¿Cuántos somos ya?

30 de marzo de 2012

Never let you go. {58}

¿Perfección? Le sobra.


6 de julio. Faltan 2 días.

Desperté sola, sin unos brazos que me rodearan. Di una vuelta sobre la cama. Sí, estaba completamente sola. ¿Dónde estaba Justin? Si no recordaba mal, él había dormido conmigo toda la noche. Lo recuerdo porque estuvimos hablando hasta las cuatro o cinco de la mañana. Me levanté de  la cama y miré por la ventana para ver si estaba ahí. No, sólo estaba Jeremy con los niños, el cual me saludó. Sonreí tímidamente y me aparté el flequillo hacia atrás frustrada. Salí de  la habitación y me metí en la de los chicos; ni él ni los dos idiotas restantes. Lo mismo hice con su propia habitación y con la de Pattie, pero no encontré rastro de mis tres amigos. 

{95} NLYG ~ 58Volví a mi habitación y así darme una ducha para tratar de relajarme. Sí, sé que estaba exagerando, pero sólo faltaban dos días y no quería desaprovecharlos de mala manera sin él. Ya en la ducha, dejando que el agua helada calmase mi cuerpo, intenté pensar en cómo mataría a Justin por no haberme avisado de que se iba. Salí de la ducha envuelta en una toalla y volé hacia el armario a ponerme lo primero que agarrara. Fui de nuevo al baño a recogerlo y ya de paso peinarme. Me hice una coleta alta y me puse un poco de brillo en los labios. 

Hice la cama y bajé las escaleras para ver si me encontraba con Pattie. Ésta acababa de llegar cargada con un par de bolsas. Sonrió cuando le estaba ayudando y llevaba unas cuatro hasta la barra de la cocina.

- Gracias, cielo –dijo soltando el resto- ¿Qué tal?
- Mal.
- ¿Por qué?
- Se han ido y no me han avisado –suspiré- ¡Perfecto!

Pattie frunció los labios y sacó las cosas de las bolsas.

- ¿Más comida? ¿No compraste ayer? –pregunté al notar que me había ignorado.
- Ayer me olvidé de un par de cosas.
- De bastantes –reímos y empezamos a colocarlo todo juntas.
- ¿Sabes dónde han ido?
- Mm… No.
- ¿Y Cait y Christian? ¿También han ido con ellos?
- Sí.
- ¡¿Y a qué hora se han marchado?!
- Hace bastante rato –respondió la mar de tranquila.
- Espera, espera –coloqué el detergente en la encimera y me la quedé mirando- ¿Qué hora es?
- Las doce y media.
- ¡¿LAS DOCE Y MEDIA?!
- ¿Qué pasa? –preguntó riendo.
- Que yo no me puedo levantar tan tarde. No aprovecho el día.
- Por un día no pasa nada.
- ¡Sí que pasa! –dije dejando caer los brazos- ¡Encima se van a no sé dónde y no me avisan! ¡Cómo me quieren!
- Justin no ha querido despertarte.
- Lo mataré –murmuré volviendo a mi faena, al igual que Pattie- ¿Seguro que no sabes a dónde han ido?

Pattie sonrió por debajo de la nariz.

- No, cielo. Si no ya te lo habría dicho.
- Me ocultas algo –le apunté con el dedo índice-, pero lo acabaré descubriendo. Verás.

Ella rió.

Los niños entraron por la puerta del jardín y detrás de ellos apareció su padre con aspecto cansado.
Pasó por mi lado y me acarició la mejilla como solía hacer su hijo. Intenté que no se notasen mis nervios por saber dónde estaba, pero me era imposible.

Jazzy y Jaxon se sentaron en el sofá y empezaron a ver la televisión. Mientras, Pattie y Jeremy hablaban. Cogí una bolsa de cereales que había en la mesa y empecé a comer de ella. Apoyé un codo en la mesa y dejé que una de mis manos apoyara mi cabeza. Estaban echando Bob Esponja, así que decidí matar el tiempo viéndolo.

Se oyó el ruido de la cerradura, la puerta se abrió y entraron todos. Miré de reojo a Christian, reía junto a Ryan, el cuál le pasaba un brazo por los hombros a Caitlin. Chaz estaba saludando a los padres de Justin, pero a éste último no lo vi. ¿Dónde diantres se había metido Bieber? Sin cambiar de posición, recorrí la habitación con la mirada. Todos los chicos menos él, menos Justin, estaban como en círculo, hablando, saludando. Hasta que escuché su voz, estaba saludando a su madre. Vi como a Pattie se le abrían los ojos, incrédula, asombrada, estupefacta. ¿Qué pasaba? Me fijé en su acompañante, en su hijo. En Justin. ¿Qué era lo raro? Me fijé y ahí morí. Tragué saliva, empecé a hiperventilar. Me estaba dando un chungo.

- La madre que lo trajo –susurré en castellano para que nadie me entendiese.
- ¿Crees que le matará? –oí como le preguntaba Christian a Ryan.
- No lo sé –éste le respondió susurrando-, creo que le estaba empezando a coger cariño a su pelo.

Justin me miró sonriente, esperando una reacción. La tuvo, me levanté y caminé hacia él con asombro, con las cejas alzadas esperando una explicación. ¿Por qué lo había hecho? Cuando estuve delante de él me crucé de brazos. Le miré con rostro serio, firme. Estaba de guasa. Justin sustituyó la sonrisa por una línea recta formada por sus labios.

- ¿Te gusta? –preguntó con cierto temor que pude notar en sus palabras mientras se pasaba una mano por el pelo.

Carraspeé la garganta. Acomodé mis brazos aun formando una cruz. Alcé una ceja. Sólo una.

- Estás guapísimo –dije con una media sonrisa.

Y ahí, la tensión que Justin parecía tener acumulada se liberó. Esbozó la sonrisa más grande, más deslumbrante y, sobre todo, la más bonita que jamás había visto. Me abrazó. Prácticamente me alzó del suelo, pero me gustó. Apretó fuertemente mi cintura mientras mis pies no tocaban el suelo. Había crecido estos últimos días, y se estaba notando bastante el cambio. Me aferré a su cuello mientras ambos reíamos, estábamos como dos cabras. Me dejó en el suelo, pero no perdimos el contacto. Presionó mis dos brazos cariñosamente mientras sonreíamos, pero cambié rápidamente esa sonrisa por un manotazo que le di en el ante brazo.

- ¿Por qué no me has avisado? Yo quería ir contigo.
- Fuimos muy temprano –me informó-, aparte, quería ver qué cara ponías.
- Eres un idiota –sonreí de lado.
- Pero soy tu idiota.

Todos excepto Justin y yo exclamaron un sonoro y tierno “Aww”. Se nos había olvidado que estábamos solos. O al menos a mí. Era lo que me pasaba normalmente cuando estaba junto a él. Cuando me perdía en sus ojos. Pero ésta vez era diferente. Me había perdido en su nuevo corte de pelo. Le hacía parecer más juvenil. Estaba mucho más sexy que antes. Pero estaba empezando a añorar su melena, su hairflip. Había perdido facciones de niño. Ahora parecía mucho más adulto.

- Parece ser que el hairflip ha muerto –fruncí los labios y el ceño.
- Me estaba empezando a gustar –dije suspirando.
- El pelo crece –se pasó el pelo por su nuevo y suave cabello.
- ¿El tuyo seguirá la norma?
- Puede –reímos.
- Te queda bien –le hice saber mientras sonreía.
- ¡Sabía que le gustaría! –exclamó Caitlin. 

Miró a Ryan, el cual aún reposaba sus brazos en su hombro.

- Me debes cinco pavos -le ordenó.
- ¡No, no, al final no sellamos la apuesta!
- ¡Que me los des! –gritó Caitlin corriendo detrás de su amigo.

Los dos salieron por la puerta que daba al jardín. Reímos. Mucho, la verdad. Justin deslumbraba con cada carcajada. ¿Es que no le duele la cara de ser tan guapo? Ahora comprendo los ataques de fangirl  de las beliebers al verlo. Es que estás tanto tiempo viéndolo a través de una fría y dura pantalla, suspirando, llorando, sonriendo, que cuando lo tienes delante no te crees que es real. Porque es que es tan guapo, que piensas: ¿En serio, tío, en serio? ¿Cómo puede ser que seas tan guapo? A ver explícamelo. Y es que en el fondo las comprendo.

- Papá, ¿a qué hora sale vuestro vuelo? –preguntó Justin mientras se sentaba en la encimera.
- A las cinco y media.
- ¡Jazzy, que te vas dentro de unas horas! –salí corriendo hacia el sofá.

Me tiré en él y abracé a Jazzy lo más fuerte que pude, haciendo que ésta y los demás estallaran a carcajadas. Le besé las mejillas, los párpados, las manitas, los hoyuelos de los nudillos. Pero miré al dulce de Jaxon, quién reía y reía mientras me comía a su hermana mayor. Lo cogí y lo acurruqué junto a mí para besarlo. Los adoraba, los amaba. Eran como mis hermanitos. Los hermanitos que ya nunca tendría. Justin, sentado en la encimera, contemplaba la escena enternecido.

|| Justin ||

Y es que cada vez que se acercaba a mis dos hermanos, cada vez que les besaba, que les tocaba, les acariciaba. Cualquier cosa; a mí se me caía la baba. Me entraban ganas de abrazarla por detrás y decirle, confesarle, que me gustaría, que me encantaría que fuese la madre de mis hijos. Puede que exagere, que me esté volviendo loco. Pero es que ella es la causante de mi locura. Quisiera besarla, acariciarle la mejilla y decirle que es única, que la amo. Pero ya no hay tiempo. No se lo podría decir, sería hacer el ridículo. No creo en las relaciones a distancia. No digo que no confíe en ella, simplemente que sé que le haría daño; no sólo el simple hecho de estar distanciada de mí, porque eso también me afectaría, incluso puede que más; es el tema de que salgan cosas, noticias, rumores míos y que ella se los crea. Vale más que dejemos esto como una bonita amistad. Aunque me duela. O nos duela.

Llame a los chicos sin que ___ se enterara. Seguía jugando con mis hermanos, y al parecer, mis padres se habían unido a ellos. Salimos al jardín. Ahí, Caitlin se peleaba con Ryan para quitarle la cartera de las manos. Lo consiguió cuando su contrincante se despistó ante nuestra llegada.

- Vale, se acabaron los juegos –zanjé el tema entre ellos dos para que me escucharan.

Se acercaron a nosotros, en la entrada, pero me los llevé hacia otro lado para que ___ no nos viera desde la puerta corredera. Nos sentamos en círculo y esperé a que todos me prestaran atención.

- ___ se va en dos días –empecé.

Todos aplaudieron sarcásticamente y pedí silencio.

- Le haremos una fiesta –avisé.
- ¡PARTY HARD!
- ¡Caitlin! –le regañamos todos a la vez.
- Lo siento.
- Bien –seguí-, se va el ocho de julio a la una y media de la tarde.
- Qué controlado lo tiene –le susurró Chaz a Ryan mientras le codeaba juguetonamente en las costillas.
- ¡Callad! –grité- La fiesta será mañana. AQUÍ –remarqué la última palabra.
- Pero… -le callé a Caitlin con un gesto con la mano.
- Será a las nueve –les avisé- Yo le diré esta noche que mañana por la mañana tengo trabajo en el estudio, pero en realidad, Chaz, Christian y Ryan –dije mientras les señalaba-, os vendréis conmigo para comprar las cosas. ¿De acuerdo?
- Entonces, ¿ella se quedará conmigo todo el día? –preguntó Caitlin para que el plan quedara claro.
- Sí –asintió y le di un poco más de información para que hubiera errores- Entonces, nos iremos los chicos y yo a eso de las diez de la mañana. Pero tú antes tienes que pasar a buscar a ___ para dar una vuelta, lo que sea. Cuando lleguemos, guardaremos las cosas y comeremos tranquilos. Y a eso cinco o seis, te la llevarás a tu casa mientras Chaz, Ryan, Christian y yo preparamos las cosas.
- Todo claro –dijeron todos a la vez.
- Guay –zanjé el tema- Y cuidado que se acerca ___.

Nos tumbamos en el césped con los brazos aguantando la cabeza, menos Ryan, que estaba intentando quitarle la cartera a Caitlin de nuevo.
___ ya había cruzado la mitad del jardín, caminaba con las chanclas en la mano, sonriendo mientras me miraba. Espera, ¿a mí o a Christian? Mis dudas se solucionaron cuando se tumbó a mi lado y me sonrió.

- No me acostumbraré –dijo acariciándome el pelo.
- Yo tampoco, y eso que es mío.
- Es como cuando se te cae un diente –aún seguía acariciándome, sólo que ésta vez enredaba sus dedos-, sabes que se te ha caído, que no lo tienes, pero sigues pasando la lengua por el hueco libre esperando a que sea ocupado.

Solté unas carcajadas mientras cerraba los ojos.

- ¿Te ríes de mí o de lo que he dicho?
- De las dos cosas.
- Oh, muy bonito –dejó mi pelo de banda y enredó un mechón del suyo en el dedo índice.
- Venga, no te enfades –dejé mi peso a un lado de mi cuerpo, hincando el codo en el césped y acariciando su mejilla con la mano que tenía libre.
- Te ríes de mí –puso morritos como una niña pequeña y solté una leve carcajada.
- ¿Qué puedo hacer para que te desenfades?

Giró el rostro hacia mí. Con media sonrisa. Una sonrisa llena diversas expresiones; picardía, diversión, alegría. Pero sobre todo picardía. ¿Qué tramaba?

- Hoy harás tú la comida –y dicho esto volvió la vista a su entretenido dedo.
- ¡¿QUÉ?! –exclamé mientras me levantaba- Yo no sé cocinar.
- Aprende –dijo con indiferencia.
- No me hagas esto –le supliqué en susurro.

Se levantó pesadamente, como si estuviese cansada, o como si lo hiciese por un favor.

- ¿Si te ayudo te callarás? –preguntó colocándose las manos en la cintura.
- ¡Sí! –la abracé por la cintura y la levanté del suelo de la fuerza que había empleado en hacerlo.

29 de marzo de 2012

Never let you go. {57}


 Died ovarios.

5 de Julio. Faltan 3 días.

Los muelles de la cama sonaban, el colchón se hundía y unas risas, que en aquél momento eran molestas, consiguieron despertarme. Abrí los ojos lentamente, los párpados me pesaban. Me concentré en buscar quién o qué era el causante de que mi tan precipitado despertar. Me costaba, los ojos aún no se habían adaptado a la luz que entraba por la ventana. Cuando por fin pudieron ver mejor, vi a Jazzy saltando en la cama. Justin seguía dormido. No despertaba. Sin embargo, su hermanita seguía y seguía saltando. Parecía que nos quisiera despertar. Pues bueno, conmigo lo ha conseguido. Sus carcajadas consiguieron que sonriera. ¿No puede ser más tierna? Miré a mi lado y busqué con desesperación el hueco vació que pertenecía a Jaxon. ¿Dónde estaba?

- Jazzy, ¿y tu hermano?
- Ahí -señaló al dormilón de Justin.
- Tu otro hermano.
- Se lo ha llevado papá -contestó sin dejar de saltar.
- ¿Y qué haces despierta a estas horas? -pregunté cuando observé que el reloj marcaba las ocho de la mañana.
- Justin ronca.
- Justin no ronca -le defendí.
- Yo no ronco -habló esta vez su hermano.

Solté unas carcajadas.

- Hablando del rey de roma -dije riendo.

Se estiró en el colchón y sonrió mientras cerraba los ojos y estiraba todo el cuerpo. Iba sin camiseta. ¿Cuándo se había quitado la camiseta? Dejó los 'estiramientos' y se concentró en su saltarina hermana, la cual no había perdido el ritmo de sus ligeros saltos.

- ¿Cuánto rato lleva así?
- No lo sé -contesté-, cuando desperté ya estaba así de saltarina.

Noté su mirada clavada en mí y giré el rostro para contemplar sus perfectas facciones recién despiertas. Se veía tan tierno, tan dulce. Tan deseable. Le sonreí y éste ensanchó la curvatura de sus labios. Se sentó correctamente en la cama, pero lo hizo mientras se acercaba a mí. Me dio un beso en la mejilla y sonrió.

- ¿Cómo estás, shawty?
- Como siempre -contesté- Supongo.
- ¿Supones?
- Sí, no sé. Hoy me siento... rara.
- ¿Rara por qué?
- No lo sé.
- Eres rara -dijo riendo.
- Lo sé -me uní a las risas- ¿Y tú que tal has despertado?
- Más feliz imposible -me abrazó por los hombros, lo que hizo que mi cabeza se hundiera en su pecho.
- ¿Y a qué se debe esa felicidad? -alcé la cabeza para mirarlo.
- Pues que he despertado al lado de las princesas más bonitas de este mundo.

En ese momento cogió del tobillo a su hermanita, la cual cayó sobre el colchón y empezó a reírse como una loca. Su hermano atrajo el cuerpo de Jazzy hacia nosotros y la dejó en el medio, riéndose y mirando hacia todos lados.

- Ahora sí que soy muy, muy feliz -y acto seguido, Justin nos abrazó a las dos, apretándonos contra él y dándonos besitos a cada una en las mejillas.
- Mira a los dormilones, qué felices están a las ocho de la mañana.

Justin dejó de besarnos y miramos hacia la puerta, que era de donde provenía la voz. Jeremy estaba recostado en el marco de la puerta con Jaxon en brazos.

- Hola, papi -dijo Jazzy.

Jeremy se acercó a la cama y sentó en ella, nos sonrió a los tres, pero su mirada se detuvo en el brazo de su hijo mayor que cubría mis hombros.

- ¿Cómo habéis dormido?
- Bien -respondimos los tres al unísono.
- Me alegro -despegó la mirada de Justin y de mí y se concentró en su hija.
- Jazzy, ¿por qué no vas a ayudar a Pattie a preparar el desayuno?

La pequeña asintió y salió corriendo de la cama.

- ¿Qué pasa? -preguntó Justin al notar el cambio de expresión de su padre.
- Creo que tenéis algo que contarme.

Tragué saliva. ¿Qué teníamos que contarle? Justin me apretó más contra él. Se le notaba igual o más nervioso que yo. Los nervios nos carcomían.

- ¿Qué tenemos que contarte? -preguntamos los dos a la vez. Nos miramos mutuamente preocupados y volvimos la mirada hacia el hombre que teníamos delante.
- ¿Por qué ocultáis la relación?

En ese momento pensé que me iba a dar algo. Vale, si ya su padre lo pensaba, ¿la prensa por qué no? No sé por qué reaccionaba de esa manera, pero me puse nerviosa, tensa. Mi boca se secó, y los labios también. Pasé la lengua por ellos y los relamí más veces para que estos se hidratasen.

- Papá, ¿de qué hablas?
- Vamos, chicos -se incorporó mejor en la cama- Sois jóvenes, es normal. Se nota que os queréis mucho, pero no podéis ir negando todo el día que no sois novios.
- Es que no somos novios.
- ¿A no? Siempre os tratáis como algo más que amigos -fijó la mirada en mis hombros, abrazados por el brazo de Justin. Lo retiró en cuánto se dio cuenta que su padre miraba sólo esa parte de mi cuerpo.
- Pues sólo somos amigos.
- Sólo digo -hizo una breve pausa- que os sentiríais mejor si lo sacarais a la luz. No es fácil llevar una relación en secreto, tener que esconderte de los demás para tener un momento íntimo con tu pareja molesta.
- Papá, piensa lo que quieras, pero ella y yo sólo somos amigos -se relamió los labios como lo había hecho yo anteriormente-, nada más.
- De acuerdo, de acuerdo -suspiré- Os creo, os creo.

Se levantó de la cama y me miró. Acto seguido sonrió y dirigió la mirada a su hijo, el cual estaba serio, al igual que yo.

- Mamá dice que hagáis la cama -dijo antes de salir por la puerta.

Nos quedamos solos en la habitación. Ninguno de los dos decía nada. Mirábamos las sábanas de la cama buscando alguna inspiración divina, algún milagro para romper ese silencio con cualquier tontería que se nos viniera a la cabeza.

- Creo que tu padre tiene razón -hablé.
- ¿En qué sentido?
- Que parecemos una pareja.
- ¿Y qué tiene de malo?

Sus ojos brillaban. Parecía decidido cuando soltó aquella pregunta. Yo, en cambio, temblaba como un flan. Aún seguía en estado de shock  después del discursito de Jeremy.

- No lo sé -clavé la vista en el suelo- Nada; supongo.
- ¿Entonces? ¿Por qué te he molestado que mi padre también pensase que somos novios?
- No es que me haya molestado a mí. Sólo pienso que..
- ¿Qué piensas?
- Que quizás a ti sí que te molesta.
- ¿Qué? No -negó con la cabeza- ¿Por qué lo dices?
- Porque la prensa cada vez te agobia más con las estúpidas preguntas de "¿___ y tú sois novios?" y más.

Se acercó más a mí y me cogió de las manos. Entrelazó los dedos y acarició el dorso de una de mis manos con el pulgar. Mi corazón bombardeaba sangre a un ritmo no muy normal. Bueno, normal hace unos meses; desde que conocí a Justin, mi corazón va siempre tan acelerado que en cualquier momento saldría disparado.

- No, no me agobian. ¿Sabes por qué? -negué con la cabeza mientras me perdía en sus ojos color miel- Porque cuando estoy contigo me olvido de todo. Cuando estoy contigo soy el adolescente de 16 años que lo único que quiere es pasárselo bien, no Justin Bieber el cantante. Contigo soy un chico normal, y si por estar contigo nos tienen que acosar los paparazis... No me importa.

No me di cuenta que estaba llorando hasta que Justin secó mis lágrimas con su pulgar. Me había emocionado, sí. Y mucho.

- No llores.
- Me he emocionado.
- Me lo he imaginado, shawty -terminó de secar mis lágrimas, las cuales seguían cayendo.
- Justin..
- Dime.
- No sé que voy a hacer sin ti cuando me vaya.

No lo pude más, no me resistí, no pude. Hundí la cabeza en su pecho y rodeé su cintura con mis largos brazos. Empapé su torso desnudo de lágrimas que seguían cayendo. Él me acariciaba mi larga melena mientras me daba besos en la coronilla de la cabeza.

- Yo tampoco sé que haré sin ti, shawty -susurró en mi oído-, te has convertido en una de las personas más importantes en este poco tiempo.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de evadir las lágrimas que caían sin piedad por el pecho de Justin. Me apreté con fuerza a él, embriagándome con su aroma, aturdiéndome por completo al notar el calor que desprendían sus brazos al abrazarme. Echaría de menos estos momentos junto a él.

Seguimos así un buen rato hasta que mi móvil empezó a vibrar. Me separé de Justin a regañadientes y me incliné hacia la mesita de noche. "Poca batería" indicaba mi móvil. ¡Había tenido que separarme de él sólo porque el maldito móvil estaba bajo en batería!

- ¿Qué pasa? -preguntó Justin cuando dejé el móvil en su sitio.
- Lo tengo que poner a cargar -señalé al móvil con la cabeza pero sin dejar de mirar a sus hermosos ojos.
- ¿Hacemos ya la cama y bajamos a desayunar? -propuso.

Asentí con la cabeza y nos levantamos. En cinco minutos la habitación estuvo en orden.

- Primero voy a cambiarme, ¿sí?
- Te espero abajo -dijo.

{89} NLYG ~ 57Los dos salimos de la habitación pero con rumbos diferentes; él iba hacia el piso de abajo y yo a mi habitación a cambiarme de ropa. De paso aproveché y puse a cargar el maldito teléfono.
Abrí el armario y escogí con detenimiento lo que me iba a poner. Al final opté por esto.

Peiné un poco mi cabello y me delineé el ojo, sólo eso. No tenía ganas de arreglarme más. Me puse un poco de colonia, y bajé. Sólo estaban los niños, Justin y sus padres. Bueno, y ahora estaría yo.
Me senté en una silla al lado de Justin. Mi desayuno ya estaba preparado. Miré a Justin por si él tenía algo que ver. Sonrió.

- ¿Lo has hecho tú? -pregunté señalando el vaso de zumo y las galletas con la mirada.
- No -dio un trago a su zumo y seguí mirándolo- Sí, he sido yo.

Sonreí y le pegué un mordisco a mi galleta. Desayunamos tranquilos, sin interrupciones. Hablábamos de cualquier cosa que se nos pasara por la cabeza. La casa estaba tranquila. Los niños estaban tirados en el sofá viendo la televisión mientras que Pattie y Jeremy hablaban. Todo tranquilo hasta que llegaron los idiotas de turno. No sé ni cómo los aguanto.

- Hola parejita -nos saludó Ryan.

Los chicos hicieron su típico saludo y después me besaron la mejilla.

- ¿Cómo estás? -me preguntó Ryan.
- ¿Desde cuándo tanto interés por cómo estoy? -pregunté riendo.
- ¿Me das la última galleta?

Miré la galleta que estaba delante de mí. Después observé el paquete que había delante de mí. Sí, era la última y era la mía.

- Lo suponía -le pasé la galleta a Ryan y éste sonrió como un tonto- Interés puro y duro.
- Pero si sabes que en el fondo te quiero -dijo mientras masticaba la galleta.
- Oye, tío, aprende a comer, y después si eso quiere a alguien -dijo Justin.

Estallé a carcajadas. Ryan estaba rojo, ¿vergüenza? AJAJAJAJA. Me mató lo que dijo Justin, en serio. Lo dejó tan mal.

- Ya, Justin, cómo te pasas.
- ¿Y desde cuando lo defiendes? -me preguntó.
- Desde de que se ve tan tierno cuando se avergüenza.
- Uuuuuh, bro' -exclamó Chaz-, alguien te está quitando a tu chica.
- ¡De ninguna manera! -se levantó de la silla- ¡____ es sólo mía!
- ¡Pero ahora me la quedo yo! -Ryan me abrazó por la cintura y me atrajo a él.
- Antes tendrás que enfrentarte a mí -dijo Justin desafiándolo.
- Con mucho gusto -Ryan se levantó aun abrazándome por la cintura y cogió el rollo de papel de cocina.

Justin en cambio cogió una cuchara de madera.

- Morirás -le amenazó Ryan.
- Pero tú no te quedarás con la princesa de las ternuras.
- Awww -exclamé.
- ¡Calle princesa, no me desconcentre! -pidió Ryan.
- Oh -me tapé la boca para no reírme- Perdón, perdón.

Estos dos se empezaron a pelear en broma, se daban golpes en los brazos, y alguno me lo llevaba yo. Ryan le pegó con el rollo en la cuchara y ésta calló. Justin la miró mientras volaba por el suelo, y a continuación, Ryan hizo que le pegaba un puñetazo en la cara. Biebs se dejó caer en el suelo, ya muerto. Chaz y yo no hacíamos más que reír.

- Y ahora, príncipe Bieber -habló Ryan colocándole la pierna en el hombro- ¿Tiene algo que objetar antes de morir?
- Sí -pidió mientras me miraba con una sonrisa- ¡____ sálvate!
- ¿Qué? -pregunté confusa.

Justin cogió los pantalones de su amigo y los estiró. Éstos cayeron al suelo y Ryan me soltó rápidamente para poder subirse los pantalones. Justin se levantó y corrió a mí. Me abrazó, haciendo que casi cayera hacia atrás, pero éste me tenía cogida por la espalda, así que no caí. Se tapó la boca con el doblado del brazo, y se acercó a mí. Hizo que me besaba y Chaz aplaudió. Yo sólo reía, me colgué del cuello de Justin, para que así la escena fuese más real, me estaba divirtiendo. Pero en el fondo, mis labios estaban deseando que Justin quitara el brazo de su boca.

- Esto no quedará así -se escuchó a Ryan hablar.

Justin dejó de hacer pantomima y se puso al frente de Ryan, abrazándome por la cintura, con el mismo aire de superioridad que Ryan desprendía cuando lo hacía conmigo.

- Arrodíllate ante mí -le pidió.
- ¿Qué hablas, Bieber? -preguntó riendo- Tengo digni...
- ¡Ahora o te dejo sin natillas!
- ¡Oh mi rey! -gritó mientras se arrodillaba.

Justin y yo reímos. Los padres de Justin nos miraban atónitos mientras sonreían y reían a la vez. Esta casa era de locos. Pero me alegraba vivir ahí temporalmente. Cosa que dejaría de hacer dentro de tres días. Tres asquerosos y escasos días.

***

- Caitlin, me aburro –dije deshaciéndole la trenza que había vuelto a rehacerle unas quince veces.
- Pues no sé qué hacer. Justin no vendrá de la entrevista hasta las cuatro –me recordó.

Qué rabia me daba que tuviese que trabajar estos últimos días. Me molestaba muchísimo. Sé que él no tenía la culpa, pero me fastidiaba la idea de no poder aprovechar el poco tiempo que me quedaba para estar junto a él.

Levanté las piernas y las coloqué en el sofá de los Beadles. Las abracé y apoyé la cabeza en las rodillas. Los chicos jugaban a la Play a mi lado. Parecían estar en otro universo, estaban absortos por ese absurdo juego. Ni si quiera parpadeaban. Idiotas.

- ¡Si éstos pusieran un poco de su parte no estaría aquí aburrida! –chillé señalándolos con el brazo mientras no perdía la vista de los ojos de Cait.
- Nosotros también estamos aburridos y no nos quejamos –dijo Ryan sin levantar la vista de la pantalla.
- Pues deja de jugar si estás aburrido –habló Caitlin.
- Es que voy ganando.
- Por poco tiempo.

Chris se levantó con aire de concentración. Sacó la lengua mientras fruncía los labios. Empezó a mover el mando a todos lados, cuando paró en seco. Miró la pantalla y alzó los brazos a la vez que exclamaba un ‘Sí, GOL’. Ryan y Chaz le miraron mal, tan mal que si las miradas matasen, él ya estaría enterrado. Christian se sentó de nuevo lentamente sin dejar de mirar a los chicos.

- Es un juego, Christian –dijo Ryan palmeándole el hombro- Ni que fuese esto un torneo de verdad.

Cait y yo nos miramos y negamos con la cabeza. Qué infantiles llegaban a ser los chicos cuándo les daba el brote.

- Ven, te haré yo ahora una trenza –propuso Caitlin girándome de los hombros para quedar de espaldas a ellas.

Hice lo que me mandó y empezó a peinar mi cabello con sus dedos.

- ¿Y los hermanos de Justin, cuándo se van?
- Mañana por la tarde –le respondí- Me da pena que se marchen, les he cogido mucho cariño.
- Le coges mucho cariño a todo el mundo –dijo riendo.
- No es verdad.
- Justin –dijo mientras tosía, lo que hizo que me riera.
- Vale, lo he entendido –reí aún más- Pero no sé, su familia es tan buena conmigo.
- Tienen que acostumbrarse a ti, ___.
- ¿Por qué lo dices? –pregunté confusa.
- Una vez que tú y Justin seáis novios estaréis todo el día juntos, y sus padres os tendrán que aguantar día sí y día también.

Christian nos miró de reojo. Se le notó incómodo, y a mí también. Le pegué un codazo a mi amiga, acción que provocó que esta soltara unas carcajadas.

- Dime que no te haría ilusión.
- No.
- ___, ellos ya saben, notan y deducen que estás loca por Justin –dijo Caitlin.
- Bastante que hacemos que no se lo decimos a él –se acopló Chaz a la conversación.
- Y más os vale que así siga la cosa –les amenacé.
- Lo que no entendemos es, que si os gustáis, ¿por qué no salís?
- Porque yo no le gusto, Ryan.
- ¡¿Que qué?! –exclamaron todos a la vez. Incluso Christian, lo cual me sorprendió muchísimo.
- Está más que claro que los dos estáis deseando achucharos –dijo Chaz.
- Ya lo hacen –le recordó Ryan.

Noté como mis mejillas ardían, el corazón se me aceleraba y la boca se me secaba. ¿Le gustaba a Justin? Oh por Dios. No, no me puedo hacer ilusiones. Los amigos pueden llegar a ser muy cabr… molestones. Por fastidiar un poco son capaces de inventarse cosas semejantes a esta. A parte, creo que Justin me lo habría dicho, o me habría mandado una indirecta… o no sé.

- Pero como novios, digo –añadió Chaz.
- Y besarse –habló Caitlin. Ésta ya me había hecho tres veces la misma trenza.
- Y acariciarse –añadió Ryan.
- ¡Y ya está! –pedí alzando un poco la voz.
- Estás roja –me informó Caitlin la cual se había inclinado un poco hacia mí para mirarme el rostro.
- Lo sé –me crucé de brazos- Me siento incómoda hablando de estos temas.
- Acostúmbrate –murmuró Ryan.
- Te he oído –dije en tono amenazante.
- Ha sido Chaz –mintió acusando al inocente.
- Mientes fatal –reí.
- Y tú igual.
- ¿Yo? –me señalé a mí misma- ¿Por qué lo dices?
- Porque nadie te cree cuando niegas que no babeas por Justin.
- Bueno, Justin es el único que no se lo cree –dijo Chaz.
- Porque es tonto –le apoyó mi amiga.

Christian se acomodó en el sofá. Parecía estar aburrido, como si esta conversación no le interesara para nada. Y en el fondo le comprendía. ¿A quién le va a interesar esta conversación? A nadie. Ya os lo digo yo. Apartando el tema de que me estoy poniendo más roja que un tomate, éste tema era de los más vergonzoso, incómodo y realmente molesto. Pero los chicos parecían estar a gusto hablando.
Suspiré.
Los chicos notaron que me estaba cansando de hablar de esto, así que decidieron cambiar de tema. Ahora hablaban de cualquier chorrada. Chris parecía volver a ser el mismo, ya que había empezado a hablar, cosa que me empezó a relajar bastante. No quería que se molestase por esto. Y menos ahora, que en nada me tenía que despedir de él para no volverlo a ver en Dios sabe cuánto tiempo.

- ¿Qué hora es?
- Las tres y media –me informó Caitlin colocando la trenza en mi hombro derecho.
- Ya falta poquito para ver a tu principito –bromeó Chaz.

Le lancé un cojín y éste se ‘disculpó’ con un “vale, vale, lo siento”. No, no lo tomé como una disculpa. Pero no quería hacerme rogar, así que pasé del tema.

Faltaba media hora para que llegase Justin. Y esos treinta minutos se me hicieron eternos. Después de que éste llegara de su entrevista, los chicos, sus padres, él y yo nos iríamos al centro comercial a dar una vuelta. ¿Tranquilos? Lo dudo. Aparte de los paparazis, estar con un par de amigos como los que tengo se nos haría difícil estar tranquilos. La última vez que fuimos se tiraron media hora haciendo cola en el McDonald’s sólo para comprarse una Coca-Cola. Media hora cantando I’m sexy and I know it. Ya veis a todo el mundo grabando, haciendo fotos, y yo escondiéndome detrás de Kenny, el cual reía como un idiota. Igual que los chicos, vamos.

El timbre sonó y Caitlin se levantó, pero antes tuvo que apartar mis piernas de su regazo. Desde la puerta se oyó un ‘Hey, Jus’. Dos palabras provocaron un casi infarto al corazón. Mi nerviosismo por verlo aumentó, y no sabéis cuánto. No me giré para no parecer una desesperada aunque ya lo estuviese, pues no quería soportar las eternas bromas de mis pesados amigos. Esperé a que mi amigo llegara, pasando por delante del televisor para arruinar la partida de los chicos; pero no fue así. Unos brazos rodearon mi cuello por detrás, cosa que me sorprendió bastante. Eché la cabeza hacia atrás y vi el rostro de Justin al lado del mío. Con sus brazos aun rodeando mi cuello, me agarré de sus manos, para darle un poco más de intensidad a ese ‘abrazo’. Besó mi mejilla con un sonoro y duradero beso y siguió en la misma posición.

- ¿Me has echado de menos? –preguntó casi riendo en mi oído.
- Un poco bastante -¿para qué mentir?
- ¿Y cuánto es ese poco bastante?
- Pues lo suficiente como para aburrirme muchísimo y rehacerle a Caitlin quince veces la trenza.

Justin rió y me volvió a besar. Me soltó y pasó por delante de mí para ir a saludar a sus amigos. Se sentó a mi lado y pasó los brazos por detrás del sofá, pero por ‘casualidad’ uno de ellos acabó posándose en mis hombros.

- Papá y mamá me han llamado –me informó-, Jaxon y Jazzy se han quedado dormidos y cuando los despiertan de la siesta éstos se levantan de muy mal humor, así que a lo mejor iremos un poco más tarde.
- Bueno, no hay problema –sonreí y me devolvió la sonrisa.
- A que no adivinas de qué hemos hablando durante la entrevista.
- ¿De ti? –pregunté con ironía.
- Aparte –rió.
- ¿De tu pelo?
- Aparte –negó mientras hacia un hairflip.
- Mmm... Me rindo.
- Del vídeo.
- ¿Qué vídeo? –preguntamos todos esta vez.
- Ayer la vi bailando por ahí –cantó en un español raro mientras movía los brazos.

Estallé a carcajadas. Justin había hecho el esfuerzo de cantar en español, no lo subestiméis. Me miró amenazante, se notó que le había sentado mal que me riese en ese momento. Pero no lo hice por cómo lo había dicho. Bueno, en parte sí. Pero más por… No, lo hice por como lo había dicho.

- Perdón, perdón.
- Al parecer se ha hecho famoso en Youtube.
- Normal, salgo yo –fardaron Chaz y Ryan a la vez.
- ¿Y no me llamasteis para grabar el vídeo? –se ofendió Caitlin.
- Lo siento, es que no queríamos arruinarlo –bromeé mientras sonreía de esa forma tan mía de avisar de que era una broma.
- Mala persona –frunció el ceño.
- Es que lo hicimos antes de que llegase mi padre –informó Justin- El poder del aburrimiento, Cait.
- Yo lo quiero ver –pidió Christian.

Justin sacó su móvil y buscó en Youtube el vídeo. Tres minutos más tarde, que era lo que duraba el vídeo, las risas empezaron a sonar. Justin y yo reíamos cada vez que lo veíamos, y cada vez con más intensidad.

- Cada vez me gusta más –dijo Justin guardando el móvil en el bolsillo.

“Y cada día me gustas más”, pensé.

***

Al final logramos ir al centro comercial todos juntos. No se comportaron tan mal como esperaba; y los paparazis no molestaron tanto. Lo normal, vamos. Pattie compró comida, al parecer la nevera se había empezado a quedar vacía, y ahora que tenía tres bocas más por alimentar necesitaba más comida. Cuando llegamos a casa, lo primero que hice fue subir a la habitación a pegarme una ducha fría. Estaba sudando como un pollo, no lo soportaba. Me puse el pijama y bajé las escaleras. Los chicos estaban en el sofá viendo la televisión con los niños. Pattie y Jeremy guardaban la compra. Me los quedé mirando durante unos segundos mientras bajaba los últimos escalones. En el fondo hacían buena pareja. Es una lástima que se hayan divorciado, aunque es bueno que sigan teniendo buena relación. Me acerqué al sofá y lo salté. Por poco aplasto a Chaz, el cual estaba medio dormido.

- Hey, dormilón, aún no es la hora de dormir –le zarandeé de la camisa y éste me dio un manotazo en el brazo para luego volver a apoyarse en el posa brazos del sofá.
- Justin, quiero ver Bob Esponja –pidió Jazzy.
- Está en anuncios –dijo Justin cambiando rápidamente de canal.
- Da igual.
- Pero de mientras vemos otra cosa –le acarició la mejilla a su hermana-, y cuando empiece lo pongo.
- No –negó con la cabeza-, que después cuando lo vas a poner ya ha terminado.

Jazzy le intentó quitar el mando de la televisión a su hermano, pero éste no se lo daba. Tras unos intentos en vano por parte de la pequeña, Justin cedió y le concedió a su hermana ‘el poder’.

- Es demasiado lista para lo pequeña que es –murmuró mientras se cruzaba de brazos.
- Por eso sigo pensando que no es tu hermana –bromeó Ryan.

Justin le dio un puñetazo en el hombro y volvió la vista hacia la pantalla, la cual estaba ocupada por los famosos dibujos de Bob Esponja.
Pasaron unos veinte minutos y aún seguíamos viendo los dibujos. Bueno, menos Chaz y Jaxon, los cuales estaba completamente dormidos.

- Papá, Jaxon se ha dormido –le informó Justin a su padre.

Jeremy se acercó y cogió a su hijo menor en brazos. Subió las escaleras y al cabo de unos segundos volvió a bajar, pero ésta vez sin su hijo.

- Lo he dejado en tu cama, hijo –le avisó Jeremy.
- Vale, sin problemas.
- Lo digo porque dormiré en tu cama esta noche –Justin aceptó- Es para no tener que mover a tu hermanito de cama, para que no se despierte.
- Sí, sin problemas, papá –sonrió Jus.

***

Al cabo de un rato ya habíamos cenado. Chaz había logrado despertarse para cenar, no había probado bocado alguno; se iba quedando dormido cada cinco minutos en la mesa. Pocos minutos después estaban todos en mi habitación. Todos menos Chaz.

Me tumbé en la cama boca bajo, abrazando el cojín. Estaba algo nerviosa. Ya sabéis el por qué, supongo.

- ¿Te encuentras mal? –me preguntó Ryan.
- ¿Te ha sentado mal la cena? –se preocupó Justin.
- No –dije casi con un tono inaudible, ya que el cojín me tapaba la boca.
- ¿Estás llorando? –y al segundo ya tenía  a Justin intentando hacerme girar la cara para comprobar si lloraba o no- Ah, pensaba que lo estabas.

Se volvió a sentar en el suelo como anteriormente estaba y siguieron contemplándome. Me giré, dándole la espalda a la pared. Miré el rostro aburrido de Ryan, estaba dibujado imaginariamente en el suelo. Justin, en cambio, me miraba preocupado.

- ¿Estás segura que te encuentras bien? –asentí con la cabeza- Es que hoy te he notado un poco rara.
- Quedan tres días, ¿cómo quieres que esté?
- Pues feliz.
- ¡¿FELIZ?! –pregunté alterada mientras me sentaba correctamente en la cama.
- No me refería a lo que piensas. Me refería a que tendrías que estar feliz, aprovechar el poco tiempo que te queda; pasártelo bien.
- No puedo pasármelo bien sabiendo que no voy a volver a veros nunca más –dije mirándole a los ojos al borde de las lágrimas.
- Pero nos volverás a ver, ___ –ésta vez fue Ryan el que intentó consolarme.
- Sí, pero a saber en cuánto tiempo –dije hincando el dedo en la yaga.
- Oye, no importa –me interrumpió Justin-, siempre te llamaremos, hablaremos contigo, te escribiremos…, lo que haga falta.
- Exacto –le apoyó su amigo-, no perderemos el contacto, ___.
- Eso espero –rogué soltando un suspiro.
- Piensa que no será un adiós.
- Será un hasta luego –le acabé la frase.

Justin sonrió. Los dos se levantaron al mismo tiempo y se sentaron a mi lado, pasándome el brazo por los hombros.

- Nunca te olvidaríamos, ___ –dijo Ryan sonriente.

Que él me dijese eso era símbolo de que de verdad me habían estado cogiendo cariños todas estas semanas. Me besó la mejilla y me sonrió.

- Eres demasiado importante para nosotros –continuó mi otro amigo.

Y fue ahí cuando no pude contener las lágrimas. Estos días había estado llorando como una desconsolada, como a una enamorada cuando le rompen el corazón. Había llorado muchísimo. Pero en ese momento no me importaba derramar un par de lágrimas. Lo estaba haciendo por las palabras tan bonitas que me decían mis dos amigos. Me limpié las lágrimas con el dedo índice mientras les sonreía de oreja a oreja.

- Os quiero muchísimo –dije mientras les abrazaba a los dos a la vez.
- Y nosotros a ti –contestaron sin soltarse de mi abrazo.

Pasaron un par de horas, las cuales nos tiramos hablando. Chaz se despertó y se unió a la ‘fiesta’. A eso de las dos de la mañana, Pattie se quejó de nosotros, decía que no le dejábamos dormir y nos obligó a apagar la luz. Chaz y Ryan se fueron a su habitación, pero Justin se quiso quedar conmigo. No quería dejarme sola, y en el fondo yo se lo agradecía muchísimo. Quién sabe el tiempo que estaría sin volver a dormir con él.

25 de marzo de 2012

Un saludo, un gracias y un maratón.

Buenas tardes, mis cositas bonitas. Sé que llevo muchísimo tiempo desaparecida. Demasiado tiempo. También que ya he empezado a subir capítulos, pero no en ésta novela, en la otra. Me sentí mal por no haberos publicado ningún capítulo, pero la espera se recompensará. Como creo que ya sabéis, mis capítulos suelen ser largos. Y más ahora que estoy empezando a escribir mucho mejor que antes. En fin, que habrá maratón. Sí, a las cinco y media de la tarde. Puede que un minuto después o un minuto antes. El caso es que habrá maratón. No son muchos capítulos, pero serán los mejores. Os lo aseguro. No sé si serán 4, 5, 6..., no lo sé. Yo voy haciendo, y cuando la inspiración diga "basta", yo pararé. Aparte de eso, quería agradeceros muchísimo todo el interés y las ganas que tenéis en que continúe con esta novela. Me dais muchísimos ánimos a seguir escribiendo. También a las que han estado matándome para que suba un fuckin' capítulo. Mi melona, Solcy, María, que me envió un privado en Facebook diciendo que qué pasaba que no subía, etc; y muchas más. De verdad, sois lo que no hay. Y muchas gracias también a las nuevas seguidoras. Un besazo para todas, y espero que os guste la maratón que he estado preparando desde ayer para todas vosotras.

19 de marzo de 2012

CIERRO EL BLOG TEMPORALMENTE.

Así es, ya lo dice el título. Por motivos personales cerraré el blog. No es porque nada vaya mal, ni nada de eso. Son motivos que no diré, aunque algunas personas ya saben. No sé cuándo lo abriré, sólo sé que me daré mi tiempo para ponerme al día. Lo más seguro es que siga comentando y leyendo novelas, pero no subiré ninguna entrada. Lo siento.
Nos vemos pronto.

17 de marzo de 2012

Posibles portadas para 'Boyfriend'.

Muy buenas, darlings. Como ya muchas de vosotras sabéis, Justin sacará el 26 de marzo su primer single de su nuevo disco 'Believe'. Y han creado dos posibles portadas. Las beliebers estamos colaborando para ver cuál sale seleccionada. Aquí os pongo las dos fotografías.

Si queréis colaborar para ver cuál sale elegida, tenéis que meteros en esta página www.justinbiebermusic.com. Para votar tenéis que tener Twitter, no lo olvidéis. Podéis dejar un comentario diciendo cuál os gusta más, aunque es bastante difícil; es como decirle a un niño que escoja su caramelo favorito.

¡Besos!

14 de marzo de 2012

Himno oficial de las beliebers.

Buenas tardes, hermanas. Escribo esta entrada porque he encontrado un vídeo precioso dedicado a nuestro ídolo. No es un simple vídeo, es nuestro himno. El himno que nos identificará para el resto de nuestra vida. Un vídeo que agradece todo lo que Justin Bieber ha hecho por nosotras. Sinceramente maravilloso. Vale la pena perder 3 o 4 minutos de nuestra vida para escuchar esta canción. Espero que la disfrutéis tanto como la he disfrutado yo.

Besos.


11 de marzo de 2012

Secreto de estado.

El otro día andando por mi laboratorio me topé con un libro en el que la portaba decía <<Secreto de estado>>. Lo abrí y me encontré un papelito. Lo leí, decía ésto:

"Estimada lectora de Novelas de Justin Bieber y tú, hemos descubierto la manera de hacerle ahorrar todo el trabajo que conlleva darle al botón de 'Replay' de Youtube. Sabemos lo molestoso que es tener que cambiar de pestaña cada 4 minutos sólo para volver a reproducir la canción favorita de su ídolo. Por lo tanto, hemos inventado una página súper-mega-chachi-guay que le ahorrará tal esfuerzo. Se trata de Youtuberepeat. Fascinante, ¿cierto? Bien. Para hacerlo servir solo tienen que copiar el link de su canción favorita de Youtube. Pero sólo la parte de las letritas raras (para entenderlo mejor: los jeroglíficos). Vea aquí un ejemplo:

/watch/?v=14PBYVZYTzg este código pertenece a la canción de Demi Lovato - Give Your Heart a Break. Tan sólo tiene que poner Youtuberepeat.com y a continuación el código de la canción. ¿Lo entienden? Demi Lovato - Give Your Heart a Break. Si clickean aquí, les saldrá la canción de la que hablábamos anteriormente, y, por arte de magia, ésta se reproducirá sola. ¡Sola amigos, sola!

Vale, basta de bromas. Sólo que estaba aburrida y encontré lo de Youtuberepeat hace días en Tumblr. Y justo esta escuchando la canción de Demi y dije: ¿Por qué no hago una entrada transmitiendo mi grandioso descubrimiento? Y voilá. Aquí mi gran descubrimiento.
Lo del laboratorio y lo del secreto de estado era para que os riáis un poco.
Ah, ya estoy preparando el capítulo 57. Supongo que no tardaré en subir.

Besos a todas!

10 de marzo de 2012

Never let you go. {56}

Justin en 'Ridiculousness'.

- No es por arruinar el momento -rompió el silencio Ryan-, pero...
- Sí, has arruinado el momento -le interrumpió Chaz.

Ryan envenenó a su amigo con la mirada y prosiguió.

- Pues eso -dio una palmada- ¿Nos vamos ya a cenar?

Todos reímos ante el hambre feroz que Ryan tenía. Papá le dio unas palmaditas amistosas a Ryan. Los dos se parecían mucho en ese aspecto. A los dos les encantaba comer, y por eso, las pocas veces que estábamos todos juntos, se lo pasaban de maravilla comiendo y riendo a todas horas.

- Sí, Ryan tiene razón le apoyó mi padre- Que viajar con estos dos mequetrefes cansa mucho.

Todos volvimos a reír. Mamá salió de la habitación y volvió con un bolso colgado del brazo. Todos caminamos hacia la entrada. Por las escaleras, Jazzy parecía un terremoto. Cogida de mi mano, saltaba las escaleras de dos en dos y me arrastraba con ella.

- Bueno, ¿y cómo nos lo montamos para ir? -preguntó mi madre pasándose las llaves del coche de una mano a otra.
- Yo puedo llevar a los chicos en mi coche -me ofrecí.
- ¡Yo quiero ir con Jus! -pidió Jazzy levantando los brazos.
- No, tú vienes con nosotros -le obligó papá.
- Por favor -suplicó Jazzy.

Papá se lo pensó durante unos segundos, manteniendo siempre la mirada firme sobre su suplicante hija menor.

- Está bien -Jazzy saltó de alegría-, pero tendrás que ir igualmente en tu sillita.
- Jo -se quejó.
- Entonces no vienes conmigo -le regañé.
- Vale, vale -dijo a regañadientes.
- Pues marchando.

Cogí la bolsa dónde papá llevaba todo lo necesario para Jaxon y Jazzy. Mudas de recambio, toallitas húmedas, pañales, agua, etc. Con la mano libre que me quedaba, cogí las llaves del coche. Jazzy se me colgó de la pierna y empezó a reírse al notar mi forzado caminar.

- Vamos, Jazzy, suéltate de mi pierna -le pedí riendo mientras intentaba que liberase mi pierna- A este paso no llegaremos nunca al coche.

Ni caso, ella seguía como una loca, contagiándome la risa y haciendo que los forcejeos para que soltara mi pierna no cesasen.

- Cógeme en brazos -me pidió riendo.
- Jazzy, no puedo. Tengo las manos ocupadas.
- Ven, ya te cojo yo -dijo ___.

Se colocó de cuclillas delante de mi hermana y la cogió por debajo de los brazos, alzándola, y haciendo que ésta rodease con las piernas, un lado de su cuerpo. Le sonreí agradecido y ésta me devolvió la sonrisa.

- ¡Vamos, daros prisa! -nos llamó papá desde el coche- Ryan babeará tu asiento si no llegamos pronto al restaurante.

___ y yo reímos y salimos de casa. Cerré la puerta con llave y caminamos hacia el coche.

- Justin, la sillita de Jazzy -me recordó ___.
- Ah, es verdad -dije caminando hacia el vehículo de mi madre.

Le pedí la sillita de mi hermana y volví junto con los chicos. Dejé primero la bolsa de mis hermanos en el
maletero, y luego, puse la sillita de Jazmine, y me senté en el asiento del piloto. Ryan se fue a sentar al lado de Jazzy, la cual ya estaba en su sitio gracias a ___, pero le dije que se pusiera él como copiloto. Entonces quedamos así: yo de piloto, Ryan de copiloto, Jazmine detrás, ___ al lado de ésta, y por último Chaz. Conduje lo más tranquilo y mejor que pude, ahora llevaba una vida más en el asiento de detrás. Seguía a mamá, la cual conducía tan lentamente que desesperaba a cualquiera.

- Tu madre parece una vieja conduciendo -dijo Ryan apoyando la cabeza en la ventana.
- ¡Es que a este paso Jazzy se sacará el carnet de conducir! -dije dándole un golpe al volante una vez que el coche se detuvo cuando localicé un semáforo en rojo.
- Justin, tranquilo. Lo importante es llegar -me giré sorprendido por la tranquilidad que irradiaba ___ con el tono de voz que había empleado al hablar.
- ¿Eres mi ___(tu nombre)? -pregunté con la boca abierta.
- Pues claro, idiota -contestó riendo- ¿Quién iba a ser sino? ¿Angelina Jolie?
- Molaría -susurró Ryan.

Giré la cabeza hacia el frente y volví a poner el coche el marcha al ver el semáforo en verde.

- Jazzy dile a tu hermano que después nos tiene que invitar a tomar un helado -oí a ___ susurrarrle a mi hermana.
- Vale -contestó la pequeña empleando el mismo tono de voz-, pero yo lo quiero de chocolate.
- De acuerdo.

Sonreí por debajo de la nariz al haber descubierto el plan de las dos cosas más bonitas que había en este coche.

- Justin.
- Dime, amor -dije tratando de no reírme tras haberme imaginado a Jazzy tratando de convencerme para que le invite a un helado.
- ___ dice que después nos invites a un helado.
- ¡No, Jazzy! -se quejó ___- No tenías que decir mi nombre.

Los chicos y yo estallamos a carcajadas tras el fracaso de la deboradora de helados. Ryan estaba en el típico estado de foca poseída; ya no simplemente te ríes, sino que la risa pasa a ser ruidos extraños y empiezas a aplaudir como si de un bailador de flamenco se tratase.

- Pero, ¿nos invitarás igualmente, no? -preguntó Jazzy tratando de arreglarlo todo.
- Solo si ___ me lo suplica un poco.
- Lo siento, Jazzy, no hay helado -dijo rápidamente su compañera de asiento.
- ¿Por qué no entierras un poco tu orgullo? -pregunté mientras sonreía como si pudiese ver su cara de enfado.
- Porque está en contra de mis principios.
- Pues lo siento, Jazzy -dije aun mirando a la carretera- No hay helado.
- ¡Joo!
- Lo siento, Jazzy -repetí- Pero no es mi culpa; ___ no me lo suplica.
- ¡No pienso suplicarte nada! -gritó.
- Pues eso, Jazzy. Dale las gracias a ___ por dejarte sin helado.
- ___, eres mala -dijo Jazzy seguido de un manotazo en el brazo que hizo reír a mi amiga.

Se creó el silencio en el coche. ___ seguía sin suplicarme nada, pero no me daré por vencido;
___ acabará suplicándome como que me llamo Justin Drew Bieber Mallette.

- ¿De verdad vas a dejar a la niña sin helado, sólo por unos absurdos principios tuyos? -pregunté.

Sabía que esa pregunta la mataría por dentro. ___ no sería capaz de dejar a Jazzy sin helado. Y a Ryan, el cual parecía estar sufriendo por haberse quedado sin postre. Miré a ___ por el retrovisor; ceño fruncido y brazos cruzados, así estaba. Parecía estar pensando las palabras adecuadas. Abrió la boca, pero la volvió a cerrar.

- Sí. No me voy a arrastrar por nada ni por nadie.
- Oh, vamos, ___ -se desesperó Ryan.
- Porfaplis -le rogó Jazzy.

___ miró a mi hermana y le dedicó media sonrisa, me miró a los ojos a través del retrovisor como yo hacía con ella y habló.

- Por favor, Justincito...
- ¡¡JUSTINCITO!! -repitieron los chicos para después estallar a carcajadas.
- ¡Bien, yo aquí intentando suplicarle al capullo de Justin, todo para no dejar a Jazzy sin su estúpido helado, y vais vosotros y os reís! Pues ahora si que no hay helado -gritó.

Pero nada, sus gritos no sirvieron para nada. Los chicos seguían riéndose. Y venga a reír, y venga a reír. Incluso a mí me estaban empezando a cansar.

- ¡Ai, Justincito! -Ryan me cogió de las mejillas como solían hacer las abuelas con sus nietos- ¿Nos compras un heladito?
- ¡Callad! -grité.

El vehículo pronto quedó en silencio. En menos de un segundo, todos se habían callado. No se oía nada, ni las respiraciones de mis acompañantes. Absolutamente nada. Ryan me miró extrañado, pero pasé olímpicamente de él.

- Que fuerte -susurró ___.
- ___ -me miró a través del retrovisor- Sigue.
- Es que ahora me han cortado el rollo.

La miré amenazante, pero para nada estaba enfadado con ella; lo hacía para que hiciera lo que llevábamos tanto tiempo intentando que hiciese.

- Justincito de mi vida, ¿nos harías el gran favor de comprarnos un helado a todos después de cenar?

Intenté no reírme. A una persona tan orgullosa y cabezuda como ___ le habría costado mucho decir ese tipo de cosas. La miré por el espejo retrovisor y le sonreí.

- No es suficiente.
- ¡¿Qué?! -exclamó alzando los brazos indignada- Oh, vamos, Justin. He hecho todo lo que he podido.
- Y no es suficiente -le repetí.

Me fulminó con la mirada. Casi daba miedo. Leí como sus labios pronunciaban con rapidez "Que patada en la boca". Solté una carcajada. Incluso cuando se enfada es graciosa.
Me miró, igual que yo hacía con ella, suspiró y arrugó el ceño.

- Amorcito, ¿serías tan amable, tan gentil de invitarnos a todos a tomar después un helado? -le sonreí divertido, cosa que ella no parecía estarlo- ¿Te lo suplico?

Lo último me mató. ¿___ suplicando? Eso no se veía todos los días. Lástima que no tuviese una cámara para grabarlo. Estallé a carcajadas. Llevaba bastante rato aguantándome las ganas de reír. Los chicos se unieron a mis risas, y justo cuando pensé que ___ nos cortaría la cabeza a todos los presentes, se acabó contagiando las carcajadas.

- Vale ya, no tiene gracia -dijo tratando parar de reír.
- Ni tú misma puedes dejar de reírte -le informó Chaz señalándola con el dedo índice.
- Ya, por eso -se puso seria- Como no te haya sido suficiente te dejo calvo, Justin.
- Sí, sí -asentí con la cabeza- Me sirve, me sirve.
- ¡Tenemos helados! -cantó victorioso el glotón de Ryan.
- ¡Gracias, ___! -bociferó esta vez Jazzy.

Vi como el coche de mamá se detenía delante de un restaurante, lo cual significaba que ya habíamos llegado al restaurante. Aparqué el coche y me dediqué a hacer una ojeada al exterior aun estando dentro del coche. Quité el seguro para niños que anteriormente había puesto y abrí la puerta. Hice lo mismo con la de Jazzy. La saqué del coche y la dejé en el suelo, agarrando mi pantalón. ___ estaba saliendo del vehículo; le tendí una mano y gustosamente la aceptó con una sonrisa encantadora.

- Gracias -dijo al bajarse.
- No hay por qué darlas -le contesté mientras cogía a mi hermaa en brazos y caminábamos hasta la entrada del restaurante, donde nos esperaban mis padres con el pequeño Jaxon.
- Creí que nunca vería un restaurante -Ryan me miró- Con lo lento que conducía Justin..
- Oye, que no era mi culpa -me defendí- Mamá conduce como una tortuga.
- Sabes que conducir no es lo mío, hijo -rió.

Un hombre mayor con un elegante traje nos atendió.

- ¿Desean una mesa? -preguntó.
- No, comeremos en los contenedores -le oí murmurar a Ryan.

Le iba a pegar yo un puñetazo o algo por el estilo para que callara, pero ___ se adelantó y le pegó un codazo en el estómago.

- Gracias -le agradecí yo esta vez en susurro.
- No hay por qué darlas -me imitó con una reluciente sonrisa.
- Sí -contestó mi padre- Para ocho, por favor.
- Muy bien -asentió con la cabeza- Seguidme.

Seguimos a aquél hombre con aspecto de simpaticón hasta la mesa que nos correspondía. Rápidamente trajeron dos sillas especiales para Jazzy y Jaxon. Papá y mamá se sentaron juntos, Ryan y Chaz, como era de esperar, se sentaron al lado para estar molestándose mutuamente como normalmente hacía, y la única pareja restante que quedaba éramos ___ y yo. Aparté la silla de mi acompañante para que ésta se pudiese sentar. Me lo agradeció con una encantadora sonrisa que fue incapaz de encandilarme.

En menos de un minuto, un chico de unos 22 años nos repartió a cada uno las carpetas forradas de cuero negro. Noté como el chico le echaba ojitos a ___. ¿Pero qué hace? Apenas tiene la edad. Idiota. Cuando se fue lo seguí con la mirada. Estaba apartado de las mesas, cuchicheando con otro empleado de su misma edad. Los dos eran apuestos; altos, pelo corto y negro, ojos castaños centelleantes. Los dos miraban a mi amiga tan incómodamente que no pude evitar sentirme celoso. ¿Es que acaso les gusta? Pero si apenas tiene 16 años. Aunque mirándola bien, no aparenta tener 15 años. ___ tiene cuerpo de mujer, literalmente hablando, claro. Su rostro aun contiene facciones de niña, pero conserva pocas. Parece unos cuantos años más mayor de lo que es; unos 17. Para marcar territorio, para hacer que esos dos depravados dejaran de mirar a la preciosidad que tenía al lado, pasé los brazos por sus hombros y me incliné hacia ella. No quería besarla, para nada, pero eso creía ella. Me miró sorprendida, prácticamente confusa.

- ¿Qué vas a pedir? -le pregunté para que no pensara lo que no era.

Miró de nuevo el menú y mientras lo hacía busqué a los dos meseros de antes. Estos desviaron la mirada en cuanto deposité la mía en ellos.

- Aun no estoy segura; ¿tú que vas a pedir?
- Esoy igual que tú.

Miramos el menú durante unos segundos y al final optamos los dos por lo mismo, raviolis con salsa de bechamel.
Nos atendieron y mientras esperábamos a que nos dieran la comida hablámos.

- ¿Y cómo os conocísteis? -preguntó mi padre mientras se llevaba a la boca un trozo de pan.

___ y yo nos miramos incómodos. No sé a ella, pero a mí esta pregunta me recordaba a la típica película en la que el suegro te amenaza con la mirada mientras hace la preguntita de cómo nos conocimos. Sonreí a mi padre y decidí hablar, pero se adelantó ella.

- Lo típico, te chocas, empiezas a hablar, te invita a la playa y acabas un mes y medio viviendo con él.

Mis padres rieron, ___ parecía estar cómoda ante la presencia de mi padre, y eso me agradaba.

- Lo de siempre, vamos -concluyó riendo mi padre.

Dos camareros aparecieron con los platos de comida. Ryan, el cual babeaba desde que había pisado el restaurante, deboró el plato en menos de diez minutos.
Terminamos de comer y papá y mamá pidieron la cuenta.

- Creo que nos tienes que invitar a algo -me recordó ___.
- Mmmm, no me olvido de las cosas -le susurré al igual que ella había hecho conmigo.
- Hoy es mi cumpleaños y ni si quiera te has acordado.
- Tu cumpleaños es el 28 de enero; no cuela.
- Mierda -chasqueó la lengua.
- Para que veas que estoy atento cuando me hablas -dije sonriendo.
- Una vez entre un millón.
- Mentirosa.
- Pero soy awesome -se echó el pelo hacia atrás y sonrió victoriosamente.
- Pero yo tengo más seguidores que tú en Twitter -hice un harflip.

Me miró con el ceño fruncido y se cruzó de brazos.

- No es justo.

Solté unas carcajadas y pasé un brazo por sus hombros.

- Ya te regalaré unos cuantos para tu cumpleaños -le susurré.
- ¿Prometido?

Giró la cabeza para mirarme a la cara. Nuestros rostros estaban tan cerca, nuestras respiraciones se volvieron tan agitadas al tenernos tan cerca el uno al otro...

- Prometido -dije casi en susurro.
- Guay.

***

- ¡Sabes que es mentira! -me señaló con el dedo índice.
- El otro día dijistes que me amabas, no lo niegues, ___ -me metí la cuchara en la boca y saboreé la vainilla.

Mis padres y los chicos miraban la escenita atónitos.

- Porque sino no me dabas el móvil.
- Fail -dijo Ryan riendo.
- Calla, que están hablando los adultos.
- ¿Tú adulto? -Ryan se echó a reír- Un niño de cuatro años sería más adulto que tú.
- Un niño de cuatro años no es tan cool como yo -hice un harflip y ___ estalló a carcajadas mientras aplaudía como una loca sin dejar de reír- ¿Qué he dicho?
- Cada día superas más a tu ego -dijo secándose las lágrimas que le caían de los ojos.
- Y tú cada día estás más loca -le quité una con el pulgar y le sonreí.
- Y es lo que me hace única -dijo con una sonrisa impactante.

Única eres de todas la maneras, pensé mientras idolatraba sus perfectas facciones faciales. Sus ojos, sus labios, su nariz, sus pestañas; su todo era perfectamente perfecto.

- Justin, se me ha acabado el helado -interrumpió Jazzy la conversación.

Miré su tarrina. Vacía. Y hacía menos de cinco minutos que nos habían traído el helado. Contemplé la de Ryan. Más de lo mismo. ¿Es que aquí no saben comer, sólo saben deborar?

- ¿Quieres otro, princesa? -le pregunté colocándole bien las coletas.
- No -contestó sonriendo.
- ¿Entonces?
- Es que quería que supieras que te he ganado -me sacó la lengua.
- Tontita -le revolví el pelo y le di un beso en la mejilla.
- Yo también quiero una hermanita -dijo ___ sonriendo como una boba.
- Si quieres te la regalo -dije alzando a Jazzy hasta mis rodillas y sentándola en mi regazo.
- ¿En serio?
- No; es mía -la achuché contra mí y besé la mejilla de mi hermana.
- Mala persona -___ se cruzó de brazos y puso morritos.
- Bueno, la alquilo durante dos semanas.
- ¿Por cuánto?
- Mhmmm... Veinte dólares a la semana.
- ¿Tan poco por esta preciosidad? -preguntó impresionada- Acepto.

Mis padres rieron, Jazzy se cambió de regazo por el de ___, y Ryan le intentaba robar lo que le quedaba de helado a Chaz, el cual le pegaba manotazos con la cuchara de plástico a Ryan en el brazo.

- ¿Nos vamos ya? -preguntó mi madre.
- Sí -acepté- Aparte, los niños tienen que estar cansados.
- Y tan cansados -me apoyó papá, el cual sujetaba al pequeño Jaxon en brazos, ahora dormido.

***

- ¡Yo quiero dormir con Justin! -oí a Jazzy quejarse desde la habitación de mi madre.
- No cabes en la cama.
- Papá, Justin no está tan gordo.

Oí las carcajadas de mi padre.

- No vas a dormir con él, deja que descanse.
- ¡Pero papá! -se volvió a quejar la pequeña princesa de la casa.
- Justin, es hora de que saques tu lado de hermano mayor -dijo ___, la cual estaba de piernas cruzadas en mi cama.
- Pero tres no cabemos en la cama.
- ¿Tres?
- ¿No quieres dormir conmigo? -pregunté haciendo pucheritos.
- No cabemos todos en la cama.
- Pero en la de mamá sí -le guiñé un ojo y ella sonrió.
- Eres listo, Bieber -dijo apuntándome con el dedo índice.
- Gracias -contesté haciendo un hairflip.
- Motivado.
- Fea.
- ¿Yo fea? Pero si te mueres por mí -dijo fardando.
- O tú eres la que te mueres por mí.
- No delires, Justin.
- ¿Que no delire? -reí falsamente- Se te hace la boca a agua cada vez que me mojo los labios.
- En tus sueños.
- Posiblemente -le guiñé un ojo y ésta me tiró una almohada.
- Eres un creído.
- Pero lo valgo.
- ¿Por qué no os besáis ya? -interrumpió Ryan.
- Lo estáis deseando -se acopló Chaz a la conversación.
- ¿Por qué no os caéis a un pozo? Lo estamos deseando.
- WOW -exclamé impresionado- Rotura.
- Y tan rotura -alzó la mano y la choqué, seguido de un tonto saludo que nos habíamos inventado.
- Vaya dos. Se nota que son almas gemelas -habló Chaz-, son los dos iguales de tontos.
- Cómprate un cacho de bosque y piérdete -dijo ___ moviendo la mano como gesto de que se fueran.
- Iremos a secuestrar a Jazzy.
- Ni la toques, Ryan -le amenacé.
- Por tratarnos tan mal -nos recordó Chaz.

Salieron de la habitación y ___ y yo les seguimos. Entraron a la de mamá y se tiraron en la cama, casi aplastando a Jazzy, la cual reía como una desesperada al notar las cosquillas de mis dos amigos.

- ¡Yo te salvaré, Jazzy! -dije poniendo voz de súper héroe.
- No, Justin, no -___ dejó caer sus manos en mis hombros y negó con la cabeza.
- ¿No qué?
- No vayas de súper héroe.
- ¿Por qué?
- No salvarías ni a un gato.
- ¿Y a una princesa a punto de ser dovorada por un dragón?
- ¿Eso no lo has plagiado de Shrek?

Chaz se abalanzó sobre ___ y la tiró en la cama. Empezó a hacerle cosquillas por todos lados, cosa que le molestaba bastante cuando había dicho más de dos veces 'basta'.

- ¿Quién te salvará ahora? -pregunté mirándola divertido mientras dejaba que mi amigo la torturase a base de cosquillas.
- ¡Tú, sálvame tú!
- ¿Yo por qué? Si yo no soy capaz ni de salvar a un gato.
- ¡No, no, no! Lo retiro, lo retiro -dijo entrecortadamente a causa de las carcajadas.
- ¿Entonces... quieres que te salve?
- ¡Rápido! -gritó mientras intentaba patalear.

Me tiré sobre la espalda de Chaz, lo que hizo que ___ quedara aplastada.

- Justin, me ahogas, sal de encima de Chaz -me gritó mientras le pegaba puñetazos a Chaz.
- Parecéis un sándwich -rió Jazzy.

Los tres, ___, Chaz y yo, estallamos a carcajadas. Ahora la pequeña estaba entre las piernas de Ryan, el cual peinaba su cabello con delicadeza.

- ¡Sacadme de aquí! -vociferó ___.
- Oh, sí -me senté correctamente en la cama, dejando la espalda de Chaz libre de peso, y a ___(tu nombre) por fin podiendo respirar con normalidad.
- Sois unos idiotas -dijo colocándose bien la camiseta del pijama.
- Encima que te salvo.
- ¡Pero si casi me matas!
- Anda, exagerada.
- Justin, Jazzy, ___, ¿queréis dormir con Jaxon y con Jazzy? -preguntó mamá, la cual acababa de presenciar el 'mini pique' entre ___ y yo.
- ¡¡SÍ!! -aceptó la loca de mi amiga por mí y por ella misma.
- Bien -rió mi madre- Ryan, Chaz, iros a la habitación.

Los chicos se marcharon y papá trajo a Jaxon dormido. Lo depositó en la cama con sumo cuidado y le dio un beso en la frente.

- No tardéis en apagar las luces, chicos -nos advirtió a mi amiga y a mí.

Asentimos con la cabeza e hicimos tumbar a Jazzy al lado de Jaxon. ___ y yo dormíamos en las puntas, para que así los niños no se cayeran ni nada por el estilo. Apagamos las luces y abracé a a Jazzy.

- Me siento Forever Alone -oí como susurraba ___.

Solté unas carcajadas y me giré y encendí la lamparita que había en la mesita de noche.

- ¿Te sientes cómo?
- Forever Alone -volvió a repetir.

Volví a reír y apagué la luz de nuevo.

- Buenas noches, Forever Alone.
- Verás mañana -me amenazó.
- Estoy temblando -contesté con desinterés ante su amenaza.
- Cuando piense alguna venganza por dejarme marginada te lo diré.
- Piensa, piensa, que la noche es larga.
- Idiota -dio por finalizada la conversación con ese insulto.
- Yo también te quiero, ___.
- Awww -exclamó. No pude verle la cara, una lástima.
- ¿No vas a decir 'yo también, Justin'?
- Yo también, Jus.
- Awww -le imité.
- Callaros, quiero dormir -se quejó mi hermana.

___(tu nombre) y yo reímos y dimos por finalizada la conversación.

- Te quiero, Justin -susurró ___(tu nombre) un minuto más tarde.
- Yo más, shawty.

___________

SOOOOORRY, DARLINGS. ¿Una semana sin publicar? Ofú. Mil sorrys, en serio. Es que intento que los capítulos sean cuckis, o interesantes, pero me parece que.... pasapalabra. Por mis blogs hay alguien que se dedica a poner horrible en todas las entradas; osea, en las reacciones. Y no sé, me siena mal. Sé que es vuestra opinión y la respeto, ¿PERO EN TODAS? Hosti tú, eso ya es un poco de ser cabrón. 
Pero en fin, no me voy a poner ahora a hacer el discursito. Me encanta que comentéis tanto los capítulos. En serio. Sois tan asfhjkl *-*
Y, ¿sabéis qué? Ayer me regalaron una caja de bombones con dedicatoria. Oh sí. Me siento más importante.. JAJAJAJA. Po' eso. Que no me enrollo más.

Besos a todas, luvies.