un pacto entre mafiosos.

***

Las clases habían terminado. Julia y yo nos fuimos juntas a casa y preparé la comida. Algo sabía cocinar, no mucho, pero al menos no quemaba la cocina. Mientras la hacía Julia ponía la mesa. Una vez que terminamos de comer, cogimos los deberes y empezamos a hacerlos para así tener la tarde libre. No teníamos muchos, así que empezamos a ver un poco la televisión. Estaba quedándome dormida, pero una llamada a mi teléfono interrumpió el sueño.

#Llamada telefónica#
- ¿Diga?

___________

Jeeeeeeeelou. Bueno, que aquí tenéis vuestro capítulo. No, aún no hay reconciliación. Sobre el 104, 105 y 106 posiblemente estaréis bien con Justin. No me matéis, ¿sí? Y bueno, que no tengo nada que decir ya que estoy publicando casi cada día y no es que tenga mucha vida social -soy una margi, nadie me quiere-. Besiiiiiiiiiiis a todas.

27 de julio de 2012

Never let you go. {101}



Llegué al gran edificio y saludé a Scooter, el cual se sorprendió verme ahí. Janet y él eran compañeros y por lo tanto los dos estaban informados cuando teníamos o no trabajo Justin y yo. Y seguramente mi representante no le había dicho nada a Scooter. Subí las escaleras hasta la planta a la que quería llegar. Caminé por los pasillos ahora desiertos. 
Abrí la puerta de una gran sala llena de instrumentos y me senté delante del piano. Había estado aprendiendo a tocarlo todo este tiempo que llevaba en Atlanta. Gracias a Justin, él me había enseñado todo lo poco que de momento sabía.

Empecé a tocar varios trozos de diferentes canciones que había aprendido. De vez en cuando pasaba por aquí a practicar, pues de momento no disponía ningún piano o teclado en mi habitación. Sería mi auto regalo de cumpleaños. Pasaron las horas, se hicieron las doce de la mañana y yo seguía ahí. Nadie había entrado a molestarme ni a coger ningún otro instrumento. En este poco tiempo habían aceptado no entrar a esta sala cuando yo estuviese tiempo. Me perdía en la música, en las teclas, en las notas, en todo y nadie era capaz de hacerme salir de ahí. Inconscientemente empecé a tocar Down To Earth. Una de las primeras canciones que había aprendido a interpretar. No pude evitar soltar unas lágrimas. La letra es demasiado profunda y en estos momentos estoy tan sensible que quizá me pongan una canción lenta y lloraría igualmente.

De nuevo la vibración del móvil en mi bolsillo volvió a hacerse presente. Lo saqué ya cansada de ignorarlo tantas veces y me lo llevé a la oreja al mismo tiempo que pulsaba el botón verde que aceptaba hablar con la persona que llamaba.

#Llamada telefónica#
- ¿Diga? –pregunté sin saber quién estaba al otro lado del teléfono.
- Vuelve a casa, por favor –era la voz de Justin- Estoy aquí con los chicos esperándote.
- Estoy en el estudio –aunque me moría de ganas de estar ahí- No creo que vuelva pasadas unas horas.
- Tu madre está aquí conmigo, también quiere que vengas.
- Dile que no podré, estoy ocupada.
- Por favor, shawty –rogó- Necesito pedirte perdón.
- Y yo necesito estar sola.
- Por favor –repitió de nuevo- Sé que me he comportado como un estúpido pero…
#Fin de la llamada telefónica#

Colgué. Me guardé el móvil en el bolsillo y me levanté de la banqueta que había delante del gran y negro piano. Salí de la sala y me topé con Usher y unos ayudantes más cargados con cajas. Ellos entraban y yo justo salía.

- Oh, ___ –me saludó mientras cogía bien la gran caja- Por fin te dignas a salir, creía que te quedarías ahí de por vida.

Solté un par de carcajadas ante su comentario.

- ¿Qué lleváis ahí? –pregunté al observar como aquellos hombres entraban por la puerta doble cargados.
- Instrumentos –dijo con voz cansina, estaba realmente agotado. A saber cuantas cajas había tenido que subir. El ascensor estaba estropeado.
- ¿Y eso? Hay muchos.
- No es para esta sala, es para una que hay en la tercera planta. Pero estamos tan cansados que de momento los dejaremos aquí hasta que venga el técnico a reparar el dichoso ascensor –me reí de nuevo.
- Has encargado muchos, ¿no?
- ¡Que va! Eso ha sido el repartidor, que apuntó mal. Pero el muy… -iba a soltar un taco. Se apretó los labios y volvió a abrir la boca- El muy tonto no las puede devolver y ya estaban pagadas.
- O sea que te toca cargar con… -miré la pegatina que había pegada en la caja- ¿HAS ENCARGADO QUINCE TECLADOS?

Estalló a risas.

- Sí –suspiró- Toma, ¿quieres uno? Te lo regalo. Tengo para montar un negocio.
- Eh… -me lo dejó en las manos y lo miré confusa- ¿Y lo tengo que llevar yo a casa? Es que voy andando.
- Llama a James.
- Oh, es verdad –dije reaccionando de que él era mi chófer y guardaespaldas a la vez.
- Bueno, pues espero que te guste el teclado. Sino, pues… haz lo que quieras. Pero a mí no me lo des –volví a reírme. Aunque haya liado una buena con los instrumentos, Usher estaba de buen humor- Tengo catorce más que no sé dónde los colocaré.
- Me quedaría a ayudarte…
- Tranquila, ves a tu casa. ¿No tienes hambre?
- Son las doce.
- No es muy tarde –dije encogiéndome de hombros. Aunque a decir verdad, sí tenía hambre. Me había marchado justo cuando estaba listo mi café y mi gofre.
- En fin, ¿tienes algo nuevo? Te has tirado bastante tiempo ahí metida –dijo señalando con la cabeza la sala donde estaba antes tocando.
- Un ritmo nuevo.
- ¿En serio? –preguntó asombrado- ¿Y la letra la tienes pensada?
- Algo así –me encogí de hombros.
- Pues ves a casa y compón algo, necesito algo nuevo tuyo –dijo sonriendo- Y Janet también.

Le sonreí y me palmeó el hombro.

- Nos vemos, ___ . Tengo trabajo por hacer.
- Hasta luego, Usher.

Le di dos besos y me marché escaleras abajo. Cuando salí del edificio llamé a James para que viniera a recogerme. A lo lejos divisé a Sam, a sus dos “amigas” y a una chica más. Ésta estaba siendo gritada y empujada por las compinches y por la propia Sam. Cuando fui a caminar hacia ellas, la furgoneta de mi guarda espaldas había aparcado delante de mí.

- Hola, ___ –me saludó. Vio la caja que tenía a mis pies y la cargó- ¿Usher?

Asentí con la cabeza sin dejar de ver la escena de antes. Ahora era peor. La chica estaba llorando y las tres idiotas esas seguían molestándola. Y encima nadie hacia nada por hacer que la dejaran en paz.

- ¿Subimos ya? –preguntó.
- Espera… espera aquí –dije para salir corriendo hacia ahí.
- ¡No puedes estar en nuestro grupo, mírate! –le gritaba Jacqueline.
- ¡Esos aparatos son feísimos, te sientan fatal! –ahora era Sam la que le insultaba.

Ésta le cogió de la muñeca y tiró de la cinta fucsia que llevaba atada como las otras tres. Cayó al suelo y se marcharon riendo. Negué con la cabeza mirándolas con asco y corrí hacia la chica que creía que se llamaba Caroline. Era una de las “amigas” de la hija del director.

- ¿Estás bien? –le pregunté poniéndome de cuclillas a su lado.

Ella alzó el rostro y lo primero que destacaba eran sus grandes ojos mar llenos de lágrimas y rímel corrido. Abrió la boca confundida y pude fijarme que le habían puesto una ortodoncia. Rápidamente la volvió a cerrar para que no se le viera nada.

- Soy ___ –dije teniéndole la mano para ayudarla a que se levantara.
- Lo sé, vas conmigo a clase –contestó limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano una vez que estuvo de pie.
- ¿Qué ha pasado con ellas? Sois amigas, ¿no? –aunque obviamente ya no lo eran.
- Por culpa de esto no –enseñó los dientes ahora cubiertos por unos brackets.
- Te han echado del grupito –no era una pregunta. Eran tan superficiales e inmaduras que por eso no la dejarían estar con ellas en la banda de ‘las divas del instituto’.
- No puedo creerme que me hayan hablado así sólo por una simple ortodoncia –dijo para sí misma- Creí que éramos amigas.
- Ahora sabes que esa clase de personas no son dignas de hacerse llamar “amigas” –hice comillas en el aire.
- ¿Y lo peor de todo sabes qué es? –suspiró- Que yo era como ellas.

Fruncí los labios y me encogí de hombros.

- La gente cambia, y seguro que tú ya lo has hecho –le comenté.
- Pero nadie va a querer ser amigo mío por haber sido igual que Sam y las demás, era demasiado cruel con la gente por el simple hecho de estar en su grupo.
- Tienes que darles motivos para que confíen en ti.
- Sino estoy con Sam no tendré amigos –dijo llorando- Estaré sola, ___ . Por ser fea y llevar brackets voy a estar sola.
- ¡Eh, no digas eso! –dije poniendo mis manos en sus hombros para darle más confianza- Eres preciosa, mírate. Esos ojos no los tiene cualquiera. Ya me gustaría a mí tenerlos azules.
- Pero tú eres más bonita. Eres castaña y con ojos verdes tirando a pardos, tienes una silueta perfecta. Y ni hablar de tu boca.
- ¿Sabes? Todo el mundo es perfecto, sólo que a su manera.
- Yo no soy perfecta, nunca lo he sido y nunca lo seré.
- Bueno, ¿y si no lo eres qué? –ella agachó la mirada- Las mejores personas no son las más guapas ni las que mejor cuerpo tienen, sino las que se sienten seguras y a gusto consigo mismas.
- Es difícil no tener complejos cuando tienes que estar viendo esta cara –se señaló el rostro con el dedo- cada día en el espejo.
- ¿Y qué más da ser guapa o no? –le pregunté encogiéndome de hombros- Lo importante es lo que seas en el interior, la bondad que tengas aquí –puse una mano en mi pecho.

Ella suspiró. Le estaba haciendo entrar en razón pero no lo quería aceptar. Era cabezota, lo suponía.

- Mira, no digas que estarás sola si no tienes a Sam, porque lo único que conseguías estando con ella era alejarte más de las personas. Demuéstrales que has cambiado, que puedes tener otras amistades que no sean Sam y sus tontas y huecas seguidoras.

Ella sonrió ampliamente, mostrando sus dientes. No le dio vergüenza, cosa que hizo que me sintiera orgullosa de ella. Me gustaba hacer que la gente entrara en razón con cosas como éstas. Y no por el simple hecho de que lo estuviera diciendo yo, sino porque era lo mejor para ellos. 
Porque no puedes estar siempre con complejos encima, no te dejan vivir como quieres. Tienes que estar siempre con cuidado de que la gente no lo note, de no ser descuidado. Es muy difícil vivir así, y lo digo por experiencia.

- Gracias, ___ –me abrazó y sonreí para mis adentros- Sam estaba tan convencida de que eras una creída, una idiota y prepotente. Pero yo sé que sólo era envidia de tu talento y belleza.

Me separé de ella y le arreglé el cabello con las manos.

- Me tienes para lo que quieres, ¿sí? –limpié una lagrimilla que estaba a punto de desbordar y ella sonrió.
- Gracias de nuevo, en serio.
- No tienes que agradecerme nada –oí el claxon de James a lo lejos. ¡Me había olvidado completamente de él!- Oye, tengo que irme. James está esperándome.
- Oh, sí –dijo asintiendo con la cabeza.
- ¿Quieres que te lleve a casa? –le pregunté.
- Si no hay problema… -dijo tímidamente encogiéndose de hombros.
- Anda, ven –cogí su mano y la arrastré hasta el coche.

Nos subimos las dos en los asientos traseros y James miró a mi nueva amiga con confusión.

- James, ¿puedes llevar a Caroline a…? –la miré para que me diera la dirección de su casa.
- Está cerca del parque de San Rafael –contestó.
- Pues ahí, James –le pedí riendo.

Él asintió con la cabeza y la llevó hasta su casa. Antes de bajar del coche nos dimos los números de teléfono para estar más en contacto, ya que nos habíamos llevado bien. James condujo esta vez hasta mi casa, haciéndome preguntas típicas sobre el trabajo, ideas para nuevos proyectos y demás. Era agradable hablar con él. Cuando aparcó delante de casa recé por no encontrarme a ninguno de los chicos en el salón o habitaciones. Necesitaba estar sola y componer, ya que era lo único que sabia hacer en momentos así.

- ¿Subo esto a tu habitación? –preguntó mi guardaespaldas con la caja en las manos una vez que hube abierto la puerta de casa. No había nadie. Ni mamá. Estaría en casa de Pattie o de Sandy. Hoy era sábado y por lo tanto no trabajaba.
- Si no es mucho pedir –dije pestañeando rápidamente y poniendo cara de niña buena.
- Sabes que la subiré de todas formas, tonta –contestó riendo y subiendo las escaleras.

Pero me llevé una sorpresa al escuchar unas carcajadas que provenían de la habitación de Julia. Seguí caminando hacia mi habitación y le dije a James que dejara el teclado en la cama. Me despedí de él, le di las gracias por haber venido a buscarme y se marchó.

De la habitación de mi amiga empezó a sonar música demasiado alta. 
Hoy estaba de mal humor y no me apetecía oír su música, no es que me agradara mucho, la verdad. Oí otras carcajadas. Seguro que estaba con Chaz.

- Julia tía, quita la música esa o baja el volumen, estoy haciendo cosas –dije cuando entré a su cuarto.

Me sorprendí al ver a Justin ahí con la mirada perdida y cruzado de piernas en la cama. Al oír mi voz alzó la vista y pude ver sus ojos cristalizados. Oh, mierda. Había estado llorando. Empecé a sentirme peor de lo que estaba.

- Uh, lo siento –se levantó y apagó el equipo de música- ¿Dónde has estado? Te he llamado cinco mil veces –exagerada- y no me has contestado ninguna vez.
- Estaba en el estudio.
- ¿Tres horas en el estudio? –preguntó incrédula.
- Casi –remarqué la palabra.
- Matt se ha ido preocupado por ti, dijo que le llamaras cuando llegaras –me informó ella.
- Lo llamaré más tarde, ahora tengo cosas que hacer.

Caminé hacia la puerta y escuché cuchicheos. Tardé en abrir el manillar para ver si lograba entender lo que decían, pero no lo logré.

- Shawty, ¿podemos hablar? –era su voz.

Me giré y suspiré.

- Oye Chaz, acompáñame a buscar algo de agua –dijo Julia.

Estúpida, me conozco ese truco desde siempre.

- Ves tú sola –empezó a estirarse en la cama y su novia le dio una colleja 
en la nuca- Ah, sí, ya voy. Que yo también tengo sed.

Los dos se levantaron y pasaron por nuestro lado para salir de la habitación. Julia me dio unas palmaditas en el culo para hacer la bromita y nos cerraron la puerta. Me apoyé en ésta y miré a Justin y a su atuendo. Llevaba una camisa de cuadros de manga larga, aunque estas estaban subidas a la altura de los codos. Unos tejanos azules desgastados y unas supras rojas. Le quedaba todo tan bien que incluso le envidiaba. Sí, era algo extraño.

- Yo… lo siento mucho, de verdad –comenzó a hablar- Sé que estas dos semanas he estado demasiado ocupado y no he tenido apenas tiempo para que estemos juntos.

Miré al suelo y suspiré al mismo tiempo. Deseaba abrazarle y decir que no me importaba, pero me estaría engañando a mí misma. Claro que me importara que estuviera siempre trabajando. Eso impedía que nos viéramos con más frecuencia. Por no decir que no nos hemos visto nada últimamente. Y sí, puede que yo también esté atareada, pero sin embargo siempre soy yo la que llamo para ver si podemos salir juntos o hacer otras cosas. En fin, que estaba ya un poco harta de esta situación de mierda, y quería que la solucionáramos lo más pronto posible.

- Yo también siento haberte hablado mal antes, pero entiende que… me duele ver como nos distanciamos.
- Lo sé, pero la culpa es mía –se fue acercando más a mí- Yo soy el que no para quieto un instante ni para ver a su novia unos minutos.
- Es… tu trabajo –dije suspirando. Estaba haciendo lo posible por no llorar. El rostro de Justin me mataba. Tenia los ojos cristalizados y ésta situación podía conmigo- Es normal que estés siempre tan solicitado, eres Justin Bieber.
- Pues Justin Bieber quiere pasar tiempo con su novio desde ahora –cogió mi mano y entrelazó los dedos.

Nos callamos. Ambos manteníamos la mirada fija en los ojos del otro y no pensábamos apartar la vista por nada del mundo. Le abracé por la cintura y hundí la cabeza en su hombro mientras él me apretaba más junto a su cuerpo.

- Te quiero –murmuré en su oído.
- Yo te quiero más –besó mi mejilla y sonreí de que por fin pudiéramos estar así.
- Si hace falta esta noche duermo contigo, pero no pienso separarme de ti –susurró haciéndome estremecer.
- ¿Sí? –pregunté ilusionada.
- Sí, mi amor.

Me separé de su cintura y deslicé mis manos hacia arriba hasta llegar a su cuello y así colgarme de éste. Él siguió rodeando mis caderas. Buscó mis labios y yo, por hacerle sufrir, me los relamí un poco antes de besarle. Acorté la poca distancia que nos separaba para besarnos y cuando fui a presionar mis labios con los suyos, el maldito móvil sonó.

Suspiró frustrado y cerró los ojos con rabia. Soltó mi cuerpo y metió la mano en el bolsillo. Sacó el aparato para ver quién le llamaba y cuando le iba a suplicar que no contestara él ya lo tenía en la oreja.

- ¿Sí? –preguntó- Oh, hola Scooter –me miró afligido y cerré los ojos 
recostándome en la puerta con cansancio. Pero no físico, sino emocional- ¿Ahora? –negué con la cabeza rogando que dijera que se quería quedar en casa o algo- Pero… Vale, no grites –suspiré- Voy para allí.

Colgó el teléfono y abrí la puerta dándole la espalda.

- Shawty, sólo será una hora, lo prometo –me prometió cogiéndome del brazo antes de que entrara en mi habitación.

De abajo se oyó un portazo seguido de un ‘ya estoy en casa’. Mamá acababa de llegar.

- Vamos, es que tengo demasiadas cosas entre manos y Scooter quiere dejarlo todo listo antes de que pase mucho tiempo –explicó- No tardaré más de una hora, lo juro.
- No me jures nada que luego no puedas cumplir.
- Pero…
- ¡No, vete! –ya estaba harta- Vete al estudio. Déjame tranquila.
- Shawty por favor.

Me zafé de su brazo y me encerré en la habitación dando el portazo más sonoro y retumbante que había dado en mi vida. Las paredes habían vibrado del impacto. Aparté la caja donde estaba el teclado eléctrico y me tumbé en la cama boca abajo.

Se arreglan las cosas y no tarda ni un minuto en joder las cosas con el maldito trabajo. Estoy empezando a odiarlo, la verdad. Sé que me juré y prometí a mí misma que jamás me enfadaría con él por este tema. Pero es que me supera, en serio.

***

Horas más tarde desperté echa polvo. Me había quedado dormida. Me incliné algo mareada por el repentino despertar hacia la mesita de noche donde se suponía que estaría el móvil, pero me acordé que estaba en el bolsillo. Eran las cinco de la tarde. Ni siquiera me había dignado a moverme para ir a comer. Mi estomago rugía como un león hambriento, pero no saldría de la habitación para nada. No estaba de humor para cruzarme con nadie. Me fijé, segundos más tarde, que seguía teniendo perdidas de Justin y Matt. Decidí llamar a mi amigo, tendría que haberle llamado hace rato.

#Llamada telefónica#
- ¡___ ! –contestó en seguida- ¿Cómo estás? ¿Estás en casa? ¿A qué horas has llegado? ¿Te han violado por el camino? ¿Quién te ha traído a casa?
- Matt, tranquilo –pedí riendo mientras me incorporaba en la cama de piernas cruzadas- Estoy bien, me llevó James a casa después de haber estado en el estudio tocando un poco el piano y la guitarra.
- Ah, cosas de cantantes –dijo con desinterés. Luego rió- ¿Todo bien con Biebs?
Suspiré.
- La verdad es que peor –hice una pausa y seguí- Cuando llegué a casa él estaba en la habitación de Julia y hablamos. Lo arreglamos. Pero al minuto le llamó Scooter para ir al estudio y el muy idiota fue –enredé los dedos en el nudo de la camisa que llevaba puesta- Y bueno, acabo de despertar de una siesta de más de cuatro horas.
- ¿Y no tienes hambre? No has desayunado nada.
- La verdad es que sí, pero no pienso salir de la habitación para nada –le expliqué mirando el teclado que tenía aun empaquetado en el suelo- Usher hoy ha hecho un encargo de instrumentos para una segunda sala del estudio, y digamos que le ha salido el culo por la culata.
- ¿Y eso? –preguntó riendo.
- Le han traído quince teclados eléctricos.
- ¿Quince? –los dos soltamos unas carcajadas- Son muchos.
- Lo sé, y me ha dado uno.
- Wow, ahora podrás practicar mejor.
- Ya, por eso te digo que no voy a salir de la habitación para nada.
- ¿Y si te digo de quedar esta tarde? –propuso con tono alegre.
- No tengo ganas, en serio.
- Bueno, entonces voy al plan B.
- ¿Plan B? –pregunté riendo.
- Papá y mamá quieren veros a ti, a tu madre y a Julia mañana.
- Oh –dije sorprendida.
- ¿Te suena el restaurante Mr. Patrick?
- Sí, está al lado de la tienda de ropa esa nueva –dije mentalizándome el recorrido.
- Ahí –afirmó- A la una y media nos vemos, ¿te parece bien?
- Le digo a mi madre y te llamo, ¿sí?
- Claro.
- No tardo –dije.
- Tranqui.
#Fin de la llamada telefónica#

Salí de la habitación y bajé las escaleras. Julia alzó la vista y me sonrió. A su lado estaban Caitlin y Christian. Les saludé con la mano y cuando estuve en el último escalón busqué a mi madre con la mirada. Estaba en la cocina sacando unas galletas del mueble. Al pasar por el sofá, donde estaban los chicos, les besé la mejilla a cada uno.

- Mamá, me acaba de llamar Matt.

Al girarse se puso las manos en la cadera y me miró seria. ¿Qué había hecho yo ahora?

- ¿Se puede saber qué ha pasado con Justin hace un par de horas? –preguntó.
- Eh, que la que estaba hablando primero era yo –dije tomando una galleta del paquete.
- Pero esto es más importante –puse los ojos en blanco.
- Hemos discutido –respondí caminando con la galleta en la boca hacia el sofá y sentándome al lado de Christian.
- ¿Y se puede saber por qué? -¿ahora estaba de parte de él?  Venga, hombre.
- Pff, si ya lo sabes.
- No me hagas pff, no.
- Eh, que no he hecho nada –dije alzando las manos.
- Justin ha salido de aquí con lágrimas en los ojos, ¿qué ha pasado con vosotros? Habéis pasado de estar siempre juntos a estar tan distanciados que casi parece que ni que os conocierais.
- ¡Te lo dije ayer, joder! Es el puto trabajo de mierda –me estaba pasando en soltar tacos, lo sé- Estoy harta de todo, harta. Nunca puedo ser feliz, nunca. Siempre se acaba jodiendo todo por cualquier motivo.
- No digas eso, hija –me pidió mamá acercándose a mí.
- Claro que digo eso –me alejé más de ella para subir las escaleras, pero me detuve en el primer escalón para agarrarme a la barandilla. Estaba empezando a marearme de tanto gritar- Prefiero que me corten un brazo a estar un día sin Justin. Pero, ¿sabes? Estoy sintiendo el mismo o incluso más dolor que si me faltara un brazo.

Mamá suspiró.

- ¿Y ya lo habéis hablado? –preguntó con la voz calma, al contrario que la mía.
- ¡Pero la caga siempre, mamá!
- Relájate –me pidió alargando la e.
- Es que se ha enervado –dijo Christian-, ¿verdad?
- Mucho –contesté con énfasis.
- Pues no te enerves.
- Mejor me enervo en mi habitación, que ya veo que nadie me quiere –me hice la ofendida y Caitlin rió- No te rías, capulla. Esto es serio.
- Y por eso te estás riendo –me señaló Chris con el dedo.
Me tiré encima suyo y empecé a pegarle en las costillas mientras soltaba unas carcajadas.
- Ya, basta chicos –pidió mi madre riendo.

Nos separamos y me senté en el posa brazos del sofá, al lado de mi amigo. Éste me miró y me dio una fuerte palmada en el muslo. Me dolió, así que le devolví el golpe pero mucho más fuerte. Ambos empezamos a reírnos de nuevo. Como necesitaba a mi mejor amigo.

- ¿Has llamado ya a Matt? –me preguntó Julia cuando todos estábamos más calmados.
- Ah, sí –dije palmeándome la frente como signo de que me acababa de acordar-…

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¿Qué hay, desesperadaaaas? No me dejáis vivir. Me llegan privados, mensajes en el muro y comentarios para que suba capítulo. Dios mío, que sólo hace dos días que está pueeeeesto JAJAJAJAJAJA. Cómo molais, tío. En serio, sois una caña. Y sí, sé que soy mala persona por hacer que Justin y tú discutáis, pero es por poner algo de emoción a la novela, no siempre será de color rosa. Aparte, tengo pensada la reconciliación e.e No es perver, no. Y SOL, QUE NO VA A HABER SEXO EN LA NOVELA TODAVÍA. QUE ES MUY PRONTO. Las hormonas, eh. Algunas las tenéis muy revolucionadas -como yo-. EJEJEJEJEJE. Siempre he pensado que 'JEJEJEJEJ' es risa de retrasados, en serio. En fin delfín -le he pegado esto a la melooona ashdgkad- que me despido ya. QUE LAAAAASTIMA PERO ADIÓS, ME DESPIDO DE TI Y ME VOY (? Se me va, dejadlo estar ._.
Besos a todas.