¿Cuántos somos ya?

30 de noviembre de 2011

Never let you go. {15}


- ¿Por cuánto tiempo, mamá? –pregunté ansiosa por saber la respuesta.
- ¿Por qué no la dejáis un mes? –propuso Pattie.
- Mes y medio –dijo Justin sonriendo.
- ¿Por favor? –rogué poniendo voz de pito.
- De acuerdo –aceptó mi padre- Mes y medio.
- ¡Sí! ¡Toma! –levanté el puño como signo de victoria.
- Me caes bien, Justin –dijo mi padre sonriente.
- Papá –me quejé. Todo lo bueno lo tiene que arruinar, no sé cómo lo hace.
- Lo siento –contestó riendo.

El camarero llegó con algunos platos de comida que habíamos pedido y al minuto llegó con los restantes. La comida transcurrió bastante animada. Mis padres hablaban con Pattie y noté que ya se habían hecho amigos. Me recordó cuando Justin y yo nos conocimos, que enseguida nos hicimos amigos. Mientras, mi amigo y yo no parábamos de hablar sobre Atlanta.

Aun no me lo puedo creer. Tan solo lo conozco de una semana y ya me invita a pasar mes y medio en su casa con él. ¿No es asombroso?
La mejor parte es que voy a poder conocer a mi amor platónico. Christian Beadles. Hablando de Chris, ¿cómo actuaré cuando lo vea? Ni lo sé. Puedo imaginarme miles de escenas en la forma de actuar, pero cuando lo vea, a lo mejor me desmallo, actúo con indiferencia, me pongo a llorar… Quién sabe, pueden pasar miles de cosas.

Terminamos de comer y mis padres y Pattie decidieron quedar para conocerse mejor, mientras que Justin y yo estaríamos paseando o con mis amigas, como solíamos hacer estos últimos días.

- Justin, me llamas cuando quieras quedar, ¿de acuerdo? –le recordé antes de subirme al coche.
- Oye, ¿puedo ir contigo ahora? Es que en el hotel me voy a aburrir.
- Claro –acepté con una de mis mejores sonrisas.
- Espera, que aviso a mi madre –Justin se acercó al coche de Kenny y habló con su madre. Vi como esta asentía con la cabeza y mi amigo le daba un beso en la mejilla, seguido de un saludo de manos entre Justin y Kenny.

Vino corriendo y abrió la puerta del coche y se sentó a mi lado con una sonrisa que me derritió. ___, no pienses esas cosas. Vamos, es tu amigo. Sí, es guapísimo, pero no deja de ser tu amigo, así que haz el favor de centrarte.

- ¿Estás bien? –me preguntó Justin.

Asentí con la cabeza mientras le dedicaba una de mis mejores sonrisas.

- ¿Vais a casa o daréis una vuelta? –preguntó mi padre girando la cabeza para poder mirarnos.
- A casa. Después ya iremos a dar una vuelta –contesté yo por mi amigo.

Mi padre asintió y puso en marcha el coche. Mamá y papá iban hablando sobre el trabajo, reuniones y cosas de adultos.

- No me imagino cómo se pondrán las chicas cuando les diga que me voy a Atlanta contigo –dije con una sonrisa.
- Como locas –dijo este riendo.
- Es que no me lo creo aun –contesté soltando unas carcajadas.
- Pues créetelo. Y ya falta poco –me recordó con otra de sus encantadoras sonrisas.
- ¡Voy a conocer a Christian Beadles –alcé el brazo y Justin empezó a reírse.
- Loca –dijo entre risas.
- Pero feliz –y acto seguido le saqué la lengua.

Por fin llegamos a casa y, Justin y yo nos encerramos en mi habitación. Mis padres se fueron con Pattie a tomar algo, por lo tanto estábamos solos.

- ¿Quieres ver una película? –le pregunté mientras me sentaba en la cama a su lado.
- Como quieras –respondió él- pero con una condición
- ¿Qué condición? –pregunté con curiosidad.
- Elijo yo –contestó sonriendo.
- Vale –me levanté y le tendí la mano para que me la cogiera. Lo hizo.

Salí de la habitación junto a Justin y me dirigí al salón, donde teníamos una pequeña estantería llena de películas. Muchas no me las había visto.

- Escoge la que quieras –dije señalando las películas.

Justin se puso de cuclillas y pude verle los bóxers morados.

- Bieber, ¿Cuándo se pase la moda de los baggy pants, tú aun la seguirás llevando? –pregunté riendo

Justin se giró y posó la mirada a su ropa interior. Se rió y asintió con la cabeza.

- ¿Hasta en tu boda? –pregunté enarcando una ceja
- Hasta en mi boda –contestó seguro de su respuesta.
- Bien, Bieber, bien –dije riendo.

Justin siguió mirando las películas y sacó una carátula.

- Esta –dijo incorporándose y entregándome la película.

Oh shit. Insidious. La odio. Mi padre la compró pensando que la vería, pero en cuanto salió el tráiler la odié. No la vi. Se quedó en la estantería muerta de asco.

- ¿Seguro? Hay más películas, eh –le contesté señalando de nuevo la estantería.
- ¿Te da miedo? –preguntó con una sonrisa torcida.
- ¿A mí? Por favor. Si me he visto esta película cientos de veces –mentí. 

Mi orgullo algún día me jugará una mala pasada. En serio, ¿por qué no digo la verdad? Seguro que a él también le dan miedo algunas películas, y no se avergüenza. O sí. No lo sé. El caso es que no quiero ver esa película.

- Vale, vale. Te creo –contestó riendo.
- ¿Hacemos palomitas? –propuse.
- Una película sin palomitas no es una película –dijo riendo.
- Tienes razón.

Fui a la cocina con Justin detrás. Abrí el armario y saqué un sobre de palomitas. Lo metí en el microondas, giré la ruedecita hasta el numero ‘tres’ y apreté al botón ‘Ok’.

- ¿Cogemos algo de beber? –propuse mientras me encaminaba hacia la nevera.
- Claro. Coca cola, ¿no? –dijo Justin.
- Ok –abrí la nevera y saqué la botella de Coca cola- ¿Cojo unos vasos o bebemos a morro?
- A morro, no te voy a hacer sacar dos vasos –contestó guardándose las manos en los bolsillos.
- En serio, no me importa. Si te da asco beber a morro, cojo dos vasos –insistí con una sonrisa mientras abría el armario donde guardábamos los vasos.

Antes de poder sacar un vaso, las manos de Justin me lo impidieron.

- ¿Cómo me va a dar asco si eres mi amiga? –preguntó auto respondiéndose a sí mismo.

Cerré la puerta del armario y le di un beso en la mejilla.

- Eres un cielo –dije tiernamente.

Pude ver como sus mejillas comenzaban a tener un tono más rosado. Estaba ¿avergonzado? Aw ¡Qué tierno! Sonó el ruidito proveniente del microondas que advertía que las palomitas ya estaban listas. Las saqué y las puse en un bol. Justin cogió la botella de Coca cola y la película y fuimos a mi habitación. Dejé el bol en la mesita de noche, junto a la botella de refresco.

- Dame, yo la pongo –le quité la película a Justin y la puse en el DVD.

Le di al ‘Play’ y me acosté en la cama junto a Justin.
Suspiré nada más ver los créditos iniciales. Pude notar una risita por parte de Justin. Empezamos a comer las palomitas.


|| En mitad de la película ||

No aguanto más, esta película me está matando. Mientras yo sufro como una condenada en cada escena de miedo, Justin está que se la pasa en grande, soltando grandes risotadas. ¿Cómo lo hace? Nunca antes lo había pasado tan mal en una película de miedo. Mira que nunca me comporto así, las suelo ver sin ningún problema. ¿Pero esta? No sé por qué me da tanto miedo.

En una escena, que estaba totalmente en silencio, un estridente ruido inundó la habitación, provocando que soltara un grito ahogado y que el bol de las palomitas saliera volando por los aires.

- ¡Quita la película, no aguanto más! –chillé tapándome la cara con la almohada.

Justin empezó a reírse a más no poder. ¿Por qué se reía? Está claro, de mí. ¿Pero por asustarme? Ok, tirar el bol de palomitas por los aires mientras chillas: “¡Quita la película no aguanto más!” no se ve todos los días, pero no sé. ¿Para tanto?

- ¿Se puede saber de qué te ríes tanto? –pregunté molesta mientras le daba un almohadazo en las costillas.
- ¡Vaya susto te has dado por el mando de la televisión! –contestó sin parar de reír.
- ¿Mando de la televisión? –pregunté extrañada
- ¡Sí! Se me cayó el mando al suelo –se puso en posición fetal a causa del dolor de barriga que seguramente le estaría entrando.
- Idiota –le di otro almohadazo.
- ¿Puedes repetirlo de nuevo? –preguntó incorporándose en la cama.
- No –negué rotundamente- No lo había pasado tan mal en mi vida.
- Tampoco da tanto miedo.
- Ya está el macho –dije sarcásticamente.
- Va, venga. Vamos a ver la película, ¿sí? –propuso mientras me quitaba la almohada y se la ponía él a la altura del cuello.
- Eh, ¿quién te ha dado permiso para quitármela? –pregunté riendo mientras recuperaba mi almohada.
- ¿Me dejas sin almohada? –puso cara de cordero degollado y voz de pito.
- Ehm… Sí –hice una sonrisa cuando dije el ‘sí’
- Mala persona –se cruzó de brazos y se puso a ver la película.
- Toma, tonto –se la di y me dio un beso en la mejilla.

Busqué la posición más cómoda, y renegando yo también me puse a ver la película.


|| Justin ||

La película ya iba por el final. La parte que más miedo daba. ___ se tapaba la cara con el cojín todo el rato. Se ve tan tierna. Aparenta ser la chica dura, fuerte, pero no lo es. En el fondo se le ve sensible, con sentimientos; no de esas que parecen piedras. Adoro su personalidad, en serio. Es una de las muchísimas cualidades que tiene. En una parte de la película, ___ se aferró a mi brazo.

- Cuando pase la escena me avisas, por favor –me rogó.

Esperé un minuto, y aunque la escena no había acabado, le dije que ya había pasado. Al girar la cara para seguir viendo la película, me miró con odio y me pegó un puñetazo en el hombro.

- Idiota –susurró.
- Pero feliz –renegué sacándole la lengua como un niño de cinco años.

Por fin la película terminó, pero ____ tapaba la cara con sus manos.

- ____, la película ya ha terminado –dije entre risas.
- No, no te creo.
- Sí, va. Créeme. Ha terminado, te lo juro.

Mi amiga asomó un poco la cabeza y miró la televisión. Posó su mirada en mí y sonrió aliviada. Tiró el cojín al suelo y se sentó en la cama.

- La próxima vez escojo yo.

Recogimos un poco la habitación y después de haber acabado, ___ bebió un poco de refresco. Justo en ese momento suena mi teléfono, provocando que ___ se asuste un poco y toda la bebida se le caiga encima, manchándose toda la ropa.

- La puta –cerró la botella y se limpió la boca con el brazo- Ahora vengo, voy a cambiarme.

Cogió ropa del armario y se encerró en el lavabo para cambiarse.
Mientras, atendí a la llamada.

#Llamada telefónica#
- ¿Sí? –contesté
- Bro’, somos Ryan y Chaz. ¿Qué pasa, ya no te acuerdas de nosotros?
- Claro, claro que me acuerdo de vosotros –dije riendo.
- Es que como no nos llamas –se quejó Chaz de fondo.
- He estado ocupado –me excusé.
- ¿Claro, claro, con tu “amiguita” ___morreándote, no? –sonaron como unos besos de fondo, seguido de las risas de Chaz y Ryan.
- Idiotas, tan solo somos amigos -¿Cuántas veces habré repetido eso?
- Te creemos, bro’, te creemos
- ¿Oye, este verano venís a Atlanta, no?
- Claro, mientras nos invites –dijeron los dos al unísono.
- Pues estáis invitados –contesté- Por cierto, si venís, no estaréis solos.

En ese momento, salió ___ del baño.La miré un segundo y volví a hablar con mis amigos, pero después reaccioné y le repasé con la mirada. Mi amiga se dio cuenta y sonrió torcidamente.

- ¿Con quién hablas? –preguntó sentándose a mi lado.
- Con Ryan y Chaz

- ¡Me voy a Atlanta con Justin! –chilló inclinándose hacia el teléfono.
- ¿Es ____? –preguntó Ryan riendo.
- Sí, es ella –respondí riendo al ver a mi amiga bailando.
- ¿Ella también viene a Atlanta? –preguntaron Chaz y Ryan al unísono.
- Sí, ¿hay algún problema?
- No, todo lo contrario –contestaron riendo.
- La semana que viene estaremos ahí –les informé- ¿Cuándo vendréis vosotros?
- Pues supongo que la misma semana que tú, pero posiblemente uno o dos días más tarde –habló Ryan.
- Bueno, vosotros preguntad…
- No hará falta, seguramente nos dejarán ir –me interrumpió Chaz.
- De acuerdo. Llamadme si hay algún problema –les recordé.
- De acuerdo. Adiós bro’ –se despidieron los dos a la vez- Adiós ____-chillaron para que mi amiga se enterara
- Adiós –se despidió ella también.
#Fin de la llamada telefónica#

- Me caen bien –dijo mi amiga después de haber colgado el teléfono.
- Sí, son bastante simpáticos. Más o menos son como tú, pero no están tan locos -___ rió y se levantó de la cama.
- ¿Vamos a llamar a las chicas? Es que quiero decirles que me voy a Atlanta –después de haber dicho esto se mordió el labio.

La shit. Que no haga eso, por favor, que no lo haga más. Adoro cuando una chica se muerde el labio inferior. Pero me descontrolo, y no quiero hacerlo con ella.

- Claro –me levanté de la cama y la estiré un poco.
- Deja la cama, imbécil. Ya la haré yo después –cogió las llaves y el móvil y me agarró de la mano, casi arrastrándome hasta la puerta de su casa.


|| ___ ||

Le envié un mensaje a Thais diciendo que se reúna ella y las chicas en el balcón alto a las 17:30, que tenía que explicarles una cosa muy importante. Como eran las 16:55, decidí ir a dar una vuelta con Justin.

- ¿Adónde vamos? –preguntó Justin.
- No lo sé –vi como una chica miraba a Justin muy atentamente, me fijé en él y me di cuenta de que no llevaba ni gorra ni gafas- Justin, no llevas ni la gorra ni las gafas.
- Lo sé, se me ha olvidado –dijo llevándose una mano a la cabeza- no pasa nada, igual no hay mucha gente.
- Pero hemos quedado a las 17:30 con las chicas en el balcón alto. Y ahí hay mucha gente –le recordé.
- Oh shit –cerró los ojos con resignación.
- Vamos a mi casa, te dejo unas gafas y una gorra –dije señalando con la cabeza el recorrido que habíamos trazado.
- No te voy a hacer dar toda la vuelta –contestó mi amigo serio.
- Me da igual. A parte, si te acosan a ti, también me acosan a mí –le cogí de la mano para arrástralo hasta mi casa.
- ¿Me esperas aquí o subes? –le pregunté mientras abría la puerta del portal.
- Eh, subo contigo.

Subimos los dos a casa y entré a mi habitación. Abrí el armario y saqué una gorra New Era de color lila, seguido de unas gafas retro negras.

- Tu gorra –dijo con cara de admiración.
- ¿Qué le pasa? –pregunté riendo.
- La amo –dijo cogiéndola
- ¿Tú no tienes una igual? –pregunté
- Ni me acuerdo, tengo tantas –se probó la gorra. Le quedaba que ni pintá’.
- Te queda bien –dije colocándosela bien, ya que se la había puesto torcida- ¿Vamos?
- Claro –dijo mientras se ponía las gafas.

Salimos de casa y fuimos a dar una vuelta a la playa. Aún quedaba un rato para las 17:30, así que no pasaba nada. Aparte, mis amigas siempre se retrasaban un poco.

- Extrañaré España cuando vuelva a Atlanta –dijo Justin con la mirada perdida
- Sabes que siempre serás bienvenido, y que la próxima vez que vengas nada de hoteles; ya sabes que tienes mi casa –contesté cogiéndole de la barbilla para que me mirase a la cara.

Me sonrió de una manera tan ¿tierna?, que no pude evitar sonrojarme.

- ¿Por qué te sonrojas? –preguntó parándose.
- No me he sonrojado –mentí sonriendo torcidamente.
- Claro que lo has hecho –rió mi amigo- ¿por qué no lo reconoces?
- Porque no –negué.
- No lo entiendo, aparte –se acercó a mi oído- te ves tan tierna cuando lo haces.

Bajé la mirada y me mordí el labio inferior. Mi pulso empezó a acelerarse. El mínimo contacto suyo con el mío hacia que la piel se me erizara, que el cuerpo se me estremeciera. Cuando su aliento chocó en mi oído, una descarga eléctrica recorrió cada una de mis venas, provocando que la respiración cesara durante unos segundos.

- Gracias, Justin –dije después de que mi pulso volviera a su normalidad.
- ¿Por qué? –preguntó él extrañado.
- Por todo. Nadie se había comportado así conmigo. Nadie. Apenas nos conocemos de unos días y me invitas a pasar un mes y medio a Atlanta contigo.
- Te lo resumiré todo –empezó mi amigo- contigo siento que soy Justin Drew Bieber Mallette, no Justin Bieber el cantante. Contigo me siento yo mismo, sé que puedo ser quién quiero ser, y no el que tengo que imitar para las cámaras. Desde que soy famoso, aparte de con mis amigos, no he estado así con nadie, ___. Gracias a ti, en estos días, he descubierto el verdadero valor de la amistad.

Se me humedecieron los ojos después de que Justin hubo terminado de declarar su amistad hacia mí. Intenté evitar que las lágrimas cayeran por mi rostro, pero fue demasiado tarde. Ya estaba llorando. Me lancé a los brazos de Justin y le abracé con todas mis fuerzas. Esas palabras me habían marcado, se habían grabado en mi corazón. Justin me acariciaba la espalda mientras me daba besos en la cabeza.

- No llores, ___ –me susurró- no me gusta que una cara tan bonita llore.
- Te quiero, Justin –dije acurrucada en su pecho.
- Y yo a ti, amiga, y yo a ti.

Me separé de él y me limpié las lágrimas que aun caían por mi rostro. Saqué mi móvil y comprobé la hora.

- Mierda, Justin se nos hace tarde –le cogí del brazo y salí corriendo hacia el lugar de quedada con mis amigas.

***

Llegamos con diez minutos de retraso. Con la respiración agitada, me paré delante de mis amigas, y me tumbé en el suelo junto a Justin.

{En español}

- ¿Qué te ha pasado, enana? –me preguntó Judit.
- Pues que estaba en la playa con Justin, y vi que se me hacía tarde y corrimos hasta aquí –le informé con la respiración entrecortada.
- Pues nosotras acabamos de llegar hace uno o dos minutos –dijo Julia.
- Cerdas –dije incorporándome.

Me crucé de piernas en el suelo, y Justin me imitó.

- ¿Y qué era eso que nos tenías que contar? –preguntó Thais

___________

¡Buenas tardes! Hoy estoy súper HAAAAAPPY. ¡He aprobado el examen de matemáticas, con lo cual, apruebo el trimestre. ¿No es genial? Oish, que ilusión más grande :3
Una question (no sé si se escribe así): ¿Os ha gustado el capítulo?
Espero que SÍ. 
¿Habéis visto que declaración de amistad más bonita le ha soltado Justin?
Aww ¡Es más bonico! :3
¡Un besazo a todas y muchísimas gracias a todas por comentar!

29 de noviembre de 2011

Justin Bieber - Fa La La ft. Boyz II Men

Adoro esta canción. Es una de las que más me gustan de JuBi *.*




PD: Publicaré pronto el próximo capítulo.


-Yasmina-

27 de noviembre de 2011

Never let you go. {14}


Subimos al hotel y por las escaleras vi a ___ muy rara. No sé, no hablaba ni nada. ¿Se habrá enfadado?En parte, creo que lo entendería. Desde que es mi amiga, tanto las fans como los paparazis le acosan sin cesar. No quiero que ___ lleve la misma vida que llevo yo. Sin poder hacer todo lo que quiero por miedo a que los periodistas den otra versión o rumores falsos. No poder hacer absolutamente nada.

- ¿Te pasa algo? –pregunté mientras esperaba a que Kenny abriera la puerta de mi habitación.
- No, para nada. ¿Qué me tendría que pasar? –preguntó ella con una sonrisa en la cara.
- No sé, es que como no te he visto hablar ni nada.
- Es que estoy pensando en cómo la podemos liar –dijo enarcando las cejas.
- Me das miedo –entré a la habitación y me encontré a mi madre de pie con las manos en la cintura.
- Oh, oh –susurró ____.
- ¿Cuántas veces te tengo dicho que no salgas a la calle sin Kenny? –preguntó mi madre enfadada.

No sabía qué contestarle. Me quedé callado, pero ___ me dio un codazo en las costillas para que respondiera.

- Eh… ¿Sabes que te quiero mucho, mami? –intenté cambiar de tema, pero mi madre no hizo caso alguno. Siguió con la misma cara de enfadada que antes.
- Justin Drew Bieber Mallette –me dio miedo cuando pronunció mi nombre completo- Que sea la última vez que sales solo, ¿me has escuchado? –asentí temeroso ante la reacción de mi madre- Bien.

Permanecimos en un silencio incómodo. Nos mirábamos los unos a los otros sin decir absolutamente nada.

- No se me ocurre nada para poder liarla, Justin -___ rompió el silencio de una manera que no pude evitar reírme, contagiando la risa a mi madre y a Kenny.
- ¿He dicho algo mal? –preguntó la pobre asustándose
- No, no. Pero me ha hecho gracia la forma en que has roto el silencio –cesé las risas.
- ¿Qué vais a hacer? –preguntó Pattie sentándose en la cama
- Pues no lo sé –miré a mi amiga en busca de ideas pero ella estaba igual que yo.

Recuerdo que cuando no sabía que hacer inmediatamente llamaba a Chaz y a Ryan, y sin olvidarnos del amado de ___, Christian. Ahora que estoy en Atlanta, solo puedo estar con Chris. Extraño a mis dos amigos locos que me sacaban una sonrisa en mis momentos más tristes. Hay veces que olvido incluso su voz, y eso es triste. Inmediatamente tuve una idea.

- Mamá. ¿Este verano pueden venir Chaz y Ryan a Atlanta?
- Claro. Ya hace tiempo que no los ves.
Miré a ____ y enseguida me acordé de lo de hoy con Chris.
- ¿Y ____ también puede? –mi madre alzó la vista para mirarme por si hablaba en broma, pero pudo observar que no, puesto que estaba más serio que nunca.

Me encantaría que mi nueva mejor amiga venga a pasar un tiempecito conmigo a Atlanta, aparte está loca por conocer a Chris, y le haría un favor enorme.

- Si le dejan sus padres, sí. Por mí no hay problema –sentí que algo me recorría el cuerpo. Era una sensación extraña. 

Miré a ___ que estaba que radiaba felicidad por doquier. Fue corriendo hacia la cama y se tiró encima de mi madre abrazándola.

- ¡Pattie, gracias, gracias! De verdad, muchísimas gracias.

Volvió a mi lado y esta vez me abrazó a mí.

- Gracias, Justin –me susurró al oído.


|| ___ ||

No puedo creérmelo. Voy a ir a Atlanta. Espera, no. Primero me tienen que dejar mis padres. ¡Que seguramente me dejarán! Dios, voy a ir a Atlanta, y ahí vive Christian Beadles. Respira, ___, respira. Tan sólo es un chico normal y corriente, como Justin. Igual que supiste reaccionar bien cuando conociste a JB lo sabrás hacer cuando veas a Christian. Dios, aun no lo he visto y ya me estoy poniendo nerviosa. Es que no necesito ni verlo; cuando escucho su nombre, pongo sus iniciales, oigo su adorable voz de ardilla que tanto me gusta, su pelo, sus ojos. Todo. Cuando veo, siento, noto y escucho algo relacionado con él mi cuerpo actúa de una manera rarísima. Me pongo nerviosa, mi corazón se acelera… Creo que más o menos, comprendo a las beliebers cuando ven o escuchan algo sobre Justin.

- __, sal de tu mundo de Christian –Justin chasqueó los dedos y bajé al mundo de las personas normales. Donde en teoría tendría que estar.
- No estaba en el mundo de Christian –mentí. Hay veces que me creen, otras que no, y creo que esta es una de las que no. Justin enarcó una ceja- Ok, sí, lo admito. Estaba en mi mundo de Christian.
- ¿Te gusta el chiquitín? –preguntó Pattie con una sonrisa
- No, mamá. Lo ama –Justin imitó mi voz en las últimas dos palabras.
- Te odio –le susurré al oído.
- Sabes que no –contestó con una sonrisa.
- Tienes razón. ¿Cómo puedo odiar a la persona que me va a llevar a Atlanta? –lo abracé de nuevo y vi como Pattie y Kenny sonreían al ver la tierna imagen de dos amigos abrazados.
-Awww ¡Sois tan tiernos! –exclamó Pattie

Justin se separó de mí y miró a su madre con una mirada amenazante.

- Lo siento hijo, pero lo tenía que decir –se excusó ella con una sonrisa y un brillo en los ojos que era inevitable enfadarse con ella.
- Qué ojazos tenéis los dos –se me escapó. No quise demostrar la envidia que me daban con ese par de ojos que tenían. Tanto madre como hijo, los dos tenían unos preciosos ojos.
- Tú no te quedas corta –dijo Justin pasando un brazo por mis hombros.
- Pero los tuyos molan más, hombre –le alagué mientras le cogía de la barbilla
- Te pareces a mi madre haciendo eso –se quejó, haciendo que le soltara.
- ¿Y qué tiene de malo? –preguntó Pattie enarcando una ceja pero con una sonrisa burlona en la cara.
- ¡Nada! En absoluto. Todo lo contrario. Me encanta que se parezca a ti –a veces Justin se pasa de pelota. En ocasiones te lo crees, pero, cuando sigue, te das cuenta que es pura falsedad.
- Justin, que no pica –le susurré al oído.
- Me he dado cuenta –contestó él imitándome- Pero cállate y no digas nada, a ver si se va a dar cuenta.

Justin y yo estábamos hablando así a propósito. Sabíamos perfectamente que Pattie nos estaba observando, y eso nos divertía.

- ¿Qué hacemos? Me estoy aburriendo –dije mientras me zafaba del brazo de Justin y comenzaba a pasearme por la habitación.
- No lo sé. Es que si salimos nos acosaran los paparazis –contestó Justin sentándose en la cama.
- Sí, ¿pero algún día tendremos que salir, no? –dijo Kenny
- Oye, cielo –me llamó Pattie- ¿Y tus padres?

Mis padres. Oh shit. No me acordé de dejarles una nota de que me marchaba. Saqué el móvil del bolsillo del pantalón para comprobar la hora. Las 13:20. ¿Las 13:20? ¿Tan rápido me ha pasado la mañana?

- Estarán acabando de trabajar. ¿Por qué?
- ¿Qué te parece si los llamas y nos vamos a comer todos juntos? –propuso Pattie con una encantadora sonrisa.
- Claro –acepté- Ahora llamo a mi padre.

Busqué en mi agenda de contactos el número de mi padre y pulsé el botón verde, el de llamada.

#Llamada telefónica#
- Hola hija
- Hola papá. ¿Habéis llegado ya a casa?
- Estamos de camino, ¿por qué?
- Es que yo estoy en el hotel con Justin y su madre.
- ¿Y qué pasa?
- Pues que Pattie, la madre de Justin, ha pensado que quizás podríamos ir a comer juntos los seis.
- ¿Los seis? ¿No has dicho que con Justin y su madre?
- Ah, sí, pero también viene Kenny
- ¿Quién es Kenny?
- Es el escolta, el guardaespaldas de Justin.
- Ah. ¿Y dónde quedamos?
- Venid al hotel y hablamos.
- ¿Qué habitación es?
- La 1046.
- De acuerdo. En unos minutos estamos ahí.
- Vale, adiós.
- Adiós, hija.
#Fin de la llamada telefónica#

- ¿Y bien? ¿Qué han dicho? –preguntó Justin
- Que vienen en unos minutos.
- ¿Ellos saben hablar inglés? –preguntó mi amigo
- Claro. En la empresa les han obligado, puesto que tienen que viajar mucho y eso.
- ¿Saben hablar igual de bien que tú?
- No. Yo llevo más años que ellos.

Poco después sonaron unos golpecitos en la puerta. Pattie abrió la puerta y saludó a mis padres.

- Hola hija –dijeron los dos al unísono.
- Papá, mamá. Estos son Pattie, Kenny y supongo que ya sabréis quién es él. Justin –los señalé para que pudiesen saber de quién hablaba, aunque creo que no fue necesario- Y ellos son ___(tu padre) y ___(tu madre) -añadí

Todos se saludaron con dos besos. Pude notar como se caían bien mutuamente.

- Bien, ¿vamos a comer algo? –propuso Kenny- Tengo hambre
- Gordo –dijo Justin en voz baja y riendo
- ¿Y a qué restaurante vamos? –preguntó mi madre
- Italiano por favor –dijo Justin riendo
- Qué obsesión, hijo –contestó Pattie
- Lo sé –se llevó una mano al bolsillo y puso cara de niño bueno.
- ¿Estamos todos de acuerdo en ir a un restaurante italiano? –preguntó mi padre. Todos asentimos- Pues marchando.

Salimos de la habitación y todos, excepto Justin y yo, cogieron el ascensor.

- ¿Cuándo superarás tu fobia a los ascensores? –me preguntó mientras bajábamos las escaleras.
- Cuando encuentre alguno sin espejo o que no me recuerde a ninguna película de miedo –contesté riendo
- En ese caso creo que nunca superarás esa fobia.

Nos encontremos con nuestros padres y Kenny en el recibidor del hotel y salimos.

- Que raro que no haya ningún paparazi –dijo Justin
- Ya se habrán cansado –respondí.

Justin y yo nos subimos a nuestros respectivos coches y fuimos al restaurante.

- Hija, ¿por qué no nos habías presentado antes a Pattie? –preguntó mi madre
- No lo sé
- Es muy simpática –dijo mi padre- y a Justin se le ve buen chaval.
- Lo es –contesté

Vi como Kenny aparcaba el coche delante del restaurante y mi padre lo imitó. Justin y yo salimos del coche al mismo tiempo y eso nos hizo reír.

- ¿De qué os reís? –preguntó Pattie una vez que todos estuvimos dentro del restaurante.
- De nada –respondimos los dos a la vez. Y de nuevo, otra vez a reír.
- ¿Estáis enamorados o algo? –preguntó Kenny
- ¡No! –contestamos
- No sé si creérmelo, bro’ –dijo Kenny
- Pues no te lo creas –Justin se cruzó de brazos y yo miré a Kenny con el ceño fruncido.
- Hola, buenos días –nos saludó una señora de unos 40 años, con una camisa blanca y unos pantalones negros de pinza.
- Mesa para seis, por favor –dijo mi padre
- Muy bien. Seguidme.

Aquella amable señora con pinta de abuelita del cuento de caperucita roja nos guió hasta una mesa que justo estaba en medio del restaurante, donde muchas miradas se posaban en mí y sobre todo en Justin.

- ¿No te incomodan? –preguntó Justin
- No mucho –mentí. En realidad no me gusta que me miren tanto, y menos de la manera que lo hacían aquellos desconocidos.

La mujer se paró delante de la mesa y la señaló para que nos pudiéramos sentar. Era una mesa redonda, con un mantel blanco y un bordado precioso. Tenía 6 platos blancos sencillos y los cubiertos eran de plata fina. Al lado, seis copas relucientes reposaban boca abajo.
Justin me retiró la silla para que me pudiera sentar y me la aceró a la mesa conmigo encima. Mis padres, Pattie y yo incluida lo miremos maravillado. A mí nunca me habían tratado así. No me lo esperaba, y mucho menos de un amigo. Justin sonrió avergonzado por nuestras miradas y yo me reí. Un camarero nos entregó unas carpetas cubiertas por piel de un tono cobrizo que le daban al restaurante un toque algo fino.

- ¿Tú que vas a pedir? –me preguntó Justin.
- En cuanto escuché “restaurante italiano” pensé en spaghetti a la bolognesa –respondí con una sonrisa.
- ¿Tú me lees la mente? –preguntó Justin riendo.
- No, ¿por qué? –dije imitándole.
- Porque yo pensé  lo mismo.
- Perdón que me meta –interrumpió Kenny. Lo miremos con el ceño fruncido esperando su respuesta troll- Pero sois tal para cual.

Pattie y mis padres rieron.

- Pesado –dijimos los dos a la vez.
- ¿Veis? Si es que decís todo a la vez, tenéis los mismos gustos –hizo una breve pausa para ver si contestaríamos algo al respecto, pero como no lo hacíamos prosiguió- ¿Por qué no salís juntos? Si lo estáis deseando.
- Kenny, te despido por pesado –dijo Justin señalándolo
- Sería lo mejor, Just –respondí con voz cansina.
- Sería lo mejor, Just –me imitó Kenny con voz de pito.
- Ei, que yo no hablo así –me crucé de brazos y puse morritos.
- No cuela, ___. Sabemos que no te has enfadado –dijo Justin riendo.

Lo miré y me reí. Me fijé que llegaba el mismo camarero de antes y se paraba delante de nosotros con una libretita en una mano y con la otra un bolígrafo, el cual estaba ya inclinado para comenzar a escribir en el papel.

- ¿Qué van a pedir? –preguntó

Todos le dijimos al camarero lo que queríamos comer y él lo apuntaba todo a una velocidad increíble. Mientras esperábamos a que nos sirvieran la comida nos pusimos a hablar. Estaba deseando que Pattie le sacara a mis padres el tema de Atlanta. Justin, que se dio cuenta, lanzó una mirada a Pattie y enseguida esta comprendió que su hijo le quería decir.

- ___(tu madre), ___(tu padre). No sé si sabéis, pero la semana que viene, Justin y yo nos vamos de España y regresamos a Atlanta –les informó Pattie.
- No, no lo sabíamos –contestó mi madre.
- Bien, pues me preguntaba si dejaríais que vuestra hija pasara conmigo y con Justin una temporada en Atlanta.

Pattie miró a mis padres esperando una respuesta que no obtenía. Estos se miraron dudosos. Justin y yo teníamos las manos debajo de la mesa. Estaba nerviosa. Tenía miedo de que mis padres dijeran que no. Crucé los dedos pensando que si hacía eso tendría más suerte. Mi pierna empezó a moverse en señal de nerviosismo.  Mi amigo me miró y me cogió de la mano, dándome así más tranquilidad. Entrelazó los dedos con los míos. Mi piel ardía al contacto con la suya.

- ¿Qué dices, ___(tu padre) –preguntó mi madre- ¿La dejamos ir?
- Yo creo que sí. Que tenemos que dejarla ir.

Al escuchar esas palabras mi pulso se aceleró, los ojos me brillaban y le apreté la mano a Justin más fuerte. Lo miré. Vi que también estaba contento, que sus ojos brillaban con la misma intensidad que los míos.

- Oh Dios mío –logré decir- ¿Enserio?
- Sí, hija, en serio –respondió mi padre riendo.
- Justin. ¡Que me voy contigo a Canadá! –dije con una sonrisa de oreja a oreja.

Justin me soltó la mano y me abrazó.

- ¿Por cuánto tiempo, mamá? –pregunté ansiosa por saber la respuesta.
- ¿Por qué no la dejáis un mes? –propuso Pattie
- Mes y medio –dijo Justin sonriendo
- ¿Por favor? –rogué poniendo voz de pito
- De acuerdo –aceptó mi padre- Mes y medio.
- ¡Sí! ¡Toma! –levanté el puño como signo de victoria.


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Heeeeeello :D
¿Cómo os va todo? ¿Genial? Eso espero, porque yo sí que lo estoy.
Aquí el capítulo 14. ¿Os ha gustado? Ojalá que sí, porque me costó un poquito escribirlo. Pero solo un poquito, eh.
Agradezco muhísimo los comentarios del capítulo anterior. Me sacáis una sonrisa en cada uno, en serio.
Un besazo a todas y no os olvidéis de comentar, que gracias a esos maravillosos comentarios me dais fuerzas para continuar escribiendo.