¿Cuántos somos ya?

29 de diciembre de 2012

Never let you go. {144}



| Justin |

Amanecí y aún seguía teniendo el inmóvil cuerpo de ___. No se había movido en toda la noche, siempre abrazada en mí. Lo único que daba señal de vida en ella era su acompasada respiración. Sonreí al ver como sus suñas se clavaban en mi piel con firmeza, impidiendo que me marchara de su lado. Nuestras piernas, enredadas, no se habían separado en toda la noche. Besé su cabeza y apoyé las manos en su espalda, por debajo de la camisa. Y fue ahí cuando se movió por primera vez. Alzó la cabeza y murmuró algo que no llegué a entender. Abrió los ojos con pereza y me sonrió débilmente para luego volver a cerrar los ojos.

- Buenos días –dijo medio dormida.
- Buenos días, princesa –besé su frente y ella se apoyó con los brazos en mi pecho, ahuecando la cabeza entre estos, teniendo una mejor vista a mis ojos y yo a los suyos. Arreglé un poco su flequillo y sonrió- ¿Qué tal has dormido?
- Genial –bostezó- ¿Tú?
- Igual. No te mueves, eso se agradece.
- Estaba demasiado cómoda para moverme, supongo –se encogió de hombros.
- Lo imaginaba –reí.
- Justin –la miré- Tengo hambre –yo solté un par de carcajadas.
- Anda, levanta y ves a tu habitación a cambiarte. Iremos a desayunar algo.
- ¿Tú y yo solos? –preguntó abriendo los ojos.
- Sí –asentí con la cabeza- ¿O quieres ir también con los chicos?
- No, así está bien –besó mis labios- Cuando estés listo pásate por mi habitación y nos vamos.
- De acuerdo.

Se levantó de la cama y cogió su pantalón, sus llaves y su móvil. A medida que iba caminando, se iba poniendo la prenda de ropa. Cuando fue a abrir la puerta, se topó con su madre. Una enfadada y molesta ___ (tu madre).

- ¿Se puede saber qué haces aquí? –oí como le preguntaba.

Me puse de pie y busqué por el suelo la camiseta, pero me acordé en seguida que la tenía ella. Rápidamente corrí a la maleta y busqué una. Me la puse y descalzo caminé hasta llegar a la puerta. Su madre, entonces, frunció más el ceño.

- ___, te he dicho mil veces que no me gusta que dormáis juntos.
- Mamá, que no hemos hecho nada, joder.
- A mí no me hables así que no soy ninguna de tus amiguitas, soy tu madre.
- Si es que contigo no se puede hablar –suspiró mi novia.
- ___ (tu madre), ella no tiene la culpa -___ me miró incrédula y me dio un pisotón en el pie el cual ignoré- Yo la llamé anoche porque quería hablar con ella.
- ¿Es eso cierto? –le preguntó su madre para asegurarse.
- Eh… sí, claro.
- Y bueno, hablamos un rato y se quedó dormida.
- Sí, eso es todo –asintió ___ un par de veces con la cabeza un tanto nerviosa.
- ¿Y porqué llevas su camiseta? –le preguntó señalándola.
- Porque se manchó la suya con chocolate –mentí- Estuvimos comiendo un poco y se manchó. Y pues le dejé yo ésta.

___ (tu madre) asintió con la cabeza no muy satisfecha con la explicación, pero no podía hacer más amenos que quisiera buscar huellas dactilares o todo ese tipo de cosas raras. Miró a su hija y le dio un beso en la mejilla.

- Recuerda que esta tarde nos vamos, haz la maleta.
- Mamá, ¿puedo ir a desayunar con Justin? –enroscó su brazo en mi codo y sonrió como una niña pequeña.
- Está bien, pero id con James.
- Pero mamá.
- Con James –mi novia asintió con la cabeza- Bien, os veo luego.
- Hasta luego.

___ y yo vimos desaparecer a su madre por el pasillo. Cerró la puerta y se apoyó en ésta. Me miró y suspiró pesadamente.

- No la aguanto –dijo entre dientes.
- Sospecha de nosotros –dije riendo.
- Y tú con el chupetón ese –señaló la marca de mi cuello.
- No estaría ahí por ti –ella soltó unas carcajadas.
- Fue divertodo –admitió en voz baja con una sonris en los labios.
- Fue precioso –le corregí. Ella alzó la mirada y se encogió de hombros- Será mejor que vayas a tu habitación o no saldremos de aquí nunca.

Besó de nuevo mis labios y se marchó de ahí. Me metí en la ducha y me vestí con unos pantalones negros, camiseta azul y gorra del mismo color. 
Las supras eran blancas. Me puse encima una chaqueta sudadera de color gris y salí de la habitación. Pero antes cogí mis cosas. Caminé por el pasillo del hotel hasta llegar a la habitación de ___. Llamé dos veces a su puerta y me abrió James. Le saludé con un rápido movimiento de manos y me dejó pasar.

- ¿Y ___? –pregunté.
- Aquí –contestó ella misma apareciendo por la puerta del baño vistiendo así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=61634561&.locale=es. Me sonrió y se acercó a mí- ¿Vamos?
- Vamos.

Con James salimos del hotel y una oleada de flashes y preguntas nos intimidaron nada más poner un pie en la calle. Conseguimos llegar a la camioneta con rapidez. ___ y yo nos montamos en la parte trasera y James condujo hacia un Starbucks.

- Al final, lo de solos, creo que no ha podido ser –le susurré al oído.
- James se quedará esperándonos en la puerta –me informó sacando el móvil de su bolso.

Vi como entraba a Twitter y escribía. “Gran concierto el de anoche. Gracias chicas, sois las mejores”. “Con ganas de iniciar el proyecto de la fundación”. “Os quiero, fighters.” Me miró y me dedicó una bonita sonrisa. Entrelazó sus dedos con los míos y besó mi mejilla. Hoy estaba realmente cariñosa.

- ¿Con quién dejaste Hope y Pelvin? –le pregunté.
- Con los Muller –contestó- Ahora que tienen la perrera lista, pueden permitir abrirla y empezar a trabajar.
- Son grandes personas –dije.
- Sí, la verdad es que sí –me apoyó.

Llegamos al Starbucks y James se quedó detrás del local esperándonos. Buscamos mesa y fui a pedir lo que nos apetecía. Después de estar desayunando y charlando animadamente, decidimos irnos. Tendriamos que irnos a comer para luego irnos al aeropuerto.

***

Habíamos llegado ya a Atlanta después de un par de horas de vuelo. ___ descansaba en mi hombro y Kenny jugaba aún a Angry Birds con su móvil.

- Bro’, despierta a tu novia –dijo guardándose el aparato en el bolsillo.
- Princesa, despierta –zarandeé levemente su brazo y abrió los ojos asustada.
- ¿Qué?
- Que hemos llegado a Atlanta, vamos, levanta –le respondí riendo.
- Oh –ella sonrió tímidamente y agarró su equipaje de mano.

Salimos del avión y nos montamos en diferentes taxis para llegar a casa. Cada uno se fue por su camino, pues no íbamos a quedar para dar una vuelta. Lo único que queríamos era descansar. Pero eso era lo último que haríamos. Al menos ___ y yo, que nuestra agenda siempre estaba apretada. Y más la de ella, que trabajaba y estudiaba. Ella se fue con Julia a buscar a Hope y a Pelvin a la perrera de los Muller. Mientras, yo me quedé un poco en el ordenador para actualizar mis redes sociales. 
Después tendría que ir al estudio, Scooter quería hablar conmigo sobre mis canvios de voz. Eran horrendos, me salían muchos gayos y Mama Jan tendría que enseñarme a entonar mejor para según qué tipos de canciones. Aparte, tenia en mente un nuevo álbum, pero con esto de los cambio de voz, sería difícil.  

Una vez que terminé la reunión con el equipo, acordamos empezar a trabajar con la voz lo más pronto posible para así iniciar cuanto antes el nuevo álbum. ___ ya había llegado a casa con sus dos mascotas, pude ver como jugaba con Hope y Pelvin desde la habitación. Era verdaderamente precioso ver a mi chica con esos dos animalitos. En serio, moría de amor en cuanto la veía acariciarlos o tener un simple gesto con ellos. Después de haber cenado con mamá y haber hablado con Nolan, Ryan y un par de personas más por Internte, me fui a dormir. Al día siguiente tenía que ir al estudio y mamá quería acompañarme.


| ___ |

Había dormido varias horas para tratar de recuperar todas las horas perdidas durante el viaje y el concierto. Para el día siguiente necesitaba energía ya que por la mañana tendría que empezar a hacer papeleo para la fundación, y para la tarde, ir a una entrevista de radio. La verdad es que cuando amanecí, a eso de las siete de la mañana, tuve ganas de morirme. Estaba horriblemente cansada y no podía ni con mi alma, pero tenía que hacerlo.

***

- ¿Qué tal el día? –me preguntaron Chaz y Julia al verme caer literalmente en el sofá por culpa de uno de los juguetes de Pelvin.
- Agotador –murmuré contra la almohada. Con unos simples y rápidos movimientos me deshice de los tacones y me acomodé en el sofá.
- Son las ocho y media, quizá debería irme ya –oí como le decía Somers a su novia.
- Está bien, ¿mañana después de clase? –un beso de por medio.
- Claro.
- ¿Mañana hay clase? –pregunté levantando la cabeza casi al instante. Ellos dos asintieron con la cabeza- Menuda mierda.
- ___, esa boca –me regañó mamá desde la cocina.
- Lo siento.
- Nos vemos –se despidió Chaz. Sin mirarle siquiera, ya que estaba con los ojos cerrados, hice un gesto con la mano y oí como reía para a continuación cerrar la puerta.
- Melona, cuéntame algo –Julia me zarandeó por la espalda.
- ¿Pero qué quieres que te cuente?
- Pon la televisión y así te distraes un rato, anda –me recomendó mamá.

Julia le hizo caso y me incorporé en el asiento. Justo estaban dando E! News. Presté atención a la rubia hueca que presentaba en cuanto pusieron una fotografía mía del concierto benéfico. ``La cantante de dieciséis años ha dedicido crear una fundación para ayudar a los animales abandonados o maltratados. El acto ha hecho enloquecer tanto a seguidores jóvenes como seguidores adultos. La noticia ha sido tema del día en Twitter durante horas y obtuvo críticas muy positivas hacia la intérprete de Hurt. Cuando todo parece ser normal para todos nosotros, la joven artista nos sorprende organizando un concierto benéfico en Los Ángeles al cual asistieron dieciocho mil personas. El dinero de las entradas será invertido para el nuevo proyecto que ___ tiene entre manos. Tanto su familia como amigos apoyan la bonita decisión de ___, pero el que más parece estar ilusionado es su novio, Justin Bieber, de diecisiete años recién cumplidos. La pareja luce feliz ahora más que nunca, y eso se puede observar perfectamente en unas imágenes de a continuación…´´

Cambié de canal, me empezaba a aburrir que hablaran tanto de mí. Vale que informaran, por ejemplo, de la fundación que tenía entre manos, pero mi vida personal era, como ya lo dice, personal. No sé, no me había gustado mucho ese gesto y estaba empezándome a mal humorar.

- ¿Qué pasa? –preguntó Julia.
- Me pone de mala hostia ver cómo las cadenas de televisión se rifan un par de fotos mías con Justin –revoloteé los ojos.
- La vida del artista es muy dura –comentó mamá.
- Tengo hambre –cambió radicalmente de tema Julia.
- Ya va, ya va.
- Iré a ducharme –me puse de pie y cogí los tacones con las manos.

Subí las escaleras y en cuanto me metí en la habitación, Hope empezó a arañarme los talones y Pelvin saltó tanto en la cama que la deshizo por completo. Igua, me iba a acostar en cero coma. Me preparé la bañera y a la media hora salí totalmente relajada. Me preparé la mochila y la ropa del día siguiente y bajé a cenar.

- Mañana si quieres no vayas a clase –dijo mamá pinchando el tenedor en la ensalada- Se nota que estás cansada.
- Y lo estoy –bostecé- Pero he perdido muchas clases.
- ¿En serio, ___? –preguntó Julia mirándome con los ojos abiertos- Tu madre te está dando la oportunidad de quedarte en casa y dices que no. Increíble. Los flashes te carcomen por dentro lentamente, dentro de poco serás una completa retarded.
- Pero si no voy a hacer nada, qué más da –me encogí de hombros.
- ___ -me regañó mamá- Tampoco vayas con esa idea, mujer.
- Bueno, como mucho haré un poco…
- A estudiar, ___. Al colegio se va a estudiar.

Julia soltó unas carcajadas y yo le di un codazo en las costillas.

- Bueno, yo ya he acabado –me levanté y dejé el plato en la encimera- Me voy a dormir, tengo sueño. Buenas noches.
- Buenas noches, cielo.

Subí las escaleras y me encerré en la habitación. Di de comer a Hope y a Pelvin y me tumbé en la cama con el móvil entre las manos. Inicié sesión en Twitter y lo actualicé un poco. Hablé con algunas fans y seguí a quién pude. Tenía que cerrar pronto los ojos, mañana sería un día largo.


· A la mañana siguiente.

Desperté e hice lo mismo de siempre. Hacer la cama, ducharse, vestirse, desayunar y esperar a que Julia arrancara el coche para irnos al instituto. 
Al llegar saludé a un par de amigos y caminé directa hacia mi clase, quería aprovechar y estudiar un poco, que los exámenes se acercaban. 
Pero me llevé una sorpresa al encontrar a un grupo de gente rodear a no sé quién, chillando y haciendo jaleo. Lo raro es que no hubiese ningún profesor para parar el caos. Me hice hueco entre la multitud, ya que siendo tan bajita no veía bien.

- ¡Eres una zorra! –oí como le decía Sam a ¿Caroline?
- ¿Por qué, por no ser tan hueca como tú?
- ¿Se puede saber qué pasa? –le pregunté a la de al lado, pero sólo grababa.
- ¡No te atrevas a llamarme hueca, rata de biblioteca!
- ¿Pero qué te pasa a ti ahora, a ver? –pregunté entrando al círculo.
- ___, vete –dijo Carol apartándose bruscamente un mechón de la cara- Esto es entre Sam y yo.
- Ya, pero me gustan los saraos, así que aprovecho y me meto –me encogí de hombros.
- ¡Sal de aquí si no quieres recibir tú! –me empujó.
- Uh –metieron mierda los demás.
- ¿Qué pasa? –oí la voz de Julia- Melona, ¿ya estás en peleas?
- Y viene la defensora –murmuró Sam.
- Menuda, ¿tú quieres una hostia? –le preguntó Julia- Siempre buscando mierda entre la gente para luego hacerte la víctima e irle a llorar a tu padre.
- Julia, vete –le aconsejó Caroline.
- Que das pena –Sam miró a mi amiga con furia.
- ¡No sé cómo haces, Caroline, pero siempre tienes a tus amiguitas detrás lamiéndote el culo!

Y estallé. Tiré la mochila al suelo y me abalancé sobre ella, pero los brazos de los hermanos Beadles me detuvieron.

- Ni se te ocurra tocarle un pelo o saldrás en todas las portadas –me intentó tranquilizar Christian.
- Me da igual –forcejeé.
- ¡Julia! –gritó Caitlin- Déjala que te pondrán otro parte.
- La tía guarra esta no me llama lame culos –le fue a pegar, pero también la jalaron hacia atrás.
- No te creas que por tener amigos guays y un novio guapo eres popular, Caroline –escupió Sam con asco- Sigues siendo la misma zorra de…
Y plas. La mano de mi amiga impactó contra la mejilla de Sam.
- Venga, le ha dejado la mejilla para no tener que ponerse colorete durante un mes –dije yo.

***

- ¿Qué te han dicho? –le preguntó Christian a su novia cuando salió del despacho del director.
- Parte –nos enseñó la hoja- Mamá me mata.
- No si nosotros le contamos toda la versión –dijo Julia mientras caminábamos hacia el recreo.
- El director le contará lo que le interesa porque Sam es su hija –hablé yo.
- Y todos juntos le diremos la verdad y no te castigarán –terminó su novio pasándole un brazo por los hombros.
- No sé, pero intuyo que este es el principio de muchos problemas –suspiró Carol.
- Que no pasa nada, ya verás –Caitlin le acarició el pelo.
- A parte, si Sam vuelve a decirte algo, me llamas y la hostia se la doy yo –se ofreció Julia.
- Sí, no creo que le afecte otro parte.
- Si te ponen otro te vas a España, idiota –le recordé yo.
- Hostia –se tapó la boca ante el asombro- Pues nada, no me llames.

Los chicos y yo soltamos unas carcajadas y nos sentamos en el mismo banco de siempre. Christian cogió a su novia y la sentó en su regazo. Julia entre mis piernas y de mientras le robaba las galletas que se había traído y que yo me había dejado en casa, y Caitlin con Cameron, el cual había llegado hacia menos de dos minutos.

- ¿Hacéis algo esta tarde? –preguntó Christian.
- Voy con Chaz –dijo Julia.
- Yo estaré tratando de hablar con mamá –contestó Caroline.
- Cameron y yo vamos a hacer los deberes –soltamos unas carcajadas- Eh, vamos a hacer eso.
- Que sí, que te creemos –comentó Julia con sarcasmo mientras reía. Le quité otra galleta- Gula de mierda, no me quites más que tengo hambre.
- Joder, que me he dejado el almuerzo.
- Pues te comes los mocos, pero deja mi comida tranquila –se comió la última galleta- Ale, ya no hay más.
- Cerda, no hables con la boca llena –le pedí. Estaba haciendo lo mismo que ella.
- Eh tío, sois unas guarras –comentó Caroline.
- Tú calla –contestamos ambas al mismo tiempo.
- Menudas –murmuró Cameron riendo.
- ___ -me llamó Christian- ¿Tú qué haces?
- Nada –tragué correctamente- ¿Por?
- Capulla, para ir a dar una vuelta con Rufus –asentí con la cabeza varias veces, pero no le estaba prestando mucha atención- ___.
- ¿Qué quieres?
- Que si vas a venir, tonta del culo.
- Pero Justin se acopla también, ¿vale?
- Bua, peligro como se junten los tres –dijo Caroline riendo.
- La lían –añadió Beadles, Caitlin concretamente.
- Que no, que yo me porto bien –dijo Christian.
- Ya, pero está la castaña de tu lado y el idiota del pelo grasiento –se burló Julia.
- Oye –me quejé.
- Es mi ídolo y lo insulto cuando quiero –se defendió riendo. Le di un puñetazo juguetón en el hombro y le acompañé en las risas.
- Bueno, pues eso –aclaró Chris- Te paso a buscar a las cinco y media.
- Guay.

***

- Justin, sal del baño que Christian vendrá en seguida –dije aporreando la puerta del lavabo de mi habitación.
- Espera, que no he acabado.
- ¿Se puede saber qué haces? –pregunté- Llevas ahí media hora.
Y justo salió. Menos mal.
- Me estaba haciendo la cresta –se señaló el pelo. Revoloteé los ojos- ¿Qué?
- Que pareces tonto.
- Sin faltar, enana.
- ¿Y tú me puedes faltar el respeto y yo no? –me crucé de brazos y él rio- No hace gracia.
- Tu cara sí.
- ¿Te has visto reflejado en mis ojos? –le pregunté retóricamente, dejándolo mal. Él se puso serio- ¡Wow, y ___ vence otra vez!
Él caminó hacia la cama de brazos cruzados y cogió a Pelvin para achucharlo. Yo solté unas carcajadas y me tiré encima de él para aplastarlo, pero ni se inmutó.
- Justin, va, no te enfades –besé su cuello.
- No me hables.
- ¿En serio te enojaste por eso? –le pregunté.
- Sí –Pelvin saltó y se fue al suelo.
- Ni el perro me quiere –oí como susurraba.
- Eh –pasé por encima de él y conseguí ponerme delante- No digas eso, yo te quiero.
- Demuéstralo.
- ¿Cómo?
- Bésame.

Sonreí y acerqué mis labios a los suyos con lentitud para finalmente juntarlos con un beso. Pronto cobró velocidad y nuestras lenguas se buscaban ansiosas. Pero me separé antes de quedarme sin aire, pues un claxon sonó desde la calle.

- Es Christian –me puse de pie y extendí mi mano para que se levantara.
- Siempre interrumpiendo, siempre –se quejó mientras negaba con la cabeza y se levantaba por su propia cuenta.
- Oh, Justin –me quejé- ¿Qué te pasa hoy?
- Nada, ¿y a ti?
- Relájate –le pedí.

Me despedí de mis mascotas y cogí la chaqueta con el resto de mis cosas. Salimos de casa cerrando la puerta con llave y nos montamos en el coche de Christian, el cual se había sacado hace poco el carnet de conducir.

- Rufus se ha rajado –nos informó mientras nos poníamos el cinturón de seguridad.
- ¿Y eso? –pregunté.
- Su tío le ha traído un juego nuevo y bueno, ya sabes como somos los chicos con las consolas.
- Sí –solté unas carcajadas.
- Bro’, ¿qué te pasa? –le preguntó Beadles a mi novio.
- Está borde –contesté yo por él. Noté la mirada de Justin sobre mí a través del espejo retrovisor.
- No le das sexo –bromeó Christian empezando a conducir hacia el centro comercial.
- Estoy empezando a creer que es eso –murmuré cruzándome de brazos.
- Y bueno, ¿algo nuevo respecto a vuestras vidas ajetreadas y llenas de fiestas? –preguntó sin dejar de mirar a la carretera.
- Capaz para dentro de dos semanas está todo listo –me refería a la fundación que había creado.
- Yeah –asintió con la cabeza- ¿Y tú Biebs?
- Tengo un disco entre manos.
- ¿Qué dices? –pregunté saltando del asiento para apoyarme en el suyo. 
Él giró la cabeza y soltó unas carcajadas. Sonreí agradecida de su repentino cambio de humor- ¿Para cuándo? ¿Y las canciones? ¿Por qué no me has dicho nada?
- Calma, belieber –me acarició el flequillo y reí- Antes tengo que hacer unos ejercicios de voz con Mama Jan y ver qué tipos de canciones me recomienda.
- Sí, que te salen muchos gallos –le recordó su amigo.
- Ya, por eso –reconoció Justin- No puedo cantar muy agudo.
- ¡Ay, que mi niño se está haciendo un hombre! –besé efusivamente su mejilla muchas veces seguidas y él soltó varias carcajadas.
- Sois tan bipolares –comentó Christian. Aparcó el coche.
- Lo sabíamos –contestamos mientras bajábamos.
- E idiotas.
- ¡Oye! –nos quejamos.

Ambos reímos, lo habíamos dicho todo a la vez. Cogió mi mano y entrelazó nuestros dedos. Caminamos hacia el interior del centro comercial y por cada paso que dábamos, decenas de miradas se posaban en nosotros. No era incómodo, pero tampoco agradable.

- ¿Qué hacemos? –preguntó Chris.
- Ni idea –se encogió Justin de hombros.
- Yo tengo ganas de liarla –me miraron mal.
- Ocúpate de que no se escapte –le dijo Beadles a Justin.
- Auch, me apretas, Just –me quejé ante el apretón que me había dado en la mano.
- Para asegurarme de que no te vas.
- Huiré haciendo la croqueta –Christian soltó unas carcajadas- ¿Vamos a McDonalds?
- Sí, tengo hambre –respondió mi novio.

Caminamos hacia ahí y Bieber se ofreció para ir a buscar la comida mientras Christian y yo buscábamos mesa en una de las terrazas. No había sitio libre, pero justo se iba un grupo de chicas. Al vernos, nos pidieron unas fotos y luego nos dejaron sentarnos. Justin tardaba demasiado y mi éstomago rugía.

- ¿Dónde mierda está? –pregunté estirando la cabeza para ver si lo veía entre la multitud de gente.
- Ni idea, no lo veo –se incorporó un poco en la silla, pero nada- Se ha perdido.
- Que no, que tiene que estar por ahí –me puse de pie en la silla y Christian me dio un golpe en la pierna- ¿Qué haces?
- Bájate, ¿eres tonta? –me preguntó retóricamente.
- No veo –me quejé.
- Estás llamando la atención, ___. Bájate ahora mismo –se tapó la cara con las manos al ver que la gente se giraba a verme mientras saltaba en la silla para ver si podía encontrar a Justin.
- Lo dice aquél que va a una tienda de ropa interior para probarse un tanga y lo acaban echando del vestuario de mujeres –enseguida empezó a reírse- Sigo sin verlo.
- Ya vendrá, no creo que se haya perdido.
- ¡Lo matarán y se quedarán con nuestra comida! –me subí a la mesa.
- ¡___!
- Ah mira, ya lo veo –empecé a mover los brazos para ver si conseguía llamar su atención y así poder encontrarnos.
- Señorita, no puede subirse a las mesas –me llamó un guardia de seguridad.
- Que mi novio se ha perdido y no nos encuentra –mentí.
- Bájese ahora mismo, por favor.
- ___ -me fulminó Christian con la mirada.
- Bueno, ya me bajo –le hice caso- Pero si se pierde será por su culpa –miré al hombre de unos cuarenta y tantos años- Caerá sobre su conciencia.
- Que tengan un buen día.
- Venga, adiós –dije riendo.
- Eres la persona más idiota del mundo –me empujó Christian.
- ¡Socorro, socorro! –grité- ¡Me están maltratando!

La gente nos miró y Christian se puso rojo en seguida, se tapó las manos y empecé a reírme a carcajada limpia. Casi no podía ni respirar. Las lágrimas salían de mis ojos en abundancia y opté por apoyarme en la mesa para tratar de relajarme. Oí un golpe contra la madera, alcé la vista y vi la bandeja que Justin había dejado delante de mí.

- ¿Estás loca? –me preguntó.
- La droga me la das tú, no es mi culpa.
- ___, se oían tus risas desde la cola –dijo sentándose a mi lado y desenvolviendo la hamburguesa- Christian, ¿no la podías controlar?
- Pero si se ha subido a una mesa mientras te llamaba y ha tenido que venir un guardia a decir que se bajara –negó con la cabeza. Yo reí igual que antes.
- Menuda, no se te pude dejar sola –dijo Justin mirándome- La próxima vez me quedo yo contigo y te ato con unas esposas.
- Oh, Bieber –reí.
- ¡___! Es serio –pero él se reía al igual que yo.
- La gente nos mira –comentó Christian para luego darle un sorbo a su Coca Cola.
- Eres Christian Beadles –contesté.
- Y tú ___ ___.
- Y yo Justin Bieber –añadió mi novio.
- Bueno, comemos y nos pasamos por una tienda –dije- ¿Sí? Vale, sois geniales.
- Ni siquiera nos has dejado contestar –reprochó Christian.
- Igual vamos a ir –dijo Justin mirando a su amigo- Si la dejamos sola puede liarla demasiado.
- Es verdad.

Solté unas carcajadas y seguí comiendo. Cuando terminamos, ordenamos un poco la bandeja con los papeles sucios y la tiramos a una papelera que había a nuestro lado. Fuimos a la tienda que les dije, pero de camino nos cruzamos con un par de fans que querían hacerse fotos con los tres. Todos salimos haciendo los idiotas, especialmente yo, que en la primera foto, cuando todos sonreían, yo salía poniendo los ojos bizcos y haciendo morritos. Apartir de ahí, me siguieron el juego. Fue divertido. 

Fuimos a la tienda de zapatos que quería visitar y acabé comprándome unas Supra y unos tacones que me enamoraron por completo. Gracias a las últimas entrevistas y al pasado concierto benéfico, mi odio hacia este tipo de zapatos había cambiado y ahora, incluso, me paraba a mirarles el calzado a toda mujer que pasaba por mi lado. Justin se compró una gorra y Christian, que no llevaba mucho dinero encima, optó por mirar lo que le gustaba y decidir comprárselo otro día que llevara más dinero en los bolsillos. Después de haber dado una vuelta por el centro comercial, nos fuimos a casa ya que al día siguiente Beadles y yo teníamos clase.

- Hija, acuérdate que mañana tienes que ir al estudio –dijo cuando caminaba hacia mi habitación con Pelvin en brazos.
- Que ya lo sé –repetí por segunda vez- Aparte, Janet siempre me llama antes para recordármelo.
- Bueno, pero también te lo recuerdo yo –Julia pasó por mi lado tan rápido como pudo al escuchar que le sonaba el teléfono, casi haciéndome caer.
- Niña, pero ten cuidado –le grité agarrando con más fuerza a mi mascota.

Llegué a mi habitación y lo dejé en la cama mientras yo iba a cepillarme los dientes. Cuando lo hice, me coloqué el pijama y abrí las sábanas de la cama para irme ya a dormir.


· Al día siguiente.

Corría por los pasillos del instituto gracias al retraso de Julia. La muy idiota se había quedado dormida y mamá entraba pronto a trabajar, por lo tanto, no tenía a nadie que me llevara a clase. Y si hubiese ido a pie, habría tardado incluso más de lo que lo ha hecho mi amiga.

- Señorita ___ -oí una voz detrás de mí. Me detuve y observé al figura del director- Sé que llega tarde a su clase de filosofía, pero me gustaría tener unas palabras con usted.
- El señor Hopkins me regañará si llego más tarde.
- No se preocupe –me hizo un gesto con la mano para que lo siguiera hacia su despacho y así hice.

Me sostuvo la puerta abierta hasta que me adentré en la cálida y confortante salita. Me senté en una silla de delante del escritorio de madera oscura y dejé la mochila en el asiento de al lado. Él hizo lo mismo en su gran sillón de cuero negro, se acomodó la corbata y juntó sus manos por encima de la mesa.

- Tengo entendido que Caroline y mi hija Sam no se llevan muy bien últimamente –tragué saliva- O al menos eso he descubierto tras la pelea del día anterior.
- Sí, bueno –pasé la pierna derecha por encima de la izquierda y me aparté un mechón de pelo de la cara.
- También sé que usted estuvo ahí metida.
- Yo solo traté de hacerle entender a su hija que si tocaba a mi amiga, yo la tocaría a ella.
- O sea, que la amenazaba –se puso serio.
- No, más bien la avisaba.
- Mi hija me contó que llegó a algo más que un simple aviso –mis ojos se abrieron como platos- No se haga la sorprendida, sabe bien de lo que le hablo.
- No, la verdad es que no.
- Ayer le desapareció a mi hija, antes de salir de clase, el móvil y la cartera. Llevaba encima más de cien dólares.
- ¿Me está acusando de un robo que ni siquiera he cometido? –pregunté indignada.
- Eso es lo que me dijo Sam.
- Mire, con todo el respeto del mundo, su hija es una mosquita muerta.
- ¡No se atreva a hablar así de mi hija y su compañera de clase o recibirá una falta de disciplina!
- Vamos, Sam no es como usted cree –dije soltando unas carcajadas desganadas- La mayoría de las peleas donde se mete, las ocasiona ella. Es superficial, engreída y cree que por ser su hija, tiene el derecho de mandar y despreciar a cualquier alumno del centro.
- Está usted sobre pasando los límites de mi paciencia.
- No, lo que le pasa es que le molesta que le esté contando una verdad que nunca ha sabido ver –tomé aire- No le tengo mucho aprecio a Sam, ni siquiera me agrada tener que ver su presencia, pero no por eso me dedico a robarle cosas.
- ¿Y se puede saber por qué dice ella que es usted?
- ¿Acaso tiene pruebas? –le hice yo otra pregunta- Su hija solo quiere sacarme del medio, quiere que me expulse. Según ella, le molesta que le robe la atención cuando lo único que quiero es pasar desapercibida en este centro. Piensa que le quiero quitar el trono de diva del instituto, cuando a mí eso, me da absolutamente igual.
- Señorita…
- No, déjeme acabar, por favor –pedí- Tiene una imagen muy equivocada de Sam. Si me ha acusado del supuesto robo, es para quitarme del medio. Además, no es por ser engreída ni estúpida, ¿pero por qué voy a robarle el móvil y la cartera con cien dólares, cuando yo puedo conseguirlo por mí misma? Es que, no lo entiendo. Me ha acusado a mí, cuando no tengo nada que ver con esto y ni siquiera tiene sentido.

El timbre del cambio de clase sonó y con eso cogí mi mochila y me puse de pie.

- Sé que es su hija y quiere lo mejor para ella, pero darle la razón en todo y hacer oídos sordos a sus mentiras, no es lo adecuado –me colgué la mochila en un hombro- Adiós, Sr. Black.

***

- Así que el profesor de matemáticas te tiene manía –dijo James riendo mientras se miraba las cartas otra vez.
- Sí –contesté de nuevo- Cuando levanto la mano, me ignora. Cuando no, me pregunta y claro, como no me lo sé, me regaña –él soltó unas carcajadas- No lo sé, pero haré que mis fighters colapsen la puerta del instituto con pancartas diciendo lo mucho que lo odian.
- ___, eso es cruel –me regañó James.
- Cruel es que me ponga un negativo por no acordarme de la definición de polinomio.
- Eso lo sabe cualquiera.
- Pues yo no lo sabía –le saqué la lengua. Tiré una pareja- ¿Lo sabes tú acaso?
- Un conjunto de monomios.
- ¿Y qué es un monomio?
- Letras y números juntos.
- De aquella manera cutre, pero bueno, es eso –dije riendo. Tiró él sus cartas y luego yo las mías- Gané.
- No es justo, trampa.
- Que Janet lleve media hora desaparecida, eso sí que no es justo.
- No sabes jugar.
- Y tú no sabes perder –le saqué la lengua.
- Ya estoy aquí –anunció mi representante entrando por la puerta con un montón de papeleo. Se sentó en su silla y me miró- Tenemos fecha.
- ¿Ya sabemos cuando se hará la gala de apertura? –pregunté.
- Diez de mayo.
- Venga –me limité a contestar. Estaba en shock.
- Tenemos varios invitados especiales –me informó.
- Oh Dios, ¿quiénes?
- Miley –hice un gesto con las manos para celebrarlo- Sabes que ella está siempre presente en actos benéficos y asociaciones para ayudar. Y más si son para los animales.
- Sí, lo sé.
- Katty Perry también vendrá –abrí los ojos como platos- Usher, Arianna Grande y algunos más… después está la gente que quiere asistir y bueno, algunos familiares, el equipo y obviamente, tú.
- Sí, claro –asentí con la cabeza- Esto es genial.
- Ya –dijo James- Molas.
- Yeah –chocamos las manos.
- Pero antes de que te vayas –faltaban cinco minutos para irme- Tienes que preparar una canción.
- Oh, ¿de qué?
- De lo que quieras, una canción. Así es como ha llamado la atención al público –iba a decir algo, pero me interrumpió- Si la gente va, no es concretamente por ayudar a los animales, sino para verte.
- Sí, a tus fans les parece genial que hagas algo como esto, pero sinceramente, les hace más ilusión verte a ti que ayudar a animales abandonados y maltratados –me encogí de hombros ante el comentario de James.
- Bueno, puedes irte si quieres –se puso de pie- Yo me quedaré haciendo un par de llamadas, te llamaré cuando quiera hablar contigo.
- Vale –me despedí de ella y James y yo salimos de la sala- O sea que tengo que preparar una canción –suspiré- Deberes, clases, trabajo… ¿de dónde saco yo el tiempo?
- Lo podrías haber pedido para tu cumpleaños –bromeó James. Yo lo miré mal- Vayámonos a casa.
- Sí, mejor.

Cuando llegué, Thomas y mamá miraban la televisión con unas palomitas en el regazo. Julia estaba con el portátil en la mesa de la cocina. Cuando llegué e hice que las llaves resonaran en el cuenco decorativo de la entrada, las tres cabezas se posaron en mí. Me senté en el sillón y Julia, al verme, se puso a mi lado. Les conté lo de la gala de obertura, la fecha, los invitados especiales y la faena que me había pedido Janet que hiciera, componer una canción. No sería complicado, creo. 

___________

No he vuelto, ni me han quitado el castigo. Simplemente me han dejado una hora el ordenador por hacer un poco de faena en casa. Sé que el capítulo es un poco mierda, pero me apetecía subir ya que llevaba tiempo sin hacerlo. Sigo escribiendo a papel y para cuando me retiren el castigo definitivamente, los colgaré todos, como una maratón. Dadle click aquí si y retuitead el tweet, por favor.

Un beso a todas, os extraño. 

16 de diciembre de 2012

Voy a estar un tiempo sin subir.


El lunes me dan las notas, y he suspendido unas cuantas. Bastantes, por así decirlo. Así que, obviamente, mis padres me dejarán sin ordenador durante un buen tiempo. Me olvido de Twitter, Facebook y Blogger por unas semanas, que es lo que tardaré en estudiar y pasar recuperaciones. Pero no os preocupéis que yo iré escribiendo capítulos a papel y cuando me levanten el castigo, lo pasaré todo al ordenador. No creo que consiga hacer muchos capítulos, pues escribir a mano es bastante difícil, pero bueno, intentaré hacer una maratón o algo así, no sé. Ya veremos.

Un beso chicas.

11 de diciembre de 2012

Never let you go. {143}



| Narrador |

___ salió al escenario luciendo un conjunto como éste http://www.polyvore.com/cgi/set?id=65028610&.locale=es. El cabello lacio y los ojos maquillados con un fulminante negro, daban a su imagen aniñada de dieciséis años, un toque más adulto y maduro. Sus curvas se movían al son de las canciones. Los tacones se clavaban en el frío suelo y sus ceñidos pantalones daban a entender a cualquier hombre e incluso mujer, el perfecto cuerpo que escondía tras sus ropas.

El concierto avanzaba con el orden de las siguientes canciones, primero con Hurt, después Everytime you lie, Believe in me, y así, hasta que llegó el final. ___ pidió unos minutos y se fue a cambiar, pues tenía que hacer el cover de una canción y necesitaba otro tipo de vestuario. Algo así http://www.polyvore.com/cgi/set?id=65158216&.locale=es.

- Demasiado tacón llevas tú hoy –le dijo Julia cuando la vio correr por los pasillos para prepararse detrás del telón, como antes- Al final te caes.
- No llames al mal tiempo –le dijo la cantante tomando un poco de agua que una ayudante le había traído.
- ¿Qué canción cantarás? –le preguntó ___ (tu madre).
- Ya lo veréis –dejó la botella en un taburete que había por ahí- ¿Justin?
- Viéndote desde las gradas –informó Janet.
- Bien, voy a salir –se aclaró la garganta y salió al escenario.

Las fans chillaban, las luces iluminaban a ___ con tanta intensidad que incluso tenía que entrecerrar los ojos. Caminó un par de pasos hacia delante, donde estaba el micrófono. Se apoyó en él y soltó una carcajada al ver que sus queridas fighters no callaban.

- Sois un público excelente –dijo sonriéndoles, mostrando su blanca dentadura- Antes de acabar, quiero deciros un par de cosas –cogió el micrófono y empezó a pasearse, estaba nerviosa- La vida da muchas vueltas, muchísimas. Y no sabes dónde vas a ir a parar. Tengo dieciséis años y desde que tengo tres he estado soñando este momento muchas veces. Pero muchos me decían que era una perdida de tiempo. Que solo les pasaba a gente con mucho dinero o mucha suerte, que dejara de soñar y bajara de las nubes, que jamás me pasaría algo así. Por un momento me rendí, dejé de cantar durante mucho tiempo, pero alguien me hizo volver a creer en mí y en mis sueños. Y ahora, ahora estoy aquí –se había quedado en el centro del escenario- La vida tiene muchos altibajos, pero, ¿qué más da si al final puedes conseguir todo lo que te propongas? –miró a sus fans. Sonrió y soltó una risita nerviosa- La vida es cuesta arriba, pero la vista es genial.

Y en ese momento empezó a sonar ‘The Climb’, una canción que para ___ significaba mucho. Una canción que había salvado la vida a millones de adolescentes que estaban al borde de la muerte. Gracias a la letra de esa canción, muchos recapacitaban y luchaban por sus metas, y ___ lo había hecho con ayuda de su ídola, Miley.

- I can almost see it 
That dream i’m dreaming but 
There’s a voice inside 
My head saying 
You’ll never reach it 
Every step i’m taking 
Every move i make feels 
Lost with no direction 
My faith is shaking 
But I, I gotta keep trying –
y entonces fue cuando la voz de la compositora de la cancion sonó y el public enloqueció por completo. El corazón de ___ iba a estallar, el pecho subia y bajaba del nerviosismo que embargaba su cuerpo. Y el orgullo, lo tenía por el cielo
Gotta keep my head held high 
There’s always gonna be –
ambas empezaron a cantar y sus voces, oh, sus voces sonaban como puras angeles.
Justin miraba desde su asiento a ___, la cual con la luz de los enormes focos, le daba un toque mucho más angelical y glorioso de lo que a él ya le parecía. Another mountain 
I’m always gonna wanna to make it move 
Always gonna be an uphill battle 
Sometimes i’m gonna have to lose 
Ain’t about how fast i get there 
Ain’t about what’s waiting on the other side
It’s a climb 
The struggles i’m facing 
–cantó sola Miley.
The chances i’m taking 
Sometimes might knock me down, but 
No i’m not breaking 
I may not know it but 
these are the moments that 
I’m going to remember most (yeah) 
Just got to keep going 
And I I got to be strong 
–esta vez fue ___ la que sorprendió al público, a sus familiares y amigos de su potente voz.Just keep pushing on 
Cause There’s always gonna be 
Another mountain 
always going to want to make it move 
always going to be an uphill battle 
sometimes you going to have to lose 
ain’t about how fast I get there 
ain’t about what’s waiting on the other side
It’s a climb
there’s always gonna be another mountain 
i’m always gonna want to make it move 
always gonna be an uphill 
battle sometimes i’m gonna have 
to lose ain’t about how fast i get 
there ain’t about what’s waiting on the other side 
It’s a climb 

yeah.. 
keep on moving 
keep climbing 
keep the faith baby
–cantaron agarradas de la mano, mirandose a los ojos y con los pulmones a punto de explotar.

it’s all about 
it’s all about 
the climb... 
keep the faith 
keep your faith
–terminaron, sonrieron y rieron. ___ lo habia hecho otra vez. había cantado en compañía de su ídola y se sentía feliz. Se abrazaron y juntas se fueron hacia el camerino a beber un poco de agua, charlar o hablar con los demás.

Cuando ___ recobró la compostura, cogió el micrófono y volvió al escenario a despedirse de sus fighters, a comunicarles lo orgullosa que estaba de ellas por ayudar a organizar la fundación y por hacerle llegar a lo alto. Luego, como había pensado hacer, les mandó un fuerte beso y les sonrió, giró sobre sus talones y se marchó donde toda su familia esperaba a felicitarla.

***


| ___ |

Habíamos estado cenando en un restaurante de Los Ángeles, que era donde se había organizado el concierto. Todo el equipo, mis amigos, familia e incluso Miley, habían venido. Todos. Julia, que desde hacia dos meses había intentado dejarse las uñas largas, en cuanto vio a Cyrus, se las mordió todas. Chaz tuvo que darme veinte dólares, ya que habíamos apostado.

- Bueno, será mejor que volvamos al hotel –dijo Janet cuando la cuenta ya estaba pagada- Es tarde.
- Qué dices –se quejó Julia- Podríamos salir un poco, ¿no?
- Sales al balcón del hotel y ya tienes bastante, tira –dije levantándome- Tengo sueño.
- Aguafiestas –murmuró mirándome mal.
- Yo tengo que irme también, el avión sale dentro de un par de horas y quiero descansar –nos comunicó Miley.
- ¿Quieres que te acompañemos? –pregunté sonriéndole.
- No, tranquila. He pedido un taxi –cogió su bolso y se despidió de todos nosotros- Me ha encantado veros, espero que coincidamos más veces.
- Miley –la llamé antes de que se fuera. Ella se giró- Gracias.
- No las des –me sonrió, siempre había soñado con ver aquella sonrisa en persona- Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras.

Y se marchó. Estaba tan nerviosa que incluso se me había olvidado como respirar. Pero Justin se puso delante de mí y me sonrió, entonces volví a la cordura. Lo abracé por la cintura y apoyé la cabeza en su pecho. Inconscientemente bostecé y cerré los ojos un par de segundos, pero al ver que cada vez tenia más sueño, decidí abrirlos. No quería quedarme dormida en mitad del restaurante.

- Lo has hecho genial, lo sabes, ¿no? –acto seguido besó mi cabello.
- Gracias por estar ahí.
- Es lo menos que puedo hacer por ti –alcé la mirada y me topé con sus ojos mieles- Me ha encantado el discurso del final.

Suspiré y me puse de puntitas para besar sus labios, pero una mano en mi hombro me detuvo.

- Vamos, que es tarde –dijo mamá. Revoloteé los ojos y Justin soltó unas carcajadas.

Cogí la mano de Justin y entrelazamos nuestros dedos. Salimos al exterior y el frío aire chocó en mis mejillas. Estábamos a marzo, pero seguía haciendo frío. Hasta finales de mes no empezaría a hacer calor, pues llegaba la primavera. Nos montamos en la camioneta y James condujo hasta el hotel, donde todos nos hospedábamos. Al llegar, cada uno se fue a su habitación. En cuanto llegué a la mía, me tiré en la cama boca bajo y suspiré. Estaba cansada.

Caminé hacia el baño a regañadientes y me duché. Sustituí la ceñida ropa por un pijama de vaquitas, los tacones por unos cómodos y calentitos calcetines y un alisado perfecto a un cutre y mal hecho moño. 
Me cepillé los dientes y en cuanto salí del baño, me percaté de que había empezado a llover. Me asomé a la ventana y el cielo estaba totalmente negro. Las gotas de lluvia caían al suelo con impacto, provocando un incesante ruido. Me gustaba la lluvia, pero la odiaba si no me dejaba dormir. La habitación, demasiado grande para mi gusto –y más si estaba sola- se iluminaba por los repentinos truenos que habían empezado a caer. Mi cuerpo se tensó cuando un estridente sonido se hizo presente en la estancia. Me metí en la cama y me tapé hasta el cuello, tenía miedo. Cerré los ojos y traté de dormir, pero los truenos, el frío, y la maldita ventana que se había abierto por culpa del viento, me lo impedía. 
Me levanté a cerrarla y volví a acostarme, pero cuando se volvió a abrir por segunda vez, a eso de las dos de la mañana, decidí irme de ahí. Me puse las zapatillas y me tapé con una bata de ir por casa. Cogí las llaves de la habitación y el móvil y me marché de ahí. Caminé por el pasillo del hotel hasta encontrar la habitación de Justin. Llamé una, dos e incluso tres veces. A la cuarta decidí aporrear la puerta con todas mis fuerzas. 
Cuando ésta fue abierta, me fijé en el adormilado señor que me miraba confundido.

- Oh, lo siento –tragué saliva- Pensaba que, yo… Adiós.

Di media vuelta y miré el número que había encima de la habitación. 292. La de Justin era la 295. Esto de buscar habitaciones medio dormida y cagada de miedo, no era lo mío. Cuando por fin estuve delante de la puerta indicada, llamé dos veces seguidas. Me abrió Justin. Al verlo suspiré. Se frotó los ojos y esperé en la puerta a que me dejara entrar.

- ¿Qué haces aquí? –se pasó la mano por los cabellos.
- ¿Puedo pasar? –se hizo a un lado y me adentré en la habitación. 
Estaba todo a oscuras, pero pronto fue todo iluminado gracias a él, había encendido la luz.
- ¿Me vas a responder a la pregunta? –se cruzó de brazos y apoyó la espalda contra la pared.
- Mi habitación es demasiado grande y tenía miedo –me encogí de hombros.
- Oh –soltó una leve risita.
- ¿Puedo dormir aquí contigo? –pregunté haciendo un puchero cual niña pequeña haría.
- Claro –caminó conmigo hacia la cama y nos metimos dentro para taparnos con las sábanas- Quítate la bata, cielo.
- Tengo frío –respondí riendo.
- Yo te caliento –comentó juguetón.
- Se te ha pasado el sueño, por lo que veo –dije quitándomela y dejando el móvil y las llaves en la mesita.
- Mhm… sí –besó mi cuello y largó una carcajada sobre mi piel, la cual se erizó por completo.
- Estás loco, Bieber –cogí su mentón con ambas manos y besé sus labios- Ahora, a dormir. Mañana por la tarde tenemos que coger un vuelo.
- No me apetece –volvió a besarme- Te echaba de menos y no sé por qué.
- Quizá porque ya no tenemos tanto tiempo libre para pasarlo juntos –comenté deprimida.
- Podemos aprovecharlo ahora –me besó de nuevo- Aunque tu madre te haya prohibido estrictamente dormir conmigo, claro.

Solté unas carcajadas sobre su boca y se separó de mí.

- No entiendo porque no me deja. A tu madre le daba igual este verano.
- No confía en ti ahora que vamos a hacer dentro de un par de meses un año juntos.
- Tus hormonas están demasiado alborotadas, Bieber –le confesé riendo de lado- Eso es un motivo por el cual desconfiar.
- Las tuyas también, pues –rio conmigo.
- Pero tú más.
- Ambas por igual –besó mis labios de nuevo y esta vez le seguí el ritmo- ¿Ves como tú también estás alborotada?
- Cállate, Bieber –le ordené en su boca- Vas a hacer que deje de besarte.
- Oh, eso no –murmuró haciéndose el ofendido.

Volví a carcajaear sobre sus labios y seguí besándole con la misma 
intensidad que él lo hacia conmigo. Nuestras bocas se movían rápidamente y sus manos cada vez se deslizaban con mayor agilidad sobre mi cuerpo. El placer de sus caricias llegaba a rincones escondidos de mi cuerpo, pasando por los poros de mi piel hasta llegar a zonas incónditas. Su mano se metió por dentro de mi camisa, acariciando la suave textura de mi espalda. Y entonces fue cuando el primer gemido se escapó de mis labios cuando su mano bajó hasta mi trasero. Con fuerza me alzó hasta quedar encima de su abdomen. Me separé de sus labios y miré una vez más sus ojos.

- Eres preciosa –mis mejillas ardieron ante ese comentario- Incluso cuando te sonrojas lo eres, ___.
- Idiota –besé de nuevo sus labios para intentar evadir el tema de los cumplidos, pero él parecía insistir porque murmuraba un y mil halagos sobre mi boca.

Pasó sus manos por mis muslos, los cuales ya estaban desnudos gracias a un rápido movimiento que Justin había ejercido sobre mí. El pantalón estaba en no sé qué parte de la habitación y tampoco parecía importarme mucho. Seguía sobre su abdomen y la idea de librarme de su camiseta ocupaba la mayor parte de mi mente. Cuando mis dedos juguetearon con la tela del pijama, Justin rápidamente comprendió el mensaje y me ayudó a quitársela. Me acerqué a su cuello expuesto a terribles chupetones que por mi parte aparecerían y empecé con el trabajo. Él, mientras deslizaba sus manos de mi trasero a los muslos, de los muslos a la espalda, y así, sucesivamente.

- No me dejes muchas marcas, ___ -me pidió riendo. Yo me separé de su cuello y lo miré divertida.
- Ya tienes una.
- No me hace gracia –comentó al ver que me reía, pero se acabó uniendo a las carcajadas.
- Te quedan bien.
- A mamá no le gustará.
- Pero a mí sí –besé la pequeña mancha morada con mis labios y subí la hilera de besos hasta su mandíbula- Aparte, con maquillaje se va.
- No pienso ponerme maquillaje –mojé mis labios con la lengua, y ésta tocó los suyos a causa de la poca distancia que había entre ellos.
- Pues entonces tendrán que vivir con la idea de que tienes una novia…
- Ardiente –añadió.
- No iba a decir eso.
- Pero yo sí –cogió mi nuca y me plantó un beso rudo y apasionado.

Con fuerza me hizo girar, quedando esta vez debajo. Ahora mandaba él. Se libró de mi camiseta en menos de tres segundos y cada vez, mayor parte de mi cuerpo estaba expuesta ante él. Dejó una hilera de besos desde mi mandíbula hasta la loma de los pechos, donde los besó con delicadeza y parsimonia. Los latidos de Justin se mezclaban con los míos y hacían así un único corazón. Mis jadeos exaltados resonaban cada vez con más intensidad contra su oído, y eso parecía excitarle.

Bajó sus besos hacia el centro de mis pechos y luego, con lentitud, hacia mi vientre. Mi espalda se arqueó en seguida como signo de querer tenerlo más cerca de mí. Enredé mis manos en su cabello y disfruté del suave tacto. Él alzó la vista y vi como me sonreía, colocó sus manos en mi cintura y clavó su erección en mi bajo vientre, haciéndome estremecer. 
Parecía que el pantalón pronto fuera a estallar de tanta presión. Cogí su mentón y lo acerqué al mío para poder besarlo mientras mis manos divagaban por su esbelta figura hasta llegar al cordón de su pantalón. Lo deshice y con su ayuda, logré dejarlo en bóxers.

Ésta vez me tocaba dominar a mí. Con un giro rápido y fuerte, conseguí ponerme encima de él y plantarle un apasionado y veroz beso en la boca. Su lengua pronto buscó la mía y éstas se unieron en un santiamén. Mi sexo palpitaba bajo el suyo y empecé a moverme en círculos en su entrepierna.

- ___ -jadeó en mi oído. Mordí el lóbulo de su oreja y él aferró sus manos en mi trasero, clavando las uñas en mi piel pero sin llegar a hacerme daño.
- ¿Qué? –bajé mis labios hasta su boca y la mordí con cuidado de no herirle.
- Te deseo –sonreí y me froté más contra él, haciendo que nuestros jadeos se mezclaran y caldearan el ambiente más de lo que ya estaba.

Sus manos subieron hasta mi sujetador y cuando estuvo apunto de quitármelo, el teléfono sonó. Cerré los ojos con fuerza de no estrellarlo contra la ventana. Miré a Justin y éste hacia lo mismo conmigo pero con los ojos abiertos y la boca entre abierta. Su frente estaba sudada y sus manos aún estaban en la hebilla de mi sostén.

- ___, no lo cojas.
- Puede ser importante –la música seguía sonando.
- Si es importante llamarían dos veces.
- Seguirán molestándonos.
- No me importa.

Mas no le hice caso y aún estando encima de él, alargué el brazo y conseguí coger el aparato. Miré el número que solicitaba mi atención y apreté los dientes con fuerza. ¿No podían llamarme en otro momento? Apreté el botón verde y me acerqué el teléfono al oído. Justin seguía mirándome con ojos expectantes. Le hice un signo con los dedos de que callara y asintió pesadamente con la cabeza.

#Llamada telefónica#
- ¡___, hemos visto vídeos de tu concierto en Internet! –chilló la aguda voz de María.
- Has estado increíble, amiga –me halagó ésta vez Laura.
- ¡Me he enamorado de tu ropa! –comentó Judit con su potente voz, haciendo que apartara rápidamente el teléfono de mi oreja.
- Chicas, ¿sabéis qué hora es?
- Sí, pero no podíamos esperar a llamarte –se excusó Ana.
- Sois idiotas –dije negando con la cabeza.
- ¿Dormías? –preguntaron.
- No.
- ¡Uh, estabas con Bieber!
- No digáis tonterías.
- Estábais haciendo cochinadas –dijo Laura. Oí como un cojín se estrellaba contra ella y se quejaba.
- Oíd, es tarde.
- Sí, tenemos que dejarte intimidad con Bieber.
- Habéis estado mal estos días y necesitáis reconciliaros –añadió Judit.
- Tú eres tonta –dije riendo.
- Pero tenemos razón.
- Ya, bueno –miré a Justin, él apartó la mirada rápidamente- Os dejo, chicas.
- Adiós, te echamos de menos –dijeron a la vez.
- Y yo a vosotras.
#Fin de la llamada telefónica#

Dejé el teléfono en la mesita de noche y me aparté el flequillo de la cara. Me acerqué a Justin y traté de besarle en los labios, pero éste apartó la mirada como antes. Incluso movió la cabeza para que nuestros labios no se juntaran.

- ¿Qué ocurre? –le pregunté.
- Nada.
- Oh, vamos Justin.
- ¿Puedes salir de encima? –fruncí el ceño y le hice caso sin reprochar.
- ¿Qué te pasa? –volví a preguntar- Y no me digas nada. Está claro que algo te ocurre.
- Es solo que…
- Vamos, dímelo.
- Pensaba que hoy podríamos de una vez hacer lo que llevábamos buscando tanto tiempo.

Ladeé la cabeza y fruncí los labios mirándolo con tristeza.

- Justin –cogí sus manos.
- No, no ___.
- Alomejor hoy no era la ocasión.
- ¿Ah no? –preguntó retóricamente- Porque si no es hoy, ¿cuándo?
- No lo sé –murmuré- Igual, esto no es lo más importante.
- Ya sé que no es lo más importante, pero entiéndeme –suspiró debatido-, esta era una forma perfecta para demostrarte cuánto te amo.
- Justin –sonreí y acaricié su mejilla- Tienes muchas formas  para demostrármelo, al igual que yo a ti.
- Lo sé, pero…
- Tendremos más oportunidades, no te preocupes –le sonreí tiernamente y él suspiró, como siempre- ¿Sí, mi amor?
- Sí, sí –aceptó- Pero…,
- ¿Qué? –apoyé el peso de mi cuerpo contra un solo brazo.
- Como vuelvan a interrumpir algo así, yo sigo, me da igual todo –solté unas carcajadas y besé sus labios.
- Tan tonto, mi niño.
- No es mi culpa que te veas tan jodidamente sexy con esa ropa interior –mis mejillas enrojecieron de nuevo- Tierna.
- No –me tapé la cara con ambas manos y él pronto las quitó.
- No te tapes, eres preciosa –le sonreí y volví a besar sus labios.

Se agachó y me pasó su camiseta, que me tapaba buena parte de los muslos. Él se puso solamente el pantalón y rio al verme con su prenda de ropa. Yo fruncí el ceño.

- Qué bonita eres –colocó bien un mechón de pelo y besé su mano, la cual ahora ahuecaba mi mejilla.
- Te amo –le confesé.
- Te amo más.
- Los dos por igual –dije- O empezaremos a discutir como siempre.
- Está bien –aceptó riendo- Los dos por igual.

De un tirón de brazo que me dio, consiguió ponerme en su pecho y rodear mi débil y pequeño cuerpo con sus brazos. Suspiré y besé su torso desnudo.

- Justin –lo llamé.
- ¿Mhm?
- ¿Estabas dormido?
- Lo intentaba –noté como posaba su mirada sobre la mía- ¿Qué pasa?
- Abrázame fuerte, tengo frío.

Y así pues, besó mi cabeza, me colocó encima de él y abrazó mi cuerpo con firmeza. Apoyé la cabeza en su pecho y suspiré. Enredó sus piernas con las mías y pronto empecé a entrar en calor. La noche seguía siendo tormentosa, los relámpagos sonaban con cada vez más intensidad y las gotas de lluvia chocaban contra los cristales de forma grotesca. Pero ya nada importaba. Lo tenía a mi lado, conmigo. Y esto sería para siempre.

___________

Holi. Antes que nada, quiero desearle un feliz cumpleaños a Rocío; felicidades, este capítulo va por ti. Y bueno, dicho ésto, no hay nada nuevo que decir, solo que me gustaría saber cuántas lectoras tengo por Twitter, así que si no os importa, retuitead el tweet, please. Espero que os haya gustado. ¡Chao!